Naruto © Masashi Kishimoto.
Por si un día no te vuelvo a ver
Kushina se niega a ser el tipo de chica romántica y se lo ha hecho saber a Minato desde antes que empezaran a salir. Tiene una reputación y la quiere cuidar. No obstante, con el tiempo —mucho, muchísimo tiempo—, cuando Minato desistió de conquistarla con flores a la mañana, empieza a aceptar una por semana.
Una sencilla, sin adornos ni follajes que la acompañen. Una flor recién cortada que huele a hierba y a espontaneidad.
Minato sabe que a Kushina le gusta entrenar, así que esa es su forma de ganarla. En el bosque, con kunais, shurikens, taijutsu, ninjutsu, sudor y olor a tierra. Eso es lo que los caracteriza.
Ella quiere ser la primera hokage mujer de la historia de Konoha.
Él también quiere ser hokage, y los dos se baten a duelo por el puesto.
Kushina entiende que la sombra de la muerte persigue a los ninjas a cualquier sitio que vayan. Ahora ya no es una niña: es una jōnin de Konoha y tiene a su propio equipo de genins a su cargo. Sabe que tiene una responsabilidad para con su aldea y con los niños a su cargo y, aunque la Habanera Sangrienta no demuestre miedo frente a todos, su corazón se le agita con cada misión que le es asignada.
Es entonces que besa a Minato.
—Por si un día no te vuelvo a ver —le dice.
Aunque las misiones con los niños no suponen un gran peligro, siempre lo besa y le repite las mismas palabras. Ya con la experiencia, lo hace a modo de broma y Minato se ríe, asegurándole que cuando regrese la comida ya estará lista para ella, o que pedirán ramen si tampoco está en casa.
También realiza otro tipo de misiones. No, Kushina Uzumaki no es cualquier ninja: ella forma parte de la élite. Como jōnin, suele hacer equipo con Mikoto Uchiha, quien ya tiene un hijo, Itachi, pero que aún sigue activa y lista para cuando su clan y la aldea la necesiten.
En esta misión, Kushina resulta herida. Piensa sinceramente que cumplirá con su palabra y que aquel beso que le dio a Minato realmente será el último, pero su voluntad puede más y resiste. Esta vez regresa a casa con lágrimas en los ojos y llena de besos a Minato, mientras lo abraza con tanta fuerza, que este casi siente cómo se le quiebran los huesos. Minato no tarda en descubrir las razones de su efusividad.
Cuando erigen a Minato como hokage, Kushina se molesta. ¡Ella es quien debe ser la hokage, dettebane! Pero al ver a su esposo con la capa de hokage ondeando tras su espalda, el enojo se le disipa, y la sonrisa aletea en sus labios cuando él gira la cabeza hacia ella y sabe que ese brillo en sus ojos azules es solo para ella.
Ahora es la esposa del Cuarto, pero no deja de ser una ninja activa. Como nadie nunca se enteró que es la recipiente del zorro de nueve colas, puede seguir siendo ella misma, porque a ningún hombre —ni siquiera a su esposo— le permitirá decirle qué hacer.
Siempre es el mismo beso: uno corto, casto, en la punta de sus labios.
—Por si un día no te vuelvo a ver —dice, guiñándole un ojo y desapareciendo en la oscuridad.
A medida que el embarazo avanza, Kushina es todavía más feliz que antes. No puede pararse quieta, así que le enseña a Minato todas las técnicas de su clan que ella aprendió de su madre, y su madre de su madre por generaciones. Minato es un alumno excelente, un esposo devoto y un futuro padre feliz, aunque un poco nervioso. Así que, llegado el momento del parto, en medio de sus gritos de dolor, oye la voz preocupada de Minato; quiere decirle que se calme, que duele, sí. Pero que ese dolor acabará pronto y se transmutará en alegría. Que no la subestime, porque a ningún hombre —incluso al propio Minato— se lo permitirá.
Porque es mujer, es fuerte, y está pujando para dar a luz a una vida. Algo que Minato no podrá hacer ni volviendo a nacer.
Esta noche hay dos besos, pero ninguno es de despedida.
Uno se lo da ella al recibir a Naruto.
Otro se lo da él cuando la pone a resguardo del hombre enmascarado.
Ninguno de los dos piensa en morir esta noche. No cuando su hijo acaba de nacer.
Pero los sueños se desvanecen como pompas de jabón.
Y lo último que piensa Kushina antes de morir, después de darle todos los consejos que una madre podría darle a su hijo al pequeño Naruto, es que de tantas veces que se despidió en el pasado, esta vez ya no hace falta.
Se ha adelantado sin saberlo.
Notas: en este absurdo de la existencia que vivimos en estos días, nos ponemos obligatoriamente a pensar. Espero que pronto se termine todo esto y que no nos llegue el «por si un día no te vuelvo a ver» tan pronto.
23/03/20
