Hey, un placer fandom del hermoso ship Elsanna, esta es una pequeña historia que contara por mucho con tres partes, espero sea de su agrado…
ADVERTENCIA: ESTA HISTORIA SE AMBIENTA EN UN UNIVERSO OMEGAVERSE Y, SI AUN NO ES CLARO, LA PAREJA PRINCIPAL SERA ELSA x ANNA.
Si esto no es de tu agrado puedes darle a la flecha superior izquierda
Mi amor nórdico.
Capítulo 1
POV. Elsa:
Comencé a escuchar el sonido característico de la alarma que indicaba que debía despertar, alcanzando mi celular la apagué y vi la hora que indicaba.
08:45 AM.
Llevé mis manos a mi cara y procedí a dar palmadas en mis mejillas para poder despejar mi aun somnolienta mente, la cama se sentía tan cálida, pero debía aprovechar este día de la mejor manera. Aprendí a atesorar cada rayo de luz que se puede obtener en los crudos inviernos de Noruega y no podía desperdiciarlos quedándome en cama.
Me dirige al closet, buscando un conjunto de ropa térmica, algún gorro que cubrirá bien mis orejas y un pantalón grueso que me ayudara a soportar bien el helado exterior, nunca me molesto el frio realmente, pero no podía confiarme en esta época de mi increíble capacidad para resistir este, ya que llegar con el doctor más cercano era un reto con los pocos medios de transporte que se contaba en esa temporada.
Con las prendas que buscaba en mano fui al baño para poder hacer mi típica trenza de lado para que mi pelo no se quede como roca después de un tiempo fuera de casa. Me cercioré de que mi platinada cabellera estuviera, al menos, un poco en orden, ya que solía ser un caos por lo abundante que era.
Con aun bastante pereza me coloque la ropa térmica, mi casa estaba acondicionada perfectamente para ser lo mas cálida posible en invierno, a lo cual suelo estar en ropa interior siempre que estoy aquí. Era una de las razones por las que me gustaba vivir sola, yo ponía las reglas.
Revisé que mis prendas estuvieran en su sitio y sin alguna posibilidad que entrara nieve en ella, fui rumbo a la puerta y tomé la chaqueta más abrigadora que estaba colocada en el perchero, la prenda destacaba más por ser azul cielo de entre mi ropa negra, también me coloqué mis guantes y ahora si, estaba dispuesta a dar un paseo junto a Olaf, mi hermoso husky albino.
—¡Olaf, paseo! — comencé a escuchar el característico sonido de las uñas contra la madera del piso de la sala, fue cuestión de segundos para que Olaf estuviera a mi lado con su correa en el hocico.
—Buen chico, tu eres un muy buen chico. — Comencé a acariciar su lomo con mi mano izquierda mientras que con la derecha coloqué la correa correctamente.
Al terminar de revisar que todo estuviera bien con Olaf y no se me olvidaran las llaves de la casa, abrí la puerta dejando que mi amigo jugueteara con la poca nieve que se encontraba en el pórtico en lo que revisaba que estuviera bien cerrada la casa. Tome de nuevo la correa y comenzó así nuestro pequeño paseo. Como suele pasar en estos paseos sin ruta me perdí un poco en la tranquilidad que me rodea.
El decidir vivir en el pequeño pueblo de Reine fue una decisión alocada y que mi madre tras casi 3 años seguía esperando que volviera a Nueva York a mi antigua vida, pero estoy completamente segura de que no será así.
Vivir junto a la gran manzana desde pequeña años fue algo que no cambiaria por nada, me encantaba salir a dar un paseo, visitar museos, ir a alguna obra de Broadway, la ciudad que nunca duerme es un sitio donde puedes conocer infinidad de cosas muy únicas. Pero comencé a cansarme, no me sentía bien en aquel lugar, simplemente no me sentía en casa.
Cuando me di cuenta de este vacío decidí tomar la mejor decisión de mi vida, armando una maleta con mis pertenencias más preciadas y comprando el primer boleto con destino a Noruega me aventuré a lo desconocido. Camino al aeropuerto les avise a mis padres el alocado plan, no los deje ni hablar por la emoción ya que solo quería irme lejos de ese sitio.
