Bueno, este es mi primer fic de Code Geass (siendo más exactos, es mi primer fic xD). Al inicio, traté de que se viera ambientado principalmente en la infancia de Lelouch y Nunnally en el santuario Kururugi, en Japón, pero lo amplié un poquito. Antes de que se piense que me he fumado algo, aclaro que este es solo un universo alternativo de Code Geass, un experimento que me planteé el otro día; por lo que habrán aquí hechos que nunca sucedieron en la historia original ni la tetralogía (algunos cambios xD). Espero que lo disfruten.

Disclaimer: Code Geass no me pertenece, sino a Sunrise y demás colaboradores de Project Geass.


AntoStage 0.63; 01


Año 2009 a.t.b

Palacio Imperial, Capital Pendragon, Sacro Imperio de Britannia

La capital imperial, Pendragon, cuyo ambiente se caracterizaba por la frivolidad y la aristocracia, aguardaba expectante aquella mañana. Habiendo alcanzado el clímax del tema de conversación de esos días, que giraba en torno a lo acaecido en la Villa de Aries, lugar de residencia de Marianne vi Britannia "El Resplandor" y sus hijos; aquel día, el hijo mayor de esta había solicitado una audiencia con su padre, el sacro emperador, Charles zi Britannia.

Ante la presencia de un grupo numeroso de nobles, las puertas del gran salón del palacio imperial se abrieron, dando la bienvenida al niño parado bajo el gran pórtico. Su llegada fue acompañada por las palabras del anunciante:

ー¡Con ustedes, el Undécimo Príncipe del Sacro Imperio de Britannia, número 17avo en la línea de herederos al Trono, su Alteza, Lelouch vi Britannia!

Mostrando una fuerza y solemnidad impropios para su edad, Lelouch se dirigió con paso firme y el semblante endurecido en dirección al emperador. Los nobles a los costados de la larga alfombra se inclinaron y rindieron respeto al príncipe, centro de los último rumores de Pendragon.

"He oído que la emperatriz Marianne ha sido asesinada en la Villa de Aries"

"Claro que no es un lugar de fácil acceso para los terroristas..."

"Pero entonces, eso significa que el ataque ha sido..."

"Cuidado, amigo mío, no le favorecería expandir rumores de esta índole"

"Aún así, su Alteza demuestra temple y fortaleza, tomando en cuenta que su madre acaba de ser asesinada"

"Pero lord Lelouch ya no puede aspirar a la corona"

"La familia que los apoyaba, los Ashford, también está acabada"

"¿Qué hay de su hermana menor, la princesa?"

"Dicen que ha quedado paralítica, además de ciega"

"Pero se trata de una ceguera histérica ¿verdad?"

"Aun sea así, será inútil para la política"

Ya frente al hombre sentado en el gran trono, que permanecía con rostro glacial, el príncipe Lelouch declaró:

ーSu Majestad, mi madre ha muerto.

ー¿Y qué con ello? ーrepuso el emperador, sin cambiar su expresión

ー¿Y qué con ello? ーrepitió el niño, incrédulo

ー¿Es todo lo que tienes que decirle al emperador?ー continuó el hombre, con total desinterés ーQue pase el siguiente. No tengo tiempo para cuidar de niños.

ー¡Padre! ーexclamó Lelouch, dando un paso sobre las gradas.

Inmediatamente, los guardias a los lados del emperador le bloquearon el paso, a lo que Lelouch no reaccionó ni se amedrentó. A una señal del emperador, estos bajaron las lanzas y se posicionaron nuevamente a sus costados.

ー¡Sí, su Majestad! ーexclamaron

ー¿Por qué no protegiste a mi madre? ーreclamó Lelouch, dirigiéndole una mirada de rabia, notándose en su voz la ira apenas contenida ーEres el emperador, el hombre más poderoso del imperio ¡Y dejaste a mi madre indefensa! Y ahora ¡ni siquiera vas a ver a Nunnally!

ーNo me sirven los débiles ーrespondió este, con voz seca y fría

ー¿Débiles? ーmurmuró el niño

ーEsa es la verdadera naturaleza de la Familia Imperial.

Lelouch no podía dar crédito a lo que oía. Bajando la mirada, para sorpresa de los nobles presentes, todos los desbordantes sentimientos le hicieron exclamar:

ーEntonces ¡renuncio a mi derecho al trono! ¡Ya he tenido suficiente de todas estas conspiraciones tontas para decidir a tu sucesor!

ーTú estás muerto ーsentenció el emperador

Su voz y presencia, que antes habían aparentado nulo interés, de repente irradiaban peligro. Lelouch, ante este cambio, no pudo evitar palidecer.

ーEstás muerto desde el día que naciste ーcontinuó su padre, quien parecía por fin prestarle verdadera atención, dirigiéndole a la vez una mirada fulminante ー¿Quién te dio las ropas que llevas puestas? ¿La comida? ¿El hogar? ¡Incluso la vida! Desde que naciste, tú no has vivido. Y aún así ¡TE ATREVES A HABLARME DE ESA FORMA! ¡LELOUCH!

Acompañando esta última palabra, el emperador se levantó de su trono, amenazante. Ante el miedo y desconcierto creciente, Lelouch resbaló y cayó hacia atrás, de espaldas.

ーLelouch, los muertos no tienen derechos ーvociferó el emperador ーPor eso, tú y Nunnally serán enviados a Japón, como herramientas diplomáticas.

"Un príncipe y una princesa serán un excelentes herramientas de negociación"

Pocos días después, ambos hermanos se disponían a subir al avión que los llevaría a la nación oriental. A los demás príncipes y princesas se les había contado que viajarían por estudios. Escoltados por los antiguos guardias que custodiaban la Villa de Aries, Lelouch dirigió una última mirada hacia sus hermanos.

"Es cierto que eres hijo mío, y posees el mismo carácter que yo; sin embargo, Lelouch, tendrás que tomar responsabilidad de las palabras que has dicho hoy."

Euphemia, Marrybell, Cornelia, Clovis y otros príncipes y princesas presenciaron el adiós de Lelouch y Nunnally; los más allegados a ellos, con un sentimiento de impotencia. La ruina en la que estaban sumidos ambos hermanos desde la muerte de su madre no les era desconocida; esto, y los rumores que circulaban desde la audiencia de Lelouch con el emperador, les hacían saber de la verdadera naturaleza del viaje. Aún así, no pudieron evitar que ambos se perdieran en el aire, hacia una nación que estaba por entrar a su inevitable destrucción.

