Esta historia pertenece a un conjunto de Drabbles que había publicado anteriormente, sin embargo jamás los terminé, en ellos encontrarán una serie de historias dedicadas a Mimato.
Era una tarde de verano del mes de Julio, los niños elegidos hacían una reunión en esa época de manera regular, pero esta vez ella le había pedido a Yamato que llegara un poco antes, ya que tenía que arreglar unos asuntos de "suma importancia" con él.
Mimi Tachiwaka, estaba feliz ya que el rubio había aceptado reunirse con ella antes, regalándole una de esas sonrisas que solamente él puede regalarle a ella, una de esas sonrisas que todos sus amigos e incluso el hermano del rubio le decían que eran exclusivas para su persona, haciéndola poseedora de la certeza de que Matt también sentía algo por ella.
Se miró al espejo y sonrió, se miraba bonita, tenía el cabello castaño claro, ondulado, cayendo graciosamente por toda su espalda, un vestido rosa pálido que acentuaba su figura, unos bonitos zapatos blancos y un maquillaje discreto, lo suficiente para resaltar sus ojos.
- Hoy te lo diré- dijo sonriendo- hoy te diré y te demostrare cuanto te quiero
Salió corriendo a tomar un taxi, directo al lugar predestinado con el corazón latiéndole tan rápido que parecía que lograba sentirlo en la garganta, apunto de salir de su posición original. Logró divisarlo, él estaba de pie frente al lugar en el que se habían quedado de reunir ellos solos, se veía tan bien con esos rayos de sol resaltando sus ojos.
Bajó rápidamente del taxi y gritó su nombre- ¡Yamato!- corriendo hasta donde él estaba
El rubio la miro por sobre los hombros, sonriendo un poco al verla llegar, se veía hermosa, no sabía exactamente porque, pero desde hace algún tiempo se sentía muy unido a la pequeña Tachikawa, quizá era su bonita sonrisa, siempre dispuesta a regalársela incluso en los peores momentos o quizá era esa honestidad que emanaban sus ojos, tal vez eran sus expresiones llenas de vivacidad y dulzura, o tal vez la fuerza que lograba sacar cuando se proponía algo, o quizá simplemente por ser ella.
- ¡Mimi!- dijo mientras ella lo alcanzaba- ¿Cómo estás?
- Muy bien- dijo un poco agitada - ¿y tú?
- Bien- dijo el rubio - de verdad es hermosa- pensó para sí - ¿Para qué me necesitabas?
El corazón le latía con fuerza, sentía como su rostro se coloreaba y estaba comenzando a sudar, los nervios jamás habían sido propios de ella, pero esos orbes azules hacían que nada fuera típico para ella, tenía que tranquilizarse y respirar hondo
- Yamato yo… ¡Te quiero!- dijo la castaña, roja de vergüenza- ¡Te quiero desde hace mucho tiempo!
El rubio no daba crédito a lo que escuchaba, ¿Ella lo quería? ¿Por qué? Su corazón comenzó a latir de manera acelerada, y por alguna extraña razón estaba contento, pero todo era demasiado confuso ¿Qué sentía el por ella? No lo sabía, pero si tenía claro que no quería lastimarla y él era una persona rota, no podía darle todo el amor que la castaña merecía… él solo la haría infeliz tal como su padre hizo a su madre, la lastimaría y ella seguiría con él, acompañándolo pese al dolor que pudiera llegar a sentir. Miró a Mimi, quien lo miraba con esperanza en los ojos, entendió que él no podía estar con ella, ella no merecía pasar por todo eso.
- Yo…- dijo algo sombrío- Mimí, lo siento, yo aprecio tus sentimientos pero no puedo corresponderte
El corazón de Mimi se detuvo unos instantes, no supo si por la falta de aire que experimentaba en esos momentos o por la mirada de tristeza y lástima que apareció en los ojos del rubio.
- ¿Por…?
¡Sora!- grito el rubio
Mimi, miró en dirección a donde el rubio habló y logro ver como su amiga pelirroja venia corriendo para alcanzaros, con una sonrisa enorme, resaltando lo bonita que ella era.
- ¡Matt! ¡Mimi!- grito acercándose al verlos.
Sora, al llegar fue rápidamente abrazada por el rubio, dejando a Mimi completamente sorprendida.
- Porque Sora- dijo mirando a la pelirroja- Sora es mi novia
Mimi abrió los ojos desmesuradamente, sin dar crédito a lo que sus oídos habían escuchado, Sora no se atrevía ni a mirarla… ¿Y cómo iba a hacerlo si ella sabía a la perfección los sentimientos que tenía para con Yamato? Sus ojitos se llenaron de lágrimas que se reprochaba por no poder contener.