Al llegar a Noruega no fue difícil comunicarme, mi madre al ser noruega se encargó que desde pequeña hablara, entendiera, escribiera y leyera muy bien el idioma. Aunque visite alguna vez en el pasado este hermoso país, no duraban más que algunos días y solo íbamos a Oslo, donde la familia de mi madre se encontraba.
Al llegar a Oslo tome el primer vuelo nacional que saliera, no se si el destino o mi suerte me dirigió a las islas Lofoten. Un poco más tranquila en mi segundo destino busque posibles lugares donde hospedarme y encontré una cabaña preciosa y a un buen precio a tan solo 20 minutos del pequeño aeropuerto, llegando de esa manera a Reine, un pueblo de apenas unos 400 habitantes de los cuales la mayoría de ellos eran pescadores.
Aún recuerdo el regaño que me dio mi madre cuando volví a comunicarme con ella.
—Como te atreves a irte tan de repente Elsa Winter —Tuve que alejar un poco mi odio del celular por tal grito, que, a decir verdad, lo esperaba. Ella me demostró que no por ser Alfa no puedo temerle a un Omega y menos si esa Omega es mi madre. —No eres una niña hija, tienes casi 24 años por favor, ¿qué pasara con tu trabajo? ¿cómo te ganaras la vida allá?, tantos sacrificios que hiciste en la universidad y en tu trabajo el cual es muy bueno para que huyeras sin decirle a nadie nada.
—Madre, tranquila, se que suena muy alocado, pero necesitaba hacerlo, quería salir de la ciudad, poder conectarme conmigo misma por primera vez.
—¿Acaso nunca fuiste feliz con nosotros?
—No digas eso mamá, papá y tu son lo mejor que tengo en esta vida, pero quiero encontrar mi destino por mi misma, quiero tomar las riendas esta vez de lo que estoy haciendo, igual si las cosas no salen bien sé que ustedes estarán esperándome con un buen jalón de orejas y una taza de chocolate caliente en casa — Escuche ligeros sollozos de mi madre. —No llores mamá, estaré bien lo prometo.
—Supongo que era cuestión de tiempo que decidieras volar completamente sola, mi pequeña cachorra, te amo hija, no dudes en hablarnos si necesitas algo esta bien, lo que sea nosotros siempre estaremos para ti.
Ahora 3 años después de esa llamada y mi madre incluso ha venido a visitarme en verano cuando es que Reine recibe a diversos turistas que quieren conocer un lugar digno de postal.
Desde que tengo recuerdo mis padres me inculcaron un sentido de responsabilidad y orden magnifico, gracias a los cuales en mi temprana edad tuve ahorros en una cuenta bancaria, la cual con la ayuda de mis padres tenia como principal destino pagar mi universidad, pero al entrar a la Universidad Columbia en la carrera de filosofía y con una beca de casi el 65% por excelencia académica, fue una cuenta que no fue necesario usar tanto, pero mi buen habito seguía conmigo.
Después de graduarme con honores y muy buenas recomendaciones de parte de profesores tan solo con 22 años busque una editorial que me permitiera explotar mi lado creativo de la mejor manera.
Aunque hubo días en donde pensé que no sería tomada en cuenta por algún lugar, llegue a la editorial Arendelle que me abrió las puertas y me brindo la ayuda necesaria para publicar mi primer libro. Fue una emoción inigualable ver como mi primer libro se vendió excelentemente, recibiendo buenos comentarios del público, así como reseñas de reconocidas personas del medio.
Gracias a las buenas ventas de este mi cuenta fue aumentando, no me gustaba gastar en cosas innecesariamente caras, algo que también aprendí de mis padres. Mi padre era un líder nato, no solo por su condición de Alfa, sino que en negocios era un hombre reconocido y que muchas personas buscaban para ser asesorados en sus finanzas empresariales o personales. Aún con un sueldo excelente, mi papá me enseñó el valor de ganar las cosas, es cierto que teníamos algunos lujos, un buen departamento en Nueva York y buenos carros lo demostraban, pero nada demasiado llamativo.
Gracias a ese ahorro no me fue difícil comprar una hermosa casa en Reiné, comenzando así una nueva etapa.
