Aunque se lo repetía más de diez veces al espejo, sus piernas no habían dejado de temblar una sola vez ante la sola idea. Hanako le había explicado a Yashiro, evitando todo tipo de malentendidos como ya había ocurrido con el árbol de las confesiones, que se trataría de una cita falsa en una de las aperturas con el otro mundo, pero ¿por qué tenía que ser en la noche? ¿Por qué tenían que pasar toda la noche? ¿Qué es lo que está pensando ahora?
—Parece que sólo ataca a las parejas de grados más altos. —explicó sonriente. —¡Así que fingiremos ser una!
—¡Pero ni siquiera tengo un uniforme así!
—Ah, no te preocupes. —la calmó mientras le daba una palmada en la cabeza. —Parece que sólo se presenta con aquellos que se están portando mal.
—¿Eh?
Incluso cuando Yashiro trató de pedir explicaciones, Hanako no había dejado de reír. Kou le insistió en varias ocasiones que no debía ir, que por nada del mundo podía permitirse ir sola, a esa hora de la noche, con Hanako nada más.
—¡Se me ocurre el plan perfecto, senpai! —exclamó Kou eufórico. —Sólo pidámosle a Hanako que sea mañana, cuando yo no esté ocupado, ¡pueden ustedes ustedes a su cita falsa y yo estaré oculto! ¡Listo para atacar cuando sea necesario!
Yashiro frunció los labios de repente ante la sugerencia. Incluso cuando Kou tenía las mejillas sonrojadas, había tenido que ignorarlo. Una cita con Hanako a solas… En realidad, no sonaba tan mal. No habían tenido mucho tiempo para ellos últimamente, siempre enredados en conflictos en torno a los misterios, en torno a Tsukasa también. No había un sólo momento para hablar de ellos y sobre todo, para que Hanako pudiese hablar de él mismo y las cosas que le aquejaban. Quizás y sólo quizás sí estaban solos podía conseguir que se ablandase un poco y entonces hablar de todo aquello que sabía que le dolía y no podía decir. Eso estaría bien para nosotros… Concluyó ella. Porque en realidad, yo también quiero decirle algo importante. Hanako se había ausentado ahora alrededor de cinco minutos.
—No, está bien. —suspiró ante un Kou sorprendido. Su voz era calmada, no parecía nerviosa en lo absoluto ahora. —No suena mal.
—¿Ehhh? ¿No te importa estar a solas con él?
—No en realidad. —Yashiro se giró, con una enorme sonrisa que remarcaba su seguridad. Sus ojos brillaban tanto que Kou destensó los hombros al encontrar emoción en ellos. —Está bien, quiero hacerlo. De todas maneras, necesito hablar con él sobre algo.
—Oh...
Kou suspiró y asintió para Yashiro antes de que pudiese decir algo más, con la mano en su hombro, una más fría estaba en el otro. Kou saltó en su sitio cuando se encontró con Hanako mirándolo de frente con el ceño fruncido.
—¡Hey! Chico. Te dejo unos minutos a solas con mi asistente y aprovechas para coquetearle. ¿Justo en mi cara? ¿No tienes decencia alguna?
Kou retiró las manos de Yashiro levantándolas, en símbolo de inocencia. Hanako rodeó el cuello de Yashiro como acostumbraba mientras le sonreía y la hacía hacia atrás, separándola del chico.
—No estarás intentando cambiar su opinión ¿verdad?
—Hanako. No deberías obligar a senpai a hacer cosas así. —le reprochó con seguridad antes de suspirar. —¿Es que no eres consciente de la hora a la que tendría que volver?
—¡Claro que sí! —celebró, apretando sus brazos en el cuello de Yashiro. —Ya hemos hablado de eso. Va a quedarse aquí hasta que amanezca.
—¿Y qué sucede con los vigilantes nocturnos? ¿Qué sucede si la descubren y la obligan a ir a casa? ¡La meterás en problemas!
—No hay necesidad de que ocurra nada así si todo sale como hemos planeado. —Hanako rodó los ojos y frunció el ceño. —No podemos esperarte todo el tiempo ¿me entiendes, niño?
—Yo sé que no, pero pedirle a senpai que...
—¡Está bien! —exclamó ella, pero su voz no sonó tan fuerte. —Yo quiero ir.
—¿Eh? —Hanako se levantó, apoyado de sus manos sobre los hombros de Yashiro para girarse a mirarla. —¿De verdad?
Con los labios fruncidos, Kou suspiró y asintió para Hanako cuando éste se giró al joven para mirarlo. Sus ojos habían brillado con intensidad por su falta de negativa.
—No parece encontrar ningún problema con quedarse contigo a solas en la noche aquí. —continuó Kou antes de tomar su cetro y darse la vuelta. —Está bien, si están tan convencidos de hacerlo, los ayudaré. Mañana me encargaré de ayudarlos antes de irme, y también iré a conseguir las llaves del club de astronomía, déjenlo en mis manos. Te lo advierto, Hanako. No le hagas cosas extrañas a senpai en mi ausencia ¿me entiendes?
—Entendido, bye-bye!
—¡Adiós, Kou!
Kou parecía molesto cuando se despidió de ambos en el baño. Hanako rodeaba a Yashiro con sus brazos mientras ella le sonreía con los ojos brillantes. Justo al cerrar la puerta y comprobar que realmente se había ido, Hanako dejó de sonreír para soltar a Yashiro y mirarla de cerca.
—Realmente sólo vino a hacerte cambiar de opinión ¿no es así?
—Kou sólo está preocupado. —explicó Yashiro, girándose mientras Hanako la seguía con los ojos muy abiertos. —Es que si cambiase de opinión tendría que volverme sola a casa y es peligroso.
—No te dejaría volverte a casa sola. —farfulló Hanako, colocándose delante de ella mientras tomaba su mochila. —¡Le pediría a Yako que te quedases con ella en las escaleras si no quieres estar conmigo! Ese es el plan ¿recuerdas?
—¿Por qué no querría estar contigo?
—Para esperar cuando el joven estuviese disponible y hacer esto juntos. —explicó Hanako sonriente antes de alargar esa sonrisa de modo que no lucía más contenta. —No habría razones para que tuvieses que hacer esto sola conmigo desde que apareció…
Yashiro parpadeó dos veces antes de girarse a mirarlo, de cerca y sonreír. Está pensando que lo dejo de lado otra vez. El tono tan bajo con lo que había dicho aquello era suficiente para saberlo. ¡Hanako realmente puede ser muy tierno! La sonrisa en su rostro lo hizo retroceder de repente.
—No me gusta esa cara. —exclamó Hanako al instante. —¡Uh! ¡Yashiro está poniendo una cara realmente aterradora!
Respirando profundamente, Yashiro levantó firmemente su pecho para señalarse y después señalar a Hanako.
—La única razón por la que acepté esto es porque me pediste, y cito… ¡Tener una cita! Y además, necesito hablar contigo.
—Sí, bueno, una cita y una reunión…
—No, no. Me has pedido salir a una cita. Mañana, a las nueve de la noche ¡una cita en el club de astronomía! Eso fue lo que dijiste ¿no es así?
—Pude haber dicho palabras así, pero… —Hanako había empezado a tartamudear. Su rostro lucía abochornado de repente con la ventana detrás suyo. Después de mucho pensarlo, suspiró para él mismo antes de aceptar la culpa.
—Tengo una condición para aceptar hacer esto contigo. Mañana quiero tener una cita, una cita apropiada ¿me entiendes? Eso significa que vendré vestida para una y espero que hagas lo mismo ¡Esa es mi condición para venir!
—¿Quieres decir que no vendrás si no es una cita?
—Sí.
—Pero, Yashiro… No habrá mucho tiempo de…
—Tendremos toda la noche cuando hayamos terminado con ese espíritu ¿no es así?
—No puedo asegurarlo, quizás nos tome toda la noche. No tengo muy seguro tampoco si va a aparecer. ¡Seguramente lo hará si estamos ahí!
—¿Habrá algo de tiempo antes?
—Sí, eso es probable, pero… Yashiro, esto no es realmente una…
—¿Por favor?
Hanako cerró la boca al instante cuando Yashiro frunció los labios y sus cejas se apretaron, en un rostro triste. Venga, habrá algo de tiempo. ¿Qué es lo complicado de darle una cita a Yashiro? Hanako realmente no podía decir que no cuando le veía así, tan desanimada y triste.
—Muy bien, Yashiro. —determinó con el tono de voz que habituaba. —Mañana tendremos una cita en regla. Me comportaré bien, lo prometo. ¡Incluso vendré por ti!
El corazón de Hanako se apretaba cada vez que veía los ojos de Yashiro iluminarse. Sus mejillas también se sentían extrañamente calientes, como si comenzase a tener síntomas de fiebre.
—Entonces ¿tenemos una cita? —concluyó Yashiro, extendiéndole una mano a Hanako. Manteniendo su mirada fija en su mano, la tomó para estrecharla y sonreírle.
Hanako sólo la vio tomar su mochila para despedirse mientras le sonreía. Incluso alcanzó a verla volver a casa desde la ventana del baño. Sólo hasta ese momento, se miró a sí mismo en el espejo preguntándose ¿por qué habría accedido a algo así? No había tenido una cita nunca, no tenía idea cómo comportarse adecuadamente en una. Se encontró a sí mismo derrotado y avergonzado de tener que acudir con Tsuchigomori para preguntar por libros de romance que pudiese prestarle por una noche.
—¿Romance? —preguntó el profesor mirándolo por encima mientras Hanako tiraba cuanto libro se le ponía encima con un nombre extraño.
—¡Sí! Ya sabes. Esos libros que les gusta leer a las chicas adolescentes…
—¿Para qué querrías un libro así, Honorable número 7?
—¡Ah! Es mi asistente. Quiero ayudarla en su misión en el romance, eso es parte del deseo que debo cumplirle. Esto es un trabajo de campo ¡una investigación! —trató, de todas las formas sonar natural, pero Tsuchigomori ya estaba mirándolo sospechosamente desde su escritorio.
—Ajá…
—Le conseguiré el mejor libro de romance para que consiga novio lo más pronto posible. ¡Y entonces limpiará el baño más contenta! ¡Y yo estaré más contento! ¡Todos contentos!
Con una mueca, Tsuchigomori siguió mirando a Hanako observar las portadas, abrirlas, y luego soltar los libros. Sus ojos no parpadeaban, sus cejas no se enarcaban. El rubor en las mejillas del fantasma era demasiado evidente para esconderse en mentiras. Muy pronto se dio cuenta que no podía ocultarlo. Suspirando, Hanako dejó de sonreír y bajó hasta su sitio sentado en el aire.
—Le prometí a Yashiro que mañana tendríamos una cita. —admitió. —Será muy tarde en la noche así que realmente he tenido que convencerla que se quede en la escuela. Ella al inicio se negó, pero después dijo que lo haría con una condición.
—¿Cuál fue esa condición?
