Era un cálido día de primavera en Muelle de Loto, cuando Wei Wuxian había llegado de forma revoltosa.
Si Jiang Cheng era sincero, a veces (gran parte del tiempo) se estresaba a debido a él. Y ahí estaba otra vez, con un par de jarras de alcohol, invitándolo a beber, y como un hermano decente, debía estar ahí para moderar el trago y que Wei Ying no se humillara... demasiado.
Wei Wuxian sin embargo le había comentado algo curioso que supuestamente había oído de la boca de Nie HuaiSang, y por tanto, sólo eran tonterías.
-¿Sabías que una mariposa puede guiarte a tu alma gemela?
Era ilógico, tanto el parloteo de Wei WuXian, como las tonterías que Nie Huaisang le enseñaba constantemente a través de la vieja literatura. Por otra parte, estaba ligeramente intrigado, ¿no es que la literatura siempre miente, y sin embargo presenta una fuente fidedigna?
Fue así como decidió ignorar ese punto. Si lo pensaba claramente, el rumor del alma gemela lo llevó Wei Wuxian, y su precursor fue HuaiSang, así que no era real. No podía serlo. Sin embargo, cada verano desde aquella vez en la que su hermano llegó con el alcohol y habló del revoloteo de las mariposas, WanYin sentía esa necesidad profunda e interina de ir, de descubrir si realmente era así.
Quizás era otro romántico empedernido que se dedicaba a buscar excusas absurdas para juguetear por ahí incluso en ese mal contexto de guerra creada por los Wen. Con respecto a ello, recuerda, se resolvió de una manera que no derramó sangre, y sin embargo el clan Lanling Jin todavía era turbio en demasía.
Wei Wuxian todavía seguía las mariposas como si no hubiera algo más interesante que hacer en su vida. Al menos así fue hasta que, en sus andanzas, mientras compañaba a su hermano en uno de los paseos por el clan Lan, debido a una reunión de herederos que Jiang Cheng había tenido, una mariposa pasó frente a ellos y Wei Wuxian se alegró mientras la perseguía.
WanYin suspiró, mientras le seguía tácitamente. Si lo pensaba bien, quizás no era tan malo que su hermano creyera en leyendas tontas.
Escuchó una campana de viento cuando la mariposa blanquecina se posó en la nariz de un conocido que apenas había visto horas antes. Y el viento se detuvo. Estaba seguro que el cambio de estación estaba siendo en ese momento, mientras el frío se apoderaba de sus dedos.
-¡Woah! ¡Zewu-jun es mi alma gemela! —Bramó Wei WuXian, y Jiang Cheng resopló ruidosamente.
-No seas idiota. —Dijo toscamente—, Zewu-jun ya tiene suficientes problemas como para que el cielo lo castigue enviándote a él como su alma gemela. —Continuó.
Y repentinamente un ajetreo removió su corazón, como si esa mariposa sobre el rostro de Lan XiChen no fuera algo ya en demasía fantástico y shockeante, capaz de turbar sus sentidos con sólo estar allí.
La risa del mayor era incluso una experiencia religiosa más intensa y efímera, concentrada y tácita, de lo que pudo imaginar.
-No es problema si realmente fuera así, pero creo que eres el alma gemela de otra persona, maestro Wei. —Comentó, y dirigió su mirada a Jiang Cheng, que no entendía por qué repentinamente su corazón había dado un vuelco sobre sí mismo, pero estaba enfadado, confundido, disgustado y frustrado. La mariposa le había turbado—, ¿No lo piensa así, Jiang Cheng? —Le llamó, y entonces el mencionado salió de su estupor, con un ligero brinco.
-Con todo respeto, no lo sé ni me interesa. Wei WuXian puede estar con quién se le cante en gana mientras se lo lleven lejos de mí. —Respondió a la insinuación sin el suficiente enojo que le habría gustado transmitir—, aunque le valdrá más a esa persona si lo ama y le respeta, o lo mínimo que obtendrá de mi clan es un par de azotes de Zidian. —Completó, cruzándose de brazos y cerrando los ojos, logrando detectar con su oído el trino y revoloteo de la melodiosa voz de Lan XiChen, y repentinamente se preguntó ¿por qué? ¿por qué era tan consciente de cada parpadeo que el chico realizaba? ¿qué había sido esa campana de viento que había escuchado antes?
