El cumulo de cuerpos cubría la tierra marrón desolada que había sido el punto de encuentro de dos tribus que desde el inicio se habían declarado enemigas.
Una era una tribu de bárbaros que vivían saqueando de los demás, matando y peleando, sus normas eran ellos y los débiles debían obedecer.
La otra tribu era un grupo de nómadas, que habían descubierto el ciclo de la vida vegetal, el beneficio de la agricultura, la ganadería, el comercio y sobre todo tener una base, un hogar al que pertenecer y el gratificante sentir del trabajo.
Dos tribus diferente que se habían cruzado por obra del destino, la tribu nómada prefirieron estar lejos de ellos, gracias a la decisión del líder pudieron encontrar un paraíso territorial, donde las tierras es bendecida y un riachuelo abundando de peces, un bosque lleno de animales salvajes que abundan carne y grande para alimentar a un grupo de persona. Era un paraíso, su propio paraíso que no dudaron en crear una cerca de piedra de estatura hasta su cintura, hacer choza para cada familia, hacer cerca para el ganado de ovejas, cultivar y sobre todo defender su territorio, si hacia falta con sangre.
La decisión de los hombres de la tribu por defender el hogar de sus hijos y mujeres fue como agua ardiente para no temer a la muerte. Muchas vidas de la tribu nómada cayeron pero la cantidad era igual con los bárbaros que por primera vez en la historia retrocedieron.
Los nómadas sobreviviente se quedaron para llevar los cuerpos de los caídos a las mujeres para que lloren, enterarlos y rezar por su alma; acudir a los heridos y enterar al enemigo en un hoyo.
Uno de los nómadas, quien tenía dos heridas en el rostro que había sido limpiado de manera rápida, entre buscaba entre los cuerpo a algún sobreviviente, su sorpresa fue notoria al remover algunos cuerpos caídos de su amistad en una carroza al encontrar un cuerpo femenino manchado de sangre, un rostro jovial y hermoso con unas largas pestaña y el cabello rubio como el sol, su pecho que sobresalía de ese pequeño trapo que solo cubría las partes esenciales, subía y baja muy lentamente, casi imperceptible para el ojo inexperto. Sin duda estaba desmayada y de una manera beneficioso para su tribu, ya que la guerrera mujer era parte de esa tribu bárbara.
-¡He encontrado algo!-Alzo la voz para que su líder girará a verlo, estaba arrastrando una carroza más.-10 nuestro caídos.-Primero dijo, el líder rubio de ojos azules asintió no muy agradable con la noticia.
-En total de caídos 27.-Logro decir. Miro las carrozas, solo dos de ellos.- De heridos tenemos 24.
-Eramos 60 guerreros.-Dijo lamentable un hombre moreno alto.-Pero dinos Shikaku que has encontrado.
-Es un enemigo.-Dijo, se dio la vuelta y cargo el cuerpo, fue hasta ellos para que la vean. Cargada como un peso muerto se encontraba una mujer de una tez clara, labios entre abierto y cuerpo esbelto pero torneado.-Sí no me equivoco estaba en la primera fila de los bárbaros, cerca de aquel pelirrojo. Debe tener mucha información para darnos y acabar con esa tribu.
-Bien pensado.-Felicito el líder.-Debemos irnos.
...
El agua fría de golpe la desperto, agitada con la respiración a mil miro desconcertada a esos rostro varoniles que la miraban en espera, sentía mucho frío, el agua estaba helada, quería abrazarse a sí misma para darse algo de calor, pero sus movimientos fueron detenidos por un amare, giro su rostro atrás, notando que sus manos estaban amarrada detrás a un palo largo y alto, intento moverlo, pero parecía estar enterrado muy profundo.
Una vez al tanto de su situación miro con ojos asesinos, mostrando los dientes a sus enemigos.
-Será mejor que coopere si no quieres que tu lindo rostro quede marcado.-Hablo uno de ellos, tenía el cabello largo suelto y la piel pálida.
-Orochimaru.-Le llamo la atención el rubio. Se hinco enfrente de la mujer que no parecía intimidada.-Te dejaremos libre si nos da información de tu tribu.
