Ella despertó en la cama de su habitación en el Santuario con una extraña sensación. Abrió las cortinas desde donde podríamos observar la rutina diaria del lugar. Todo aparentemente normal, una excepción de una opresión en su pecho. Una doncella tocó su puerta para preguntar si tomaría el desayuno en su balcón como acostumbraba y ella asintió de forma automática.
El día transcurrió con total normalidad. Soldados hacían sus rondas, el sonido de los reclutas entrenando llegaban hasta los corredores superiores de las doce casas. Shion parecía atareado con libros y papeles. La diosa pensó dar una caminata por el lugar con la misma sensación de que algo hizo falta.
Mientras bajaba por los templos, sus caballeros dorados la saludaban respetuosamente y ninguno limitado comparten su incertidumbre. Uno a uno los saludó sin poder comprender qué era lo que sucedió. Fue solo cuando cruzó la tercera casa que algo la hizo detenerse. El guardián del lugar no se encontró pero aún así, podría sentir su cosmos inquieto pero no se entiende por qué se temerosa.
Más abajo, Kiki se ofreció a acompañarla en su recorrido hasta los jardines. La alegría de aquel pequeño que saltaba de un lado a otro la hizo sentirse mejor y se sentó bajo un árbol a admirar la belleza del lugar. Kiki notó que la diosa parecía pensativa.
-Señorita Athena ¿le sucede algo?
-No, todo esta bien Kiki -respondió ella- es solo que ... Pareciera como si este lugar estuviera lleno de recuerdos que no logro recordar. Como fantasmas que no lograra ver.
Él lemuriano la confundió confundido sin entender sus palabras y el viento vespertino comenzó a soplar más fuerte de lo habitual, haciendo volar una pañoleta blanca que la diosa llevaba sobre el cabello. Una mano ágil sujetó aquel suave suave pedazo de tela en el aire.
-Me parece que esto le pertenece.
La diosa miro los ojos turquesas de quien le hablaba. Era aquel que no se esperaba en su templo más temprano.
-Gracias Saga -acató a decir mientras su corazón se agitaba sin que pudiera comprender el por qué- creo que el clima cambió de repente.
-Señorita Athena -interrumpió Kiki- será mejor que regresemos. El señor Mu me espera y parece que lloverá.
La película no podía dejar de mirar a su caballero de Géminis.
-Si me lo permite, puedo quedarme acompañarla hasta que puedas lo que quieras.
Ella no pudo evitar que una tímida sonrisa se le escapara mientras aceptaba y Kiki se despedía. Ambos caminaban en silencio hasta que ella lo rompió.
-Dime Saga… ¿Siempre ha sido todo igual en este lugar?
-¿A que se refiere, mi diosa? -indagó confundido-.
-No estoy segura -respondió apenada- Solo que desde que desperté hoy he sentido como si estuviera soñando y nada de esto fuera real. Seguro es una tontería, no me hagas caso por favor. Se que tu eres de los que más tiempo tiene en el Santuario y sabes perfectamente que todo luce igual que siempre.
El peliazul se detuvo de golpe al escuchar estas palabras y su gesto parecía incrédulo.
-¿Dije algo malo?
-No -respondió él- Pero ... Pensé que solo yo lo percibía. Pensé que ... Bueno, todos sabemos que desde niño tuvo algunas ... dificultades y veces mi mente me juega algunas bromas.
-¿Quieres decir que tu también notas algo raro? Dime por favor ¿que es?
-No lo se con certeza. Pero comparto esa sensación, como si algo no estuviera bien. Como si estuviera a punto de despertar de un sueño.
Ella lo miró. A pesar de que todos sus caballeros eran amables y atentos con ella, con Saga se convirtió totalmente diferente. Había una especie de electricidad cuando él se acercaba o cuando escuchaba su grave voz. Una mezcla de miedo y atracción la hizo no poder actuar como pudo lo hizo.