"Tú y tu hermana serán exiliados de Britannia; a partir de ahora, ambos no tienen un lugar al cuál pertenecer".


Año 2009 a.t.b

Santuario Kururugi, Japón

Príncipe Lelouch vi Britannia

Princesa Nunnally vi Britannia

Ambos fueron exiliados de su nación, Britannia, y enviados como rehenes políticos a Japón, principal exportador mundial del raro mineral Sakuradita. Tal es el destino con el que tendrían que lidiar, habiendo perdido toda clase de apoyo como parte de la realeza.

¿Un santuario? ーpreguntó Nunnally

Sí, es la versión japonesa de una iglesia.

El camino hacia el lugar donde residirían el niño y su hermana consistía en unas largas escaleras de piedra. Con guardaespaldas a los costados, la ascensión para Lelouch, con una hermana discapacitada a cuestas, fue una tortura. Esto no fue muy diferente al camino que recorrería ocho años después, lleno de angustias e incertidumbres, siempre impulsado por el deseo de proteger a su pequeña hermana. Aún en el exilio, decidió que cuidaría de ella, permaneciendo juntos incluso en una nación desconocida.

Mientras, quienes los recibirían aquel día comenzarían a formar parte del complicado destino que había empezado a tejerse desde la llegada de ambos a Japón, en especial el niño de cabellos castaños, cuyos ojos verdes miraban con hostilidad al príncipe y princesa britannianos desde la cima de las escaleras.

¡Quién anda ahí! ーhabría de exclamar pocas horas después, en un sombrío almacén

¿Quién eres?

Kururugi Suzaku, hijo del Primer Ministro Kururugi ¿Acaso Britannia pretende también conquistar Japón?

El niño ganaría un amigo y, al crecer, comprendería que, aquel día, conoció a su mayor aliado de toda la vida, y al mismo tiempo, a su peor enemigo. Fue curiosa la forma en la que una amistad duradera, y a la vez problemática, nacería.

¡No subestimes a los japoneses, maldito britanniano! ーle gritaba Suzaku, sin dejar de golpearlo violentamente

¡Detente... idiota! ーbalbuceaba a duras penas Lelouch, mientras trataba de defenderse de sus puños

¡Deténganse, por favor! ーsuplicó Nunnally, con lágrimas en los ojos ー¡Haré lo que me pidas, pero no golpees más a mi hermano!

Pero aquello fueron problemas sin relevancia, muy diferentes a los acontecimientos que llevarían a su separación a cabo de un año. Su reencuentro sería alegre, pero desfavorable para el camino que elegiría el niño voluntariamente años después, el camino de sangre con el que llevaría a cabo su venganza, contra el padre que los había abandonado y la misma Britannia, que les había dado la espalda.

Por ahora, sería algo más lo que complicaría aún más su destino: La reaparición e intervención de alguien, que no creyó volviese a ver, alguien que movería los hilos de su camino y usaría sus acciones para su beneficio, a partir de ahora. Alguien que se escondería en el interior de lo más insospechado.


Dos semanas después

Sentado en el borde de la ventana del piso superior, Lelouch miraba desde el almacén el claro donde estaba ubicada la pequeña casa donde vivían él y Nunnally. Entre los árboles que rodeaban el lugar, entrevió a Suzaku Kururugi corriendo, sujetando un palo de madera; jugando, probablemente. Desde su llegada al santuario y su breve interacción con el hijo del Primer Ministro ーla cual terminó con Lelouch siendo golpeado por Suzaku y defendido por Nunnally ーeste había comenzado a evitar el almacén que les servía a Lelouch y Nunnally de hogar, y no solo el lugar, sino a ellos. Con indiferencia, pensó que lo mejor sería mantenerse alejado también.

De un salto, bajó de la ventana y, tratando de no hacer ruido, bajó las escaleras de madera. Cogió el bolso de compras y el monedero sobre la improvisada mesa, que consistía en una tabla con un par de cajas debajo (el mantel había sido idea de Nunnally). Disponiéndose a salir, una voz lo detuvo.

ー¿Onii-sama?

Girándose hacia el futón ーel único que había en ese almacén, una especie de cama japonesa sin soportes ーsobre el cual descansaba su hermana, Lelouch se acercó a ella.

ーPerdón, creo que te desperté ーse disculpó, sonriéndole

ー¿A dónde vas?

ーIré de compras, algunas cosas se están agotando, tú trata de dormir un poco, Nunnally ーla tranquilizó, arropándola y tocándole la frente. Al verlo desaparecer tras la puerta, sin nada más que hacer, Nunnally trató de conciliar el sueño.

Poco después de que Lelouch se hubiese ido, un aroma se filtró en la habitación: fuerte, fresco, relajante, el olor de los girasoles inundaba ahora la estancia. Desde que habían llegado al santuario Kururugi, Nunnally había notado el casual aroma de estas flores, aunque no supo reconocerlas. De un momento a otro, este aparecía y desaparecía, como si de alguien paseando se tratase. Fuera del almacén, los pliegues del kimono azul se movían con ligereza, al compás de la brisa.

Sentándose sobre la cama, Nunnally giró la cabeza, como si mirara ciegamente alrededor. Al sentir la brisa entrando desde la puerta entreabierta hacia su rostro, sus párpados temblaron.


ー¡Suzaku, yo también quiero jugar contigo! ーexigió la niña de ojos verdes, con gesto molesto y frustrado.

ーLo siento, Kaguya, pero el viejo insiste en que debes seguir estudiando ーse excusó Suzaku ーY ahora no estoy jugando, practico lo que me enseñó mi maestro Tohdo.

La prima pequeña de Suzaku Kururugi, Kaguya Sumeragi, heredera de la jefatura de las Seis Casas de Kyoto, estaba parada en las escaleras que conducían al templo, insistiendo a Suzaku lo de siempre. Este blandía un palo de madera largo, lanzando estocadas hacia adelante.

Nuevamente, Kaguya trató de replicar.

ー¡No es justo! ¡Tú puedes ir a jugar cuando quieras, pero yo tengo que estar estudiando siempre! ¡ni siquiera tengo amigos, como tú!

Esta vez, Suzaku pretendió ignorarla. Lamentablemente, Kaguya Sumeragi no podía valerse de su apellido en esa situación. Tratando de no llorar, corrió hacia el templo, sin otra cosa que hacer que estudiar. Suzaku suspiró, y siguió practicando. De todas formas, esa no era la primera vez que su prima le reclamaba sobre el tema, y probablemente tampoco sería la última. Mientras blandía la varilla de madera y trataba de cortar el aire, distinguió a un niño caminando entre los árboles que rodeaban el templo, en dirección al almacén. Cargaba una bolsa y se le veía apurado. Frunciendo el ceño, Suzaku lo vio pasar hasta que desapareció tras el templo. Luego, tras pensarlo unos momentos, miró alrededor, cerciorándose de que nadie lo viese.