-No voy a traicionar a mi gente.-Decreto, y con rabia escupió su rostro.
-¡Zorra!-Gritó uno de esos hombres.
-Jajaja.
-De qué te ríes Orochimaru.-Molesto El moreno alto de cabello negro y de barba lo interceptó.
-Líder.-Ignoro al hijo del antiguo lider.-Namikaze, si lo que quiere es obtener información por la buenas no la encontrará, es mejor dejarla todo el día amarrada en este palo donde pasara hambre y sed. En una semana verá que cooperará.
-En tres días veremos si coopera.-Dictaminó el rubio limpiando el rostro.
"Sed... Tengo mucha sed... El sol... El sol me matará".
La mujer bárbara levanto el rostro arriba para encontrarse enfrente al sol brillando de una forma tortuosa para ella. Había pasado seis días sin agua y sin comida. Las heridas de batalla, al despertar estaban curada pero el vendaje desde que despertó y al no cooperar no se le habían cambiado, le picaba demasiado.
Su estómago gruñó,bajo la mirada.
"Hambre... mucha hambre y sed... quiero beber." Traga saliva ante el pensamiento de comer y beber.
Intento mover sus manos pero el nudo de las sogas estaban apretando mucho sus muñecas, sentía por cada movida un corte, esto debido a su propio sudor y a la calor que hacía, ya imaginaba que al retirar la soga se encontraría con unas marcas horribles.
"Debo aguantar... debo luchar...", se dijo a sí misma, la falta de consumo de energía y el sol en su cabeza le estaba haciendo perder el hilo de su espíritu guerrero, además de las noches frías.
Si miraba a su costado derecho podría ver la actividad de esa tribu que la mantenía cautiva, su vista daba perfecto a la entrada y un poco al corral donde retenía a las ovejas y unas cuantas casas, ella estaba al fondo, casi lejos de ellos, provocando de esta forma que sea una presa fácil para los animales salvajes que vivían en el bosque de su izquierda. En las noches se podía escuchar el lamento de los lobos, y cada noche parecía sentir que los ojos lobuno la estaban vigilando.
No pudo resistir, se dejó caer. Se desmayo nuevamente.
...
El vitoreo de la tribu la desperto, había pasado dos semanas sin beber o comer algo, sentía que sus tripas se estaban devorando a sí misma, sus labios secos le ardían al cerrarlo y al abrirlo, ni que decir del sol, parecía que en sus hombros desnudo tenía ampollas y en su muñecas que en ningún momento la tribu vino a desatar unos segundos.
Apenas podía mantener la cabeza en alto, solo unos minutos la levanto para mirar al lado derecho, en la entrada todos estaban dando la bienvenida a un grupo de aldeanos que venía junto a una carroza tirada por caballos, aplaudían su regreso. Había notado desde la mañana que las mujeres estaban más inquieta, moviendo de aquí para ya, mataron a tres corderos y lo cocinaron, el olor de carne cocinada le llego y no pudo callar su estómago y si tuviera una gota de saliva estuviera babeando. Tenía tanta hambre pero ni así diría lo que comprometiera la vida de su gente.
Solo basto un segundo para notar que uno de los que había regresado miro a su dirección, estaba a una distancia lejana, su visión de halcón era bastante buena pero la falta de alimentación y la calor y el frío, aquello le produjo una gran mella a su sentidos. Solo podía notar figuras borrosas, no quiso seguir despierta, se dejó caer en un profundo sueño.
Incómoda en el lugar que estaba intento apretarse más a sí misma, con las rodillas dobladas ocultando su cabeza para que la brisa fría no toque su labios seco o mejillas. Buscaba calor, sus piernas estaba vestida aun con sus botas largas, pero dejaba gran parte de su muslo al aire libre, la falda era bastante corta y la tela que rodeaba su pecho y se cruzaba entre sí hasta el cuello.
