¡Hey, hey, hey! Vengo aquí a dejar mi fanfic que acabo de terminar como regalo para nuestro amado Arisugawa Dice...Bueno, claro que es mentira, es para nuestro amado escritor mentiroso de Flong Posse, Yumeno Gentaro; que aunque sé que es un pj de ficción espero que tenga un muy feliz cumpleaños.
Este fic tiene MUCHAS referencias a Stella y Utena (la última canción de Gentaro), de hecho, mientras escribía las escuchaba así que espero les guste, también debo avisar que tiene datos del último CD Drama de Fling Posse, por si no lo han leído/escuchado, habrá spoilers de eso; bajo aviso no hay engaño ¿Vale?
Ya saben, si dejan fav, review y comparten seré la persona más feliz del universo.
Todos los créditos a King Récords.
Sin más por el momento, espero lo disfruten y ¡Gracias por leer!
Trazando una letra tras otra con la tinta que goteaba de su pluma fuente en el papel, tratando de hilar letras para formar palabras, palabras para formar oraciones, oraciones para formar párrafos, párrafos para formar capítulos, capítulos para formar historias e historias para… ¿Para qué? Originalmente era para su hermano pero ahora realmente ya no entendía o sabía.
¿Para qué o quién escribía?
Solo sabía que ensuciaba esas pálidas hojas blancas con mentiras que salían de su mente, esperando llenar o pintar algo aunque no supiera exactamente qué ¿Las hojas o su corazón? No sabía pero ambas estaban dolorosamente vacías y blancas, esperando angustiosamente por algo que les diera color.
Era algo tan difícil de dilucidar entre la niebla que nublaba sus pensamientos mientras estaba sentado junto al hombre postrado en la cama del hospital otro día sin dar señal alguna de despertar, solamente viviendo al ritmo que el electrocardiograma marcaba constantemente con un "Beep" incesante al que ya se había acostumbrado escuchar.
El viento que se coló por la ventana le hizo despertar de entre esa nada que le absorbía en su interior, parpadeando un par de veces para regresar de entre su retorcido país de las maravillas por el espejo que lucía inmaculado en esa blanca cama con los ojos cerrados y el suero goteándole lo necesario para vivir, cual vegetal en huerta esperando la primavera para florecer…
Primavera ¿Eh?
Subió su verde mirar a la ventana entreabierta donde divisaba un gracioso árbol de ciruelos florecer, dispersando sus pétalos recién abiertos gracias a las ráfagas de viento, cayendo unos cuantos al piso de esa blanca y estéril habitación que se sentía helada a pesar de haber una temperatura cálida en el exterior, dando algo de color a la monocromía etérea del lugar.
Se levantó de su banco y fue a cerrar la ventana, no quería que entrara tierra y las enfermeras le regañaran por dejar el lugar tan sucio, sin embargo, antes de cerrar la ventana, pudo divisar una cigarra que se posó por unos momentos en su mano de manera suave y gentil antes de seguir su camino a la muerte inminente que le esperaba en cualquier segundo, provocando una pequeña risilla en el castaño debido a que esa cigarra desperdició valiosos segundos de su vida para posarse en su mano y luego volar, quizá emprendiendo el último vuelo de su corto y efímero vivir.
Cerró la ventana con una nostálgica sonrisa al sentir un pequeño pétalo de ciruelo caer en su cabello, recordándole el incesante ir y venir de las estaciones, el ciclo sin fin de la vida al que todo ser viviente estaba atado desde el momento en que nace. Uno donde debía vivir al máximo para cuando sus hojas se marchitasen o sus alas dejaran de volar, se sintiera satisfecho pero ¿Cómo encontrar satisfacción cuando ni siquiera sabes lo que buscas? Solo un desolador vacío que te abrazaba, actuando cual hoyo negro, succionando cualquier indicio de alegría o felicidad, dejándote con un sabor de boca amargo y el deseo constante para tanabata de poder llenar, siquiera un poco, ese vacío que no le dejaba ni llorar el coma de su preciado hermano.