Abriendo la puerta del almacén, Lelouch entró diciendo:

ーYa estoy aquí, Nunnally. Algunas verduras estaban a bajo precio, por lo que...

Al ver el futón vacío y que la silla de ruedas había desaparecido, soltó la bolsa de compras, y algunas verduras rodaron por el suelo.

ー¿Nunnally... ?

Salió inmediatamente de la casa y miró frenéticamente alrededor, siendo lo único que vio los árboles que rodeaban el claro y el almacén. Había comenzado a llover.

ー¡NUNNALLY!

Con el pecho oprimido e internándose entre los árboles, los pensamientos comenzaron a bullir en su mente:

"Su silla de ruedas no estaba; probablemente solo salió por su cuenta. Quizá fue a pasear, aunque nunca lo ha hecho por sí sola desde que llegamos. Le mencioné que fui de compras ¿será posible que... ?"

"Pero ¿qué podría hacer ella afuera, sola?"

Tal era su desesperación que, al captar con el rabillo del ojo movimiento detrás suyo, se giró a ver, con el corazón desbocado.

ー¡¿Nunnal...

Frente a él, Suzaku Kururugi lo miraba con desconcierto. Con tono sorprendido, el niño preguntó:

ーHey ¿Acaso estás...

Sin saberlo, en los ojos de Lelouch habían comenzado a acumularse las lágrimas

ー... llorando?

Decepcionado, Lelouch giró el rostro y se frotó los ojos.

ー¿Qué haces aquí? ーpreguntó, tratando de mostrarse frío, pero sin poder esconder el temblor en su voz.

ーEspera ¿Nunnally se ha perdido?

ー¡Eso no te incumbe!

ー¡Claro que sí! Ustedes dos son huéspedes del santuario Kururugi, por lo que están bajo mi protección también, por mucho que lo odie.

Con expresión molesta, Suzaku dirigió una mirada almacén que les servía a Lelouch y Nunnally de hogar

ーDeberíamos comenzar desde ahí ーdijo, señalando hacia el lugar

ー¡No pienso pedirle ayuda a nadie! ¡Y mucho menos a un japonés!

ー¡Maldita sea, eso no tiene importancia ahora! ¡¿Por qué te empeñas en hacerlo todo tú solo?! ーreplicó Suzaku

ー¡No quiero convertirme en un muerto! ーgritó Lelouch

ー¡Idiota, esto no se trata ahora de ti, sino de Nunnally!

Lelouch fue incapaz de replicar, al notar su egoísmo en una situación así, sintiéndose avergonzado. Si quería encontrarla...

Desviando la mirada, murmuró:

ーPero ¿por dónde...

ーYa te lo he dicho: deberíamos comenzar por el almacén. Sígueme.

Suzaku dio media vuelta y volvió a la casa, dejando a Lelouch atrás. Este cerró los ojos, convenciéndose de que aquella era la única forma de dar con Nunnally. Después de todo, no tendría sentido no volverse un muerto, si perdía a la persona por la cual vivía.

Bajo la lluvia, Lelouch no tuvo otro remedio que confiar en Suzaku Kururugi, un extraño, para hallar a su hermana.

"Nunnally ¿Dónde estás?" pensó, desesperado.

Poco antes de que comenzara a llover, una silla de ruedas se deslizaba entre los árboles. En la oscuridad, en un inicio, Nunnally fue incapaz de adivinar en qué lugar del santuario se encontraba, confundida por tantos sonidos y aromas diversos.

ー¿Onii-sama?

Sin obtener respuesta, continuó avanzando. La hojas moviéndose al compás del viento, los pájaros trinando, el perfume de las plantas, le indicaron pronto que estaba en medio del bosque, mas no supo ubicarse en qué parte del santuario Kururugi se hallaba, pues en este abundaban las arboledas. Una gran piedra que sobresalía entre la tierra obstruyó una de las ruedas, pero Nunnally siguió avanzando, antes de darse cuenta de que la silla se inclinaba hacia un lado y se volcaba.

Ahora en el suelo, Nunnally se percató de que había comenzado a llover. De las copas de los árboles, discurrían las finas gotas de agua, enhumedeciendo la tierra. Tratando de arrastrarse, su vestido rosa se ensució, perdiéndose aun más en el bosque ¿Cómo había terminado ahí... ?

Entre el olor de la tierra mojada y los árboles, volvió a surgir el aroma de los girasoles, junto a una presencia que se desplazaba entre los árboles. Al percibir pasos sobre el suelo, Nunnally alzó la cabeza.

Una joven mujer la observaba desde arriba, inexpresiva, vistiendo un kimono azul con adornos floreados de girasoles. Por su largo cabello verde también corrían las gotas de lluvia, pero sus ojos dorados estaban centrados en la niña que yacía en el suelo. Miró alrededor, antes de bajar la vista nuevamente y suspirar.


En un viejo, pero amplio cobertizo en un campo de girasoles cercano al santuario, la joven y la niña se resguardaban de la lluvia. Ya bajo un techo, sentada sobre una caja acolchada con una manta, Nunnally reparó en que el olor a girasoles era más fuerte ahí.

ーMuchas gracias ーagradeció, cortésmente, a quien estaba frente suyo ーPerdón, aún soy bastante torpe en desplazarme por aquí, por lo que le agradezco su ayuda.

Sentada sobre otra caja frente suyo, la chica de cabello verde la contemplaba con curiosidad. Entre ambas, había colocado una lámpara de aceite, que calentaba un poco alrededor.

ーBueno... como verá, me perdí al salir ーdijo la niña, con timidez ーMi nombre es...

ーNunnally

ー¿Uh? ¿me conoce?

Bajando la mirada, por los ojos de la mujer desfilaron algunos recuerdos.

ーPodría decirse ーdijo, con simpleza, parándose y caminando hacia la ventana del cobertizo.

Nunnally supo que se trataba de una mujer joven, por su voz. Se preguntó si sería una sirvienta del santuario.

ーPerdón, aún no puedo orientarme bien ーdijo, con timidez ーNo puedo ver, y mi hermano...

ーLelouch

ーBueno, sí... ーdudó ーNo quisiera preocuparlo. Aunque parece que está lloviendo...

