Disclaimer!:
Los personajes que aparecen en esta historia son propiedad de Hajime Isayama.
Derechos reservados sobre la trama.
Advertencias:
·Palabras malsonantes.
Capítulo 1
Sonreí al leer el comentario de una de mis seguidoras en mi última foto de Instagram. Me mordí el labio y rodé sobre el colchón haciendo que mis sábanas quedaran hechas un auténtico desastre, improvisando la pose "casual" que capturaría para mi siguiente publicación.
Quedé boca abajo, estiré el brazo izquierdo todo lo que pude y preparé la cámara delantera antes de que mi mano derecha simulara una infructuosa búsqueda de contacto real con mis followers.
Odiaba los selfies. Profundamente además. Era algo que todo el mundo podía hacer... No tenías que saber absolutamente nada de fotografía para poder tomar uno medio decente y eso me ponía enfermo. Detestaba que algo tan especial como era mi trabajo pudiera ser realizado por cualquier paleto, pero no tenía problemas en reconocer que eran realmente útiles para según qué casos. Hay personas que necesitan un café bien cargado para poder hacerle frente a una pesada mañana... Pues bien, yo necesitaba halagos de personas que no conocía. No es tan raro, ¿verdad?
Apliqué un filtro que mejoró a duras penas la calidad de la imagen y la publiqué junto con un breve texto.
"Me casaré con la persona que me impida ir a trabajar hoy. Quiero que alguien me obligue a pasar el día en la cama".
Volví a acostarme y dejé mi móvil en la mesita de noche. Aún era temprano y todavía podía permitirme el lujo de dormir un poco más. Me despertaría a eso de las diez, me daría una ducha y desayunaría leyendo los comentarios con los que mis fans habrían bombardeado mi publicación.
Dejé que un gemido placentero escapase de mi garganta en lo que me estiraba bajo las sábanas. Dediqué los siguientes dos segundos a buscar una nueva postura con la que rendirme en los brazos de Morfeo y maldije mentalmente a la humanidad en cuanto escuché a Petra abrir la puerta de mi habitación sin haberse tomado la molestia de llamar, despertándome con un tono de voz tan alegre que resultaba jodidamente irritante para alguien que solo pretendía apurar sus últimas horas de sueño diarias.
Decidí que hacerme el dormido era la mejor opción porque quizás a ella le diera pena y me dejara en paz. No me moví y tampoco abrí los ojos para saciar la curiosidad que me provocaba saber qué hacía a esas horas en mi cuarto. Aunque a decir verdad, tampoco me interesaban mucho sus motivos... Solo quería volver a dormir sin preocupaciones hasta que la alarma me taladrara los tímpanos.
Petra levantó la persiana y abrió las cortinas para dejar que una tímida luminosidad inundara mi habitáculo. Decir que se dejó caer con violencia sobre mi cama sería quedarse corto. La chica comenzó a hacerme cosquillas por encima del edredón nórdico
—Petra, déjame dormir —rogué con una falsa amabilidad—. Aún tengo sueño...
—Me casaré con la persona que me impida ir a trabajar hoy —citó y yo la miré con el rostro parcialmente tapado por mis sábanas—. Quiero que alguien me obligue a pasar el día en la cama. —Terminó con una sonrisa, sentándose sobre mi estómago.
—No te burles de mí.
— ¡No lo hago! ¡Solo estoy recitando las frases que una persona muerta de sueño ha escrito hace dos minutos en Instagram! —se defendió.
—Ya... —Volví a mirarla, esta vez levantando una ceja—. ¿Qué quieres?
—Que vengas a desayunar. —Dibujó con la punta de su dedo índice círculos en mi pecho.
—Paso, prefiero dormir.
Y me tapé hasta arriba con la esperanza de que comprendiera sin problemas que mis ojos se morían por seguir descansando y que para satisfacerlos tenía que largarse de allí.
—No me hagas esto Eren. —Botó sobre mí—. Lo he preparado yo misma...
Abrí los ojos de golpe, mosqueado por lo que acababa de escuchar, y me incorporé como si hubiese escuchado a alguien gritar que el edificio se encontraba en llamas. Hubiese apostado la mitad de mi sueldo a que tenía la expresión descompuesta mientras miraba a Petra a los ojos.