Escucho una rama quebrarse ante el peso de algo que se acercaba. Pensó que eran los lobos, que cada vez se acercaban más a ella. No sintió temor, se sentía débil, con hambre y frío, le dolía el brazo por la postura y las muñecas ya no las sentía. Solo sintió rabia de ser tratada como un animal abandonado, rabia por no poder librarse de la soga, rabia por no luchar. No quería llorar pero tenía ganas, pero no tenía ni una gota de agua, estaba seca.
-Toma.-Escucho cerca, muy cerca una voz susurrante. Pensó estar delirando por lo débil que estaba, negó con la cabeza apretando los ojos con fuerza y mordiendo su labios, el sabor de la sangre le abrió el apetito, bebió de su sangre.-Levanta el rostro y bebe un poco de agua.-Otra vez la voz susurrante cerca, solo levanto el rostro al sentir un tacto acariciar su cabeza de forma suave.
Sus ojos se abrieron de sorpresa al sentir el tacto, su boca se abrió aun más al notar una figura de una persona enfrente suyo. A pesar de la oscura noche pudo identificar el rostro, era uno de los que había llegado esa misma tarde. De sus facciones masculina se podía notar que era joven.
El chico apartó su mano y levanto la cantimplora de piel.
-Bebelo.-Le ordenó gentil mientras que se lo acercaba, ella molesta apartó la mirada.-¿Eh?
-No te diré nada.-Le dijo, pudo salir de su garganta seca, sintió que esa no era su voz, parecía de una anciana débil. De una enferma.
-Ya me has dicho algo.
Pasmada la mujer bárbara le miro, el chico sonrió de lado y le acercó de nuevo la cantimplora. La chica acepto.
Como un bebé recién nacido en busca de alimento así se sintió, como una cría que al fin encontró el pecho de su madre. Bebió desesperada, el líquido fresco era una sensación única que había pedido hace días atrás, sentir que bajaba por su garganta rasposa, llenar de su cuerpo de esa tibieza que bajaba hasta su estómago. Su desesperación de beberlo provocó que el agua salga de su boca como un río bajando hasta su mentón y siguiendo el recorrido hasta perderse en el cuello de su blusa.
-Hey tranquila.-No parecía molesto, más bien divertido, le apartó la cantimplora. La mujer gruñó molesta siguiendo con la cabeza el bebedero, hasta que sus brazos le impidieron.-Tienes que comer.
La chica volvió a mirarlo pasmada, observó al chico curiosa que desenvolvía un trapo enfrente de ella. Sus ojos verde azulado brillaron y su boca se le hizo agua al presenciar el pedazo de carne, arroz y frutas.
-Es lo poco que he podido sacar. Lo suficiente para que nadie se entere.-El joven hombre le guiño el ojo. Con su mano desprendió un poco de la carne y lo dirigió hasta la boca de ella que no le importó la forma en que le daba de comer, la abrió y la cerró de inmediato mordiendo los dedos del chico que apretó la quijada.-Ite.-La chica con una risa malvada abrió la boca dejando que los dedos masculino se salga. Lo vio sacudir.-Tsk, ya veo que tus dentaduras son iguales a los de los lobos.-Miro sus dedos, allí se notaba las huellas de los dientes.-Que problemática que eres; será mejor que coopere.-Esa palabra le recordaron al primer día que despertó amarrada y frente a esos hombres. Bajo la cabeza.-No puedo desatar, si lo desató y te vuelvo amarrar, ellos se darán cuenta y pueden acusar a otros de traidor y es un fastidio tener que explicar todo.-Esta vez saco un poco de arroz, lo dirigió a la boca de la joven que la abrió grande, el chico se detuvo dudando.-No vaya a morder.-Suplico.
Había pasado los minutos, su estómago lo sentía pesado y la energía volver, el chico estaba sentado con las piernas dobladas en forma de indio, el plato limpio y la cantimplora ya vacía.
Sin decir nada el chico alzo y limpio su boca borrando los rastro, y sin decir nada, solo le dio una larga mirada; se fue.
Con el estómago lleno volvió a ponerse en la misma postura, apretó sus pecho con sus piernas y con una sonrisa satisfecha por la comida cerró los ojos.