Las gotas de agua chocaban con el techo del cobertizo, oyéndose claramente. La chica miró hacia el campo de flores, pensativa, y extendió un brazo por la ventana, sintiendo la lluvia chocar en su piel.

ーEstará bien ーdijo, a cabo, cruzándose de brazos y cerrando los ojos. Nunnally no supo qué pensar ーEl lugar donde vives está cerca, te llevaré cuando la lluvia haya cesado. Podré irme después de dejarte con él.

Entrecerrando los ojos, de un dorado claro, agregó:

ーA fin de cuentas, solo estoy de paso.

ー¿Oh, usted tampoco es de acá? ーdijo Nunnally, sorprendida ーYo y mi hermano también hemos llegado hace poco, nuestro papá nos mandó aquí.

ー¿Por qué? ーpreguntó la chica, girando la cabeza hacia la niña.

ーPues... ーdudó Nunnally ーAún no estoy segura... Pero he visto a onii-sama muy preocupado al respecto, desde que supimos del viaje.

ーYa veo ーdijo la mujer, secamente, paseándose por el lugar.

El constante recuerdo de Lelouch, siempre protegiéndola, hizo que Nunnally se sintiera reconfortada.

ーPero, aunque este lugar me sea nuevo y desconocido, no estoy triste, pues tengo a mi hermano a mi lado ーdijo, sonriendo.

La chica la miró con el rabillo del ojo, analizándola.

ーSé que él hace lo mejor que puede para que yo sea feliz ーcontinuó Nunnally ーIncluso, trató de alegrarme diciendo que nuestra casa era muy bella, blanca y con flores. Pude saber que no era del todo cierto por la textura de las paredes y el olor, pero lo dijo con buenas intenciones, lo sé. Además, pienso que no interesa cómo se vea, es mejor imaginarlo así, ahora que no puedo ver. Una casita así ne recuerda mucho a la habitación de Euphie-onee-sama...

Bajando la cabeza, pareció rememorar la habitación perfumada de su hermana mayor, en la que tantas veces habían jugado ella y su hermano; adquiriendo una triste sonrisa. Al sentir la mirada de la mujer aún sobre ella, se excusó:

ーPerdón, pero no puedo evitar extrañar mi hogar y a mis demás hermanos y hermanas. Y a mi mamá. Todo fue tan repentino...

Con un gesto de desconcierto, el rostro de Nunnally pareció angustiarse levemente. C.C reparó en el cambio de su expresión

ー¿Uh?

ーTrato de no pensar en ello ーdijo, a cabo, la niña, con tono perplejo, alzando una mano para tocar su frente ーpero, últimamente, me pongo triste al pensar en...

El rostro de Nunnally había ido ensombreciéndose; la niña prefería no recordar lo sucedido aquel día, pero los recuerdos afloraban sin razón aparente.

Los disparos estridentes, el cuerpo de su madre siendo atravesado por las ráfagas, suspendido e inmóvil. De repente, se sentía muy liviana.

Alzando el rostro, la niña dirigió una gran sonrisa a la mujer.

ー¡Pero estoy bien, de verdad! ーdijo, nuevamente animadaーAdemás, mi mamá me contó una vez que su mejor amiga estaba aquí, en Japón. Pensar en ello me pone feliz.

La mujer alzó una ceja. Era una niña dulce, pero extraña, sin lugar a dudas. Sin embargo, no pudo evitar preguntarse qué le habría contado su madre sobre esa amiga.

ーAunque no puedo negar que a veces me siento incómoda en este estado ーcontinuó Nunnally ーpor lo que preferiría volver en el tiempo y tener la opción de elegir, ya sabes qué ーdijo, llevándose una mano a la mejilla.

Nunnally había comenzado a sonar más relajada y alegre que antes, y también más confiada. Su expresión, habiendo dejado de ser discreta, ahora era más risueña. La mujer de pelo verde la observó con más curiosidad. Era la primera vez que se quejaba abiertamente de su discapacidad y ceguera, o al menos eso parecía.

ーAl principio, creo que preferí ocultarme; si él se enteraba de mi estado actual, hubiera sucedido lo mismo. Creo que debí haberte escuchado másーprosiguió, riendo ーPero así, no creí que nadie fuera a sospechar, por lo que fue oportuno que Charles mandara a Lelouch y Nunnally a Japón, sobre todo porque sabía que te encontraría aquí ーdijo Nunnally, alegremente

El semblante de C.C se congeló al oir aquello. Sabía la razón por la que ambos niños habían sido exiliados, y la persona que se lo había dicho...

ーAunque no creí que fueras a volver realmente a Japón. De todas formas, te agradezco que hayas venido a verlos, amiga.

Durante un largo silencio, la mujer se limitó a mirar a Nunnally, que continuaba sonriente. Mortalmente seria, susurró:

ーClaro. Si eras tú ¿no es cierto?

ーHa pasado un tiempo ¿verdad? ーdijo la niña, abriendo los ojos.

No había atisbo de la ceguera histérica que le había sido diagnosticada. Alrededor de sus iris de color lila, refulgió un destello rojo y, por un momento, la imagen de Marianne "El Resplandor", con toda su belleza intacta, pareció proyectarse detrás de la niña. Cuando volvió a hablar, una voz más resonó en la mente de la mujer, una voz que no creyó volvería a escuchar tan pronto.

ーC.C

"C.C"


Dos semanas antes, 2009 a.t.b

Villa de Aries, Capital Imperial Pendragon, Sacro Imperio de Britannia

En los bellos jardines de la gran Villa de Aries, en Britannia, lugar protegido y custodiado por militares leales a la Familia Imperial, dos niños jugaban. El mayor, entretenía a su hermanita con historias y juegos; para él, ella lo era todo. La menor, simplemente, lo adoraba. Ambos estaban sentados en la hierba, haciendo cadenas con las flores que la niña y sus demás hermanas habían recogido hace pocos días.

Mirándolos desde lejos, dos mujeres conversaban bajo la entrada del palacio que daba a los jardines, cubierto con un techo blanco sostenido con columnas. La conversación giraba ahora en torno a la llamada que la emperatriz había recibido hace unos pocos minutos, que había interrumpido su charla y la había llevado a dar órdenes de aquí a allá a los guardias y criados. Si bien quien la había llamado le había pedido guardar discreción, aquella era la mujer con quien la emperatriz más estaba en deuda, además de considerarla su mejor amiga ーo su única amiga, como había señalado la otra en alguna ocasión.

ーYa le he pedido a Cornelia que retire toda la protección del palacio. Es una buena chica, en verdad ーdijo, tranquilamente

ー¿Por qué?