—Que la cita fuese real. ¡Que realmente tengo que actuar como un chico! ¿Te parece que sé cómo hacerlo? —Hanako se señaló a sí mismo, con el ceño fruncido. —Cuando vivo, jamás salí con una sola chica. ¡No sé nada sobre esto! ¡No sé si debo llevarle flores o vestirme elegante! Además ¿qué clase de cita puede disfrutar Yashiro en un club de astronomía?
Suspirando, Hanako se dejó caer derrotado. Mirarlo así, durante unos segundos, fue realmente interesante. No podía mirar ahora bien su rostro por su sombrero, pero su voz sonaba frustrada. ¿Cómo es que se las arreglará esa chica para quedarse sin problemas? Quizás no deba preguntarlo. Tsuchigomori se agachó en su sitio, y le acercó un libro de su escritorio.
—No estoy muy seguro sobre las preferencias románticas de Yashiro. —comenzó. —Pero una cita no se supone que sea algo tan complejo. Pasar la noche leyendo romance novelesco sólo hará que su cita se sienta actuada y forzada. Parece que la chica ha pedido una cita real así que… ¿Por qué simplemente no le hablas un poco de ti?
—No puedo hablar de…
—No me refiero a eso. —Tsuchigomori lo golpeó con el libro lo suficiente para que Hanako lo tomase entre sus manos y pudiese mirarlo desde abajo. —Quiero decir, hablarle de ti. De las cosas que te gustan, que te disgustan, las cosas que sólo se pueden compartir con un amigo. Después de todo, ella pidió tener una cita contigo, no con Mr. Fitzwilliam Darcy.
Con los ojos muy abiertos, Hanako bajó el libro hasta él leyendo el título. No sonaba demasiado a un título de romance, pero debía serlo sí Tsuchigomori se lo había dado como guía.
—¿Quién es Fitzwilliam Darcy?
—Estarás bien. Has elegido un buen lugar para una cita ¿por qué no le hablas de cosas que tanto te gustan?
—Tsuchigomori. ¿Quién es Fitzwilliam Darcy
—En el libro encontrarás la respuesta para lo que necesitas.
—¿Quién es él? ¿Es una aparición? ¡Tsuchigomori…!
Hanako se fue caminando con el libro en sus manos hasta el baño cuando Tsuchigomori lo obligó a dejarle en paz, decidiéndose entre abrirlo o no. En el pasillo, con la luz de la Luna, se giró hasta el jardín donde Yashiro cuidaba de sus vegetales. Observando desde ahí podía mirar con claridad a Venus. Todos esos telescopios ahí… Hanako se decidió por abrir el libro simplemente para encontrarse con un espejo y se quedó en el pasillo, flotando.
Eran las seis de la tarde cuando Yashiro y Kou terminaron sus deberes en el baño. Hanako se había completado con normalidad, bromeando sobre sus tobillos y pidiéndole que terminase pronto como era habitual. Kou se despidió de ella en los lockers al entrar a la escuela, acercándose a su oído para darle instrucciones para escabullirse de la seguridad y poder esperar a que cerrasen la escuela. Le preguntó, por última vez, si estaba segura de no cambiar de opinión. Yashiro había sentido dos veces antes de levantar su dedo para indicarle que todo estaría bien.
Yashiro esperó hasta las ocho cuando todos los vigilantes nocturnos habían partido para subir a los baños de mujeres. Tocó la puerta dos veces antes de entrar para no encontrarse a Hanako ahí.
Es demasiado temprano todavía… Pensó para ella misma colocando su mochila en los lavabos. Es una cita falsa, pero de todas maneras traje este cambio de ropa…
—¿Hanako? —preguntó, antes de tocar en la puerta habitual donde siempre lo encontraba. —¿Estás aquí?
La puerta se abrió sin más, con el retrete vacio. Yashiro se agachó para mirar debajo de todos verificando que realmente, no estaba ahí. Quizás estaría en el club de astronomía verificando que todo esté en orden.
—Escucha, si estás aquí… Voy a cambiarme. ¡Si te atreves a mirar me iré enseguida con Yako! ¿Entiendes?
Una vez más, no había respuesta. Yashiro suspiró para sí misma mirando su reflejo en los espejos. El baño a esta hora sin Hanako realmente da algo de miedo… Se dijo a sí misma mientras se cambiaba el uniforme a una blusa blanca con un moño en el cuello. Y realmente espero que Aoi esté haciendo un buen trabajo diciéndole a mis padres que estoy en casa con ella trabajando… Las mejillas de Yashiro repentinamente se sintieron calientes otra vez, cuando se ponía la falda encima y también los tirantes que la sujetaba. ¡Puso un gesto tan extraño cuando le dije que necesitaba este favor…! No pienses mal de mí, por favor, Aoi.
Al cambiarse los zapatos, sacó de su mochila también un estuche de maquillaje. ¿Qué tan creíble debe ser para que genuinamente se piense que estamos en una cita? Tomando la brocha del rubor, aplicó una capa sutil en sus mejillas para después colocarse un lipstick brillante. Traje unos buenos zapatos por si nos toca correr, y las medias debajo de la falda no son fáciles de romper. Mi ropa está bien, pero no es algo que acostumbre a mirar… Con la máscara, después de rizarse las pestañas, Yashiro aplicó tres capas antes de guardar su maquillaje. Tenía el cabello trenzado, iba a aguantar si la arrojaban a algún sitio o rodaba por el suelo. Sus mangas cortas quizás le darían frío, pero no creía que fuese a durar demasiado. Sintiéndose con confianza, tomó la bolsa de donas y comida que había preparado antes de sonreírse nerviosa. Quizás me lo tomé muy en serio… ¡Está bien! Todo estará bien. No hay razón para estar nerviosa, Yashiro Nene. Solamente tienes que decírselo. Se lo has dicho antes ¿no es así? Saldrá bien, está vez, con seguridad, saldrá bien.
Al abrir la puerta, Yashiro se quedó congelada cuando se encontró con Hanako a punto de tocarla. Estaba parado, vistiendo diferente también. Vestía unos vaqueros y sus zapatos marrones, una camisa blanca con una corbata y encima, un saco marrón. No llevaba puesto su sombrero e incluso su cabello lucía arreglado. La fiebre se le vino encima tan pronto lo vio así que Yashiro empezó a reír y girarse a los lados.
—Eh, Hanako. Creo que es muy temprano todavía… ¿No es así? —mirando su teléfono, Yashiro se congeló al ver la hora. ¿Cuánto demoré soñando despierta en el espejo?
—¿De verdad? —preguntó Hanako perplejo. —Pensé que estaba a tiempo para recogerte.
—Pues sí. —Yashiro reía nerviosa y ni siquiera entendía por qué. Hanako parecía realmente tranquilo alrededor de ella, pero ella se sentía tan caliente como una tetera. —¡Como sea! Vámonos ¿está bien?
—Claro, sígueme, por favor.
Hanako se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el club. Yashiro lo siguió detrás con la mochila que llevaba la comida con ella.
—¡Ah! Casi lo olvidaba. Te traje esto. —le dijo, al detenerse un momento. Yashiro abrió mucho los ojos al tomar un muy pequeño ramo de flores de sus manos. Estaba sorprendida de encontrarse con lirios de los valles. ¿De dónde las había conseguido?
—Gracias… ¡Son de verdad bonitas!
Hanako le sonrió y continuó caminando. Mirarlo caminar era realmente distinto, con esa ropa tan diferente a la que habituaba lucía como un chico normal. El cabello arreglado se le veía muy bien, además, era muy similar al chico Idol que estaba haciendo en su teléfono. Cada vez que Hanako se giraba para asegurarse que Yashiro le siguiese el paso, sentía que su corazón se apretaba en su sitio al verlo.
—Aquí está. —señaló una puerta antes de abrirla para ella. —Después de ti, Yashiro.
Uh. Hanako realmente está metido en su papel hoy, eh. Determinó después de agradecerle. Dio un sobresalto en su sitio cuando escuchó cerrar la puerta detrás y ponerle llave.
—Realmente agradezco que hayas podido venir, incluso siendo tan tarde… —explicó Hanako. Yashiro se vio incapaz de mirarlo al rostro mientras apretaba la mochila en sus manos. —Siento mucho habértelo pedido.
—Sí… Está bien.
—Había algo de lo que quería hablarte. —continuó Hanako ahora caminando delante de ella y mirándola de frente, con una sonrisa. —Pero eso deberá esperar. ¿Te importa si hacemos unas cosas antes?
Yashiro asintió para él quien le sonrió al instante. Tomando su mano, no le sorprendió de sentirla fría. Hanako llevó a Yashiro hasta los modelos de sistemas solares que había de muestra. Ambos caminaron así, de la mano, viéndolos de cerca y también los modelos y planetas.
—En el espacio hay algo llamado enanas marrones. —comenzó Hanako. —No son estrellas, pero tampoco son planetas. Se les llaman enanas, pero muchas de ellas son más grandes que Júpiter.
Hanako señaló un modelo que tenía la leyenda de enana marrón. Yashiro podía ver su reflejo en el vidrio mientras explicaba.
—Su masa no es lo suficientemente grande para que irradien luz por sí mismas. También hay gigantes rojas, enanas blancas. Hay todo tipo de cuerpos celestes curiosos allá afuera.
—¿Sabes mucho sobre el espacio, Hanako?
—Amane. —apretando su mano, Hanako le sonrió con ternura. —Te dije que me llamases Amane.
—Uh… Amane.
—No, no sé demasiado, sé varias cosas. Muchos datos curiosos porque era lo que más leía. Pero por lejos soy un experto en él. —Hanako se rascó la nuca con la mano derecha antes de caminar hasta otro modelo. —El problema al que se enfrentan los científicos es que tampoco saben mucho sobre el espacio… Sobre la masa que hay en él, por ejemplo. Hay muchas más enanas marrones que estrellas y aun así, se sabe poco de ellas.
Yashiro miró ahora a Hanako. Parecía tener realmente problemas con mirarla a los ojos mientras hablaba. La llevaba de la mano por los modelos explicando cada uno, pero no miraba a sus ojos ni siquiera en el reflejo. Ambos se detuvieron cuando se encontraron delante un póster que tenía el dibujo de dos gatos, un tren, y el espacio.
—Uh, no conozco este. —admitió Hanako con el ceño fruncido. —Creo que la constelación que está detrás de ellos, sin embargo, es…
—La constelación de Scorpio.
Hanako abrió mucho los ojos y se giró a mirar a Yashiro al instante. Ella no había podido no notar el brillo en ellos casi al instante.
—Yo los conozco. —le dijo con una sonrisa. —Giovanni y Campanella.
—¿Quiénes son ellos?
—Parece que es parte de la colaboración del club de astronomía y el cine club. —continuó Yashiro, soltándose de las manos de Hanako para caminar hasta el póster. Lo podía reconocer bien, había visto esa película una infinidad de veces antes. Recordaba incluso algunos diálogos.
—¿Son gatos que van al espacio? —preguntó Hanako.