— ¿Qué has roto esta vez? —pregunté con temor, inseguro sobre si realmente quería saberlo—. Petra, falta poco para que nuestro contrato de alquiler termine y el casero no va a querer renovarlo ni de broma con nosotros porque hasta un elefante es más cuidadoso que tú.
— ¡No he roto nada! —Volvió a botar sobre mí, haciendo un puchero—. Solo quería prepararte el desayuno...
La miré con desconfianza y no me hizo falta leer sus ojos para saber que había gato encerrado. La conocía mejor que nadie y aquel acto de generosidad ilimitada escondía algo.
— ¿De verdad? —insistí, levantando una ceja.
Sus brazos rodearon mi cuello y comenzó a balancearse sobre mí con gesto suplicante.
— ¿Vas a venir a desayunar o no? —cuestionó cuando nuestras frentes entraron en contacto.
—No tengo opción, ¿verdad?
—Puedes negarte, pero si lo haces tienes que saber que pienso atarte a la cama y darte el desayuno yo misma —dijo mientras sus dedos índice y corazón caminaban sobre la piel de mi brazo desnudo.
Me relamí para volver a morderme el labio y eché la cabeza hacia atrás.
—Eso no suena nada mal...
Sus mejillas se encendieron instantáneamente y me dio un manotazo que solo sirvió para que yo estallara en carcajadas mientras ella se tapaba la cara con las manos, avergonzada perdida.
—Eres un maldito pervertido, Eren...
—Qué injusta. ¡Si has empezado tú!
Separó los dedos y me miró a través de ellos, resistiéndose a mostrarme el sonrojo del que me declaraba culpable.
—Lo de atarte no lo decía en ese sentido...
—Petra. —Dejé de apoyarme sobre mis manos y me incliné sobre ella para tomarla de las muñecas con suavidad—. ¿Por qué te tomas mis juegos así? Ya deberías conocerme.
Conseguí que dejara de cubrirse el rostro y me mirara los ojos. Tal y como pensaba, sus mejillas seguían teñidas de un carmesí adorable y por un segundo quise morderlas.
—Precisamente porque eres un jugador...
— ¿Quieres que empecemos de nuevo? —propuse con una sonrisa juguetona.
Ella desvió la mirada y escondió las manos a tras su espalda, moviendo los hombros como si fuese una niña indecisa por culpa de dos dulces opciones.
—Te he preparado el desayuno —respondió, volviendo a colgarse de mi cuello.
—No tengo opción, ¿verdad? —pregunté con una sonrisa en los labios, recreando nuestra anterior conversación.
— ¡Eren! ¡Dijiste que empezaríamos de nuevo! —Volvió a darme otro manotazo y este sí que dolió.
— ¡Auch! Petra, esto ya es maltrato, ¿eh?
—No me vengas de delicado ahora —advirtió con una mirada pícara—. Ambos sabemos que has hecho cosas peores en esta cama.
Touché. Zasca. Tocado y hundido. Clínicamente muerto.
— ¿Quién está jugando ahora?
Petra se encogió de hombros sin poder evitar esbozar una sonrisa. Besó mi frente con dulzura y tiró con suavidad de la llave que llevaba colgada al cuello.
—Vamos, Eren —dijo con pesadez, obligándome a abandonar mi preciosa cama.
—Haciéndome esto solo estás consiguiendo que no me quiera casar contigo —respondí haciendo referencia a lo que había publicado minutos atrás en Instagram.
Petra se bajó de la cama y me destapó con violencia y sin ningún tipo de piedad, dejando que mi cuerpo tiritase al sentir la frialdad del despiadado mundo que se desplegaba fuera de mi cama.
—Creo que podré vivir con la pena. —Me miró de arriba abajo, mordiéndose el labio en cuanto llegó a la altura de mi cintura—. Y ponte algo de ropa antes de sacarte otra foto a menos que quieras reventar Instagram.
Sólo entonces recordé que estaba tal y como mi madre me trajo al mundo, sin una pizca de algodón que cubriera mi cuerpo.
—Me gusta sentirme libre en la cama —respondí casi sin inmutarme ante el hecho de que ella me estaba observando en todo mi esplendor.
Petra sonrió a medias y me arrojó a la cara una de los almohadones que yo había tirado al suelo la noche anterior.
— ¿Estás segura de que no has roto nada? —pregunté al observar la mesa del comedor.
Ella suspiró con pesadez y rodó los ojos antes de poner los brazos en jarra.