Él por su parte, no podría quitarle la mirada de encima a la chica que tenía enfrente, se convirtió pesado y débil cuando esos enormes ojos azules lo miraban. Era una mezcla de ternura y lujuria que se apoderaba de él y lo hacía sentir como si hubiera una droga en su organismo.
-La acompañaré hasta su cámara -dijo haciendo uso de toda su fuerza de voluntad para calmar los pensamientos que llegaban a su mente- esta anocheciendo y seguro el maestro Shion estará preocupado por usted.
No había mucha conversación en el camino, había una ligera tensión que no era incómoda, sino que mantenía alerta y agitados.
-Que descanse, diosa Athena -se despidió en la puerta de la habitación de la diosa- espero que se sienta mejor mañana.
Pero eso no había sucedido. Cada día que pasaba, Athena tendría como si hubiera un vacío dentro de ella. Un vacío que solo parecía mejorar cuando Saga estaba cerca. Nadie parecía notar que ellos buscanban excusas para pasar tiempo juntos, pero eso solo aumentaba la ansiedad de la diosa.
-¿Alguna vez ha pensado cómo cambiar las cosas en otra realidad?
-Puedo abrir portales a otras dimensiones -respondió el sonriendo- por supuesto que lo he pensado. Incluso ...
-Dime -lo animó al ver que él dudaba- por favor, confía en mí.
-A veces tengo sueños. Sueño donde hago cosas que no tienen sentido, que yo no ...
Él se puso de pie con un semblante serio.
-Diosa Athena yo jamás le haría daño.
La sangre de la pelilila se fue hasta sus pies cuando escuchó eso. Ella misma sufría pesadillas con él. Pesadillas donde él sostenía una daga dorada. Y a pesar del miedo que eso le producía, seguía sintiéndose atraída a él.
-¿Intentaste matarme? ¿En tus sueños?
-Primero moriría antes de que sufra daño -afirmó bajando la mirada- yo no permitiría que nadie la tocara, ni siquiera yo porque yo ... La amo, mi corazón es tuyo, Athena.
Las hojas de los árboles se me mejoraron en el silencio que a Saga le afectaron eterno y que por fin fue roto por la voz de la chica de ojos azules.
-Yo también te amo Saga -susurró mientras escondió la cara en el pecho de su caballero- No sé cómo es lo que hago, pero es como si hubiéramos pasado por muchas cosas en el pasado y aunque sé que no es así, siento algo intenso que nos une.
El geminiano la estrechó hacia él y tomó su barbilla. Sabía que si daba un paso más, se condenaría, pero la necesidad de sentir sus labios fue más fuerte. El beso solo duró unos segundos, pero entregó su alma en él y experimentó sentir que ella le correspondía de la misma manera hasta que entre lágrimas, la diosa se disculpó y se fue corriendo.
No volvió a verla en días, en los que ella no salió de su habitación. Él también se había reportado enfermo y había dejado que el remordimiento de sus actos lo consumiera.
Atenea estaba deshecha. Ahora que ambos habían aceptado sus sentimientos, habíamos dado cuenta de que jamás podríamos estar juntos y que podrían estar lejos de él para poder seguir cumpliendo con su deber. Pero eso solo la hacía sentir desdichada.
Fueron tantas las lagrimas que la diosa derramó durante una semana, que alguien se apiadó de ella esa noche. Un aroma dulce inundó su cámara y se dio cuenta de una hermosa mujer estaba sentada en la orilla de su cama.
-Hermana, por favor deja ya de llorar.
-Tu ... -asombrada la miró- eres la diosa Afrodita.
-Así es. Vine aquí a consolarte. Se que tu corazón llora todos los días por amor.
-Entonces ¿todo en el Olimpo sabes lo que siento por mi caballero?
-No. No todos pueden percibir esa clase de sentimientos. Solo yo
-¿Y a que ha venido? Se que mi amor por él está condenado. Mi deber en esta Tierra es protegerla. Se que quizás Hades despierte y ...
-Oh, Atenea -dijo la diosa del amor- ¿En verdad no recuerdas nada?
-Que ... ¿Qué quieres decir?
-Tu ya cumpliste con tu deber, tu y tus caballeros ...