—Es una película basada en una novela llamada Night on the Galactic Railroad, escrita por Kenji Miyazawa ¿no escuchaste nunca de él? —Hanako negó con la cabeza con sinceridad. —Es un buen autor, esta novela en concreto es literatura infantil, pero es realmente buena…
—¿Me cuentas de qué va?
—Giovanni es un niño gato que vive con su madre. En la escuela no tiene muchos amigos más que Campanella, un niño que es muy popular. Los demás niños lo molestan constantemente porque el padre de Giovanni salió de viaje hace mucho tiempo y no regresa. La película comienza con Giovanni en clase incapaz de responder de qué está hecha la Vía Láctea y Campanella, para que no quedase en ridículo sólo, tampoco responde, aún cuando ambos saben la respuesta.
Hanako tenía los ojos muy abiertos, centrados en Yashiro mientras hablaba cuando ella veía el póster y recordaba la película. Mirando a Giovanni, el gato azul en el póster, Yashiro recordaba a Hanako con sus ojos amarillos como los de un gato también. No teniendo amigos, estando solo…
—Un día, hay un festival nocturno al que Giovanni no puede ir porque debe ir por la leche. Campanella y el resto van solos. Giovanni ayuda a su madre siempre porque ella está enferma y no puede trabajar por lo que trabaja mucho después de clases. El padre de Campanella es un amigo muy cercano del padre de Giovanni por lo que ellos son muy amigos también, a Campanella realmente le preocupa que Giovanni trabaje tanto…
Yashiro parpadeó un par de veces antes de girarse a mirar a Hanako. Sin parpadear, estaba prestando mucha atención a la historia.
—¿Qué sucede en el festival? —preguntó Hanako.
—Si vas a verla es posible que empiece a darte spoilers…
—No importa, quiero escucharla ahora.
—Cuando Giovanni va por la leche, porque ese día había olvidado pasar a su casa. Le dicen que debe volver después así que espera fuera en un campo de flores. Giovanni ve al cielo mientras piensa en su vida y entonces ve un tren.
—¿Un tren en el cielo? —Yashiro asintió para él. —¿Qué hace un tren ahí?
—Es parte de la fantasía. Giovanni había intentado ir con Campanella y los otros al festival, pero ellos realmente lo molestan mucho… —Yashiro entristeció de repente al recordar la escena, su rostro se había centrado en mirar al suelo y ver los pies de Hanako flotar un poco de él. —Él huye y es cuando ve al tren. Se sube en él y Campanella está ahí.
—¿Giovanni está soñando?
—Eso parece.
—¿Y qué pasa? ¿A dónde va el tren?
—Giovanni decide acompañar a Campanella en el tren a través del espacio donde visitan muchos lugares bonitos. Visitan el cielo, la Luna…
—¿La Luna? —los ojos de Hanako se habían iluminado y Yashiro sonrió nuevamente sus manos junto a las suyas. —¿Y qué hay en ella?
—Garzas. Un señor atrapa garzas y éstas se convierten en caramelo.
—¡Eso es algo bonito! Diferente a pensar que hay un conejo. ¿Qué sucede después?
—Campanella y Giovanni miran la constelación de Scorpio y recuerdan la anécdota del escorpión que quedó atrapado en un agujero. El escorpión pide a Dios que en su próxima vida le permita servir a otros con su cuerpo y se enciende en llamas, creando la constelación.
Yashiro frunció el ceño al instante y apretó las manos de Hanako en su sitio. Recordaba mucho haber sentido su corazón herido la primera vez que la vio. ¿Por qué había tenido que caer en el río? ¿Era de verdad su deseo de despedirse de Giovanni tan fuerte?
—Ellos entonces van a la última parada donde… Giovanni, estando muy feliz, le había pedido a Campanella que viajasen siempre, pero Campanella le dice que no puede.
Cerrando los ojos, Yashiro había comenzado a llorar ante el solo recuerdo de la escena. Hanako la jaló hacia él entonces en un abrazo gentil. Había sido tan amable y tan cercano que Yashiro se permitió llorar en su pecho.
—Está bien, Yashiro. Puedes contarme el resto después. No se supone que esta deba ser una noche triste. Te has arreglado tan bien, no quiero que arruines tu maquillaje.
Abriendo los ojos de golpe, Yashiro tuvo deseos de separarse de él. ¿Hanako realmente lo notó…? Separándola de ella, con las mangas de su camisa, Hanako le limpió las lágrimas con cuidado antes de olfatear en el aire, buscaba ahora alguna forma de distraerla de pensar en su película.
—¿Son esas… donas?
—¡Sí! Traje donas para ti Han… Amane.
La sonrisa de par en par de Hanako no había esperado nada para formarse. Incluso sus mejillas lucían llenas de vida.
—Hehe. ¿Sabes? No es como si hubiese esperado que trajeses algo así y me hubiese encargado de preparar… ¡Una mesa!
Con las manos extendidas, Hanako se quitó de enfrente para poder señalar una mesa al lado de la ventana en la que había, también, un telescopio. La mesa tenía encima un bonito mantel azul con estrellas, un jarrón, bebidas y platillos. Yashiro no había podido evitar gritar de alegría al verlo.
—¿Realmente preparaste todo esto, Hanako?
—Amane. —corrigió mientras guiaba a Yashiro a su silla tomándola de la mano con gentileza. Yashiro apretó los labios asintiendo para ella misma al sentarse, permitiendo que Hanako le pusiese la servilleta que tenía forma de triángulo en la mesa, sobre su piernas. —Por supuesto. Mi apuesta principal de esta cita era una cena. ¡Realmente estaba esperando que trajeses algo! Porque yo sólo pude conseguir esto.
Cuando Hanako señaló el vino, Yashiro sonrió nuevamente sus mejillas ponerse calientes. Volvió sus brazos una gran equis y negó con la cabeza mientras él servía las copas.
—¡No puedo tomar! —advirtió ella. —¡No puedo hacerlo definitivamente!
—Oh, será sólo un poco. No queda demasiado, además.
—¡Pero no puedo hacerlo!
—¡Vamos, Yashiro!¿Sabes lo mucho que me costó conseguir esto?
—Está bien, pero sólo un poco. —Yashiro suspiró y dejó las flores antes de verificar que hubiese agua dentro. Lucían realmente bonitas.
—Es una broma. Es sólo una bebida carbonatada ¡en un envase de vino! No hay por qué preocuparse. —Hanako echó a reír. —¿Qué más trajiste tú? ¿Puedo mirar?
Hanako se elevó en el aire para mirar dentro de su mochila. Mirarlo por el aire nuevamente le dio una sorpresa que hizo que Hanako regresase al suelo al instante.
—Uh, oh. Lo siento, yo…
—Está bien. Es suficiente por ahora. —dejando su mano con gentileza en su muñeca, Yashiro le sonrió a Hanako. —Me gusta Hanako. Volando por los aires, como es Hanako.
Uh, ataque frontal y directo. Una aguja había atravesado su corazón, de eso estaba seguro. Hanako se aclaró la garganta girando el rostro para ocultar su vergüenza mientras Yashiro sacaba poco a poco las cosas que había preparado.
—Ah, señorita rábano. —admitió al ver la comida. —¡Realmente vino usted preparada hoy!
—¿Cómo no iba a hacerlo? —replicó Yashiro. —Es mi primera cita.
Hanako sintió una segunda aguja. Yashiro tenía los ojos cerrados mientras tomaba sus cubiertos y miraba su propio platillo. No había rectificado ni añadido más. Concretó esa frase y anunció su buen apetito. Hanako se quedó durante toda la comida mirándola fijamente antes de comerse absolutamente todas sus donas. Le dio un par de sorbos al vino y lo encontró desagradable. Yashiro ni siquiera lo probó.
—Entonces… —preguntó, cuando ambos habían terminado de cenar y apartaban algunos platos hacia el costado. —¿Está bien si floto en vez de sentarme para el resto de la noche?
—Claro que sí.
—¿Y también está bien si brinco detrás de ti y te abrazo por la espalda de repente?
—Es extraño, pero no está mal.
—¿Y si hago bromas sobre tus piernas?
—¡No, eso es grosero!
—¡Está bien! No haré bromas al respecto. No hoy, al menos… —Hanako echó a reír antes de volver a poner un rostro triste. —¿Y está bien si todavía… no estoy preparado para decirte algunas cosas?
—También está bien.
—¿Estás bien con esto, Yashiro? —abriendo los ojos, ella levantó la vista para mirarlo como solía estar a veces. Con ese rostro vulnerable y culpable, como si tuviese la culpa de estar muerto y no poder cambiarlo. —Conmigo siendo un fantasma y tú…
Yashiro se levantó de su sitio tan rápido que apenas le dio tiempo de registrar que estaba delante de él, sosteniéndolo de los hombros. Su rostro estaba demasiado cerca y no podía alejarse. El aliento se le fue de repente cuando sólo podía ver sus ojos rubíes.
—Estoy bien con Hanako. ¿Por qué quieres oírlo tantas veces? No voy a cambiar de opinión de la nada, incluso si eso me lleva a la muerte.
—No seas ridícula. —Hanako frunció el ceño y sostuvo las manos de Yashiro para alejarlas, pero ella las tenía bien sujetas en sus hombros. Hanako no quería causarle daño.
—¡No! Escúchame una vez. ¿Crees que hago estas cosas porque sí? ¿Porque no tengo nada mejor que hacer? Me gusta salir contigo, Hanako. Desde que te conozco no he sido más que feliz y no me he preocupado una sola vez por lo que pueda suceder después.
El rostro alargado de Yashiro selló los labios a las réplicas de Hanako cuando ella pasó sus manos de sus hombros hasta su rostro y lo inclinó. La luz de la Luna y la luz de Venus parecían iluminarla, a sus ojos sinceros y a su rostro.
—Hoy de verdad quería tomar esta oportunidad para decirte que… Realmente te quiero, Hanako. Déjame ir hasta el fin del tren contigo incluso si al final descubro que todo este tiempo estuve muerta. ¿Está bien? Esto es lo que se verdad quiero.
Cerrando los ojos, Yashiro infló su pecho lo suficiente para conseguir el coraje de besarle la frente. Una tercera aguja y su fortaleza entera se me vino encima. Sus manos encima de sus muñecas buscando desesperadamente por separarla de él se tendieron para atraer su cuerpo hasta ella. Cuando Yashiro abrió los ojos, había sido demasiado tarde. Hanako tenía su mano derecha sobre sus labios y la miraba.
—Uh… Hana—
—Amane.
Hanako cerró los ojos al inclinar su rostro y bajar el suyo. El cuerpo entero de Yashiro se sintió rígido cuando los labios fríos y suaves de Hanako se habían acomodado en los suyos. No es posible. Yashiro Nene ¿esto está ocurriendo? ¿De verdad, de verdad está ocurriendo? No había podido ni cerrar los ojos, pero Hanako sí los había cerrado. Sus labios se verdad se sentían suaves, reales y la frialdad de estos no era molesta, no se sentía como el hielo sino como una brisa de la ventana. Movió su cabeza hacia un costado, y abrió los ojos de repente antes de soltarse a reír.