—Ya te lo he dicho, Eren. No rompí nada... ¿Necesitas que te lo apunte?
— ¿Pero tú has visto cómo está la mesa?
—Sí, ¿qué problema tiene?
— ¡Que a lo mejor se rompe por toda la comida que tiene encima! No es normal que cocines y menos que lo hagas en estas cantidades industriales... ¿Es que has invitado a un escuadrón de soldados y no me lo has dicho?
—Venga, deja de decir tonterías y siéntate. —Me empujó hasta una de las sillas como si fuera mi madre y sólo le faltó acercarme a la mesa y ponerme un babero—. Puedes comer todo lo que quieras. —Me invitó con amabilidad.
Volví a observar la comida que se extendía ante mí y tuve que relamerme los labios al toparme de lleno con unas esponjosas tortitas con caramelo. A la mierda la dieta y a la mierda todo. Los dulces eran una de mis muchas debilidades y aquella mañana no estaba dispuesto a resistirme.
Me serví tres de golpe y comencé a cortarlas con delicadeza bajo la atenta supervisión de Petra, que esperaba con auténtica ansiedad un veredicto. Positivo a ser posible.
Llevé el trozo diseccionado a mi boca y lo mastiqué entre muecas extrañas que hice a posta.
— ¿Qué tal? —preguntó inclinándose sobre la mesa, quedando más próxima a mí.
—Comestibles para ser tuyas —dije después de tragar.
— ¿Comestibles? —preguntó casi al borde de las lágrimas—. No puedes decirme que la comida está "comestible" después de haberme pasado dos horas en la cocina haciendo todo esto para ti...
Petra era una persona sensible a la que cualquier mala crítica le afectaba sobremanera. Después de todos estos años a su lado, sabía que le faltaban segundos para echarse a llorar por unas palabras que la habían atravesado de lleno.
—Era broma, mujer —reconocí con una sonrisa—. Ah, no te pongas así...
—Qué tonto eres. —Se mordió el labio inferior por la rabia que le daba haber caído en mi tomadura de pelo.
Continué comiendo mientras ella me miraba con satisfacción hasta que me animé a descubrir el porqué de todo aquello.
—Puedes disparar ya.
—¿Eh?
—Que sé perfectamente que tienes algo que decirme —precisé—. No es normal que te hayas tomado tantas molestias en prepararme un desayuno digno de un rey si es que no has roto nada...
Ella sonrió tímidamente y se pasó el pelo por detrás de la oreja con feminidad.
—Quedan treinta días para que se termine nuestro contrato de alquiler.
La miré antes de dar un sorbo al vaso de leche para poder pasar las toritas.
— ¿Qué problema hay? Vamos a renovar, ¿verdad?
—No exactamente...
— ¿Qué ocurre? —Me interesé, dejando de comer al instante—. ¿Ha dejado de gustarte este lugar y quieres que nos mudemos a otro sitio?
Ella me contestó con una suave negación de cabeza.
—No se trata de eso.
—¿Entonces?
—Erd me ha pedido que viva con él.
Dejé caer los cubiertos ruidosamente sobre el plato y miré a Petra en estado de shock. Aquello tenía que ser una jodida broma matutina... Sí, eso tenía que ser. Ella no podía irse así sin más y dejarme completamente solo.
— ¿Estás bien? —cuestionó preocupada.
—Dime que esto es una broma.
Petra se mordió los labios antes de lanzarse a hablar.
—Eren, ya sabes que Erd y yo llevamos algunos años saliendo y queremos formalizar aún más nuestra relación —explicó de manera pausada—. Los dos creemos que es un buen momento para dar el paso.
Suspiré con fuerza y me masajeé la frente con los dedos de mi mano derecha. Toda esa mierda me estaba sobrepasando.
— ¿Estás enfadado conmigo?
—Yo nunca podría enfadarme contigo por estar enamorada y querer vivir tu propia historia, Petra —respondí, haciendo que ella suspirase de tranquilidad—. Lo que sí que estoy es molesto... Podrías habérmelo dicho antes, que para algo somos amigos íntimos.
—Tienes razón y lo siento por ello —reconoció, llevándose una mano a la altura del corazón.
—Ahora tendré que buscar un apartamento nuevo y odio eso... Recorrerme un montón de hogares vacíos en compañía de un agente inmobiliario no es una de mis aficiones favoritas...