Él se había asegurado de no estar llevando la campana del clan mientras paseaba por el clan ajeno, así que su adorno no podía ser.
El mundo había comenzado a cambiar. Y lo sabía, lo sabía pero prefirió guardarlo para él. Wei WuXian sólo suspiró, y Jiang Cheng se preguntó ¿cuál era la frustración? ¿por qué ese ímpetu, esa necesidad casi exagerada de querer encontrar el amor?
Ese día que se fue de Gusu Lan, Wei WuXian estaba más decaído de costumbre. Quizás porque no había visto a Hanguang-Jun, quizás era porque le había tocado, por descarte, estar todo el día tonteando con Nie HuaiSang y Jiang Cheng, y aunque eso fuera algo agradable, el último sabía que su hermano por algún motivo amaba molestar al más joven de los jades.
O quizás amaba al más joven de los hermanos, pero prefería que ese idiota se diera cuenta por sí mismo porque ¿cómo se sentía el amor? ¿cómo se veía ese tipo de amor?
Cuando la imagen de Lan XiChen con la mariposa sobre su nariz apareció en su mente después de la pregunta, se negó totalmente a creer que el amor se parecía a eso. Quizás las absurdas leyendas de Wei WuXian todavía le hacían mucho ruido en la cabeza.
Pero Zewu-jun siguió siendo un caballero a lo largo de los meses, y esa campana de viento seguía sonando en el oído de Jiang Cheng cada vez que aparecía pulcro, inmaculado e inefable frente a él, porque no había palabras que pudieran describir ese tintineo, ese trino en su voz, o los gestos casi tranquilos que siempre tenía, incluso para castigar al resto.
No pasó mucho tiempo antes de que Wei Wuxian yel menor de los jades comenzaran a salir, todo esto ante la sonrisa cómplice de XiChen, como si siempre lo hubiera sabido todo. Con eso, WanYin se sintió en la necesidad de amenazar a los Lan, pero recordó su fama y simplemente calló al pensar lo importante.
El mundo seguía avanzando, el tiempo no perdonaba a nadie, ni siquiera a él. Su hermana se casó, su hermano se casó, y él seguía allí. Wei WuXian tenía la amabilidad de siempre recordarle la leyenda de las mariposas, de decirle cómo él encontró a su alma gemela.
WanYin la había encontrado, y se lo dio a entender a Wuxian cuando un comentario sin pensar salió de sus labios.
-¿No es raro escuchar campanas de viento cada vez que hay una mariposa cerca?
Después de eso, Wei Wuxian le exigía de mil maneras saber cuándo escuchaba esas campanas, pero Jiang Cheng se negaba. Tenían responsabilidades. Herederos que darle al clan. Cacerías que dirigir.
Así pasaron cinco años después del matrimonio de Wei WuXian, que era interminablemente relajado. Mientras eso pasaba, WanYin se sentía como un lugar en el mundo sin errores, desconocido, desechado por la insignificancia de ser el desagradable heredero de la secta con una larga lista para sus pretendientes.
Porque no quería casarse con nadie. Porque nadie hacía vibrar su corazón como el sonido de esa campana de viento y el revoloteo de esas mariposas.
Fue un día de flores rosas, moradas y blancas, cuando lo vio vagar por el Muelle de Loto. En el puente del sitio, en el arroyo, estaba ahí, la impecable figura del líder del clan Lan, que lucía relajado. Jiang Cheng no hizo ruido alguno, pero de la nada, una mariposa se acercó a él y le guió por el camino.
XiChen se volteó a mirarlo, y sonrió. Se encontraron y la vida fue tan entrañable, como si repentinamente quisiera vivirla por la gracia de sus sonrisas.
Se volvió a enojar ante ese pensamiento. ¡Deberes, deberes! ¡Ellos tenían deberes que cumplir! ¡Ya no eran niños que podían creer en leyendas!