—¡Yashiro! —exclamó cuando ella lo miraba quieta sin parpadear. —¿Qué estás haciendo? Tienes que cerrar los ojos.
—¡Ha… Hanako! —gritó ella con la fiebre escalando rápidamente. —¿Qué fue…?
—Un beso, por supuesto ¿es que no habías dado ninguno?
Yashiro negó con la cabeza mientras se cubría la boca y entonces Hanako dejó de reír.
—¿De verdad?
—¡Nunca, nunca! ¡Ese fue mi primer beso… en los labios!
—Oh, joder.
Hanako se golpeó la cabeza a sí mismo con su puño. Se levantó en el aire mientras su rostro se ponía abochornado.
—¡No quería! Ah, Yashiro. ¡lo siento! Yo no quería quitarte tu… Yo pensé que quizás…! No lo sé…
—No tengo éxito alguno con los chicos ¿por qué lo tendría con los besos? —se excusó ella todavía cubriendo su boca. Hanako volvió a golpearse, esta vez con la pared. —¡Basta, Hanako! ¡No te hagas daño!
—¡No me puedo matar! —se quejó. —¡Puedo golpearme las veces que quiera por mi estupidez y no me podré matar! Oh, maldito Tsuchigomori. ¡Yo sabía que no estaba bien!
—¿Eh? ¿El profesor Tsuchigomori te pidió que me…?
—¡No, no! —Hanako abandonó rápidamente la pared para tomar las manos de Yashiro entre ellas. —Eso fue mi idea porque estaba leyendo… No lo sé. Creí que quizás… Lo siento mucho. No era mi intención.
Hanako tenía ahora un rostro realmente triste, como si estuviese decepcionado de sí mismo. Había velas en la mesa, un aroma incluso agradable. El telescopio estaba puesto, y el salón limpio. Realmente parecía haber puesto empeño en la cita tanto como ella que mirarlo ahora, tan derrotado por un simple beso, le pareció realmente tonto.
—Si te hace sentir mejor… —murmuró con la cabeza mirando hacia abajo. —Ese fue también mi primer beso.
Yashiro esbozó una sonrisa divertida y apretó las manos de Hanako para atraerla hacia él. El movimiento fue fluido y rápido, lo suficiente para que no le diese tiempo de ponerse firme en su sitio.
—También me besaste la mejilla y ese fue también mi primer beso. —explicó. Hanako miró hacia arriba irritado consigo mismo. —Y ahora me invitas a esta cita, y decides robarme mi primer beso de labios. ¿Estás seguro que no eres un espíritu malvado?
—Yashiro, ¿qué necesito hacer para…?
Hanako abrió los ojos de golpe cuando las manos de Yashiro abandonaron sus manos y se colocaron en su rostro, una vez más. La fiebre escaló entonces incluso en él, con su rostro tan cercano al suyo.
—Amane. —le dijo, en una voz tan baja y susurrante que heló su cuerpo, si podía sentir el frío de alguna forma. —Dame un beso apropiado.
—¿Un beso apropiado?
—Sí. Con los ojos cerrados, con tus manos aquí, en mi espalda. Si me das un beso apropiado, entonces te perdonaré. Uno que me robe el aliento, como dice en todas mis historias de romance. ¿Puedes hacer eso… por mí?
Hanako tragó saliva, se hizo hacia atrás en su sitio apenas un poco mirando el rostro de Yashiro tan cercano al suyo que apenas y podía ver su propia nariz. Sus labios estaban ahí, con el brillo labial todavía en ellos. Se negó cinco veces en su cabeza, pero no pudo negar una sexta. No podía negárselo cuando estaba pidiéndoselo así.
—¿Ese es un deseo, Yashiro?
—Sí, sí lo es…
—Entonces…
Había sido natural, tan natural flotar en el aire. Unir sus labios con los de ella se sentía así, perfectamente natural. La sola sensación nuevamente lo hizo sentir elevarse. Se sostuvo del cuerpo de Yashiro para no hacerlo.
¿Por qué se sentía tan bien? No se había sentido de esa forma desde que estaba vivo. No, desde esa vez en el techo donde también se lo había advertido. Eres una chica, Yashiro, no hagas cosas así. Con la mano derecha, tomó la barbilla de Yashiro para girarla a su costado y entonces, abrió la boca haciendo que ella intentase separarse de golpe.
—¡Ha… Hanako…!
—No, Yashiro. Tú empezaste esto.
Con los ojos cerrados, Hanako besó su cuello. Yashiro dejó salir un alarido que silenció al instante con su mano izquierda. Se había sentido helado sobre su piel, no lo suficiente para asemejarse a un cubo de hielo, pero sí a una lengua. Yashiro cerró los ojos cuando Hanako volvió a besarla y esta vez, consiguió introducir su lengua. Su cuerpo entero tembló en su tacto, y sus piernas se sintieron tan débiles que no podía sostenerse más, afortunadamente el Honorable número 7 la sostuvo a tiempo.
Podía sentir en su tacto que el cuerpo de Yashiro se sentía más cálido poco a poco aun con la ventana soplando el viento tan frío. Yashiro no se había apartado por lo que Hanako se permitió explorar con su lengua su boca. Ella apretaba con fuerza sus ojos mientras lo hacía hasta alcanzar a ciegas su mano. Poco a poco, Yashiro decidió intentar tocarla también. El tacto de ambas hizo que Hanako abriese los ojos de golpe sólo para ver que está vez, ella sí los tenía cerrados. No puede ser. Se dijo a sí mismo. Esto fue demasiado lejos. Basta, es momento de detenerse. Es momento de…
—Ah. —la escuchó boquear de repente, cuando su mano izquierda había apretado su cuerpo contra el suyo. Había hecho ese movimiento involuntario, atrayéndola más hacia él.
Aunque su cabeza pensaba en detenerse, su lengua parecía moverse por sí misma, acariciando la boca de Yashiro y saboreando cada parte viva en ella.
No pudo pensar en detenerlo más cuando Yashiro respondió de la misma forma. Ella llevó sus manos hasta su cabello y acercó su cabeza acomodándola para tener mejor acceso. Su lengua cálida se sentía como fuego en su boca, era una lengua tímida, pero realmente húmeda. Tan tierna y tan suave que permitió sentarse en su sitio, atrayendo cada vez más el cuerpo de Yashiro al suyo simplemente sintiendo las caricias de su lengua.
Apretándola nuevamente, besándola como lo hacía ahora, pasó sus manos hasta sentir su pequeña cintura y succionó en su labio inferior, en respuesta, ella hizo lo mismo con el suyo. Tan suave, tan dulce. Es imposible detenerse ahora… Hanako subió su mano izquierda hasta el cabello de Yashiro, metiendo sus dedos en su nuca y acomodando mejor su cabeza para poder probar cada pequeño espacio dentro de su boca que no había sido alcanzado por su lengua antes.
Aunque cada sitio era cálido y suave, su parte favorita era encontrarse con su lengua. Dándole vueltas ahí, sentía que la hacía bailar y entonces, él bailaba también. Succionando en el labio cada vez que podía, profundizando su beso y volviéndose húmedo, acercó su cuerpo hasta pegar su pecho completamente. Sintió después el peso de su cuerpo encima de él y entonces un cuarto pinchazo le recorrió el cuerpo y lo trajo a la tierra, separándola al instante cuando había pegado su cuerpo demasiado.
—No, Yashiro… —Hanako se separó, girando su cabeza y pasando sus manos por sus hombros. —Debemos detenernos aquí ¿sabes a dónde…?
Hanako cerró la boca de golpe cuando los labios de Yashiro lucían realmente rojos e irritados. Su rostro entero estaba envuelto en rojo y ojos lagrimeaban.
—¿¡Yashiro?!
—No estoy herida. —informó al instante y una parte de su corazón se calmó. —Pero eso… Hanako, eso…
—Yashiro, lo siento, yo…
—Eso no fue un beso apropiado. —acercándose nuevamente, Hanako boqueó cuando Yashiro le besó rápidamente, nuevamente subiendo su cuerpo a la silla hasta colocarse encima, haciéndolo tragar saliva. —Todavía respiro ¿no es así?
Cerrando los ojos, en esta ocasión Yashiro le besó al instante con la boca abierta. Había aprendido lo suficiente para saber qué hacer con su lengua. Hanako peleó contra sí mismo para intentar quitarse sus manos, pero la pelea cedió apenas sintió su lengua y los brazos que la alejaban la trajeron cerca.
Le causó enorme vergüenza cuando dejó salir un gemido cuando Yashiro lo envolvió con su lengua y se cubrió la boca al instante como si tuviese miedo que alguien lo escuchase.
—Shhh. —lo silenció con sus dedos encima de su boca. —Todavía no nos encontramos con el espíritu. La cita puede continuar.
—Yashiro…
—Lo prometiste, Hanako.
—S-Sí, pero… No era esto lo que tenía en mente.
—¿No quieres que continúe?
Hanako dejó de mirarla para ver a su costado. Llevó sus manos de su espalda hasta su blusa, jugando ahora con el lazo que la mantenía bien cerrada del cuello.
—No sé hasta qué punto puedo continuar sin hacerte daño.
—¿Crees que luzco herida?
—No ahora, pero…
—¿Crees que te mentiría, Hanako?
—No es eso lo que…
—No, mírame. —con ambas manos en su rostro, Yashiro levantó la mirada de Hanako hasta centrarla en sus ojos. El rostro entero del Honorable número 7 estaba todavía más abochornado que el suyo. —¿Crees que te mentiría, Hanako?
—No…
—Entonces, déjame continuar hasta que te diga que ha sido suficiente.
Yashiro acercó su rostro besando su frente, besando después su mejilla y acercándose a su cuello. Sus besos eran profundos y húmedos cada vez que hablaba y se detenía. Hanako sintió que no podía reprimir sus suspiros.
—¿Me prometes ahora… —alcanzó a decir antes de soltar un gemido silencioso. —Yashiro, me prometes decirme… si estoy lastimándote?
—Mmm… —Yashiro tenía ahora ambas piernas en las piernas de Hanako, besando cada vez más su cuello hasta no poder alcanzar su pecho.
—Y-Yashiro…
Hanako tomó sus manos y las apretó. Yashiro abrió los ojos para mirarlo al escucharlo serio. Estaba mirándola fijamente, con el sudor recorriendo su rostro enteramente enrojecido.
—No estoy jugando, tampoco estoy pretendiendo ahora. Necesito saberlo, necesito escucharte decir que vas a prometérmelo.
—Lo prometo.
—Estarás dándome permiso de tocarte, Yashiro. Tocarte de verdad… en… —Hanako apretó los labios y se giró unos segundos como si tratase de reunir coraje. —De hacer contigo que… Yashiro. Debes decirme cuándo detenerme. Debes hacerlo ¿me entiendes?
—Sí.
—Estoy hablándote en serio. Continuaré hasta que me digas que no. No podría perdonarme nunca si te lastimo ¿me oíste? ¡Harás que me odie para siempre! ¡No podré mirarte al rostro jamás!