— ¿Por qué no te quedas aquí? Es perfecto.
—Es demasiado grande para mí solo... Además, no me puedo permitir pagar un alquiler tan alto. Estaría asfixiado todos los meses y no quiero eso.
— ¿Y por qué no compartes piso con alguien más?
—Ni de coña —me negué en rotundo—. No me pidas que conviva con alguien más cuando ya me he acostumbrado a ti. —Ella sonrió por mi halago—. Aunque pensándolo bien, es una buena oportunidad para vivir solo...
—Te ayudaré en la búsqueda de tu nuevo hogar. —Se ofreció de inmediato.
—No te preocupes —decliné su ayuda—. Debes estar ocupada preparándolo todo con Erd y no quiero molestarte.
—Eren, somos amigos... Es lo mínimo que puedo hacer por ti...
—Va a ser una lata —le advertí.
—No me importa.
—Está bien... Si te empeñas, lo haremos juntos. —Terminé por aceptar.
—Genial. —Volvió a dibujar esa sonrisa dulce en sus labios y miró su reloj de pulsera—. ¡Ah! ¡No puede ser tan tarde! —exclamó levantándose a toda prisa.
—¿Tarde para qué? —pregunté mientras la seguía por el salón hasta llegar a la entrada.
—Si todo sale bien, el estudio firmará hoy un contrato millonario —explicó mientras se ponía el abrigo.
— ¿Contrato millonario? ¿Por qué no me has contado nada? Ya no tenemos la misma confianza...
—Contactaron conmigo ayer a última hora de la tarde. —se defendió, peinándose con los dedos frente al espejo de la entrada.
Me encogí de hombros, dejando mi cuerpo en una pose abatida. Petra me miró y se lanzó a abrazarme mientras dejaba que sus dedos se movieran entre mi pelo.
—Sabes que te quiero, ¿no?
—Me quieres menos que a Erd.
Mi amiga se separó de mí y me miró a los ojos con una sonrisa burlona.
—Qué tonto eres.
—Tienes que aceptarme así, ya no se admiten devoluciones.
—Creo que no tendré demasiados problemas con eso... Por cierto, no podré estar contigo en la sesión de hoy, ¿podrás arreglártelas sin mí?
—La duda ofende, querida. —Me crucé de brazos, alzando en mentón—. Estás delante del mejor fotógrafo del país. Yo no necesito nada más que mi talento y una cámara para que una sesión salga bien.
—Egocéntrico —comentó entre risas.
—Y a mucha honra —reconocí.
Ella terminó de abrocharse el abrigo, dándome un casto beso en los labios para despedirse de mí. Esa era una de las cosas que más descolocaba a la gente, que siendo amigos careciéramos de algún tipo de complejo para besarnos o caminar agarrados de la mano en público.
Pero por mucho que la gente hablara, porque hablaban y no precisamente para bien, a nosotros nos daba igual. Nos gustaba hacerlo y Erd nunca se opuso a nuestra particular forma de demostrar cariño. Estaba muy seguro de que Petra moría por él y de que a mí ella no me excitaba lo más mínimo. Las posibilidades de que los dos sucumbiéramos a un calentón y acabáramos haciendo cosas R18 en una cama o cualquier otro lugar eran más que nulas.
—Nos vemos luego —dijo antes de darme el último pico de la mañana.
La despedí con la mano y cerré la puerta en cuanto salió al rellano. Arrastré los pies hasta el salón y miré con pereza la mesa repleta de comida que había sobrado. Me iba a tocar recogerlo a mí solo y era un asco. Básicamente porque odiaba limpiar.
Corrí hasta el telefonillo pese a que estuve a punto de matarme por haber tropezado con el cargador del portátil en medio del camino y lo descolgué con nerviosismo. Aquellos timbrazos insistentes habían agotado mi paciencia y sólo quería explotar contra el imbécil que no paraba quieto con el dedo.
— ¡Que ya voy capullo, deja de atosigarme!—le dije a Jean a través del aparato porque sabía que era él.
Colgué sin más antes de poder recibir una respuesta por parte de mi asistente y terminé de ordenar la mochila. Me la colgué al hombro, cogí las llaves y cerré la puerta para dirigirme a pasos agigantados a la escalera, bajando los peldaños como si estuviese escapando del asesino más desquiciado del mundo aunque la realidad fuera que iba tarde a mi trabajo.