Al inicio fue difícil, la casa necesitaba atención las 24 horas los 7 días de la semana para que brinde las mejores condiciones, limpiar nieve, ir por leña para la chimenea, estar pendiente de que la circulación de agua no se congele, entre otras muchas cosas era algo tedioso al inicio. Pero después se hizo parte de mi rutina.
Gracias a mi madre y su idea de renovación conseguí un sistema de calefacción muy bueno que me permitió no estar siempre pendiente de lo que faltara en casa, ahora se sentía un clima cálido y agradable dentro de ella siempre.
Y también mi madre fue la que me dio a mi dulce amigo Olaf, con la excusa de que junto a él no estaría sola. Le agradeceré infinitamente por ese adorable obsequio ya que fue cierto, no me sentía sola con Olaf.
Saqué mi celular del bolsillo de mi pantalón y vi que habían pasado 55 minutos de recorrido.
"Vaya, ahora si que me deje llevar por un buen tiempo."
—Hey chico, que te parece si vamos a visitar a Oaken — Movió su cola con bastante emoción. — Esta bien, vamos a saludarlo.
Gracias a que Olaf conocía los alrededores de la casa muy bien en los paseos no se alejaba mucho, y menos si me notaba perdida en mis pensamientos.
Comenzamos a caminar a la pequeña tienda que le pertenecía a mi amigo Oaken, un Alfa enorme en aspecto y una igual de enorme alma dulce.
Al ver el local Olaf comenzó a jalonear la correa y lo solté para que fuera a saludar a nuestro amigo y el perro de este. Oaken tiene un labrador dorado llamado Marshmallow muy lindo el cual era amigo de travesuras de Olaf en muchas ocasiones. Eran una bomba de tiempo en la cual algo siempre salía roto. Olaf comenzó a rascar la entrada anunciando su llegada y yo abrí para que pudiera hacer de la suya con su perruno amigo.
—Oaken, ¿estás ocupado? — Busque con la mirada entre las estanterías de la tienda.
—Elsa querida, para nada, pasa, sabes que estás en tu casa — Vi como se alzó de haber estado agachado acomodando algunos productos en la estantería. Como siempre estaba usando su suéter de lana hecho a mano y unos gruesos pantalones color caqui, al estar en la tienda siempre usaba unas cómodas pantuflas de interior.
—Gracias, vine por las provisiones que te había pedido, espero no te haya causado molestia conseguirlas.
—Para nada, sabes que puedes contar conmigo para estas cosas — Camino detrás del mostrador y tomo del piso una caja la cual coloco ahora sobre el mostrador. —Cheque que estuviera todo lo que me habías pedido en la lista, si quieres puedes ver por ti misma si algo falta.
—Confiaré en ti amigo, gracias por esto y quedo el pago hecho a tu cuenta, como siempre.
—Gracias, si quieres puedes llevarte el pequeño trineo y yo paso más tarde por el, solo déjalo en el pórtico.
—Tomaré tu oferta, se ve pesada y con Olaf sería un caos llegar, nos vemos luego y gracias de nuevo. — Tomé la caja del mostrador y con un poco de esfuerzo abrí la puerta.
—Cuidado de regreso y trae luego a Olaf para una cita de juegos con Marshmallow.
No pude evitar soltar una carcajada al escuchar esa frase y asentí en su dirección.
—¡Olaf, ven amigo, despídete de Oaken y Marsh que debemos ir a casa! — Olaf apareció junto a su amigo y le ladró en forma de despedida a ambos.
Ubicando con la mirada el trineo caminé hacia el y acomodé la caja verificando que no se llegara a caer. Le coloqué la correa a Olaf y tuvimos el recorrido más corto, gracias a la velocidad del trineo el cual era impulsado por una de mis piernas.
Al llegar a casa solté a Olaf de su correa y abrí la puerta para después volver al trineo por la caja y ponerla en la sala. Volví a salir para acomodar el trineo en el pórtico y limpiar el poco de nieve que quedó en este.
Al estar en casa de nuevo me quite las prendas gruesas y el gorro, quedando así más ligera y cómoda para hacer movimientos. Fui a la cocina para prepararme un abundante desayuno, no me gusta desayunar cundo apenas voy despertando y siempre espero un poco más para poder hacerme un desayuno más completo después.