- ¿Es verdad, Sora?- pregunto con la voz quebrada- ¿Por qué?- dijo mirando hacia abajo intentando esconder su tristeza
- No, Mimi- se apresuró a decir la pelirroja- yo…
Yamato no podía creer que tan rápido podía sentir su corazón hecho añicos, como se escuchaban los pedazos al caer, se sentía desfallecer al ver los ojos de la castaña llenos de lágrimas, pero no había vuelta atrás. Miró a sora y sabía que ella le odiaría un tiempo después de esto, pero era algo que estaba dispuesto a aceptar, posó sus labios sobre los de su amiga pelirroja para hacerla callar, dejando a ambas presentes sorprendidas.
- Espero que sean felices
Fue lo único que logro escuchar antes de que la castaña desapareciera de sus ojos
- ¿Qué acabas de hacer Yamato? – dijo la pelirroja que conocía a la perfección los sentimientos del rubio para con la castaña
- Dejar ir a la felicidad- sentencio
Mimi estaba caminando por las calles sin rumbo, con el sonido de los autos que pasaban a su lado… sin importarle, no le interesaba comprender las voces que le gritaban cuando cruzaba las calles, no quería oír los insultos de los conductores que vociferaban improperios al intentar no impactarla con sus autos, ella ya no respiraba, la vida se le había deslizado lentamente de las manos, dejándola vacía.
Ella, una mujer que hace no tanto tiempo estaba llena de vitalidad, de alegría y de un sinfín de ilusiones, pero ahora estaba sola, triste, enferma, caminando por las calles de Japón sin un lugar en particular a donde ir, preguntándose ¿Por qué le afectaba tanto? Ellos dos eran sus amigos de la infancia, a ambos los adoraba con el alma y ahora estaban juntos.
Mimi apretó sus puños con fuerza, deseaba con todas sus fuerzas sentirse feliz por sus amigos, estar contenta porque ese hombre rubio de ojos azules y semblante triste, ahora lucia feliz. Se odiaba a si misma por no poder evitar sentir envidia y celos, por no poder ser ella.
Caminaba, aún seguía caminando, esperando a que de algún modo, el cielo le indicara que todo fue una broma, que le estaban tomando el pelo y que nada era verdad. Se reprendió mentalmente, después de lo que dijo ¿realmente quería que eso pasara? Él estaba feliz y si ella lo quería tanto, ella debía estar feliz también ¿Por qué no podía estarlo?
Después de un rato la lluvia se detuvo, era muy tarde, pero aún se sentía perdida e inconsciente, no estaba lista para volver a casa y responder las preguntas de sus padres. Algo en su corazón le dolía como jamás imagino que podría doler, no era justo, tantos años de amor guardado y ahora… todo a la basura, el corazón de su amado no podía latir por ella… simplemente no lo hacía.
Debía admitirlo, se sentía celosa muy celosa de su amiga de antaño, Sora… ella se había ganado el corazón del rubio sin siquiera luchar por él, se había ganado su corazón cuando ella solamente coqueteaba con Taichi… ¿Por qué la vida le era tan injusta?
La castaña llego a su casa, sus padres la miraban algo sorprendidos, pero ella los ignoro totalmente, no estaba lista aun para decirles lo que había parado o porque había llegado de esa manera.
- Mimi, cariño- dijo su madre- ¿estás bien?
- Si, mamá- dijo sonriendo de la manera más sincera que pudo
- Sabes- dijo su madre no muy convencida de las palabras de su pequeña- tenemos una noticia que darte
Su madre y su padre se tomaron de las manos y la abrazaron con mucho entusiasmo, dejando a la pequeña anonadada y al borde de las lágrimas. Sus padres no entendían que pasaba, su niña no solía llorar por dolor y eso era lo único que derrochaba, lentamente le limpiaron las lagrimitas de sus ojos y la abrazaron con más fuerza, ella se acomodó en sus brazos, sintiendo que todo estaba o estaría bien.
- ¿Diganme?- dijo separándose de ellos una vez que se sintió mejor- ¿Qué pasa?
- A tu padre le ofrecieron un trabajo- dijo su Madre- nos iremos a América
La pequeña abrió sus ojos con asombro, ¿Qué habían dicho?, ella se iba… a América.