En cuanto salí del portal busqué el coche de la empresa con la mirada y fui directo al maletero para guardar el equipo que cargaba. Cerré con fuerza y me subí en silencio.
— ¿Qué has estado haciendo para tardar tanto? ¿Es que te estabas tocando? —preguntó Jean antes de arrancar el motor.
—Parece que hoy te has levantado gracioso, ¿no? A lo mejor estás así porque Marco no te ha ofrecido su culo en pompa esta noche...
—Yo por lo menos duermo acompañado —me guiñó un ojo.
Bufé.
—Como si necesitara eso —apoyé el brazo en la puerta.
—Es verdad, tú no necesitas nada... No sé qué te ve la gente para caer rendida ante ti.
—Reconoce de una vez que soy un Adonis —bromeé—. Será lo mejor para ti, para mí y para la humanidad en general.
—Pues me encantaría ver cómo un Adonis como tú controla a la modelo con la que trabajaremos hoy.
— ¿Quién es? —pregunté con curiosidad.
— No te has dignado a mirar la agenda, ¿verdad?
— ¿Para qué? Si ya te tengo a ti —solté con obviedad.
—A lo mejor para saber a qué vas a dedicar el día, por poner un ejemplo.
—Los artistas no tenemos que preocuparnos de ese tipo de banalidades... Vivimos el momento.
—Fotógrafo engreído... —dijo por lo bajo.
— ¿Vas a decirme ya quién es la modelo?
—Mikasa Ackerman.
Rodé los ojos con pesadez porque no podía creer lo que me venía encima. Mikasa era una modelo por la que las grandes firmas estaban dispuestas a pagar altísimas sumas de dinero, una chica preciosa que con una sola mirada fría conseguía derretir a cualquiera que se encontrara a su alrededor. A cualquiera menos a mí. Aquella chica que estaba obsesionada conmigo desde que nos viéramos por primera vez hace unos años, cuando el estudio estaba empezando y ella modelaba para una firma local, no conseguía remover mis instintos ni un poquito.
—Es una pesadilla...
— ¿Por qué? Hay muchos tíos que se mueren por tenerla y tú, que la tienes tan a huevo, podrías hacer con ella lo que te diera la gana tanto dentro como fuera de la cama. —Intentó convencerme.
—Sería una genial idea de no ser porque has obviado un pequeñísimo detalle.
—Eren, que no te gusten las mujeres es una nimiedad —respondió resuelto—. Venga, podrías probar... Quizás descubras que también te gustan las bubis.
—Estoy seguro de mi orientación sexual y no veo motivo para intentarlo —expresé con sinceridad—. No quiero quedar en ridículo delante de una chica porque no se me levante.
—Ah, es verdad... Había olvidado que prefieres ir de pasiva por la vida.
—Ay, querido Jean... De pasiva y de lo que toque. —Le guiñé un ojo a pesar de que él estaba atento al tráfico.
Jean se acercó a mí mientras yo estaba sentado en el maletero del coche, entretenido al limpiar uno de los objetivos que tenía pensado utilizar durante la sesión.
— ¿Estás seguro de que no nos hemos equivocado de lugar?
— ¿Me tomas por imbécil? —pregunté alzando la mirada.
—Pues para serte sincero, sí. Bastante, de hecho —puntualizó y yo lo miré con cara de pocos amigos—. Llevamos cuarenta y cinco minutos aquí y todavía no ha aparecido nadie.
—Se habrán retrasado por algo que le haya pasado a Mikasa... Ya sabes cómo son las modelos —comenté con desgana, volviendo a volcar mi atención en el objetivo.
El móvil de Jean comenzó a vibrar dentro del bolsillo de su pantalón. Lo sacó con rapidez y contestó con ansiedad. Su cara comenzó a descomponerse y yo arrugué el ceño. ¿Qué mierda le estaban diciendo?
— ¿Qué ocurre?
—Mejor ponte tú... —Me ofreció el delicado aparato y yo lo tomé dispuesto a averiguar qué le había dejado así.
— ¿Con quién hablo?
— ¡Eren! —Reconocí la voz de Sasha, la representante de Mikasa—. Menos mal que he logrado contactarte...