ーÉl ha insistido bastante en ese aspecto, supongo que no podría sentirse tranquilo.

ーSi tiene que ver con la Espada de Akasha, no le encuentro sentido a que él te lo diga, en lugar de Charles. O que te lo diga primero a ti en lugar de a élーcomentó la otra mujer

ーLo sé. Tal vez no tenga que ver con la Espada de Akasha o la conexión, aunque ha dicho que era un asunto de gran importancia.

ーEres ingenua, muy ingenua, Marianne.

ーTampoco tienes que ser tan inflexible, C.C ーrió la mujer de cabello negro.

A lo lejos, con una mirada melancólica, la mujer de cabello verde observó a ambos niños jugar a hacer cadenas de flores.

ー¿Y Nunnally y Lelouch...?

ーEllos estarán dormidos, y los chicos de etiqueta solo pueden acceder a los jardines y al ala oeste, mas no pueden pasar a los demás sectores de palacio ーcontestó Marianne ーSe supone que los únicos que pueden entrar somos yo, Lelouch, Nunnally y los otros príncipes y princesas. He retirado al resto del personal esta noche.

ーV.V... ーdijo C.C, mirando hacia los jardines, con la mirada perdida ーPiensa más simple de lo que crees, Marianne. De verdad, no entiendo por qué querría hablar contigo a solas, en lugar de Charles, si él nunca se guarda nada para su hermano.

ーTal vez tenga que ver con el mismo Charles, precisamente. Conozco bien cómo son entre ellos: V.V se preocupa por él en exceso, lo que para ti tampoco es un secreto. No me preocupa lo que tenga que decir, estaré bien ーbromeó Marianne

ーMe pregunto cómo eres capaz de criarlos siendo tan descuidada. En fin, si tiene que ver con Charles, no me interesa. ーdijo C.C, dándose la vuelta y dirigiéndose al interior del palacio

ー¿Y quién es descuidada ahora? Este asunto podría estar ligado contigo y a ti te importaría poco.

ーSi fuese así, lo sabré ¿verdad, Marianne? ーdijo C.C, girando la cabeza a verla, con una sonrisa inquisitiva

ーNo puedo asegurarte nada, aunque dudo que V.V me diga algo que no sea capaz de decirte ーdijo la emperatriz, despidiéndola

Con una última risa, C.C alzó la mano, sin voltear, diciendo adiós. Marianne vio irse a su amiga, que pasó tranquilamente por el Palacio de Aries y se perdió entre los largos pasadizos.

"De cualquier forma" pensaba C.C "Por más que V.V diga que se trata de un asunto muy importante, es raro que haya llamado solo a Marianne. Si es algo que sabe V.V y no se lo ha dicho a Charles, ya me gustaría saber de qué trata."

Aún con varias dudas, la bruja no se involucró más ese día.


Siendo apenas la mitad de la noche, tal como indicó la misma emperatriz, se retiró toda armada del palacio de Aries, donde residían ella y sus hijos. Cuando se hubieron apagado todas las luces del lugar, ya se retiraban las últimas filas de guardias. Entre ellos, Jeremiah Gottwald no pudo evitar girarse a ver el palacio a oscuras, inseguro y desconcertado por las confusas órdenes dadas. Libre de todo personal, los interiores de palacio adquirieron un ambiente elegante, tranquilo y silencioso.

Mientras tanto, Nunnally miraba el techo de su habitación, de un blanco impecable, tratando de conciliar el sueño. Con expresión molesta, volvió a preguntarse por qué todos se habían empeñado en que durmiera temprano ese día. Su madre la había dejado al cuidado de varios criados, y luego estos la habían instado a irse a dormir antes de lo normal. En un inicio, Nunnally había protestado. Quería jugar un poco más, pero no tuvo de otra que aceptar cuando su hermano también se marchó a dormir. Aunque también disfrutaba de jugar con sus demás hermanas, estas no podían venir tan a menudo, por lo que dependía casi por completo de su hermano para poder divertirse, no teniendo con quién más jugar. Aun estando molesta, el día había sido largo, por lo que el sueño comenzaba a reclamarla al fin. Girándose sobre la cama, se fijó en su mesita de noche. Mientras sus ojos se cerraban, pasó la mirada por los objetos que había encima de la mesa: La lámpara de tela adornada y con la luz apagada, la corona de flores que habían hecho ella y su hermano esa tarde; el plato honorífico partido por la mitad, regalo que compartía con Euphie-onee-sama, del caballero Marianne Lamperouge...

Abriendo mucho los ojos, Nunnally recordó.

"¡Mamá!"

Había decidido darle la corona de flores hecha esa tarde a ella, pero lo había olvidado con todos los criados a su alrededor, instándola a dormir temprano. Decidió que le llevaría la diadema a su madre antes de dormir. Seguro a ella no le molestaría.

Tratando no hacer ruido, Nunnally se levantó de su cama y tomó la corona de flores, con cuidado de no estropearlas. Había faltado muy poco para que se duerma, pero, igualmente, la emoción por ver la reacción de su madre le quitaba todo cansancio.

Cuando apenas hubo asomado la cabeza por el marco de la puerta, mirando a ambos lados del largo pasadizo, se sobresaltó cuando las últimas luces del pabellón donde estaba se apagaron. Era extraño, normalmente estas nunca estaban apagadas, pues el personal solía permanecer en los interiores de palacio, haciendo guardia.

Estando en oscuridad, siendo la única fuente de luz la que se filtraba por los cristales de las ventanas, si bien se cohibió un poco, Nunnally tenía aún la firme convicción de encontrar a su madre. Pasando por la habitación entreabierta de su hermano, que ya dormía, se sorprendió de no ver a ningún criado o guardia. Se preguntó entonces dónde estaría su hermana Cornelia, que dirigía a los guardias del palacio.

Descalza, sus pasos apenas hacían ruido sobre el pulido y brillante suelo. Además, tenía prisa por llegar donde su madre, entusiasmada por ver su rostro cuando le enseñara la corona de flores. Estando las habitaciones de la emperatriz y sus hijos en un mismo pabellón y piso ーhasta hace unas horas, el más resguardado de Aries ーNunnally llegó pronto a los aposentos de Marianne vi Britannia. Asomándose con cuidado, contempló los arreglados muebles y la inmaculada cama, y descubrió que no había nadie allí.

Resoplando, pensó que su mamá habría salido a pasear por la noche. Pensó esto como una posibilidad, pues había oído alguna vez el sonido de sus zapatos de taco por los corredores de palacio antes de irse a dormir.