Recogió los pétalos de las flores caídas y fue a la mesita donde cambió la fecha del calendario, notando con sorpresa que era primero de abril, sus cumpleaños ¿Cuántos años habían pasado desde que Gentaro estaba postrado en esa cama? Habían pasado tantos que no recordaba ¿Quizá una década? Más o menos, tomando en cuenta que su virginidad la perdió en primer año de preparatoria con el director para asegurar la cuota de su año escolar, llegando a ese extremo debido a las cuentas del hospital que sus padres no podían pagar a la par de su escuela.
Fue justamente un primero de abril cuando su flor fue forzosamente abierta, pensando en si le alcanzaría para comprar una rebanada de pastel mientras el hombre le penetraba, sonriendo al sentir como llenaba su interior de su cálido semen.
Por primera vez tenía la barriga llena en días.
El castaño suspiró al recordar ese cumpleaños donde sintió los grilletes de la cruel realidad aprisionarlo por los tobillos para arrastrarlo a eso que muchos llamaban "vida", fue el regalo más significativo que jamás alguien le había dado.
Fue ese día que decidió convertirse en un fantasma que se arrastraba con sus grilletes cargados de penas y pesares por ese mundo tratando de encontrar algo a qué aferrarse, convirtiéndose en la simple silueta de alguien que no podía despertar, esperando de esa manera encontrar la verdad en ese nubloso andar con el nombre de alguien más; después de todo, su existencia se asemejaba a la del cáliz de una flor, solo servía para proteger y salvaguardar los bellos pétalos que debía evitar que cayeran a toda costa.
Solo era el soporte verde y mimetizado de la vívida flor que debía ser polinizada.
Acarició los cabellos de su hermano, marchitos y apagados antes de darle un beso en su frente con cariño, peinándole suavemente con sus dedos, tocándolo como si fuera un papiro a nada de desaparecer si tan solo le tocaba con más fuerza de la debida.
Antes de volver a sentarse, pudo sentir su celular vibrar. Lo desbloqueó y miró con sorpresa una invitación de Ramuda a su casa donde Dice también estaría ya que, de alguna manera, le celebrarían su cumpleaños.
Simplemente rio al ver aquel mensaje debido a la ironía que conllevaba aquello. Una celebración cuando hace no mucho Ramuda tosía sangre y derrotaban a los clones que querían matarlo, se asemejaba a la calma antes de la tormenta pero…Si era con ellos, podía soportar cualquier desastre.
Ahora que venía a su mente…Ellos eran sus estrellas que iluminaban su oscuro firmamento, los que pintaban sus blancas y vacías hojas insignificantes con estridentes colores que le hacían vibrar de emoción. Nunca antes se había sentido tan vivo y feliz de estarlo que cuando estaba a su lado. Sentía que con ellos, los colores se entrecruzaban y un arcoíris vívido se pintaba frente a sus ojos que por primera vez lucían verdes, no un gris que jamás se coloreaba de algo más.
Quizá eran sus mesías o sus caballeros en brillantes armaduras que venían a salvarle de aquel castillo que lo mantenía preso entre la negra noche y la abrumadora niebla que no le dejaba ver nada más que destellos de los colores primarios, aferrándose a ellos como la esperanza de un mañana donde pudiera saber lo que era vivir en carne propia y no solo escribir aquello.
Él quería dejar de ser esa triste y gris silueta, quería dejar de ser…Indigno de ser humano por primera vez en su banal y aburrida vida. Quería llorar, gritar, reír, sentir. Decir qué le gustaba realmente y qué no, dejar de fingir gemidos y orgasmos a aquellos que lo necesitaban bajo su yugo, quería experimentar.
Quería por primera vez vivir.
Sintió lágrimas caer por su rostro. Las primeras que sentía desde que Gentaro cayó en cama aquella tarde de marzo tras ser asaltado. Eso era bueno ¿No? Significaba que dejaba de ser alguien bidimensional que solo existía en papel para finalmente volverse humano. El hada azul escuchó su deseo tras haber sido de madera toda su vida; un simple títere sin emociones al que jalaban de los hilos para disfrute del público.