—Lo prometo, Amane. —Yashiro sonrió, la misma sonrisa gentil que hacía siempre. Hanako cerró los ojos y respiró profundamente. —Te lo prometo.
Los ojos de Hanako parecían no terminar de creerlo. Se quedó así, quiero, mirando a los ojos de Yashiro detenidamente para buscar la mentira en ellos, pero no había ninguna. Suspiró para él mismo, con el rostro abochornado, antes de asentir para sí mismo.
—Entonces, Hakujoudai…
Apareciendo detrás de él, Yashiro repentinamente se sintió avergonzada de haber sido observada actuando así delante de él. Sumergió su cabeza al instante en el pecho de Hanako mirando con el ojo izquierdo al espíritu recibir órdenes.
—Vigila la entrada. No permitas que la aparición nos moleste. Utiliza toda la energía que necesites, simplemente no lo dejes entrar. Estaré… ocupado aquí.
El espíritu partió al instante y Hanako echó a reír desenterrando la cabeza de Yashiro de su pecho.
—Sintiéndote decente ahora ¿eh? —Yashiro sintió su cuerpo levantarse al mismo tiempo que Hanako lo hacía, lo escuchó mover los platos de la mesa y déjala encima, recordándola mientras le movía el cabello. —Es demasiado tarde, Yashiro. —le susurró al oído. —Te he dicho que no hicieses este tipo de cosas. Eres una asistente muy problemática, debo darte una lección ¿entiendes?
Yashiro asintió con la cabeza sin dejar de mirarlo un solo segundo. Hanako echó a reír antes de acariciarle el cabello y después el rostro.
—No te preocupes. —murmuró con los labios pegados su oreja. —Seré gentil contigo~
Yashiro ahogó su propio grito cuando Hanako comenzó a besarla en el cuello. Succionaba en el sitio y sus besos eran húmedos. Con las manos separó sus piernas para colocarse en medio y tener mejor acceso a su cuello. Se sorprendió a sí mismo cuando ella cerró sus piernas en su espalda.
Oh, demonios. Hanako tragó saliva, su corazón palpitaba con tanta fuerza en su pecho que de verdad sentía que volvería a morir. Está bien, está bien. Todo está bien, no te asustes. Asustarás a Yashiro… Retomando el coraje, se aproximó cuidadosamente hasta su rostro y le besó la mejilla.
—Eres tan linda, Yashiro. —susurró al separarse de su rostro, asegurándose de mirarla mientras lo hacía. Tenía que asegurarse de no lastimarla, de que sus ojos no llorasen una sola vez. —Sabía que serías una buena asistente desde que te vi entrar al baño.
—H-Hanako…
—Que serías diligente, obediente… Y sobre todo, sabía que me querrías. —con la mano derecha, Hanako había empezado a acariciar su pierna lentamente. Sus dedos se sentían fríos de verdad y el sólo contacto helaba y le daba escalofríos. Su mano subía por su pierna, acariciándola sobre las medias hasta pasar su falda.
—Pero te metes en demasiados problemas ¿qué es lo que voy a hacer contigo? Me preocupas demasiado, no es sano en lo absoluto. —inclinando su rostro, volvió a besarle el rostro justamente en la comisura de sus labios. Su mano caminó en las yemas de los dedos pasando por su falta hasta su pecho, lentamente hasta el listón que sostenía su blusa.
Repentinamente toda la seguridad se derrumbó.
—Yashiro.
Ella asintió, con los ojos cerrados mientras tenía sus manos en su pecho pegándolos con fuerza.
—¿Estás asustada, Yashiro?
Abriendo los ojos, ella notó al instante que sus manos habían dejado de tocarla. Hanako estaba separado, con el rostro preocupado. Yashiro boqueó y negó con la cabeza antes de expandir sus brazos.
—N-No asustada… —murmuró. —Nerviosa.
Hanako hizo una mueca y se levantó enteramente. Sentado con las rodillas a los lados y el cuerpo de Yashiro en medio, tomó el lazo para deshacerlo y atarlo nuevamente.
—¿Por qué estoy haciendo esto? —farfulló ahora en un tono de voz bajo. Su rostro lucía triste de repente. Yashiro frunció el ceño. —Quiero decir ¿está realmente bien?
—¿Que un espíritu y un humano…?
—No. Me refiero a nosotros, justo ahora. —Parpadeando un par de veces, Hanako llevó ambas de sus manos hasta su rostro y sostuvo las mejillas de Yashiro en sus palmas para hacer que lo mirase. —Deberías estar haciendo esto con alguien que realmente te guste. —sentenció. —Alguien como Mina—
Hanako cerró su boca cuando Yashiro se levantó, tenía el ceño fruncido mientras le abrazaba con sus piernas y sus brazos y lo atraía a ella. Sosteniéndolo ahí con firmeza en su pecho, había sentido otra aguja.
—No mentía cuando te dije que me gustabas. —comenzó Yashiro en un tono suave, dirigido únicamente para él. Hanako sintió un escalofrío recorrer su espina al escucharlo. —Lo haces, de verdad.
—¿Quieres decir que sí soy tu tipo?
—¡Eso no es lo importante!
Yashiro echó a reír y se separó de él para romper el abrazo con sus manos. Hanako realmente sintió la ausencia de sus brazos, pero no pudo reprocharlo porque había comenzado a tomar llevar sus manos hasta su blusa.
—Quiero decir que… Nadie más que yo conoce las cosas que me gustan, Hanako. —continuó ella al mismo tiempo que llevaba su mano hasta el primer botón de su camisa. Hanako había empezado a tartamudear su nombre por cada botón que comenzaba a abrir. —Y a mí me gusta Hanako. No me hagas repetirlo, es vergonzoso…
De un sólo jalón, la camisa de Yashiro se había abierto revelando su ropa interior. Llevaba puesto un lindo sostén rosado con flores y encaje. Hanako se giró al instante con el rostro cubierto en bochorno con la sola mirada a su pecho, casi enteramente desnudo.
Abortar misión, Amane. No podemos hacer esto. ¡Salta por la ventana ahora…! ¡Esto da miedo, de verdad da miedo!
—¡Yashiro Nene es escalofriante! —exclamó en voz alta con los ojos cerrados, cubriéndolos ahora con sus manos.
—¡H-Hanako! —chilló ella, con el ceño fruncido.
Había tenido ganas de golpearlo con la cabeza, pero Hanako realmente lucía disgustado. Yashiro apretó sus labios y habló en voz baja como si estuviese hablando consigo misma.
—¿Son realmente tan malos…? ¿Peores que mis tobillos?
Hanako abrió los ojos de golpe y negó con la cabeza. Maldito estúpido, es la primera promesa que hemos hecho. ¡No lastimes a Yashiro!
—¡No, no, Yashiro! Ellos son… ellos son, pues… ¡Ah!
Hanako había comenzado a tartamudear como lo hacía poco. Su rostro abochornado hablaba por él, con claridad. Yashiro miraba ahora como sus dedos se movían solos, apretando el aire mientras intentaba hablar.
—Es sólo que no había visto unos reales. —se excusó tratando de no sonar demasiado infantil. —Es decir, todas esas revistas y… Realmente abruman, pero no son… Ellos no son… —tragando saliva, cerró los ojos durante unos segundos antes de abrirlos y mirar a su falda. Una zona que todavía era segura. —Son de verdad bonitos. Son muy bonitos.
Nuevamente, con el rostro abochornado, la luz del exterior en la ventana iluminaba muy bien sus facciones. Hanako lucía bastante apuesto sin su sombrero, con el cabello arreglado y su rostro sonrojado. Yashiro llevó su mano hasta su mejilla, no importaba cuán roja estuviese, no emanaba ningún tipo de calidez. Acercó con su otra mano la cabeza de Hanako hasta ella y le besó, con ternura, justo en medio de los labios. Hanako la besó de vuelta como si fuese la única respuesta a ese movimiento. Cerrando los ojos para ella mientras lo hacía, cuando ella había comenzado a besarle más profundamente. Yashiro cambió sus manos del rostro del chico hasta alcanzar las de Hanako, las condujo entonces hasta su pecho y él rompió el beso de golpe al reconocer el sitio.
—¿Y-Yashiro? —preguntó, su tono de voz se escuchaba realmente sorprendido.
—Puedes tocarlos. —calmó Yashiro con seguridad. —Está bien si no quieres hacerlo.
—Sí… Sí quiero. —admitió en una voz queda sintiéndose incapaz de mentirle. —Pero, no sé cómo hacerlo apropiadamente.
—Te mostraré. No duele en lo absoluto.
Tragando saliva, Yashiro apretó la mano de Hanako encima de su pecho, todavía cubierto por el sostén y ambos gritaron. Sus rostros se habían puesto colorados nuevamente mirándose como un par de compañeros de crimen, echaron a reír.
—¿Qué fue ese chillido? —se burló Hanako. —¡Ah! ¡fue mío!
—¡Hanako estúpido!
—Pero ¿de verdad no duelen nada?
—Se siente bien, en realidad.
—¿Ya lo habías hecho antes? —Yashiro frunció el ceño y Hanako se disculpó al instante. —Ok, lo entiendo. Puedo apretar y ¿puedo también…?
—Ah.
Hanako sintió sus orejas calientes cuando escuchó a Yashiro gemir al girar en su sitio su seno. Aferrando su mano a la suya, se sintió en confianza para continuar por sí solo.
—Hanako…
—Está bien, ya lo comprendí. Seré cuidadoso.
Yashiro asintió para él cuando reanudó, acercando lentamente su rostro hasta su pecho. Ella se recostó nuevamente en la mesa, con la respiración de Hanako encima, en su piel desnuda, sintiéndose como una brisa fresca. Hanako pasó su lengua fría por su cuello, comenzó a besar poco a poco en medio de sus senos guiándose solamente por los sonidos y los movimientos de su cuerpo. Su mano apretaba y giraba al mismo tiempo hasta creer que el sostén era un problema. Le dio una mordida tentativa para levantarlo y escuchó su propio nombre en un grito de Yashiro que no había sonado a dolor en lo absoluto. Repentinamente, por alguna razón, sintió su cuerpo helado comenzar a sentirse cálido otra vez.
—Yashiro… —murmuró, mientras besaba lentamente desde su pecho hasta su seno izquierdo, metiendo sus dedos en el sostén y moviéndolo hacia arriba. Escuchándola boquear cuando su pecho se encontró desnudo. —Ahora estoy seguro. Realmente eres mi tipo ¿sabías?
Hanako apretó su pezón al mismo tiempo que su boca comenzó a besar el otro. Debería funcionar, debería sentirse bien. Yashiro tuvo que pelear consigo misma para no soltar más chillidos ridículos. Hanako echaba a reír siempre que la escuchaba omitir su gemido. Se sentía orgulloso de sí mismo de poder estar haciéndolo bien.