— ¿Qué pasa? ¿Por qué no habéis llegado todavía? Estamos esperando en un prado verde situado en medio de la nada... Hay insectos, ¿sabes? Y lo peor de todo es que los odio.
—Lo siento mucho, pero tenemos que suspender la sesión de hoy...
— ¡¿Qué?!
—Mikasa no se encuentra bien para trabajar hoy —se excusó.
— ¿Por qué no se encuentra bien?
—Le ha salido un herpes labial...
Y aquello fue la gota que colmó el vaso. No me podía creer que cancelaran una sesión de fotos fijada desde hacía tres semanas por un miserable herpes labial.
—Eso con maquillaje y un poco de edición ni se notará en el resultado final.
—Ya he intentado convencerla con esos argumentos, pero dice que no se sentirá cómoda si la ves de esa forma...
— ¿Qué forma?
—Fea...
Estuve a nada de soltar algo como "ni aunque se pusiera desnuda frente a mí, me gustaría, así que puede dejar de pensar tonterías" pero, por alguna circunstancia divina que escapaba a mi entendimiento, decidí dejarlo estar.
—Pues podríais haber avisado antes, joder —me quejé, levantándome y dando una patada al suelo—. Nos hemos desplazado para nada.
—Lo siento mucho, de verdad —pidió perdón y comenzó a darme pena—. Nosotros correremos con los gastos por los desplazamientos y pagaremos la sesión de igual modo por las molestias ocasionadas...
—Qué menos después de cagarla, ¿no?
Colgué la llamada, entregándole el móvil a Jean con rabia.
— ¿Por qué has colgado?
—Porque estoy enfadado —respondí, apretando los puños—. Ayúdame a guardar todo esto. —Señalé el equipo que habíamos montado minutos antes.
De vuelta al estudio y con un cabreo de mil demonios, le pregunté a Auruo que dónde se encontraba Petra. Necesitaba hablar con ella sobre la putada que me había hecho Mikasa y la buscaría sin importar dónde se encontrara.
—En la sala de juntas —respondió, con su habitual expresión de estar oliendo a mierda todo el rato—. Pero espera, ahora mismo...
—Me la pela lo que esté haciendo ahora mismo —solté y me dirigí a la pequeña habitación que hacía de sala de juntas.
Jean me siguió sin decir nada, como si fuera un cachorrito dependiente de su madre.
— ¡Esto es inadmisible! —exclamé al entrar—. Sasha Braus ha cancelado la sesión de hoy porque a su puñetera modelo le ha salido un herpes labial y no se han dignado a avisar hasta que había pasado más de media hora desde la hora fijada.
Petra se me quedó mirando, completamente estupefacta. Se encontraba reunida con cuatro personas más, enseñándoles algo en una Tablet que ellos observaban con atención.
—Por eso no me gusta trabajar con famosos —continué, sin importarme lo más mínimo que unos extraños estuvieran delante—. Se creen divas y en realidad son una mierda.
—Menudo profesional... —comentó uno de ellos.
Tal y como estaba aquel día no lo olvidaré nunca. Tenía la piel pálida, una mirada afilada de color azul y el pelo, negro como el tizón, con un corte militar de dudoso gusto. Era totalmente desagradable y no hacía nada más que mirarme con los brazos cruzados desde la silla en la que estaba sentado con una expresión odiosa.
Yo, por supuesto, no me iba a dejar amedrantar y lo miré con altanería. Si se pensaba que iba a conseguir avergonzarme iba listo.
— ¿Y este quién es? —le pregunté a Petra, señalándolo con un gesto de cabeza. Miré de reojo a Jean, que estaba fracasando al intentar controlar a la fangirl que llevaba dentro.
—Él es Levi, vocalista de No Name, la banda más existosa del panorama musical nacional en este momento —anunció con una sonrisa—. A partir de hoy nuestro estudio se encargará de todo lo relacionado con la imagen del grupo... Fotografías, álbumes, videoclips, conciertos... —comenzó a enumerar.
—Ah... qué bien, que ilusión me hace... —Desvié la mirada.
—Encantado —dijo él con una modestia forzada, ofreciéndome su mano derecha.
Yo ladeé la cabeza y apreté los labios en una mueca extraña. Se suponía que ahora tenía que darle la mano y eso significaba tener que tocarlo... Y yo no quería tocarlo. Es que a ver, ¿por qué yo?