Afrodita tocó con sus manos el rostro de Athena, haciendola recordar. Su vida mortal al lado de su abuelo, sus Santos de bronce, la batalla de las doce casas contra el mismo Saga, la guerra contra Poseidón, el despertar de Hades, su suicidio. Y ahí estaba él, Saga tendrá una daga dorada mientras ella le entregaba su vida.
-¿Quieres decir que todo esto?
-Los dioses habían castigado a todos, incluido. Pero el inframundo no pudo volverse un caos y nuestro padre no soportó verte luchar una y otra vez; así que decidieron que hubiera paz. Y conociéndote, entendieron que solo sin memoria, vivirías tranquilas. Todos los que murieron, fueron devueltos a la vida, sin memorias. Todo lo que creen, que siempre han vivido sin luchar, es un espejismo creado por Apolo, para que dejemos de tener guerras santas y los humanos dejen de desafiarnos.
-¿Y mis caballeros de bronce? ¿Seiya?
-Están bien. Viven en una burbuja de mentira al igual que tu. Todos creyeron que esta sería la única manera de detenerte, quitándote lo que más aprecias, tus recuerdos, tu humanidad. Pero creo que ninguno de los problemas en el único sentimiento que no puede ser borrado. Nadie lo sospechó porque tu siempre te ha rehusado a sentirlo, Saori.
Atenea miró a su hermana. Estaba consciente de que nunca había tenido bien con ella, principalmente porque nunca había comprendido esa emoción en la que Afrodita mandaba.
-Es curioso como lo único que no ha dejado que te pierdas a ti misma, es lo que siempre está huiste -dijo riendo Afrodita- el amor.
-¿Por que me dices todo esto? ¿Por qué me cuentas la verdad?
-Porque no es justo que seas castigada de esta forma por seguir tus ideales. Además, siempre querré ver como termina una historia de amor trágica, llámame anticuada pero el que estés enamorada del hombre que tendrá que asesinarte tantas veces, es épico y digno de ver.
La voluptuosa diosa del amor se puso de pie para regresar al Olimpo.
-Espera -la detuvo Athena- Si sigo lo que siento ... Esta vez no habrá una segunda oportunidad para nadie. ¿Que debo hacer ahora?
-Eso mi querida hermana, solo depende de ti.
Afrodita desapareció dejando a la pelilila con sentimientos encontrados. Por un lado, sabía que si desafiaba a los dioses una vez más, el castigo sería inminente. Pero por otro, sabía que su misión como Atenea en esta encarnación había terminado y lo único que anhelaba, había tenido unos templos más abajo.
Sin más, salió de sus aposentos en medio de la noche. Para su fortuna, todos dormían y nadie notó como se deslizó por los templos hasta llegar a la casa de Géminis, donde Saga estaba recostado en un sillón. Cuando la vio entrar, él se puso de pie, preguntándose qué hizo su diosa ahí a esas horas de la noche. Pero ella no lo dejó hablar. Camino directo a él y lo beso con todas sus fuerzas. Eso era lo que deseaba su corazón y nada más le importó. El geminiano dudó por un momento pero al sentir a la mujer que amaba pidiendo sus caricias, dejo a un lado la cordura y se dejó llevar. Desató el camisón que la cubría y la llevó a su cama, cubriéndola de besos tiernos. A pesar de no tener experiencia, ella siguió sus instintos y liberó sus manos, que corrieron sintiendo la piel caliente del peliazul.
Saga se deshizo del pantalón, que era lo único que lo cubría y se posó sobre ella, dejando que su miembro rozara la intimidad femenina de la diosa.
-Athena ... -se detuvo agitado y mirándola a los ojos- si esto sucede ...
-Saga, esto es lo que quiero. Eres lo único que quiero.
Aquellas palabras le dieron el valor al caballero de Géminis de romper el límite y presionar su masculinidad en el interior de su diosa. En el momento en que eso sucedió, las memorias que hasta ahora solo habían sido sueños para él, se desbloquearon.