"Ni creas que por esta obra tuya ne hará abrir la boca", se dijo a sí misma durmiendo tranquila.
...
Los hombres volvieron a preguntarle, y volvieron amenazarla que estaría más tiempo sin comer ni beber si no cooperará, ella fingía demencia y desconcierto, había pasado tres días desde que el chico la alimentaba a escondidas, en la noche sin que nadie lo descubra.
Antes de verlo marchar, noto a uno de ellos mirarla de arriba a abajo, de forma pausada como pensando en algo. Tuvo miedo que la descubra, apretó la panza, mirando al hombre que tenía dos cicatriz en su rostro.
Volvía hacer la noche, y antes de alegrarse por los pasos al levantar descubrió que era una mujer que venía, curiosa la miro de reojo. La mujer se sentó sobre una roca que había enfrente de ella, el lobo que la acompañaba se acosto a los pies de ella. Sintió la mirada de la mujer, levanto el rostro para verla, la mujer saco algo del bolsón, una botella y se puso a beber. Ahí supo que sospechaban. El hombre de las cicatriz sospecho y advirtió a los otros. Bajo la cabeza y se mordió los labios, quería mover las muñecas, porque ayer el chico la soltó, remojo sus muñecas en trapos mojados para calmar las marcas y ampollas al igual que de los hombros, dejando los trapos húmedos allí mientras que él mismo le daba de comer. Podía soportar una semana sin comer, pero las muñecas, ese era el dolor más fuerte que sentía y no podía soportarlo.
El lobo se levanto tan rápido y gruñó, la mujer se despertó al igual que la prisionera, el lobo siguió gruñendo al lado derecho, la mujer extrañada se estrujo los ojos y miro detenida al lado donde el lobo parecía dudar en morderlo o solo amenazarlo con sus gruñidos. La chica amarrada sabía de quien se trataba, miro un buen rato al lado derecho buscando su figura en la oscuridad, para luego bajar la mirada.
Desde esa noche, los aldeanos se movieron, ella pudo notar como ponían piedras, enterraban palos. Ella sabía bien lo que podría estar haciendo, querían atrapar al traidor. En su tribu al traidor lo torturaba, agarrando sus extremidades a cuatro caballo que por los latigazos descuartiza al hombre separando de sus extremidades. No sabía que hacía esta tribu de nómadas con los traidores pero sabía que ni una tribu los dejaban vivos. Tuvo pena por el muchacho, no sabía su nombre pero fue el único que se preocupo por ella en toda su vida.
Pensó por la forma en que criaba a sus hijos, había visto que las madres cuidaban de los niños, les dejaban trabajar pero le daba de sus alimentos. Lo abrazaban y le dejaban jugar y los cargaba. En sus tribu la crianza de los niños era diferente, se desprendía del seno materno cuando aprendían a caminar, el siguiente paso era que aprenda a cazar y pensar en sí mismo, no había alguien que te proteja, era tú y nada más. Aunque su madre no seguía esa norma, su padre había dicho que era débil, muy débil que no le sorprendió que muriera al tercer parto.
Borro esos recuerdos deprimente, no podía recordar a su madre, lejano pero a la vez cercano. Era nostálgico.
Al llegar lentamente la noche, uno de los hombres encendió las antorchas alumbrado todo el lado derecho, con desilusión volteo a mirar a otra parte, el dolor de muñeca seguiría y no podría volver a escuchar la voz quejumbroso del muchacho que le sacaba una pequeña sonrisa.
Miro molesta al hombre al oírla hablar.
-Bastarda no me mires así, sabe bien que eres eso, una zorra.-El hombre se río tomando asiento enfrente de ella, sentándose en la roca. No podía ver el rostro del hombre que deleitaba mirando su cuerpo.
No durmió esa noche, de reojo miraba al hombre que se había decidido acostar su cabeza en la roca mirando al cielo estrellado.
Al lado derecho, noto una sombra que de inmediato se oculto, la mujer bárbara achico los ojos, el hombre que supuestamente vigilaba estaba durmiendo, a lo lejos de la antorcha noto unas orejas puntiagudas, era un lobo que se había despertado por el sutil ruido o el olor.