Nunnally anduvo por los pasadizos superiores buscando a su madre, en ropas de dormir, aún con la corona de flores sujeta y pegada a su pecho. Lo único que oía en todo el palacio era apenas sus sordos pasos; lo demás, se encontraba sumido en una atmósfera de silencio y somnolencia.

¿Dónde podría estar mamá, si ella debería dormir ahora, como yo y onii-sama?" pensó, con molestia.

Al menos, sin guardias, no corría el peligro de ser descubierta vagando por los pasadizos de Aries en plena noche, con las luces apagadas, cuando se suponía que ya se había ido a dormir. Arreglaba los desperfectos que encontró en las flores de la corona cuando unos pasos ligeros la alertaron. Frente suyo, alguien más se había cruzado en su camino.

ー¿Tú eres... ? ーmurmuró Nunnally, señalando a la niña frente suyo

Tenía su misma edad, cabello color rosa y ojos rojos. La niña tenía un aire perdido y preocupado, por lo que no reparó en Nunnally hasta que esta la llamó por su nombre

ー¿Anya Alstreim?

La niña se giró, sorprendida, hacia ella. De repente asustada, trató de inclinarse ante Nunnally, estando demasiado nerviosa para recordar alguna reverencia a realizar en específico, según cómo les habían enseñado a rendir respeto a la Familia Imperial en Aries.

ー¡Pr-princesa Nunnally! ーbalbuceó Anya ーYo... uhm...


En el centro del vestíbulo, bajo la araña de cristal, lejos de cualquier tipo de vigilancia, se encontraba parado un niño.

Este permanecía con su característico rostro inexpresivo y sereno. Después de todo, era un niño que había vivido y sido testigo por cincuenta años de las mentiras que llenaban el mundo, aquellas que se había propuesto eliminar, junto a su hermano y principal aliado. Pero para ello...

Alzando un auricular, V.V comunicó:

ーSí. Parece que Marianne hizo tal como le dije. No he visto a ningún sirviente o guardia en todo el palacio ¿Has llevado a los terroristas fuera de palacio, verdad? Sí, deberás hacer que se vea realista.

"Después de todo, las mujeres como Marianne siempre terminan así, en las viejas historias. No debería extrañarle encontrarse con un final así."

Ante tal perspectiva, la fina línea que era su boca se curvó ligeramente. Alzando la vista al piso superior, cuyos balcones daban la vista hacia el mismo vestíbulo, casi esperó ver a la emperatriz descender por las escaleras alfombradas.

En fin, faltaba muy poco...


ーCierto, tú estabas con los demás aprendices de etiqueta del palacio. Esa vez, vinieron a saludarnos a mi mamá, a onii-sama y a mí ーhabía dicho Nunnally, al recordar su nombre

Ella y Anya caminaban ahora hacia el ala oeste del palacio, lugar donde residían los niños que llegaban en calidad de aprendices de etiqueta. Nunnally recordó el día que Anya y los demás niños y jóvenes de etiqueta los habían saludado. Entonces, ella parecía tener la misma apariencia perdida de ahora.

Cuando su mamá y su hermano habían recorrido el otro día los jardines de Aries, varios chicos, guiados por la señorita Lennox, institutriz de Aries, se acercaron a ellos y se inclinaron. Luego, todos ellos habían estado conversando y jugando entre ellos, pero la niña de cabello rosa había permanecido alejada del grupo. Si la conocía, era porque la niña se había acercado tímidamente a Lelouch y le había preguntado si podía tomar una fotografía suya, con el celular pequeño que llevaba consigo.

ーSí... ーmurmuró Anya. Procedente de una familia noble, Anya Alstreim era una niña muy callada y tímida.

ーTranquila, las habitaciones de los demás niños no están tan lejos ーle dijo Nunnally, alegremente

Lejos de entusiasmarse, bajando la vista, Anya musitó:

ーPerdone, princesa, sé que una estudiante de etiqueta no debería estar aquí ーse excusó ーLe pido perdone mi descuido e impertinencia.

ー¿Por qué no puedes venir aquí? ーpreguntó Nunnally, perpleja

ーLos niños de etiqueta solo podemos acceder a los jardines y el ala oeste del palacio de Aries, donde somos instruidos por la señorita Lenox.

ーEntonces ¿Todos ustedes son muy amigos, verdad?

ーBueno... ーmurmuró, bajando aún más la cabeza ーSupongo que sí... ーal ver la expresión curiosa de Nunnally, interesada, habló con un poco más de confianza ーAunque aún no conozco a nadie acá, o dicho mejor, aún no he hablado con ningún otro niño, mis papás solo me mandaron para que aprendiera modales...

ーEntonces ¡Sé mi amiga! ーdijo Nunnally, con una amplia sonrisa

ー¿Eh?

Ambas niñas habían dejado de caminar. Mientras Anya contemplaba a Nunnally sorprendida, la otra niña sonreía y le decía, con entusiasmo:

ーEuphie-onee-sama y Marry-onee-sama no pueden venir siempre, y me gustaría tener una amiga con quien jugar ¿Vendrías a jugar mañana?

ーP-pero... ¡¿Es en serio?! ーdijo Anya, sorprendida

ー¡Sí, podemos jugar con onii-sama también! ーexclamó ella, pensando en lo bien que podía caerle Anya a su hermano

ー¡Muchas gracias, lady Nunnally! ーexclamó la niña, tomándola de las manos

El rostro de Anya, que reflejaba antes timidez y discreción, ahora brillaba, ante la sonrisa de Nunnally y la perspectiva de tener una amiga, aunque se sorprendió de que fuera la misma princesa.

Mientras las dos niñas conversaban, dos sirvientes se habían acercado a ellas, con órdenes de encontrar a la niña que faltaba entre los niños que venían en calidad de etiqueta.

ー¡Señorita Alstreim! ーla llamó uno, pero se detuvo al advertir quién era la otra niña.

ー¡Debe volver con los demás jóvenes, la señorita Lenox nos ha mandado traerla pronto! ーcontinuó el otro, mas se detuvo también, frente a la hija de la emperatriz.

ー¡L-lady Nunnally! ーdijo, sorprendido ー¿Qué hace aquí?

ー¡Anya ahora es mi nueva amiga! ーdeclaró Nunnally, alegremente ー¡Por eso, vendrá mañana a jugar! ¿verdad?

ーPero, su Majestad... ーtitubeó el otro

ーSe supone que los aprendices de etiqueta no pueden pasar a los aposentos de la emperatriz y sus hijos...

ー¡Pero Anya es una amiga! ーinsistió Nunnally, al no ver nada de malo en que Anya fuera a jugar con ella.