-Saori -pronunció mientras sus caderas poseían a la mujer prohibida que yacía en su cama amo.
Ella sonrió, reconociendo que la había llamado por su nombre mortal. El que había sido borrado. El éxtasis provocado los hizo sentir fuera de sí y entonces, se unió para siempre en el antiguo ritual. Cuando ambos llegaron al clímax, el cosmos de la diosa retumbó y supo que no quedaría en secreto.
-Ellos vendrán por nosotros -dijo mientras acariciaba el rostro del peliazul- no dejaré que te castiguen. No podría soportarlo.
-¿Que dados? -respondió él besando su mano- mi trabajo protegido a ti, no al contrario. No dejaré que te toquen, así tengo que pelear con cada olímpico hasta morir.
Ambos prometieron no separase sin importar nada pero sabían que la tormenta estaba por comenzar.
Un estruendo se escuchó en el cielo, los ángeles del Olimpo llegaron a bajar para tomar el Santuario. Saga y Saori se miraron. Que pocos minutos les han dado para vivir aquel amor. Una lágrima rodó por la mejilla de la diosa cuando tuvieron que sufrir su báculo, dispuesta a luchar. El caballero usaba ya su armadura dorada y secó aquella lagrima.
-No importa lo que pase. Siempre estaré contigo.
Ambos subieron a la explicación donde estaba la estatua de Atenea. Apolo ya se tuvo ahí. No tuve ni siquiera qué explicar la razón de su visita. El voto de castidad había sido roto y era un pecado más por el cual pagar.
-Athena ... Jamás debí darte la oportunidad de salvar la Tierra. Todo está podrido, incluso tú. Ahora enmendaré el error que cometí. Este planeta será destruido y las vidas humanas serán sacrificados para pagar por todos tus pecados.
-¡Eso no te lo permité! -Gritó Saga encendiendo su cosmos- pidiendo que derrotarme antes de ponerle un dedo encima a Atenea.
-No me hagas reir, tu menos que nadie debería dirigirse a un dios como yo. Tu, que has atentado contra los dioses una y otra vez. Te matare ahora mismo, para que Athena vea que todo acto tiene consecuencias.
-Basta de esto -habló Saori tranquila- No matarás la Tierra, ni matarás a nadie.
-No creas que me convencerás de dejarlos tranquilos esta vez. Sabía bien de tu afecto hacia los humanos, pero romper tu voto milenario de castidad por el hombre que por sus ambiciones te lastimó ... Esto es demasiado. Los dioses no permitiremos que los humanos se quemen de nosotros de esta manera.
Apolo hizo temblar la tierra, usando su poder dio inicio a la destrucción.
-Athena, esa humanidad que tanto quieres pagar por tus errores y tu ... Ese afán por experimentar la vida mortal es lo que te hará perder la batalla.
Saori sonrió. Sabía que no podría derrotar a Apolo sin poner su vida en riesgo y que si no lo detenía, la Tierra sería destruida. Tomó su báculo y encendió su cosmos formando una barrera para bloquear el poder de Apolo.
-¿Estas segura de esto? -preguntó Saga, adivinando lo que Saori intentaba hacer-.
-No decidirán más mi destino -respondió ella decidida- Esta vez, decido yo.
Al ver la determinación de la diosa, Saga se acercó a ella y encendió su cosmos.
-Entonces, hagamoslo.
El cosmos de la diosa y el caballero se elevaron, uniéndose en una misma frecuencia. Apolo intenta superar la barrera que lo detiene, mientras que la Explosión de Galaxias retumbaba dentro de esa esfera que la contenía, arrasando con todo lo que había dentro.
El dios fue superado y desapareció sin poderlo creer. Y mientras aquella explosión arrasaba con todo, Saga abrazó a Saori, dándole un beso antes de ser consumidos por su propio poder. Quizás morirían, pero lo harían siendo libres y amándose. Al final, su promesa no sería rotar, estarían juntos para siempre y su amor aunque fugaz, sería legenda.
Un tiempo sin pasar por aquí, espero que esto les haya gustado y que estén bien.