—Haces ruidos de hámster. —le dijo todavía apretando y levantando su pezón al mismo tiempo que lamía su pecho al igual que una paleta. Lento, húmedo. —¿Debería convertirte en uno y llevarte siempre conmigo? Nos estamos divirtiendo mucho ahora ¿no es así? ¿No podríamos divertirnos de esta forma todo el tiempo?
—Hanako…
—Mmm. —murmuró para ella, cuando abrió su boca para tomar su pezón y mantenerlo en los dientes. La escuchó otra vez gemir y su pelvis se levantó golpeando la suya. Sintió un pinchazo, pero esta vez era diferente. No se sentía en el corazón.
—H-Hanako… —repitió mientras Hanako lamía, besaba, y mordía ambos pezones y pechos. Repentinamente se había vuelto fanático. Quería realmente morderlos hasta dejarle una marca, la sola idea de que ésta permanecería le hacía sentir que vivía. —¡Ha-Hanako!
Sí, es lo que haré. Decidido, tomó el pecho izquierdo con su mano para levantarlo y poder morder su piel no sin antes besarla, lamenta u succionarla. Posó sus dientes ahí y mordió con delicadeza. Hanako se detuvo cuando sintió la mano de Yashiro detenerlo. Su cuerpo se heló al creer que la había lastimado. Al mirarla, estaba llorando.
—¡Yashiro! —exclamó, genuinamente preocupado. —¿Ha sido dema—?
—Bésame, Hanako.
No lo pensó un momento. Hanako se levantó de su sitio para besarle al instante. El beso de Yashiro había sido suave y tierno, pero también muy húmedo. Ella rodeó con sus brazos su cuerpo y Hanako se dejó levantar un momento para besarla bien mientras y mano continuaba apretando su pecho. Echaba a reír cuando escuchaba que se le escapaba un grito, un gemido y un alarido, siempre que buscaba aire también rompiendo sus besos.
—Yashiro. —le susurró en el oído, al separase de ella para dejarle respirar. —Mi camisa…
Yashiro parpadeó un par de veces cuando Hanako se levantó. Estaba mirando hacia el costado, nuevamente, justo al telescopio. Se aclaró la garganta antes de mirarla de frente, otra vez.
—¿Podría...? —cerró la boca y se relamió los labios como si fuese incapaz de formular su pregunta.
—¿Necesitas ayuda quitándote la camisa, Hanako? —preguntó ella. Él tragó saliva y asintió.
—Empieza a hacer frío, si tú quieres mirar, puedes hacerlo, pero no deberías quitarte la tuya. Vas a pescar un resfriado.
—¿Por qué no cerramos la ventana?
—¿No quieres mirar a la Luna?
—No es como si no pudiese mirarla con la ventana cerrada.
—Lo sé, pero es realmente distinto si permanece abierta.
Yashiro parpadeó un par de veces antes de levantarse de golpe. Hanako sintió golpearse con su frente y se hizo hacia atrás, todavía sentado en su pelvis cuando ella se cubrió el pecho mirando hacia la ventana. Comprendió de pronto que le preocupaba que alguien mirase así que echó a reír antes de abrazarla con cuidado.
—Es demasiado alto. —le susurró, tomando su cabello entre sus manos y comenzando a trenzarlo. —También me pregunté eso. Si alguien alcanzaba a ver te vería cenando sola. ¡Sería raro!
—Si alguien llegase a ver ahora ¡realmente será extraño! ¡No dejarán de meterse contigo! Yashiro estará en serios problemas~
Hanako echó a reír con mucha fuerza y asintió para ella. Yashiro estaba sorprendida de lo increíblemente habilidoso que era al trenzar su cabello rápido y con cuidado.
—Está bien, protegeré la reputación de mi asistente para que pueda después abandonarme cuando encuentre un novio.
—No voy a abandonarte, Hanako.
Yashiro había llevado su mano izquierda hasta su barbilla para levantarle el rostro. Con su mano libre, subió lentamente sus dedos hasta el botón de su camisa en el cuello. Hanako cerró la boca al instante y tragó saliva cuando lo desabotonó.
—No tengo necesidad de mirar a nadie más porque te tengo al frente.
Con cuidado, mientras él trenzaba su mechones de cabello sueltos, Yashiro desabotonaba tomándose su tiempo. Cuando llegó al último botón, sostuvo su corbata y la desató para después mirarlo a los ojos. Hanako tenía ahora ambas manos en sus hombros y su frente contra la suya.
—¿No decías que si te escogía ibas a tratarme bien? —Hanako asintió sin dejar de mirarla. —¿No decías que debía abandonar mi amor a Minamoto ahora que te tenía a ti?
Hanako realmente no podía sentir qué tan frío estaba haciendo ahora, pero definitivamente podía sentir los dedos de Yashiro sobre su pecho. Sus yemas lo acariciaron, desde arriba hasta su ombligo. Él exhaló con cada caricia, cerrando ahora sus ojos.
—¿Estabas mintiendo con eso? —preguntó ella. Hanako negó con la cabeza.
—No tengo razón para engañar a mis clientes. Si hay algo que no puedo hacer, no lo haré. Tampoco lo prometeré.
—Hanako honesto me gusta. —Yashiro acercó su rostro y le besó una vez más, uno rápido para permitirse continuar. —Hanako suave me gusta. Hanako emocional me gusta. Hanako fuerte, también me gusta. Realmente me gustas.
Hanako inclinó su rostro al instante sintiéndose incapaz de seguirse reprimiendo, capturando los labios de Yashiro tan rápido que no le dio tiempo de registrar cuando sus propias manos se colocaron encima de sus piernas.
Yashiro tenía piernas muy bonitas, lo pensaba todo el tiempo cuando la veía trabajar. Eran peculiares, sí, pero realmente eran lindas. Piernas llenas de vida con las que podía correr, saltar, y que ahora podían sostenerlo en la mesa donde quedaban algunos platos encima. Acariciarlas también se sentía bien, incluso arriba de sus medias donde podía ver un poco de su piel.
Ahora lucían parecidos porque su lazo de sirena los unía, sus pieles podían verse similares, pero sabía que debajo de su apariencia no había nada. Solamente vacío. Debajo de la piel de Yashiro, no obstante, había un corazón palpitando.
¿Realmente podía permitirse hacer algo así? ¿Hasta qué punto la materialidad de su lazo podía unirlos? Hanako no se sentía con ganas de querer probarlo, pero le daba genuina curiosidad. El propio cuerpo femenino también era un enigma. No podía decir que no lo conocía, sabía muy bien de su anatomía, pero mirarlo de frente y tocarlo con sus propias manos era una sensación distinta. Especialmente si el cuerpo que tocaba era el de Yashiro.
Con ambas manos sosteniendo su cadera, Hanako separó el cuerpo de Yashiro para mirar hasta su falda tableada. La zona que miraba ahora era intriga y también era terror. Una zona peligrosa, una zona que verdad podía herir si tocaba inapropiadamente.
—¿No ha sido suficiente para ti, Yashiro?
—¿Hmm?
—Más allá de aquí es terreno prohibido. No sé con seguridad qué tipo de cosas puedo o no hacer.
Yashiro ladeó su cabeza no terminando de entenderlo, miró a su propia falda y entonces sus mejillas se sintieron calientes como si hubiese estado ignorando durante todo el tiempo que más allá, también era un terreno que desconocía.
—Podemos detenernos ahora. —murmuró también, con el rostro abochornado. —No quiero que sientas que estoy… Que yo… Ha sido una cita maravillosa, Hanako. Gracias.
—No estoy sintiéndome forzado a nada. —explicó mientras sonreía. Tenía esa sonrisa tímida e incómoda en él que pocas veces veía. —En realidad, esto se ha sentido… Lo mejor que me he sentido.
—¿De verdad?
—Con toda seguridad lo digo.
—¿Entonces quieres continuar?
Hanako parpadeó un par de veces mirando a los ojos rubíes de Yashiro perplejo antes de echar a reír. Pasando sus manos por su cuerpo, la atrajo a él hasta hacer que su cabeza descansase en su pecho desnudo. Yashiro pegó la oreja a él esperando escuchar un latido, pero no había nada.
—La verdad es que quería hablarte de algo. —admitió ahora, mirando hacia el suelo donde podía ver sus zapatos. —Antes no lo sentía, pero ahora realmente creo que te preocupas demasiado por mí. Estoy muerto, Yashiro.
—No necesitas recordármelo. ¡Estás flotando!
—¿Entonces? ¿Qué es lo que estás buscando?
—¿Con esta cita?
—Con todo esto. ¿Es que quieres saber hasta qué punto puedo ser real? No hay forma de que pueda hacer...
—¿No lo comprendes todavía, Hanako?
Yashiro cerró los ojos ahí, escondiéndose entre su pecho durante unos segundos para hablar. Hanako sentía su respiración y su aliento cálido contra su piel.
—Te quiero a ti. Quiero que estemos juntos.
No se puede. No es posible. Hanako se lo dijo a sí mismo varias veces antes de sentir que sus propios ojos estaban húmedos ahora.
—Como Campanella y Giovanni, quiero estar arriba de este tren y que visitemos juntos la Luna.
—Ya no puedo ir a ningún lado.
—Entonces no me pidas que me vaya cuando quiero quedarme aquí. Hasta que no podamos hacerlo ¿está bien?
—¿Ese es tu deseo, Yashiro?
Asintiendo con la cabeza, Yashiro se despegó de su pecho para encontrarlo con los ojos tan humedecidos como los suyos. Hanako no respondió si podía cumplir o no, en vez de eso le había besado otra vez y ese beso había sido de verdad distinto. Un beso tan gentil que se había sentido como si fuese el último que recibiría de él esa noche. Cuando se separaron, Yashiro se recostó de nuevo en la mesa quitándose los tirantes de su falda y con ellos, desabotonando su sostén para quitarlo.
Hanako quedó perplejo un momento, mirándola acostada con la luz de la Luna. Sus ojos rojos, su rostro adorable, su cabello largo y brillante reposando en su piel desnuda, incapaz de cubrir sus propios pechos y sus pequeños pezones rosados. Era la visión más extraña que había tenido y durante unos segundos, se cuestionó si ocurría.
Está bien. Vamos a conocerlo. Le decía ella ahora. Hasta dónde este mundo nos permite estar juntos. Yo también quiero saber… Hanako se sintió hipnotizado, como si se hubiese quedado dormido. Sus ojos entrecerrados le permitieron tomar su falda y levantarla hasta su cintura para sostener el resorte de las medias y lentamente, deslizarlas hasta abajo, justamente en sus tobillos. Esos tobillos tan extraños. Hanako echó a reír. Realmente son bonitos, los recuerdo de verdad de algún otro sitio, pero ¿de dónde? ¿De dónde recuerdo haberlos visto y pensar que son… un poco lindos?
La piel de Yashiro se erizó, tanto por el contacto con el aire como de sus dedos. Había elegido unos panties a juego que tenían un decorado de calaveras rosadas. ¿Le gustan estas cosas? Hanako echó a reír, Yashiro frunció el ceño.
—¡Son ridículas, Yashiro! ¿por qué usas estas cosas?
—¡Me burlaré de los tuyos también!