Su retorcido país de las maravillas se resquebrajaba frente a sus ojos gracias a aquel mensaje de sus dados de la suerte, haciéndole recordar que no era más una indefensa muñeca de porcelana ni una princesa capturada en una torre sin salvación.
Ahora tenía sentido y dirección ¿Qué era? ¿Un vector? El pensamiento le hizo reír de momento, escondiendo su lloroso rostro entre las mangas de su kimono color sakura, sonriendo debido a lo irónico que era aquello.
Al igual que la ventana que se volvía a abrir para dejar entrar al viento, limpiando ese viciado ambiente, él se dejaba liberar de sus pesadas y horribles ataduras que lo tenían débil y harto. Se quitaba esa pesada armadura que solo le entorpecía para sentirse libre por primera vez en su vida desde que nació, claro que la sensación de soledad le abrumaba pero era mucho más soportable que el peso de fingir ¿Qué podía hacer? Un justo intercambio por esa bocanada de aire fresco que llenaba sus pulmones por completo; además, con su roja luna y su incondicional héroe de galante sonrisa y barajas por doquier, ese peso sería librado pronto.
Con su decisión tomada, agarró la almohada de Gentaro y, tras peinarle una última vez, la colocó sobre su ecuánime rostro haciendo presión, devolviéndole el peso que ya no cargaría jamás, pasándole sus pesados grilletes, armadura y vacilaciones, dándole término a esa historia con un punto final color carmesí, temblando de emoción con una sonrisa al sentir su paz llegar gracias al electrocardiograma que dejaba de sonar cual metrónomo que finalmente dejaría de marcar el ritmo de su vida, destruyendo esos horribles relojes de segunda mano que indicaban la hora del inminente final.
No era por desesperación lo que hacía, en lo absoluto.
Al escuchar la máquina emitir un simple y muerto sonido, la emoción finalmente llegó a él.
Dejó la almohada bajo la cabeza de su hermano y depositó un beso en su frente que comenzaba a enfriarse como nota de despedida hacia él, bajando el telón justamente veinticinco años después del día en que se abrió.
La commedia è finita!
Un final con sonido a pasos y electrocardiogramas apagados.
—Fu, fu, fu…—Canturreó, siendo consciente de su respirar por primera vez desde que nació, mirando el electrocardiograma repicando un simple sonido en vez de constantes "Beep" antes de salir de la habitación, sintiendo la ráfaga de viento golpearle con fuerza en el momento en que pisó la banqueta fuera del hospital, con sus cabellos volando y enredándose mientras caminaba, volteando a ver la imagen del frío hospital relucir bajo el rayo del sol, maravillándose al ver como los jóvenes pétalos que eran arrancados de los florecientes árboles eran llevados por la ráfaga de viento junto con su capa a ese lastimero escenario que rebosaba de mentiras para enterrarlo como si jamás hubiera existido.
Podía observar por primera vez la imagen de Shibuya sin aquella horrible niebla que le cegaba, notando sus vibrantes gamas de colores, sintiendo su retumbar al ritmo de las últimas canciones y experimentando esa envolvente vibra que solo sentía al estar con Dice y Ramuda.
Lo que alguna vez era interminable niebla ahora era una destellante ciudad que le daba la bienvenida al mundo. Tan bello como cruel.
Los pétalos que salían al exterior desde su corazón también iniciaban a florecer, dejando de ser un simple cáliz para volverse la hermosa que florece justo en primavera, abriendo su botón por primera vez al mundo, dejando entrever sus vivos y hermosos colores primarios, yendo por un camino iluminado de rosa que hacía bailar los dados que justo había lanzado para saber su senda a seguir.
Si caía par, seguía; si caía non, regresaba.
— ¡Gentaro! —Escuchó exclamar cerca de él, una voz vibrante y rebosante de emoción le llamaba, dejando a la deriva esos dados que caían en dos números primos.