Suspiró agotada.
...
Había pasado tres noches largas sin volver a verlo, la hambre había vuelto pero era soportable al igual que la sed, las ampollas cicatrizada nuevamente se estaban abriendo por no tener el tratamiento adecuado. Los vigilantes cambían cada noche, la de hoy tocaba un hombre con mirada dura pero regordeta, no dijo nada y se sentó mirando a donde estaban las antorchas, esperaba mientras bebía trago por trago.
Este no le daba ni una mirada, se concentraba en ver al lado derecho, de pronto sintió la tierra temblar un poco, como un peso muerto caer, levanto el rostro en alerta, al mirar a frente noto que el vigilante había caído, de una forma inesperada le había llegado el sueño que no pudo retenerlo, la bebida de su bebedero se derramó al suelo.
Escucho unos pasos acercarse, curiosa volteo a ver al lado derecho, una figura curiosa de orejas puntiagudas y al tamaño de una persona se acercaba, los lobos se despertaron, levantaron la cabeza siguiendo a la figura que estaba yendo hasta su dirección; los lobos no gruñeron ni se movieron, volvieron a acostarse. La mujer bárbara temió que sea una figura pagana de los aldeanos, su dios quien ya deseaba su tributo. Intento desatar la soga que retenía sus muñecas jalando, le dolía pero no quería ser comida de un dios que no servía, prefería arrancarse las manos a ofrecerse.
-Oye tranquila.-Escucho la voz susurrante de aquel chico, se tranquilizó, abrió los ojos notando los marrones de él que la miraba en burla, se molesto que evitó mirarlo.-Lo siento, no quise asustarte.
-Yo no me asuste.-Aclaro volviendo a verlo, encontrando al chico con una mano detrás de su nuca.-¿Qué hace vestido así?
Sobre su cuerpo llevaba un pelaje de lobo, tenía la cabeza, todo, bien cuidado. El pelaje era de color negro.
-Esto.-Agarro una de las patas del pelaje del anterior lobo que tal vez fue un animal grande y orgulloso dominante de su grupo.-La madre de un amigo me regaló por salvar a su tonto hijo.-Le contó destapando la cantimplora, le hizo beber.-Debemos darnos prisa. No se cuanto lo mantendrá dormido.-El chico le apartó el bebedero.
-Creí que lo mataste.
-Tsk, mujer como puedes pensar eso de mi.-El chico fastidiado se limitó a descubrir la tela que envolvía el plato, no notando la sonrisa de ella.-Solo verti en su bebida una droga que le hace dormir, hay una planta que si lo mezcla con otra provoca que uno duerma en contra de su voluntad. Es el padre de mi mejor amigo.
-Que bien, quítame la soga, ya no siento mis manos.-Demandó. El muchacho la miro fastidiado pero obedeció. Dejo el plato al suelo, fue detrás de ella y lo desamarro, ya sabía quien le había echo el nudo, sabía cómo Asuma amarraba.-¿Por qué los lobos no te atacan?-La chica dejo que el envuelva su muñecas con esas tiras de trapo húmedos que le produjo una sensación de alivio.
-La piel del lobo tiene el olor del líder de su manada, solo pueden quedarse quieto.
-Pero su líder no está con ellos.
-El líder de los lobos es la mascota de la mujer de la primera noche te vigilo. Siempre le hace dormir dentro de su casa.
-Vaya, veo que lo tenía todo preparado.
-Siempre estoy preparado. Ahora deja de hablar y come de una vez.
La chica comió, aunque con ayuda, las muñecas no le abedecian, aún estaban adormecida por el largo tiempo que estaba en una misma postura, suerte que con las piernas estaban libres para moverlas y cambiar leve las postura.
Aturdido se levanto, miro a la mujer enemiga que estaba durmiendo amarada con la cabeza agacha, miro su bebedor, vacío, se acerco a la mujer que parecía estar despierta por que solo hizo amago de un intento de levantar su cabeza pero al parecer estaba débil, el hombre con una mano sostenía su bebedor vacío, se agacho, toco la tierra alrededor de ella que curiosa aun agachada la mira miro la mano grandote del hombre que tenía un cabello largo que se asemeja la forma de un cuerpo espín. El hombre palpaba la tierra y la miraba detenidamente, en busca de algo.