—Son bastante normales.
—Seguramente tienen dibujos de estrellas.
El rostro de Hanako se aborchornó al instante y frunció el ceño para ella antes de inundarse en risas. Cuando terminó de reír, permaneció sonriendo para ella mientras le quitaba un mechón encima.
—Recuerdas ahora la promesa que hicimos antes de esto ¿verdad? —Yashiro asintió para él, apretando y luego humedeciendo sus labios al mirarlo tan concentrado en su ropa interior, con sus dedos encima, justamente encima de… —No importa qué suceda, ni en qué momento, en cuanto no quieras más esto, sólo debes pedirme que me detenga.
Parpadeando nuevamente, Hanako miró a sus ojos y acercó su rostro para asegurarse que estuviese escuchándolo. Yashiro asintió para él y se sostuvo de sus hombros cuando su mano derecha movió la tela.
Oh, demonios. Realmente vamos a hacerlo. Ten valor, Amane. Estamos demasiado lejos para echarnos atrás. Ella está dependiendo de ti ahora. Sé cuidadoso, sé cuidadoso…
Yashiro cerró los ojos al instante cuando sus dedos tocaron su interior. La fiebre le subió hasta las orejas y lo mismo sucedió con Hanako. Sus dedos habían comenzado a temblar, escondidos por la tela de su ropa interior mientras acariciaba de arriba hacia abajo.
—H-Hanako.
Ladeando su cabeza, había entendido bien su petición. Hanako le besó suavemente, con la lengua calmada y cuidadosa como eran sus dedos ahora. Su interior, como su boca, se sentía húmedo y cálido, pero también mojado. Es una buena señal, lo sabía al instante: Debe estar, completamente húmeda si yo...
—Ah, Hanako.
Había encontrado el sitio que buscaba, un botón de músculos justo arriba. Presionó con cuidado cuando Yashiro rompió el beso y entonces, comenzó a frotar ahí al recuperar sus labios. Frotaba con dos dedos dando vueltas, después lo movía de arriba abajo abriendo los ojos de vez en vez para mirar a Yashiro deshacerse con eso. Sus ojos se apretaban, su ceño se fruncía, pero no había dolor en su rostro.
Había alegría y también placer. Emociones de las que no había pensado ser autor. Lucía realmente indefensa ahora, pero también era bonita. Con sus mejillas sonrojadas y su rostro tierno, Hanako no se cansaba de besarla, lo hacía como si fuese lo único que supiese hacer bien. Besarla como lo hacía ahora, a veces gentil, a veces un poco embarazoso.
Ten cuidado de no hacerlo demasiado profundo. Debes ser gentil, debes ser cuidadoso. No quieres herirla, no quieres que se asuste. No quieres que se vaya. Que no se vaya.
¿Era posible que Yashiro Nene pudiese ser su Alma gemela? ¿De verdad había sido el tiempo tan desgraciado para verla nacer cincuenta años después? Hanako aplastó con su lengua la de Yashiro y al mismo tiempo que movía el músculo de sus dedos, empujaba su lengua en su boca y también lo hacían sus dedos, cuando encontró la entrada secreta.
Malditas clases de anatomía, tan vergonzosas en aquel tiempo. ¿No estábamos interesados en saber si era cierto? El cuerpo de las chicas es tan diferente, me lo dije muchas veces. ¿Por qué lo suyo parece una flor de piel mientras lo mío es como un…?
Los ojos de Yashiro estaban cristalizados, pero no parecía sufrir en lo absoluto. Su rostro, enteramente abochornado, era una vista muy dulce de ella a la que se había acostumbrado. Sus lágrimas ahora no se sentían saladas, seguramente no lo eran. Hanako tuvo que besar sus ojos para asegurarse de eso. No, no está bien. No está bien en lo absoluto que nosotros…
¿De verdad la había traído el tiempo ahora, en un cuerpo que perecería alejado de sus brazos? Si la maldición de la sirena podía traerlos juntos, Hanako ahora realmente estaba deseando por eso. Que les cayesen mil maldiciones encima que no pudiesen separarlos, no importaba en qué tiempo ni en qué plano se encontrasen. Quería de verdad permanecer con Yashiro. Ese era ahora su deseo más profundo.
Sus ojos ámbar se abrieron de golpe cuando sus dedos se sintieron enteramente mojados. Oh… Las piernas de Yashiro temblaron y luego perdieron fuerza. Sus labios se despegaron y su cabeza golpeó la mesa buscando por aliento.
—¿Estás bien, Yashiro?
Yashiro llevó sus manos hasta su rostro para cubrirlo enteramente antes de asentir. Su cuerpo temblaba mucho y sus piernas luchaban para cerrarse, pero el cuerpo de Hanako en medio se lo impedía.
—¿Se ha sentido bien?
Asintiendo de nuevo, Hanako se sintió orgulloso. Nada mal para un primerizo, huh. Levantándose de ella, creyó que había sido suficiente, incluso si no lo decía. Más allá, es dolor asegurado. Se dijo a sí mismo, encargándose de levantar los platos a su alrededor. No en esta vida, no estaré haciéndole tal cosa. Una marca eterna por todo lo que dure su vida mortal.
Había pensado demasiado, lo suficiente para no darse cuenta cuando Yashiro lo abrazó por la espalda atrayéndolo a la mesa. Antes de que pudiese preguntar, ella le giró su cabeza y con ello su cuerpo.
Ahora es ella la que se siente apegada. Hanako echó a reír, pero su risa se perdió en sus labios. Yashiro se había vuelto una experta besando ahora. Haciéndolo con habilidad y ternura, en unos besos prolongados y húmedos. Tan distractores, que le costó sujetarse los pantalones cuando ellas tiraba de ellos.
—¡Y-Yashiro! —casi gritó y sus mejillas estaban enteramente abochornadas. —¡No puedes hacer eso!
—¿Eh? ¿Por qué no?
Hanako apretó los labios y miró a su costado incapaz de encontrar una respuesta. Todas las preocupaciones que cruzaban su cabeza eran unas que no podía decir.
—¿Es demasiado? —le preguntó ella. Hanako quiso decir que sí, pero su cuerpo se quedó inerte. No había sido hasta ese momento que ver el creciente bulto en sus pantalones lo hizo dudar de todo lo que conocía sobre ese cuerpo suyo. Mierda, mierda, mierda. ¿Cuándo pasó esto? No sentí absolutamente nada.
—¿No te asusta ni siquiera un poco? —le preguntó mientras fruncía el ceño mirando en Yashiro el intento por comprender su negativa.
—Por supuesto que sí. —respondió ella. —He leído todo al respecto.
—Es muy distinto leerlo a hacerlo. Este tipo de cosas no se revierten. No podría cambiarlo.
—¿Qué es lo que te asusta a ti, Hanako? ¿Te asusta que puedas herirme?
Hanako asintió con la cabeza al instante.
—Te he dicho que estoy bien con eso.
No puedes entender de qué modo estás equivocada, Yashiro. Hanako mordía sus labios ahora mientras ella le acariciaba el rostro. Sonriente, radiante, abrazó su cuerpo con sus piernas para regresarlo a la mesa. Se sentía tan seguro en sus brazos, tan, tan querido. Profundamente amado. Estoy asustado que no pueda detener tu dolor. Que no pueda hacer nada por ti el día que...
—Estará bien si es con Hanako porque él es realmente gentil conmigo y me ha prometido ser cuidadoso. Me ha dicho que me tratará bien.
Hanako la miró con la cabeza agachada. Sus labios realmente pedían ser besados ahora, así que no había podido negarlo. Dejó de sostener sus propios pantalones para que ella pudiese deslizarlos. La escuchó reír y sabía que la risa provenía de haber tenido razón respecto a su ropa interior con estrellas. Realmente vergonzoso. Uno no puede desprenderse de la vergüenza ni siquiera estando muerto, huh.
—Ahora debes ser tú el que me diga si estoy siendo demasiado brusca. —murmuró ella con un tono ronco. Hanako no había dejado de tragar saliva cuando los dedos de Yashiro tomaron el resorte de su ropa interior y comenzaron a deslizar hacia abajo. —Porque no he hecho esto nunca antes.
—No sé si funcionará. —admitió con dificultad. Sus labios ahora se sentían secos y su lengua se había vuelto un trapo. —Pero te diré si algo va mal.
—¿También me dirás si duele? —Hanako asintió. —¿Me lo prometes?
—Lo prometo.
Yashiro le sonrió satisfecha antes de decidirse por tomarlo entre sus manos. Su tamaño no asustaba, su forma no era desconocida. Esas clases bochornosas y terribles era realmente funcionales ahora. Hanako cerró los ojos al instante cuando sintió sus dedos recorrer su miembro con tanta delicadeza y suavidad que dolía. Genuinamente dolía en una necesidad reprimida.
—Y-Yashiro.
Era ahora su voz la que gemía, se escuchaba ronca y profunda, los sonidos de su boca la guiaban cuando algo se hacía bien. La cabeza era especialmente sensible, y el resto aunque era suave al tacto, también se sentía firme. Yashiro movió ambas manos arriba y abajo concentrándose en apretar la cabeza cada vez que llegaba a ella. Hanako pronto se encontró a sí mismo incapaz de silenciar sus gemidos, teniendo dificultad para respirar.
No puede ser. Se dijo. No puede ser, no puede ser, no puede ser. ¿Qué clase de sueño es este? No puede estar ocurriendo, de ninguna manera puede… Gritó ahora su nombre y Yashiro se sorprendió de escucharlo decir Nene. Las manos de Hanako se sostenían de sus hombros mientras su cabeza colgaba a la altura del rostro de Yashiro. Ella podía ver cada uno de sus gestos. Ese rostro abochornado le quedaba mejor, realmente le lucía bien. Lucía mejor que el rostro de dolor que tenía siempre que se veía obligado a recordar.
—B-Basta. Suficiente. —alcanzó a decir entre gemidos. Yashiro se detuvo al instante. —Está bien, intentémoslo.
Yashiro asintió con la cabeza, nerviosa hasta la médula. Separó sus piernas de él para que pudiese bajar sus pantalones completamente y también su ropa. Ahora su miembro lucía palpitante, lleno de tanta vida que extrañaba. Ambos se acomodaron en la mesa, tomando las almohadas del club para que Yashiro no se lastimase. El terror cruzaba los ojos ambares de Hanako, un terror mezclado entre ansiedad y miedo mientras ella se quitaba su propia ropa y medias. Hanako levantó su cuerpo para poner una almohada debajo de su pelvis y acomodarse en medio de sus piernas. La miró y ambos se quedaron clavados mirándose entre ellos antes de sonreírse.
—¿Estás segura, Yashiro?
—Deja de pedirme que te lo repita. —susurró ella, sus mejillas lucían tan sonrojadas ahora.
—¿No vas a arrepentirte y después odiarme? —preguntó en voz baja y el miedo se le escapó en su tono. Los dedos le temblaban encima, se sentía incapaz de detenerlos y sentirse lleno de coraje como acostumbraba.