—Gracias, pero mi sinceridad y mis principios me impiden responder de esa forma políticamente correcta.
Dudé sobre si darle la mano y al final terminé escondiéndola en el bolsillo de mi chaquetón
—Vaya educación de mierda —comentó con un gesto molesto.
—No mejor que la tuya —ataqué.
—Serás imbécil...
—Un imbécil al que no le importaría quemarte las retinas a base de tirar fotos con flash indiscriminadamente.
Él iba a contestarme alguna bordería cuando Petra se levantó avergonzada, pidiendo disculpas a todos y por todo antes de tomarme por el brazo para sacarme de allí.
— ¿Se puede saber qué estás haciendo? ¡Me vas a fastidiar el business!
—Ha empezado él —me defendí—. Se ha metido con mi profesionalidad, ¿sabes lo que significa eso?
—No estabas siendo profesional cuando has entrado como un huracán y te has puesto a criticar a uno de nuestros clientes.
—No me toques las narices, Petra... Ahora mismo no estoy en posición de aguantar más tonterías.
— ¿Tonterías? ¿Qué tonterías?
—Primero me despiertas innecesariamente temprano para decirme que me dejas porque te vas a vivir con tu novio, luego dejas la cocina hecha un puto desastre, después la modelo no se presenta por una mierda de calentura en el labio y ahora defiendes un gilipollas con aires de Elvis que me está tocando la moral... Es que menuda manera de mierda de empezar una semana, joder.
—Eren... —Me miró con preocupación.
— ¿Crees que todo eso no me da motivos para estar enfadado?
—Claro que creo que tienes razón, Eren, pero escúchame —tomó mi cara entre sus manos—. ¿Quieres salir de esta ciudad y descubrir mundo?
Afirmé con la cabeza como pude, apretando los labios y aguantando mis ganas de llorar porque todo a mi alrededor era una puta mierda. En serio que quería abrazarla y desahogarme hasta quedarme completamente vacío... O al menos hasta que mis ganas de reventar a Mr Menuda educación de mierda hubiesen desaparecido.
—Entonces deja de meter la pata... Estamos a punto de firmar un contrato millonario que nos dará a conocer en el mundo entero y así podremos salir de aquí. Seremos libres de vivir donde soñemos y trabajaremos solo para la gente más selecta... ¿No te parece eso un motivo lo suficientemente atractivo como para callarte y dejarlo pasar?
—A decir verdad, prefiero quedarme en Shiganshina el resto de mi vida antes que trabajar con un retrasado como ese.
—No hables así —me regañó, pellizcándome las mejillas.
—Pero Petra...
—Solo será temporal... Un año como máximo —explicó—. No tendrás que verlo todos los días y las sesiones con él no durarán más de tres o cuatro horas.
Sí, aquello sonaba demasiado bien, pero la idea de tener que compartir mi tiempo con semejante ser me repugnaba.
— ¿Te he convencido?
—Bueno...
—Genial. —Sonrió—. Entonces vamos a salir ahí y pediremos perdón para seguir con la firma del contrato, ¿entendido?
Cabeceé y la seguí de nuevo hasta la sala de juntas, inseguro porque sabía que me estaba fallando a mí mismo. No tenía que pedir perdón cuando él también se había pasado conmigo. Me estaba rebajando sólo por una puñetera firma en un papel.
—Disculpad las molestias, por favor. Eren no ha tenido una buena mañana y le han sobrepasado los acontecimientos —explicó mi amiga, apretándome la mano—. Sentimos mucho lo ocurrido.
—No importa, Petra —le quitó importancia un rubio de ojos azules y cuerpo musculado—. Todos pasamos malos momentos alguna vez.
—Me alegra escuchar eso...
—No pasa nada, aceptamos las disculpas —continuó el rubio—. Y ahora sigamos con el contrat...
—Yo no acepto nada, Erwin. No hables por mí —intervino el tal Levi, mirándome con el mismo odio de antes.
— ¡Levi!
—Que se disculpe él —me exigió con una mirada represiva.
—Levi, ya has oído a Petra. No veo necesario alargar esto más de la cuenta —insistió el manager.
—No firmaré ningún papel a menos que él se disculpe con esa lengua de mierda que tiene.
Entonces Petra me miró, esperanzada de que no metiera la pata de nuevo e hiciera las cosas bien para variar. Yo, por tal de no decepcionarla, suspiré con fuerza y me preparé mentalmente para decir algo que no sentía.
