Te llevaré conmigo

Personajes de Mizuki e Igarashi

El viento cada vez más fresco rozaba el rostro y las manos de Candy, mientras se percataba que el almuerzo terminó. Los servicios que se emplearon para los invitados estaban ya siendo lavados por la señorita Pony y la hermana María. A lo lejos observaba el juego que Annie y Archie lograron inventar para distraer a los niños.

La Carreta de Tom partió con su padre minutos antes; y de nuevo, los recuerdos, una vez más la invadieron con imágenes que por primera vez lograron hacerlos a un lado, como si no importasen más, como si el poco tiempo que queda antes de que el sol anuncie su partida, fuera el último a su lado. Candy se preguntó─: ¿Cómo haré de ahora en adelante sin él, si ya sufrí tanto con su partida, ya lloré la soledad en que él me dejó? Recuperarlo, pero como cabeza de los Ardlay, no es recuperarlo, es tenerlo a gotas, y saberlo tan inalcanzable ─Esa reflexión le generó un vacío en medio de su pecho, más aún saber que, son la misma persona, los encontró a ambos sin esperarlo, su Príncipe y Albert, perdiéndolos en el mismo momento de conocer la noticia.

En medio de ese ir y venir en su mente, se escuchó─: ¡Candy, Candy!, pequeña, ¿me escuchas?, ¿estás bien?, ¿sucede algo? ─Ella se giró secándose las lágrimas disimuladamente, sonriendo para sobrepasar la situación. Albert se dio cuenta de que algo le sucedía, pero mantuvo la calma. Le extendió los brazos en señal de querer abrazarla como antes. Él también quiso volver a ese tiempo en que eran dos, únicamente los dos, que compartían todo─. Candy, cariño, debo partir a realizar varios viajes. George ─su fiel amigo se encontraba ya en el auto para iniciar la marcha─, como siempre apresurándome para cumplir con los compromisos a los que me debo como cabeza de los Ardlay. Debo hacerlo, es mi obligación ─Ella escuchaba sin retirar su mejilla reposada en el pecho de Albert. Inevitablemente, las lágrimas se presentaron─. Quiero que tengas presente que, durante mi ausencia nada te faltará, ya di instrucciones para que se provea de alimentos y refacciones en el Hogar de Pony, no te aflijas en buscar empleo salvo que así lo desees, pero por sobre todo ─separándola de él, sosteniéndole el rostro suavemente con sus dedos, dijo─: recuerda que te llevo conmigo siempre, en dónde me encuentre estás conmigo. Tomando las manos de Candy las dirigió hacia el pecho de él, la miró con amor, expresándole─: Te quedas aquí, este lugar es para ti, quiero que te tomes el tiempo que necesites. Reflexiona sobre todo lo vivido. Espero que a mi retorno esa cabecita atolondrada tenga definido lo que desea hacer en adelante. Sea la decisión que tomes, voy a respetarla.

Candy escuchaba todo en silencio, entre tanto sus las lágrimas corrían y corrían. Quería decir tanto, pero el dolor la callaba, el miedo se apoderaba de ella, quería gritarle: ¡No me abandones!, una vez más, pero no podía impedir su partida. Finalmente, se dijo así misma: "Albert, tienes razón, debo reflexionar y elegir el camino que, deseo a futuro. Sin embargo, quiero que tú seas mi futuro…". Se armó de valor prometiéndole a Albert que, haría lo que le estaba pidiendo, no sin antes dejarse traicionar por sus sentimientos al decir─: Albert, no quiero que partas, por favor, vuelve pronto, te, te echaré de menos.

Albert la volvió a abrazar, con ese calor que siempre le daba calma, le susurró al oído─: Pequeña, creo que ya olvidaste que te llevo conmigo a cada instante, siempre. Volveré pronto, deseo que puedas esperarme ─Armándose de valor la desprendió de sí, le dio un tierno beso en la frente y subió al auto.

Un sonido ensordecedor, propio de los motores de los autos de esa época, se empezó a sentir. Un auto inició marcha y, poco a poco se hizo invisible. Regresó ese viento, pero esta vez, ya no es fresco, ya no da alivio, es gélido, incómodo, humedecido, ¿humedecido?, no, son las lágrimas que no cesan en Candy, quien sólo atina a decir temblorosamente─: Hasta pronto, querido Albert…

Continuará.