—¿Tú no vas a arrepentirte, Hanako?
—Sólo lo haré si al final no te gusta.
No podría tener más arrepentimientos, pero ¿qué se puede hacer con ellos ahora? Hanako pasó la mano derecha por el rostro de Yashiro, acariciándole desde la barbilla hasta su oreja, para pasarle un mechón de cabello detrás de ella. No lo sabía, no quería preguntárselo, sólo negó con la cabeza antes de darle un beso. Ahora sus labios se sentían tan familiares, como si besarlos hubiese sido algo a lo que podía acostumbrarse, algo que ya había hecho tantas veces antes.
—Hagámoslo juntos, Yashiro.
Hanako asintió para él mismo, respiró profundamente y se cubrió enteramente de coraje, sosteniendo su miembro con una mano, separó los pliegues de su sexo. No, no… absolutamente reprobable, imposible. De honorable no tiene nada. Apretando sus labios, no había dejado un sólo segundo de mirar el rostro de Yashiro para asegurarse que no hubiese espacio para el dolor. Sus interiores estaban realmente húmedos y facilitaron el camino de tal forma que genuinamente se sintió un sueño.
No es honorable, pero esto tampoco es sucio. Esta es Nene, todo en ella es precioso. Hanako exhaló al igual que escuchó a Yashiro saltar en su sitio cuando su cabeza alcanzó el tope. Se centró en sus ojos, esperando las instrucciones para detenerse, pero no llegaron nunca. No había horror en ellos sino un profundo cariño. Tanto que le había dado pena.
Todo en ella es... Apretado.
Con ambas manos, Yashiro lo abrazó cuando introdujo su sexo hasta el fondo. No había dolor, no se había se todo absolutamente nada parecido. Aunque todo su cuerpo era frío, incluso cuando realmente sentía que algo había entrado, el dolor no existía y el miedo se había desvanecido. Hanako se quedó acostado en su pecho durante unos segundos esperando, simplemente esperando. Escuchando que los latidos del corazón de Yashiro le reclamasen que se alejase, que dejase de causarle tanto daño, pero su pecho sólo se inflaba respirando y su propio cuerpo frío, se sentía por primera vez enteramente cálido.
¿Puede de verdad sentirse tanta ternura estando muerto? ¿Qué clase de cuerpo es este, que me has dado, que me permite sentirlo todo y a la par, no sentir nada?
Tan apretado ahora, sus paredes internas cada vez estrechandose más.
Las mismas emociones que sentía cuando vivo, con todas sus sensaciones y arrepentimientos, ahora arraigados a mis recuerdos. Quizás ahora, en este momento, todo eso no importa nada.
Quería llorar, con tanta fuerza quería hacerlo ahora, así que escondió su cabeza en el pecho de Yashiro para que no lo descubriese así. En un momento tan bochornoso, no era tiempo para ponerse a llorar por las cosas que ya no podían cambiarse.
No entendía tampoco cómo de todas maneras, ella lo había entendido. Sujetándolo con firmeza entre sus brazos mientras ahogaba sus propios sollozos. Tan vulnerable, tan vergonzoso. ¿No es esta la peor primera cita que he podido darle?
Ah, tu primera cita, Amane. ¿Realmente no te has podido controlar? ¡Qué irremediable! Irremediablemente vergonzoso. Pero es natural que sucediese ¿no es así? Nosotros realmente...
—Voy a moverme ahora. —murmuró, y dejando de sus mejillas habían caído sus lágrimas en su pecho. —¿Está bien, Yashiro?
Ella había asentido con la cabeza, su corazón palpitaba con tanta fuerza que por unos segundos, Hanako de verdad pensó que le daría un infarto. Salió, no enteramente, con escalofríos en su médula por el tacto sensible y el aire fresco en sus cuerpos antes de volver a entrar y exhalar.
No debía pensar más en eso. No podía permitirse distraerse de este único momento que era suyo. Nuestro. Un momento que a partir de ahora, nadie podía arrebatarle. Iba a atesorar esta preciosa memoria de Yashiro eternamente en su cabeza y ese sólo instante en el que ella también había llorado.
¿Estás feliz, Yashiro? ¿Estás siendo feliz justo ahora? No lo preguntaba, pero sus ojos lo decían. Ahora que su mano izquierda retenía su propio peso de ella, tan ligero como una pluma, y su mano izquierda sobre la palma de Yashiro, entrelazando sus dedos. Se veían tan bien juntos, como si se hubiesen pertenecido el uno al otro desde el comienzo.
Quizás no habíamos podido despegarnos porque realmente nos pertenecíamos. No habríamos necesitado esperar al otro, por más tiempo, no teníamos eso. Nuestros cuerpos se movían como si se conociesen de toda la vida, incluso con los ruidos bochornosos que ambos producimos, estábamos de verdad juntos y yo también lo sentía.
—Te quiero, Yashiro Nene, te quiero. De verdad te quiero.
¿Y de dónde había sacado el coraje para decirlo? Estaba contento de hacerlo, de admitirlo a altas voces, incluso cuando Yashiro trataba de esconderse a sí misma girando la cabeza, de un momento a otro no quiso hacerlo.
De repente ella se reía y entonces se quedaba callada y hacía su mayor esfuerzo para que sus quejidos no se escuchasen más fuertes de lo que quería. Hanako de verdad quería oírlos, quería saber que era responsable de ellos, de las lágrimas saladas que realmente eran dulces. Dentro y fuera, un ritmo sencillo que pronto se volvió insoportable. Demasiado apretado, demasiado mojado. Una sensación que no se parecía a ninguna otra.
—A-Amane.
Sí, sí. Yashiro. Ése es mi nombre. No Hanako, no ahora. Sus mejillas se sentían calientes, su pecho también y sobre todo
—Te quiero, Nene. Te quiero.
Ella no lo decía de vuelta, sólo repetía su nombre y con eso era suficiente. Hanako genuinamente quería recordar el sonido de su nombre siendo pronunciado con tanta falta de aire, con tanto afecto.
Este momento sólo de nosotros, sólo juntos. Nosotros dos y no hay más nadie. No necesita haber nadie ¿no es así? ¿Por qué no puede ser siempre así? ¿Por qué no puede Yashiro quedarse conmigo, de esta forma, en mis brazos, tan viva y tan contenta para siempre?
Más rápido y más fuerte, más profundamente. Más apretado, más fricción. Ahora se sienten como espasmos, como electrochoques en todo el cuerpo. Su mano izquierda detrás de su cintura, elevando su pelvis para un mejor acceso. Uno más conveniente. Tanta fricción, tanto calor. Los fuegos de los infiernos podían llevárselo ahora, podía ser juzgado por todos los dioses por este solo momento y habría estado bien. Lo habría hecho de nuevo si tuviese la oportunidad. Que hubiesen más oportunidades. Con tanto deseo de renacer nuevamente, buscando por la esencia que la volvía ella.
Ahora era insoportable, la construcción del núcleo en la fuerza de su sexo amenazaba con liberarse. Luchaba, se desbordaba. No se podía pelear con él, de todas maneras no había razón para resistirse.
Después de este día, estaba seguro, la podría reconocer entre un millón de almas diferentes. Buscaría por ella, esperaría por ella. Ella y sólo ella. La realización de haber visto su rostro antes llegó repentinamente cuando la fuerza se derramó, ardiente y empapada. Sólo un momento para sentirse vivo de nuevo acompañado de los fuegos artificiales de un festival de Tanabata que había olvidado hasta ese momento.
—¿Por qué estás llorando, Hanako?
No había salido nada de su cuerpo, más que lágrimas, este cuerpo que estaba condenado a tener no producía nada. Hanako no había respondido. Salió de su cuerpo y se quedó un buen rato acostado a su lado, abrazado de su pecho con los ojos cerrados. Simplemente respirando. ¿Qué es lo que pensaba ahora? Se preguntó mientras acariciaba su cabello oscuro y lo retenía entre sus dedos. ¿Estaría contento? Hanako parecía dormido, quizás estaba cansado.
Sus ojos seguían humedecidos y a veces se le escapaban las lágrimas. No quiero que tenga ningún tipo de sufrimiento. Se prometió Yashiro ese día, cuando Hanako abrió los ojos y se disculpó con ella por haberlo hecho tan repentino. Por haber elegido un sitio así.
Incluso después de vestirse, estaba haciendo frío. Hanako tenía sus ropas habituales, exceptuando por su saco que cubría ahora a Yashiro mientras miraban a través del telescopio.
—Luce como una gran estrella ¿no es así? —le preguntó mientras ella miraba a Venus. Yashiro asintió.
—¿Es difícil configurarlo?
—Un poco. No es tan complicado, pero es muy fácil que se mueva. Con Venus hoy fue sencillo, está tan grande y brillante que es imposible perderla.
—¿No quieres escuchar el final de la película?
Hanako negó con la cabeza. Se giró hasta ella para pegarla a su cuerpo, besando su cabeza con ternura. Yashiro ahora no se sentía tan avergonzada.
—¿Por qué no vamos a mirarla juntos? —le preguntó y los ojos de Yashiro se iluminaron.
—¿De verdad?
—Sí, claro. También me gustan las películas.
—¡Seguro que será divertido!
—¿Entonces hay segunda cita?
Yashiro echó a reír hasta que Hanako picó sus labios con sus dedos, mirándola ahora como acostumbraba cuando hacía bromas subidas de tono.
—Oh, Yashiro. No podremos hacer así cosas así delante de todos.
—¡H-Hanako!
Con los ojos cerrados, Hanako se inclinó para besarle. Un beso lento, suave y tierno que terminó muy pronto.
—Estoy bromeando, voy a comportarme. Te lo prometo.
Con los labios fruncidos, Yashiro asintió para él antes de llamar por su nombre y hacerlo girar.
—Yo también te quiero.
Sonriendole con gentileza, Hanako la tomó de la cabeza para recortarla en sus hombros. Ambos se quedaron compartiendo una silla mirando hacia la ventana hasta que amaneció. Yashiro se había quedado dormida en sus brazos, cuando Hanako se dedicó a acomodarle la ropa y velar su sueño. Había dormido pacíficamente, con una sonrisa en su rostro.
Quizás no había mucho que pudiese ofrecerle, no un cuerpo cálido, no una cita normal. Un resto de vida calmado y apacible. La única cosa que lo perturbó un momento de Hakujoudai cuando regresó informado que la aparición no había llegado nunca. El sólo pensamiento de imaginar la expresión que pondría Kou cuando se enterase le hizo reír tanto que se mordió la lengua para no despertar a Yashiro. Jugando con su cabello, Hanako le sonrió a la mañana que se asomaba.
Y ahora parece que podremos pasar otra noche. Una de muchas otras, realmente quiero. Espero que recordar esto, algún día, también te traiga alegría. Incluso cuando ya no podamos permanecer juntos en este mundo.
Levantando la mirada hacia el cielo, por unos momentos parpadeó perplejo.
Ah, quizás después pueda mostrarte la constelación de Scorpio.
Vive hasta ese entonces ¿quieres?