—Mooh, como te tardaste mucho, Dice y yo decidimos ir a buscarte—Agregó una voz grave nada acorde con el chico bajito de cabellos rosas que hacía un pequeño puchero y corría hacia él para jalarlo hacia donde estaba el joven de cabellos azules esperando con una hermosa y cálida sonrisa.
—Vamos, vamos, es tu cumpleaños y Ramuda me trajo como su jodido esclavo decorando—Se quejó Dice mientras rascaba su cabello peinado hacia atrás, parando al sentir un pequeño manazo en su brazo.
— ¡Dice! Me costó muchíííísimo peinarte, déjate—Regañó el de cabello rosa antes de tomarle del antebrazo tal como había tomado a Gentaro, sonriendo mientras iniciaba a dar brinquitos pequeños, caminando rumbo a su casa para la celebración.
—Ramuda… ¿Puedes brincar? —Preguntó preocupado a su pequeño amante, el cual le dirigió una sonrisa antes de apretar su agarre.
—Claro que puedo, cariño—Contestó divertido, apretando también el agarre al brazo de Dice, el cual sonrió conmovido al ver al amante de ambos responder tan confiado—Si estoy con ustedes, podemos hasta destruir a Chuuoku—Fue su única respuesta antes de voltearse y tararear al ritmo de una canción que le sonaba ligeramente conocida.
— ¿Esa es…—Susurró Dice, mirando a su amante castaño, el cual solo sonreía, sintiendo su corazón latir con fuerza.
—Una canción que cantamos cuando eras un príncipe exiliado, Ramuda un científico y yo un ladrón—Respondió Gentaro con la manga de su rosáceo kimono cubriendo su rostro, riendo ligeramente al ver a Dice creerse aquello—Claro que es una mentira—Completó el de ojo verde, escuchando al de cabello azul reclamar por su mentira.
—Bah, no importa, amor. Es tu cumpleaños así que vamos—Dice sonrió tras decir aquello, uniéndose a tararear aquella canción que curiosamente sabía cómo iba, provocando en el castaño una extraña sensación de calidez y una sonrisa sincera que dejaba entrever ya que finalmente se había quitado esas pesadas máscaras de hierro.
Mañana, esos momentos solo se volverían imágenes que guardaría en su preciado álbum de recuerdos que había iniciado al conocerlos pero, quería disfrutar esos instantes junto a sus preciados amantes.
Apretó la mano de Ramuda, observando maravillado el agarre de los tres, el cual significaba un inquebrantable lazo entre ellos, tarareando y canturreando al tono de una fugaz estrella que los guiaba hacia su futuro.
Ahora era turno de comenzar su propio viaje junto a las partituras que revoloteaban y empezaban a bailar al ritmo que él decidía.
Si tan solo sus sentimientos los hubiera comprendido antes…Bueno, ya no importaba.
Cerró sus ojos, sintiendo el abrasador calor de la vida quemarle desde su antebrazo de donde Ramuda le jalaba hasta sus párpados, suspirando antes de voltear una última vez a ver el enterrado hospital entre los pétalos de distintos colores junto a su hermano, siendo él quien viviría a nombre de ambos.
Ese, definitivamente, era su mejor cumpleaños hasta ahora…Solo necesitaba abrir sus pétalos y florecer hermosamente entre rosas nubes y azules cielos que le guiarían al final del universo. Juntos.
Fu, fu, fu…
El viento soplaba y al fin danzaba a su son sin un ápice de soledad, resonando junto a esa tintineante estrella y ese par de corazones que estarían con él eternamente.
Fu, fu, fu…
"La commedia è finita!" es la frase de una obra llamada "Pagliacci", si pueden verla, háganlo. Es una obra muy buena y trata tema similares al fic.
Calyx significa "Cáliz" y según mis clases de primaria y wikipedia, el cáliz de una flor es para protegerla.
"Indigno de ser humano" es un libro de Osamu Dazai, aparece en "Hoodstar" en la parte de Gentaro.
Tengo página de face, se llama "Yuusei Her" (importante el espacio), la foto es de Sasaki Haise con un árbol de flores, por si quieren pasar a dar like, etc.
