Esos pequeños errores de la vida.
Ya una vez había dicho que odiaba la idea del matrimonio y la familia, pero el encontrarse a sus treinta seis, con una exitosa carrera como editora en jefe de una revista de modas y...
Totalmente sola.
Le hacía replantearse muchos de sus ideales.
Sus padres: siempre de crucero.
Su hermano menor: siempre ocupado con la familia.
Sus amigas/amigos: siempre centradas en sus ocupada/os vidas.
Novio: ninguno.
Esposo: sin interés de encontrar uno.
Prometido: inexistente.
Amante: uno que otro de ocasión.
Pero ésa vida ya no le satisfacía, ya no llenaba su existencia ni su corazón, amaba su trabajo pero cada vez sentía que todo en su vida era el trabajo y el dinero, ni siquiera las fiestas alocadas que disfrutaba antes le hacían sentir viva, el alcohol servía para el momento, pero a la mañana la resaca le cacheteaba y su soledad era más abismal, más real.
Tenía miedo por primera vez de morir sola, de no haber entregado a nadie realmente el amor que estaba segura llevaba por dentro y que Dios la ayudara, también deseaba con todas sus fuerzas sentir que es parte de algo más bello y grande que el solo hecho de satisfacer su vacía existencia.
Éso la hizo tomar la decisión de ir a aquella clínica de fertilización.
¡Quería un bebé! ¡Quería estar embarazada! ¡Quería amar!
Ya había comenzado el proceso previo a la inseminación hacía unas seis semanas aproximadamente. Controlar su ciclo con anticonceptivos por al menos un mes y dos semanas de estimulación ovárica, finalmente hoy era el ansiado día.
-Señorita Kagome Higurashi- llamó la joven secretaria de cabellos como plata.
La mencionada se puso de pie, contoneo sus caderas -que estaban apretadas en la falda tubo color negro- se aliso la blusa color carne, abotono su elegante saco tres cuartos del mismo tono de sus zapatos -un azul eléctrico que levantaba el atuendo- se colgó del brazo una formal cartera negra "Channel", los aretes "Swarovski" azul se agitaron cuando volteó a ver la puerta por la que salía una enfermera algo agitada y el colgante a juego fue acariciado por sus delicadas manos con olor a crema "Victoria's secret". Era una mujer con presencia. Pero como todas las mujeres ricas que Kanna, la secretaria, ya había visto ir allí con la loca idea de ser madre a los treinta y tanto para no morir solas, típico. Soltando un suspiro la secretaria le indicó la sala donde sería inseminada. Ya había escogido previamente al donante y todo estaba preparado, excepto por un pequeño detalle que repercutiría en su vida más adelante, pero ahora, la enfermera que poseía unos enigmáticos ojos tono rojo carmesí coloca la cánula ya cargada con la muestra sobre la mesa cerca de la camilla para el doctor, ambas se retiraron pidiéndole se quitara la ropa y se pusiera la bata, así lo hizo, tomó asiento en la camilla. El doctor entró, con sus años de experiencia y sus ojos saltones pidiéndole colocarse recostada y que abriera bien las piernas.
Totosai llevaba casu veinte años en el campo, era el indicado, su tasa de éxito era de un 30.14%.
El doctor tomó la cánula con su mano derecha y la introdujo en la cavidad vaginal, Kagome trató en todo momento de concentrarse en la mancha de humedad -posiblemente por algún goteo del aire acondicionado- en el techo y no en hecho que ése viejecillo le viera hasta el santo. Los espermatozoides son depositados lentamente en la cavidad uterina, supervisaba todo por medio de la máquina de ecografía que le hacía la enfermera.
Así, Kagome Higurashi, quedó embarazada supuestamente del sujeto A3421 un donante de Chicago, Illinois de 26 años, atlético y de buena salud, que según la foto de su perfil también era apuesto, era todo cuanto ella sabía y no necesitaba más, por ahora, porque un ser humano siempre necesita respuestas de su origen, eventualmente.
