Los vestidos que hacían alusión a la metamorfosis, fueron un éxito. Todo el mundo ordenó un modelo con anticipación por lo que las amars trabajaban día y noche sin descanso. El dinero ganado sería para promocionar y realizar una campaña publicitaria aún más grande. Debían lograr que los vestidos se vendieran.
Kuranosuke se había mudado a amamizukan con el propósito de estar junto a sus amigas y poder independizarse financieramente de su padre. Y además quería estar cerca de Tsukimi. Le encantaba ver como dibujaba modelos en su cuaderno (aunque solo fueran de medusas), también le encantaba ver como ponía esos ojos de concentración al momento de realizar vestidos o como se transformaba de ser una persona sin etilo a una princesa hermosa (aunque la persona sin estilo también era hermosa) Le había dicho que la amaba y era totalmente cierto. Por fin se había dado cuenta de sus sentimientos. Después de ir a Singapur había entendido que todo lo que hacía por ella, era porque la amaba ¿Qué otra explicación podría haber? Su corazón latía como loco al estar junto a ella, sus mejillas se sonrojaban y se encontraba en un estado permanente de felicidad ¿Si eso no era amor entonces qué?
Pero a pesar de ello, jamás la presionó para que le diera una respuesta a su confesión. Ella era libre de irse con quien quisiera, incluso si eligiera a su hermano, no le importaba. Contar con que siguieran haciendo vestidos juntos, le era suficiente. Ahora, no podía negar que le encantaría que ella viniera corriendo a sus brazos, diciendo que lo amaba y quisiera casarse con él, pero hasta la hora no había pasado y eso estaba bien.
Le designaron una habitación, junto a la de Tsukimi. Las chicas, a pasar de sentirse un poco traicionadas por no haberse enterado nunca que Kuranosuke era un chico, lo dejaron vivir allí igual. La consideraban una muy buena amiga, que les había ayudado en un sinfín de cosas. Primero, ella les dio la fortaleza para luchar por su hogar, de creerse que eran hermosas a pesar de todo lo que decía la sociedad, de que eran fuertes y podían trabajar si se lo proponían y por sobre todo, se sentían aceptadas y normales cuando estaban con "Kurako"
¿Pero qué pensaba Tsukimi respecto a Kuranosuke? Pues se sentía inquieta. No esperó que este se le confesara y dijera que la necesitaba. Había estado tan preocupada con sus propios sentimientos hacia el hermano del chico, de los vestidos y su huida a Singapur que no notó nada extraño ni que nada hubiera cambiado en su relación ¿Desde cuándo la amaba? ¿De verdad la encontraba tan hermosa? No podía creérselo enteramente, ya que ella era totalmente diferente a las chicas que él conocía.
-Y por eso mismo me gustas-le dijo un día. Pero ¿Ella que sentía hacia el castaño? Hace poco le había gustado el hermano de Kuranosuke ¿Había sido verdadero amor o simplemente sintió como si le hubiera gustado Shuu-san porque había sido el primer hombre que le tomó atención? ¿Entonces qué es lo que realmente pensaba? ¿Cuáles eran sus verdaderos sentimientos hacia el castaño? La pelinegra pensaba en Kuranosuke como su princesa medusa. La más hermosa del reino acuático, su musa e inspiración. Quería hacer vestidos para él y en compañía de él. ¿Eso era amor? ¿Qué sentía cuando se rozaban las manos o él le abrazaba? Esa vez en la bañera, cuando sintió su piel suave, desnuda y mojada ¿Su corazón se aceleró? Sí y no. Fue un momento tan triste, cargado de sentimientos de culpa y despedida que no le dio tiempo de procesar que él estaba completamente desnudo y la estaba abrazando ¿Si lo hiciera ahora, que sentiría?
Un sonrojo se extendió por todo su rostro al pensar aquello. Bien debía admitirlo. El tanto como mujer y como hombre era hermoso y le hacía ponerse nerviosa ante tanta belleza. ¿Y quién podría ser indiferente? Pero había algo más, ella lo conocía. Habían hablado y se habían confiado cosas íntimas, eran amigos. Le gustaba pasar tiempo con él, conversar con él, salir con él, comer con él. Se sentía cómoda y no se sentía con nadie más así (Excepto las amars, claro está).
¿Qué es lo que había sentido al estar con Shuu-san? Pues se sentía inquieta pero a la vez emocionada. Era un hombre muy amable y correcto. Todo lo contrario a Kuranosuke. A pesar de que lo admiraba y sentía que era un buen hombre, jamás se sintió totalmente cómoda con él. No podía hablar abiertamente de sus gustos ni si quiera podía pedir su comida ella sola en los restaurantes al que iban. En el momento de que Shuu-san le pidió matrimonio, no había sentido esa emoción que había esperado sentir. No le emocionó el corazón, no soñó con ir al altar con un vestido como medusa, en más sintió de inmediato que debía rechazarlo.