Olaf me veía con esperanza de que le diera un poco de mi comida, ante la mirada tam tierna no pude evitar no caer y le di un pequeño pedazo de pan. Lo tomo tal cual ladrón y se fue de la cocina. Solo negué con mi cabeza y tomé el celular para ver mi correo del día.
Casi todo era normal hasta que note un mensaje de mi editorial.
Buen día, Sra. Winter
El siguiente mensaje es con el motivo de confirmar su asistencia con la nueva editora el miércoles en la ciudad de Oslo.
Agradecemos su atención y estamos atentos a su respuesta.
Atte: Editorial Arendelle.
Diablos, casi olvidaba la junta con la nueva editora que me asignaría la editorial, ya tenia el boleto de avión para ese día, solo faltaba pedirle el favor a Oaken de qué cuidara a Olaf por ese día en lo que estaba fuera de Reiné.
Extrañaría a la anterior editora, Honeymaren, era una chica agradable y linda, al inicio fue algo raro ya que logré percibir que se ponía nerviosa al verme, primero pensé que al ser yo una Alfa y ella una Beta la intimidaba y esa sería la razón, pero me sorprendió un poco después al saber, por propias palabras de su hermano Ryder, que era mi representante, que en realidad ella estaba flechada por mi.
Fue un poco incómodo después pero luego de unas cervezas juntas logramos hacernos buenas compañeras y esto fue muy bueno para el trabajo. Después me dijo que asignarían a otra editora ya que ella iniciaría sus cursos de posgrado en California. Le deseé lo mejor y fuimos por última vez por unas cervezas.
Me levante de mi lugar y limpie todas las cosas que utilice para mi desayuno. Fui por la caja a la sala y la dejé en el piso para comenzar a abrirla. Le había pedido a Oaken conseguir unas pinturas naturales que algunas personas aún hacían, eran algunos cuantos frascos muy bien protegidos. Conseguirlos era algo tedioso y dañarlos sería un error desastroso.
En mis tiempos libres me gustaba pintar, era algo que disfrutaba por puro placer y amor al arte. Pocas personas han visto lo que pinto y realmente no me importa, es algo que considero personal y me gusta que sea así.
Acomodé las pinturas en la caja de nuevo y la hice a un lado para poder salir.
Colocándome de nuevo las gruesas prendas que me protegerían de una posible hipotermia o neumonía y me dirigí al establo donde se encontraba Nøkk, mi hermoso caballo pura sangre blanco. Era un ejemplar hermoso, tan blanco como la nieve que lo rodea. Hoy no podría salir a dar un paseo con el, pero necesitaba checar que todo estuviera bien, que tuviera suficiente comida y agua, además de revisar que la temperatura en su establo fuera la correcta. Al confirmar esto acaricie su hocico y escuchaba su relinchar suave, era su manera de decirme que todo estaba bien.
—Hoy no podré darte un paseo amigo, te dejaré un rato fuera, pero conoces las reglas, no salir de la cerca o asustar a las personas parándote en dos patas — Nøkk solía intimidar mucho por su tamaño, no quería que se repitiera una de esas escenas el día de hoy.
Abrí su establo y salió de inmediato, disfrutando de la nieve, lo dejaré un tiempo así para que también pueda disfrutar de los rayos del sol.
Volví a entrar en casa y me fui a mi estudio en la planta alta, el cual tenía un ventanal enorme con vistas a la zona en donde estaba Nøkk.
Después de verlo trotar un poco comencé con mi trabajo, estaba terminado mi siguiente libro y necesitaba terminar detalles necesarios para llegar con la nueva persona que sería mi editora. Solo sabía que era una linda chica y que era alemana, Ryder no me dijo mucho mas que eso. Espero que sea una buena compañera y nuestra relación sea fructífera para ambas.
Esta historia fue una idea repentina que tuve en medio de mis clases de la universidad, jajaja así bien random todo, para mi sorpresa se mantuvo en mi mente hasta que pude darme el tiempo de escribir y solo comenzó a fluir todo.
Agradecería enormemente si me dejaran un review diciéndome que les parece, si han llegado hasta aquí muchas gracias y nos vemos en la siguiente parte.
Miroslava. 06/03/2020