La chica reprimió una sonrisa, el chico antes de marcharse, borro todo rastro que lo culparan, molesto se marchó mirando a los lobos que seguían durmiendo.
A la tarde ellos vinieron, el hombre de las dos cicatriz se hinco y de forma bruta sostuvo su mentón apretando sus mejillas, la hizo verlo, con desprecio lo miro. Otro fue atrás de ella; sintió como la soga cedía, temió lo peor, los brazos lo sintió flojo, el hombre que la agarraba del mentón, con la otra mano agarro uno de sus brazos y le obligó mostrar sus muñecas, marcas de la soga quedaron y estaba en un color morado, no al rojo vivo y con ampollas como debía estar.
-Esto es obra de alguien más.-Dijo el de pelo largo meditando.-Cómo líder debes estar molesto que uno de tus súbditos te desobedezcan.-Burló.
-Cállate Orochimaru.-Demandó Asuma.
-Dice que sentía el cuerpo pesado y los párpados.-Preguntó el que la examinaba al hombre grandote entre ellos que con voz fuerte respondió.
-Sí.
- Y de lo lobos no se escuchó nada.-Respondió una mujer de cabello negro y que se veía ruda. La mujer miraba a su lobo que olfatea el lugar.-No encuentro nada extraño.
-¿Shikaku, tienes a alguien en mente?-Ahora sabía cómo se llamaba el hombre que la trataba como un objeto barato, sostenía de forma ruda su brazo, mejilla, mentón, para examinar todo. Y ni hablar de la muñeca.
-Tengo alguien en mente.-Al fin dijo levantándose. Dejándolo como una muñeca de trapo.-Kakashi amarra a la chica.-Ordeno.
-De acuerdo.-Un hombre de cabello blanco y con una paño cubriendo su boca se acercó y volvió a poner los brazos atrás, sintió las cuerdas apresar su brazo. Sentía que pronto una tormenta peor llegaría.
La noche regreso, se sentía más fría, miro al hombre que estaba sentado apoyando su espalda a la roca, mirando el cielo nublado, bebiendo con calma.
Las antorchas encendidas y los lobos durmiendo pero a la expectativas. Ella no apartaba la mirada de ese hombre llamado Shikaku, sentía que él tenía en mente como atrapar al chico que le estaba ayudando. Si lograba desmayarse, ella pediría al chico que la dejará huir, que era peligroso seguir como estaban, que pronto lo descubriría y matarían a él y a ella antes de morir la harían sufrir, en su tribu a las mujeres traidoras las hacían sufrir humillando, y ella nunca quiso morir de esa forma.
Noto como el hombre perdió las conciencia, no pudo notar el bebedero porque cayó del otro lado. Unos minutos largos paso, miro al lado derecho, no apareció el chico.
Cuando sus esperanza se esfumaron, sin apartar la mirada al camino de antorcha, noto las orejas puntiaguda de ese disfraz, deslizó una sonrisa completa en su boca. Los perros se levantaron, y como ayer, volvieron a dormir. El chico no camino hasta ella, se agacho alado del vigilante, por la piel del lobo no noto lo que hacía. Se levanto y se acercó a ella con una sonrisa triunfante.
-Esta dormido.-Dijo destapando la cantimplora, pero antes de poder lograrlo ella lo detuvo.
-Tienes que dejarme ir.-El chico la miro detenidamente. Como si lo que le pedía fuera una locura.-Ellos pronto sabrán que eres tú.
-¿Y adonde iras? Es de noche, sería presa fácil para los animales.-Le acercó el bebedero, ella acepto de mala gana, se moría de sed. Al bajar el bebedero continuo hablando.-Yo también lo he pensado, se que no dirás nada y no te obligare, y dado tu silencio provocará una furia mayor, corres riesgo en quedarte y huir en la noche.
-Tu también corre riesgo.-El chico negó, deslizó una sonrisa arrogante.