-¿Quieres estar con Kuranosuke?-le había preguntado el pelinegro y ella pensaba que sí, quería estar con él, quería hacer vestidos, quería experimentar cosas nuevas, junto a él ¿Eso era amor? No lo sabía pero lo cierto era que le encantaba su compañía.
-Kuranosuke es mi princesa-había respondido.
-La diferencia Tsukimi, es que tú eres mi princesa-allí el hermano mayor había entendido que había perdido a la chica que le gustaba. Ella quería a su hermano y estaba bien, no se iba a interponer. Quería que la chica medusa fuera feliz.
Tsukimi pensaba que debía responderle a la confesión del castaño ¿No? No podía dejarlo siempre en la duda, eso no sería correcto. Por último si te rechazaban ibas a poder superarlo pero ¿Si nunca ocurría? Ibas a vivir constantemente pasándote películas de ¿Qué hubiera pasado si...? Respiró un par de veces para calmarse, tenía que darle una respuesta.
Se infundió de valor y tocó la puerta del cuarto del chico. Escuchó un "pase" y entró cerrando la puerta.
-Tsukimi ¿Qué ocurre?- vio como estaba toda nerviosa, moviendo sus manos incontrolablemente. No entendía el estado catatónico de la chica pero la invitó a sentarse en la silla de su escritorio.
-Yo…-de repente el gato le había comido la lengua.
-¿Si? ¿Es algo de los vestidos? ¿Hubo algún problema?- se levantó para acercarse a la chica.
-No, no es eso…yo-inhaló y exhaló. Estaba lista para decirle.
-¿Si?-estaba muy extraña ¿Por qué tan nerviosa?
-Yo también-dijo y Kuranosuke no entendió a qué se refería.
-¿Yo también? ¿De qué hablas?- La chica le tomó la mano y se dirigió a la cama del chico, se sentaron los dos tomándose de las manos.
-Yo también te amo, Kuranosuke-silencio, fue lo único que se escuchó en la estancia. La pelinegra había cerrado los ojos, no podía aguantar ver la reacción del castaño en ese momento. El chico había quedado petrificado. No pensó que le iban a corresponder ¿Y ahora qué? ¿Eran novios?
-Tsukimi-
-Lo siento por tardarme-
-No era necesario-
-Sí, lo era. No saberlo es peor que ser rechazado-seguía con los ojos bien cerrados. Pronto sintió una tersa mano en su mejilla, era el chico que se la estaba acariciando con delicadeza, teniendo cuidado de no lastimarla.
-Me alegro que haya sido un sí, porque de verdad te amo Tsukimi- escucharlo otra vez hizo que su corazón latiera como loco.
-Yo…yo-sin esperar la respuesta, Kuranosuke posó sus labios delicadamente en los labios de la pelinegra, fue un pequeño rose. Como el de un pétalo en los dedos, para no asustarla.
-Ah!-dijo la chica cuando el castaño se alejó.
-Lo siento, es que quería hacerlo hace tiempo-se confesó.
-Fue mi segundo beso-esa frase arruinó el momento. Kuranosuke se acordó de aquel presidente pervertido que osó quitarle el primer beso a su otaku de las medusas.
-Asumo que el mío fue mejor-dijo por los celos.
-No sé, fue muy corto-después de decir esa frase se arrepintió. Era una invitación abierta para que el chico la volviera a besar y así lo hizo. Esta vez fue más que un rose. Movió sus labios y ella le siguió, sintió la lengua del joven entrar y ella lo recibió gustosa. No sabía que estaba haciendo, seguía su instinto. Kuranosuke debe tener harta experiencia y ella no tenía ninguna.
-¿Y bien?-
-Pues...-sentía como su cara ardía y su corazón desembocado latía fuertemente en su pecho.
-¿Pues?-
-Bien...-fue lo único que dijo pero la verdad es que le había encantado. Una rica electricidad le había recorrido la espina dorsal.
-¿Solo bien? Tendremos que practicar más-la abrazó y siguió besándola por un rato. Amaba tocarla, era tan suave a pesar de que jamás se humectaba, era tan cálida como el sol de verano y amable como una diosa. Le embargaba una sensación de felicidad cada vez que se acercaba a la chica.
-¿Entonces, serás mi novia Tsukimi?-
-¿No…novia?-
-Claro, haremos vestidos, podremos ir de compras juntos y salir a comer y…-
-¿No te daría vergüenza tener una novia como yo?- allí estaba su inseguridad otra vez.
-Ya basta con eso, eres hermosa y me gustan un montón-
-B…bueno-se sonrojó-sí, seré tu novia-los dos se abrazaron y se quedaron allí, en su lugar feliz. En los brazos del otro.
FIN