ーDebería consultarlo con la emperatriz el día de mañana, su Majestad, pero en este momento, nosotros debemos llevar a la señorita Alstreim con los demás niños de etiqueta y retirarnos, sobre todo ahora.

ー¿Por qué? ーdijo Nunnally

ーParece que Lady Marianne prohibió el paso a todo el personal al palacio

ー¿Mi mamá? ーpreguntó Nunnally, sorprendida

Siendo ya bastante de noche, luego de caminar un rato por los pasadizos de Aries Marianne vi Britannia se dirigió al vestíbulo de palacio. Al ver que su invitado aguardaba al pie de las escaleras, de espaldas, la emperatriz bajó a recibirlo.

ーYa he ordenado que todos los sirvientes se retiraran ーdijo, mientras descendía los escalones ーCornelia también ha retirado toda su guardia. Ahora ¿qué es eso tan importante que tenías que decirme?

Él no respondió de inmediato. Dándose la vuelta lentamente, el niño de largo cabello rubio dijo, con su característica voz glacial:

ーPerdón, Marianne, por haberte llamado solo a ti, y no decírselo a Charles.

Su rostro, como de costumbre, permanecía inexpresivo. Sin embargo, Marianne reparó en un fulgor extraño en sus ojos colo magenta.

ー¿Es sobre la Espada de Akasha? ーpreguntó la emperatriz ーSi es así...

ーNo, no tiene que ver con ello. Es sobre Charles ーla cortó él, secamente ーÚltimamente, no he dejado de darme cuenta en el tiempo que ambos pasan juntos, como si disfrutaran de saber del otro.

Marianne parpadeó confundida. Llevándose las dos manos al pecho, aguardó a lo que V.V quisiera decirle.

ーA este paso, no seremos capaces de llevar a cabo nuestra promesa. Además.

"Es, siempre en los cuentos y leyendas antiguos, la mujer quien corrompe al hombre ¿No es así?"

"Quien deberá permanecer al lado de Charles es quien lo ha apoyado desde siempre, desde que hicimos nuestra promesa, y tú entorpeces ello, Marianneーdijo, a lo que la emperatriz palideció y retrocedió un paso, cuando vio su mano revolverse bajo su capa. V.V esbozaba ahora una media sonrisa retorcida, y sus ojos anunciaban la muerte.

Nunnally caminaba por los balcones largos e interiores de palacio, específicamente, por los que permitían la vista del gran vestíbulo y la gran escalinata. Parada sobre el balcón que miraba a los escalones, Nunnally vio a su madre parada al final de las escaleras, mas no al niño frente a la emperatriz, pues el balcón estaba sobre él y lo cubría de la vista. Nunnally se asomó y, con las manos en la barandilla de madera, quiso exclamar, alegremente:

ー¡Mam... !

Sus palabras serían ocultas por el estallido de la metralleta, que comenzó a disparar sin piedad hacia el cuerpo de Marianne. La mujer permaneció de pie unos instantes, mientras las ráfagas de proyectiles perforaban su vestido y su cuerpo, haciendo volar la sangre y los restos. Cayendo lentamente hacia atrás, su mirada se desvió de V.V hacia la cima del vestíbulo, específicamente, al balcón frente suyo. Mientras la vida se le iba de las manos, ahí, tirada en las escaleras mirando casi hacia arriba, Marianne atisbó una figura en el balcón frente a la escalinata, que la miraba horrorizada e incapaz de reaccionar. Creciente oscuridad, un repentino resplandor, en su mente, y supo que su geass se había activado por primera vez, al ya no sentir nada. Sin embargo, esta no era la sensación de la muerte, pues inmediatamente se dirigió hacia la espantada Nunnally, que había caído de rodillas al suelo por la impresión y el horror, en lugar de dirigirse al Mundo de C. Volvió a sentirse atada a algo físico de nuevo, pero ya no a su cuerpo, al que ahora veía ensangrentado desde el balcón superior. Desde el borde de la muerte a la que se había asomado, Marianne había logrado escapar de ella desprendiéndose de su cuerpo y permaneciendo en el mundo terrenal, esta vez en el cuerpo de su hija, Nunnally.

Manteniéndose tan inexpresivo como siempre, V.V sopló la punta de la metralleta, disipando el humo. Alzando un comunicador pequeño, avisó:

ーSí, ya está hecho. Deberíamos usar a Nunnally como testigo. Haremos que se vea como un ataque terrorista.

El geass otorgado por la bruja permitía a la emperatriz transferir su alma y consciencia al cuerpo de otras personas. Sin embargo, en lugar de ser presa del pánico, Marianne, o Nunnally, esbozó una leve sonrisa. Estando ahora más cerca del Mundo de C, el mundo que Charles quería lograr era posible, y ella misma lo apoyaría desde la raíz del sistema, habiéndolo visto tan de cerca. V.V había pasado a un segundo plano, lo que ahora importaba era seguir planificando la Conexión de Ragnarok. Parada encima de su asesino, Marianne vi Britannia habló a C.C


2009 a.t.b, Japón

ーMaldita sea, ya ha pasado buen tiempo ーdijo Suzaku, aunque no pudo esconder del todo un tono de voz preocupado ーY lo único que hemos encontrado fue su silla de ruedas...

En efecto, habían transcurrido dos horas desde que Nunnally había desaparecido. Suzaku había encontrado un leve rastro de tierra cerca a la silla de ruedas, que habían encontrado en medio de una arboleda. Ambos niños pensaron en que Nunnally pudo haberse arrastrado a algún lugar, mas el terreno rocoso y con fallas había inquietado a Lelouch.

ー¡¿Acaso no hay por el santuario precipicios y abismos?! ーdijo, sintiendo cómo el miedo hacía mella en su interior

ーSí, pero están bastante alejados del templo ーrespondió Suzaku ーNo es posible que Nunnally llegara hasta allí desde donde encontramos la silla.

Aún así, la deseperanza del niño aumentaba cada segundo. Mirando hacia el cielo, Suzaku dijo:

ーNo queda otra opción, tendremos que avisar a mi papá, él mandará criados a buscarla por todo el lugar. Vamos, Lelouch.

ーNunnally sigue por aquí. Me quedaré a buscarla

ーNo la encontraremos nosotros solos ーdijo Suzaku, sintiéndose impotente ーSerá mejor que se lo dejemos a los...

ー¡¿Y tú que sabes?! ーdijo Lelouch, frustrado y furioso ーNo eres más que un niño mimado, tan solo eso.