-Ya te dije, siempre estoy preparado. Sabía que mi padre daría la vigilancia, y está metido en encontrar al que te ayuda, no cree que sería yo por lo que no me tiene a la mira, piensa que puede ser Naruto o Lee, ellos se vuelven loco por una chica bonita y ya han expresado lo que piensa de ti, lo cual son maravillas.-Le comento guiñando el ojo. Pero la chica se había quedado en una palabra.-He pensado en todo, mi padre se empeña en hacer las cosas bien, la luna esta en su punto, aburrido bebió, como todos, por eso demore más, pero me asegure que este dormido.
-¿Tu padre?-Preguntó aturdida. El chico le miro curioso.
-A poco no te fijaste en el parecido.-Se puso de perfil y con la cabeza en alto, la chica lo miro detenidamente, tenía el cabello sujeto en una cola, no era largo ni corto pero lo suficiente para que algunos estuviera parado como una piña, su ojos angosto y largo, su cejas delgadas y sus labios delgados pero bonitos, la nariz, el mentón casi parecido al mayor pero aún manteniendo la jovialidad en el rostro de él.-Claro sin contar con las dos cicatriz y la barba. Y la altura, la masa muscular. Tsk.-Se quejo. La chica sintió que el chico parecía molesto por no parecer como su padre. Frunció el ceño.
-Eres alto pero un pasota.-No pudo reprimir la risa, el chico fingió enojo pero ríe también.
-En eso tiene razón, de lejos me parezco a mi padre, él siempre sigue las normas nunca lo veo quejarse con las ordenes del líder, aunque con mi madre a veces y siempre se pone a beber, por eso le puse una buena cantidad.-Apunto atrás.-Despertará en la mañana.
-Espero que tenga razón, la mirada que me dio fue una de advertencia.
-Descuida.-Soltó relajado caminando de cuclillas hasta atrás de ella para desatarla.-A las bebida no le puede decir que no, siempre prefiere el alcohol que pasar tiempo conmigo. No paso tiempo con él como lo hago con Asuma, hasta conozco los nudo de Asuma y que en vez de beber prefiere fumar, y a quién le gusta. Asuma me enseñó todo lo que sé, fue más que un mentor.-No quería perder la paciencia pero el nudo le estaba costando.-Que fastidio, no recuerdo hacer un nudo complicado ayer.
-Hoy lo amarró Kakashi, Shikamaru.-Ambos se congelaron, el joven sintió el corazón detenerse, detuvo las manos y subió la cabeza para mirar a la figura paterna que tenía adelante. Los puños apretado al igual que la mandíbula. La chica sintió un temor externo, ¿simpatía por el chico?
-Papá.-Dijo.-Fingiste dormir.
-Sabía que era uno de ustedes, muchachos mirando a la extranjera con deseo, pero ayer todo apuntaba a alguien que no perdería tiempo en sucumbir al deseo, sin dejar rastro, y saber sobre las plantas.-El mayor tomo un respiro.- Shikamaru esta consciente de lo que está haciendo.
El muchacho no respondió, seguía en el mismo lugar, bajo la mirada. La cabeza del lobo ocultaba su rostro, dejando en una sombra.
-¡No piensa en tu madre!-Los lobos se levantaron, caminaron lento, como queriendo cazar hasta ellos.-Eres mi único hijo, ella es nuestra enemiga, su tribu ha dejado en luto a muchas familia.
-Te equivoca padre.-El mayor dio un paso molesto pero los lobos gruñeron. Se detuvo notando el pelaje que le cubría, parecía al lobo mayor que antes lideraba a la banda de lobos que la madre de Kiba cazo.-Ella solo es parte de una tribu que obedece a su líder, si va en contra de las ordenes del líder, si alza su voz para cambiar algo, si se opone a la vida que marca el líder a los demás, ¿qué crees que le harán? Son solo peón de alguien más, un peón que obedece y se sacrifica. Recuerdo que una de tus enseñanza fue que para triunfar hay que sacrificar.