Las cajas estaban listas, en unas pocas horas se iría de ese lugar, ya no habría marcha atrás, ya no pasaría todos esos momentos de dolor y de vergüenza. Miro al foto en sus manos, todos sus amigos estaban ahí, a todos los extrañaría muchísimo, incluyendo a aquel rubio que le rompió el corazón días atrás. No sentía resentimientos, ¿Cómo podía culparlo? Ellos se amaban, por algo se habían besado así, ella no sería quien lucharía por romper eso.
Se levantó y miro su escritorio, sacando unas hojas blancas y su bolígrafo, estaba decidida, no arruinaría su relación con la pelirroja, pero tenía que sacar todo lo que tenía adentro para poder olvidar y reiniciar otra vez
No pudo evitar que en el proceso sus ojos escocieran un poco, le dolía tener que despedirse de la persona que cautivo su corazón por primera vez en su vida, pero tenía que hacerlo, ese adiós cerraría el círculo que le permitiría sanar una vez lejos.
" Yamato
Espero que te encuentres feliz y muy contento, primero que nada quisiera disculparme por mi reacción cuando tu y Sora me confesaron su relación, espero entiendas por qué fue, sin embargo quiero decirte que hacen una pareja muy bonita y les deseo lo mejor.
Yo sé que quizá mis sentimientos no fueron expresados de la mejor manera, pero ¿sabes? Desde antes de regresar del Digimundo yo ya sentía cierto apego hacia a ti, en ese entonces yo no sabía que era o por qué, pero no me importaba, era una sensación agradable y con la convivencia te fui queriendo un poco más día con día, hasta que sin pensarlo caí enamorada de ti.
Al principio no sabía como había sucedido, era extraño para mí, pero ¿Cómo no enamorarme de tu sonrisa? ¿De esos ojos? ¿De esa dulzura que emanas a mi lado? ¡Eres prácticamente perfecto! Pero la primera vez que me sonreíste, haciendo que mi corazón se acelerara como nunca antes, fue cuando acepté que el sentimiento que tengo por ti es algo indescriptible, es algo que no es humano, supera por completo cualquier sentimiento que haya sentido antes ¿Sabes por qué? Porque te busco dentro de mis ojos, porque te encuentro en la oscuridad, porque te siento en la soledad y porque te pienso en la eternidad… Es por eso que descubrí que te quería… te quiero, aunque estés con Sora, te quiero como no tienes una idea… pero eso ya no importa.
¿Sabes?, no es mi intención desearte cosas malas, deseo que seas muy feliz al lado de Sora, te mereces la felicidad después de haber sufrido tanto, me duele un poco no ser yo la que te brinde la felicidad que mereces, pero me alegra saber que encontraste quien sí.
Con esta carta quiero decirte que voy a renunciar a ti, para que seas feliz con Sora y yo sé que no necesitan saberlo y mucho menos mi "permiso" pero te lo digo para que entiendas que me alejaré por mí, para sanar.
Bien, esta es mi carta de despedida, con todo lo que ha pasado y con lo poco que hemos hablado estos días, no he tenido la oportunidad de decirte que me voy a América y que probablemente cuando estés leyendo eso, yo ya me encuentre muy lejos de aquí.
Recuerda que siempre vas a tener a una amiga incondicional en mí.
Mimi Tachikawa"
El corazon de Matt latia con demasiada fuerza, reprochándose mentalmente en su habitación, suspiró pesadamente y se dejó caer de espaldas sobre la cama con la guitarra aun en sus brazos, no podía creer lo que decía esa carta. Sentía una impotencia tan grande que no se podía mover de la desesperación, esa carta tenia remitente de hace 3 días, 3 días desde que ella se había ido sin decirle adiós personalmente, todo por su estúpida decisión, por su estúpido miedo a lastimarla ¿Qué debía hacer? Odiaba haber dejado a la castaña en ese estado, de hecho, jamás le había visto así de afectada, el último recuerdo que tenía de ella era esa carita llorosa cuando lo veía pasar por la calle, ignorándose totalmente.
Esa niña era un ángel, toda su persona irradiaba una luz que él no era capaz de alcanzar y comprender, los demás no lograban ver más que a una niña infantil, malcriada y caprichosa, pero ella era más que solo eso. Yamato sonrió para sí, esa niña era su caprichosa y la había dejado ir, su única oportunidad de ser feliz… Sus ojos se llenaron nuevamente de agua, lo que provoco que rápidamente se pasara el brazo para quitarla.
- Perdóname- susurró- Yo… también…
Y no pudiendo aguantar más el rubio lloró, lloró como un niño nuevamente, lloró por saber que jamás volvería a ver a la responsable de hacer que su corazón volviera a latir, lloró por haber descubierto eso demasiado tarde