—Lo siento mucho. Ha sido torpe e inmaduro por mi parte y prometo que no volverá a ocurrir...
Levi sonrió con síndrome de superioridad y se relamió los labios.
—A partir de ahora tendrás que comportarte como es debido conmigo si no quieres que te despidan.
—Trabajo para el estudio. —Le recordé—. No te debo lealtad, no soy tu puto subordinado.
Él no dio crédito a lo que acababa de escuchar y me miró con las pupilas dilatadas.
— ¿Cómo es que tienes cojones para decir algo así?
—Simple... No voy a dejar que un gilipollas como tú me trate como le dé la gana. Tengo dignidad, por raro que te parezca.
— ¿De verdad tiene que ser él el encargado de la fotografía, Erwin? —preguntó a gritos, dando un golpe en la mesa—. No soporto a este imbécil. ¡Siento arcadas cada vez que lo miro!
—Levi, Eren es el mejor de los mejores —respondió con tranquilidad el rubio—. No puede ser otro.
Levi me miró con los ojos ardiendo por la rabia y yo me limité a sonreír. Parecía que las tornas habían cambiado y que, en cuestión de segundos, él pasó a encontrarse en una posición subordinada a la mía. Me necesitaban porque era el mejor y si querían mantenerme, tenían que contentarme.
— ¿Y ahora quién es el que tiene que comportarse bien si no quiere ser despedido?
—Ni se te ocurra dirigirme la palabra, bastardo —me advirtió.
—Como si eso fuera un problema... Petra, ¿podrías hacerme el favor de preguntarle al enano gruñón que tenemos en frente que dónde se ha dejado a Blancanieves?
En ese momento la chica de pelo castaño recogido en una coleta alta y gafas no pudo contener unas carcajadas.
El otro chico rubio con bigote y perilla giró la cara mientras que Erwin se tapó la boca, cerrando los ojos para no sucumbir a la tentación de la risa fácil. Había triunfado y eso alimentaba mi ego.
Miré a Levi, retándolo, haciéndole ver que no me hacía falta dirigirle la palabra para molestarlo. Joder, se sentía tan bien verlo así de desquiciado y con los labios sellados...
—Eh, tú, cuatro ojos —llamó la atención de la chica—. Deja de reírle las gracias a este mocoso de mierda —ordenó—. Estás logrando que se crezca ante mí.
—Ay, por favor... ¡Es que no puedo! —admitió, llevándose las manos al estómago—. Eso ha sido demasiado bueno... ¿Dónde hay que firmar para que Eren sea nuestro fotógrafo de por vida?
—Prefiero ahorcarme antes de que eso suceda —comentó el vocalista.
Mientras ellos hablaban, Petra se sentó, apoyó los codos en la mesa y escondió la cara entre sus manos. Me sentí mal por ella porque había vuelto a cagarla por culpa de mi incontinencia verbal y consolarla hasta ganarme su perdón.
—Bueno, chicos, vamos a tomarnos esto en serio —dijo Erwin en un intento de poner cordura a aquella situación.
—Lo siento —se disculpó mi amiga—. Lo siento mucho, de verdad. Yo no quería que esto sucediese...
—No te preocupes por eso —la tranquilizó—. Me apuesto un brazo a que será divertido ver trabajar en equipo con este par de cómicos.
—Va ser divertido por los cojones —comentó Levi, frunciendo el ceño.
—Por favor, pásanos el contrato —le pidió Erwin a mi amiga.
Petra se lo dio sin rechistar y Erwin dejó una rápida firma en él, ofreciéndoselo a los miembros que conformaban el grupo. Si las miradas matasen, yo habría muerto tres veces seguidas justo después de que Levi soltara la pluma. Pero, para mi bendita suerte, aquel gilipollas no contaba con esa habilidad.
Mi respuesta fue mostrarle mi puño cerrado y levantar mi dedo corazón mientras le dedicaba una sonrisa digna de anunciar el mejor dentífrico del mercado, repitiéndome a mí mismo que solo tendría que aguantar a ese capullo durante los próximos doce meses.
La realidad era que no me veía con la paciencia necesaria para soportar a semejante imbécil y sabía que las cosas no iban a ser precisamente coser y cantar, pero no tenía otra opción.
Petra acababa de condenarme.