La chica sintió las cuerdas ceder, y sin darle tiempo de asemejar la situación, el menor la arrastró corriendo hasta el bosque, el mayor fue detrás pero los lobos se opusieron, gruñendo.
-¡Tsume! ¡Tsume!
Escucho el grito de su padre atrás, siguió corriendo sin parar entrando en la profundidad del bosque hasta que pensó que ya era suficiente.
Su agitado corazón le exigia descanso, le exigía volver, le exigía escapar. Muchas cosas y no podía hacer nada. Volteo a ver a la chica quien estaba apoyándose en un árbol, recuperando el aire. Su aliento por el frío se notaba, iba casi desnuda y el frío se había quedado en su cuerpo. Sintió un pesado y cálido abrigo. Lo miro, parecía perdido, con la mirada perdida.
-Te dejare con tu tribu.-Le dijo decidido pero aún con la mirada perdida.
-Te dije que me dejara escapar.
-Igual sería lo mismo pero en diferente situación.
Ella acepto en su interior, el hombre había fingido dormir y de seguro que escucho todo lo que hablaron, si volvía todo apuntaría que era traidor, que siempre le ayudo.
-¿Qué hará tú?-Quiso saber.
-No lo sé, ya no tengo un hogar. Debo buscar uno.
Parecía optimista pero la duda en sus ojos mostraba todo su temor, parecía un niño a pesar que le sobrepasaba en altura.
-Ven conmigo, a mi tribu.-El chico negó.
-Será lo mismo, buscarán información más profunda en mí, y será peor la tortura.
-Cada día cortaran un dedo, y si no te queda dedo, un pedazo de tu cuerpo hasta que no puedas moverte y te sucumbira a la muerte.
-Tsk, eres una mujer problemática; yo que te ayudo y tú ya señala mi pronta muerte.
Ambos se miraron retadores, la chica ríe a carcajada y él la sigue.
-Debemos movernos.
-No que era peligroso huir de noche.-Protestó la chica siguiendo los pasos a la par.-Necesito saber donde estamos.
-Ahora no es peligroso.-La chica rodó los ojos.-Mientras que tenga el abrigo, te mantendrá segura.
-¿Por qué lo dice?-Curiosa le pregunto.
- El olor que impregna es de dos lobos alfa, uno de mayor categoría, mezclado. Por eso los lobos se levantaban al acercarme, sentía el olor, la presencia de su antiguo líder que Tsume lo mató al no poder dominarlo, quedando con la pareja del lobo y las manada que obedecen a la hora mascota de Tsume.
-Creí que era amante de los lobos.-Recordó que la primera noche que la vigilo acariciaba a la loba de pelaje gris en la cabeza de una forma cariñosa.
-Sí quieres ser líder, pensando que eres tu la solución para que un grupo sobreviva y siga existiendo, matas al anterior líder para tener su puesto.
-Eso es usurpar.
El chico se encogió de hombros.
-Por cierto mi nombre es Shikamaru, y el tuyo.
-Temari, más te vale que no te olvide de mi nombre.
-Sí sí, problemática.
Hola, espero que estén bien, con esta situación en la que vivimos hoy en día, me he atrevido a publicar una historia que tenía en mente, nació al leer una historia de las cavernas, era bastante agradable y me gusto su narración, y bueno, fue mi inspiración para este pequeño fic de Shikatema, de un capítulo (no se si continuarla, puesto más lo analizó y la obvia respuesta de ambos personajes que al pertebecer a dos tribus diferentes y enemigas, la tienen difícil, hasta Shikamaru lo indica).
Esta pequeña historia lo tenía guardada, sin saber si darle una oportunidad de que vea la luz, al fin me animé, la razón: prefiero arrepentirme por hacerlo que por no hacerlo, después de todo uno sólo vive una vez en la vida...
Siento que aún me falta mejorar, por eso me disculpo por mi mala gramática y ortografía (si encuentra), y sea bienvenidos sus comentarios para poder seguir puliendo esta piedra enbruto que deseo brillar.
Sin más que escribir, el deseo que se cuiden y el deseo que todo esto se termine... Nos veremos pronto.