En eso momento mientras descansaba sus 15 minutos del proceso previo se permitió soñar con un hermoso bebé de mejillas regordetas que algún día le llamaría madre y se regocijo, su corazón empolvado y maltratado por los años de vida latía con fervor, sería madre y deseaba realmente ser una buena madre.
Finalmente el proceso se acabó, las indicaciones fueron no hacer actividades extenuantes y cuidarse, en dos semanas podría hacerse la prueba de embarazo y sabría si la inseminación fue un éxito o no. Ella esperaba que sí. Caminó algo acalorada por la acera peatonal buscando su coche, el tratamiento con hormonas la traía medio loca. Sonrió, casi choca con un hombre que iba vestido de soldado, respiró para calmarse y finalmente subió a su auto.
-En dos semanas- dijo arrancando el motor del auto -En dos semanas sabré si soy madre...
Momentos antes...
-¡No puedes hacer éso Kagura!- exclama Kanna entre dientes tratando de contener su nerviosismo, si el jefe les descubría irían de patitas a la calle.
-Puedo y lo haré Kanna- dijo la de ojos como rubíes sonriendo socarrona -Ya tengo el esperma- guiño un ojo triunfal mostrando el tuvo de ensayo.
La mirada estupefacta de su compañera le hizo inflar su ego, se sentía la mujer más lista del mundo, pronto podría atrapar a su novio y él no tendría escapatoria, no más excusas para irse de su lado, estaba segura que con un bebé de por medio él se quedaría, debía ser así, era lo único que le quedaba para que no la abandonara. Sabía que su interés mermaba cada día, bueno, su relación fue clara desde el principio y ella aceptó que fuera solo encuentros casuales pero no contó con enamorarse. Así que su plan debía funcionar, por más ridículo que sonara.
-¿Cómo lo conseguiste?- preguntó la muchacha platinada intigada, era una chica criada dentro del nicho hogareño y no entendía sobre ciertas cosas.
-Anoche- contestó ella guardando el tubo de ensayo con la muestra de semen en el bolsillo de su uniforme de enfermera -Cuando terminó en el condón yo inmediatamente se lo quité y corrí al baño excusándome en querer orinar...
-¡Kagura!- se sonrojo -No te exprese así...
-¡Bam!- agitó las manos restandole importancia -Fui al baño con el condón usado, le dije que lo tiraría, pero lo que hice fue sacar el frasco que ya había puesto antes en cajón del lavado y extraje la muestra, luego tiré el resto, me vestí lo más rápido que pude y dejé la muestra en el refrigerador al llegar a casa, ahora iré al laboratorio para la capacitación espermatica, luego me haré el proceso- terminó.
Kanna no cabía de su asombro, aunque se mostraba calmada y neutral por dentro era un lío, su amiga se estaba metiendo en camisa de once varas. ¿Qué tal y si el padre se enteraba de tanta intriga? ¿ Y si él la rechazaba?
-¿No deberías mejor poner a descongelar la muestra A3421 para la cita de las once?- preguntó tratando de desviar el tema o acabaría confesando todo.
-Ya lo hice, la tengo lista para ponerla dentro de la cánula- rodó los ojos -Usaré ése número para esconder mí muestra- siguió sonriendo con astucia.
-¡Kagura, prepara todo, la paciente de las once viene en camino, llamó para adelantar el proceso porque debe ir a una... no sé, reunión o algo!- gritó el jefe.
Ambas corrieron a sus respectivos puestos de trabajo.
Kagura, ya en el laboratorio, le colocó el número de la muestra del donante a la suya para capacitarla luego, tomó la cánula pero su móvil sonó.
-Amor- dijo mientras sostiene el teléfono entre su hombro y su cabeza -Dime que ya llegaste...- dejó ambos tubos sobre la mesa -Ya sé no te gusta te llame así... ¿Vienes en camino...?
Continúa con su plática, no se da cuenta que se ha confundido, vio el número y llenó la cánula, pero la muestra no era la indicada, era la de otro hombre, uno que vivía en California, con treinta y siete años, atlético, listo, de ojos únicos y cabello color extraño, uno que se convertiría en padre, sin saberlo.
Continuará...