El temor por Nunnally había hecho que Lelouch dirigiese toda ira y rabia hacia Suzaku Kururugi, creyendo que no comprendía la gravedad de la situación. El otro niño lo miró, sorprendido y molesto

ー¿De qué estás ha... ? ーdijo, antes de que Lelouch lo tomara por la camisa y lo jalara, amenazante

ーClaro, como eres hijo del Primer Ministro, estarás acostumbrado a que todos cumplan tus caprichos, pero solo, no eres más que un muerto, como ahora ーle dijo, sin reparar en la dureza de sus palabras, ni cuánta verdad había en ellas. Suzaku tuvo el impulso de golpearlo, pero se detuvo cuando el otro continuó:

ーPues bien, este no es un problema que se pueda resolver con un par de criados: mi hermana no está, y no me iré de aquí hasta encontrarla. Juré que la cuidaría, desde que nuestra madre murió y el emperador nos echó.

Con furia, soltó a Suzaku y lo empujó hacia atrás, haciéndolo retroceder un par de pasos. Sin dirigirle una mirada, se volteó y ocultó el rostro.

ーNo tenemos a nadie más en el mundo, sino el uno al otro. Si no tiene nada más que hacer aquí ¡vete!

Suzaku intentó replicar, mas a su mente acudió la vez en la que había golpeado a Lelouch cuando este había mentido para hacer feliz a su hermana. Ese día, había sentido vergüenza y arrepentimiento. Tratando de ponerse en sus zapatos, bajó la mirada. Lelouch, por más que fuera un bastardo irritante, solo trataba de proteger a su hermana desde que su madre se había ido y su propio padre les había dado la espalda.

Acercándose a él, inseguro, trató de decir algo reconfortante. Tuvo la impresión de que se aguantaba las lágrimas.

ーLelouch, tú...

ー¿Nunnally? ーmurmuró este

ーSobre eso...

ー¡Shhhs! ーlo calló Lelouch, cubriéndole la boca con una mano, girándose y tratando de escuchar

La lluvia persistía, chocando en los arbustos y las hojas de los árboles. Sin embargo, Lelouch había creído oir una voz inconfundible a través de unos árboles.

ーEspera ¿Crees que sea...? ーmurmuró Suzaku, pero Lelouch ya había corrido en la dirección en la que había oido la voz de Nunnally.

Conforme se acercaban, aumentaba el olor de una planta al parecer frecuente en el santuario. Tras unos segundos, Lelouch se encontró contemplando un campo de girasoles, bastante amplio y con un fuerte aroma. Aquello era bastante lejos de donde habían encontrado la silla de ruedas.

ーPero ¿cómo... ? ーmusitó Lelouch, ofuscado

ー¡Lelouch! ーlo llamó Suzaku, que se acercaba corriendo ーCreo que podría saber dónde está. Por aquí cerca hay una...

ー¿Nunnally? ーlo interrumpió Lelouch, girándose a ver un arbusto cercano

Tras unos momentos de silencio, una sutil voz respondió:

ー¿Onii-sama?

Abriéndose paso entre las hojas del arbusto, Lelouch y Suzaku encontraron a Nunnally ahí, encogida, cubierta por las hojas, sobre la hierba.

ー¡Nunnally! ーexclamaron ambos niños

ーEsa voz... ¿Eres tú también, Suzaku? ーdijo ella, dudosa

Suzaku sonrió y asintió, demasiado emocionado para hablar, mientras que Lelouch se abalanzó sobre ella, estrechándola entre sus brazos con un profundo alivio. Ella se dejó abrazar, también feliz y aliviada.

ー¿Nunnally, a dónde fuiste? ーpreguntó su hermano, acariciando sus cabellos

ーFui a buscarte, perdóname, onii-sama. Estaba preocupada por ti

ー¿Por mí? ーrió Lelouch, confuso

ーSí, pero entonces tropecé y me caí de la silla. Luego...

Nunnally pareció titubear. Lelouch la miró, esperando la respuesta.

ー¿Luego... ?

ーNo lo sé, no lo recuerdo bien ー dijo ella, confundida ーPero creo que tuve un sueño... Creo que vi una mujer, que olía a girasoles.

Lelouch parpadeó, sorprendido

ー¿Ah, sí? ¿Y cómo era?

ーBueno, tenía el cabello color verde, no era japonesa. Suzaku ¿alguien del santuario tiene cabello verde claro?

Suzaku, tratando de recordar, dijo, a cabo:

ー¿Cabello verde...? No lo creo, ninguno de los sirvientes o de la familia tiene el cabello así

ーYa veo... ーmurmuró Nunnally

Lelouch volvió a reparar en el lugar. De cualquier forma ¿Cómo había llegado Nunnally hasta allí?

ーPero ¿Cómo llegaste hasta aquí? ーle preguntó, sorprendido

ーBueno, cuando me caí de la silla de ruedas, creo que me estuve arrastrando. Aunque está bastante borroso, creo que me quedé dormida, no lo sé. Solo recuerdo que luego encontré este arbusto, y me cubrí de la lluvia bajo él.

Suzaku y Lelouch se miraron, perplejos. Sin embargo, ahora ambos estaban demasiado felices para reparar en los detalles. Nunnally estaba bien, y a salvo, y eso era lo que importaba.

ーLamento haberte preocupado, onii-sama, y veo que a ti también, Suzaku ーse disculpó la niña

ーTranquila, está bien ーdijo Lelouch, ya más relajado que antes ー¿Verdad, Suzaku? ーpreguntó, girándose a ver al niño

Lelouch no supo cómo reaccionar cuando vio que Suzaku estaba llorando. Este, limpiándose las lágrimas y con la voz temblorosa, dijo:

ーPerdón... es que ambos ¡Son geniales, en verdad!

Lelouch, aunque aún desconcertado, sonrió.

ーDe verdad eres un niño extraño, Kururugi Suzaku ーdijo, simplemente

ーY tú un britanniano extraño, Lelouch

ーEspera ¿Qué quier...

ー¡Bueno, por eso, creo que los invitaré a mi nueva base secreta! ーdijo Suzaku, con decisión ーPor aquí hay una caseta de madera que sirve de cobertizo que...

Ante las ideas que comenzaba a tener Suzaku y el desconcierto de su hermano, Nunnally sonrió. Por dentro, por razones algo diferentes, Marianne también sonrió. Sin que ninguno de los dos niños la viera, Nunnally entreabrió los ojos, dirigiendo la vista hacia los árboles que estaban a su derecha.

Una mujer de cabello verde le devolvió la mirada, inexpresiva. Marianne sonrió, y alzó una mano en señal de despedida.