Pero comenzó un countdown que parecía iluminar su corazón. Fueron ligeros flashbacks de todo, de cada una de las sonrisas cómplices, de las miradas de XiChen cada vez que habían mariposas plateadas alrededor de ellos.
-¿También escuchas las campanas, WanYin? —Preguntó con su nombre de nacimiento, cortando abruptamente ese lazo lejano que debían tener.
Deber, deber, deber.
-¿Qué quieres y por qué estás acá, Líder de secta Lan? —Preguntó, creando nuevamente la distancia entre ellos.
El muchacho frente a él siguió con la sonrisa, terco.
-Porque te quiero.
Y eso fue todo. WanYin sintió su cuerpo vibrar ante esas palabras, y ante el enojo que se arremolinó entre el espacio de sus cejas, "¿por qué me quieres? ¿por qué lo harías? pierdes tu tiempo" pensó.
Nunca lo dijo. No era su deber.
-Siempre me he dirigido a ti con respeto, líder de secta, y seguiré haciéndolo. Piérdete, antes de que yo lo haga por ti. —Dijo, y entonces se dio media vuelta para volver a su hogar, donde lo esperaba su padre, su madre, y la soledad.
Porque lo estaba perdiendo todo por sus deberes.
Una mano lo detuvo. Y lo sostuvo con tanta ligereza, como si fuera una muñeca de porcelana que necesitaba ser cuidada. Él no era frágil.
No entendía de dónde salía ese cuidado.
-¿Qué significa amar para ti? —Preguntó el mayor de ambos—, No es algo absurdo como escuchar una campana. Llevo ocho años viendo como las mariposas te rodean y suenan las campanas en tu aura. —Comentó, y Jiang Cheng pensó que realmente era mucho tiempo—, pero es muy probable que nuestras definiciones varíen.
Jiang Cheng frunció el ceño.
-Por supuesto que varían. —Respondió, mientras se soltaba de su agarre—, para ti puede significar tratar de una manera suave, sutil y dulce, como si tuvieras que cuidar a tu ser amado por ser débil. Para mí, en cambio, significa lealtad, compañerismo, fuerza y tolerancia. —Masculló altivamente, mientras alzaba su barbilla y cruzaba sus brazos, invitándole a contradecir—, ¿Hay algo que nos obligue entonces a creer que debemos estar juntos porque escuchamos el tintineo de unas campanas? Dame una razón, sólo una, y entonces te creeré. Creeré que me quieres. Pero no vengas contándome una leyenda ridícula, que si quieres venderle amor de libros a alguien, Wuxian no está disponible.
Vio desdibujado el rostro de XiChen a una mueca algo más seria, mientras Jiang Cheng re-afirmaba su postura, con altivez. Porque no había forma que ese día hacia ocho años atrás ellos pudieran haber conectado. Eso fue su decisión. Él siguió a Wuxian, eso no fue destino.
-¿Nunca odiaste sentir que tu vida estaba escrita, WanYin? —Preguntó repentinamente XiChen, y el aludido dio un ligero brinco—, yo sí. Pero tú cambias mi mundo. —Mencionó, mientras se acercaba a la barandilla del puente de madera—, Repentinamente me sentía gris si no estabas en alguna reunión para dar órdenes, o darle firmeza a las cosas. Otras tantas me preguntaba si podías relajarte. Y repentinamente eras lo único que tenía en mi cabeza. —Dijo, y cuando sus miradas chocaron, XiChen le dio una pequeña sonrisa—, No sé sentiría tan mal trabajar por compartir nuestras definiciones de amor. No hemos tenido un encuentro adecuado, ni siquiera somos amigos que toman el té de vez en cuando. Pero ambos ignoramos las campanas porque no estamos dispuestos a vivir sin amor, y debemos dar herederos.
Había dado en el clavo.
-Y así mismo, ambos estamos solos.
Y continuaba diciendo certezas.
-Pero nuestra principal distinción es que, al igual queelmaestro Wei con mi hermano, te has disculpado con todos menos conmigo, porque estás cómodo a mi alrededor. —Dedujo en voz alta, consiguiendo un tic y al mismo tiempo, un sonrojo de Jiang Cheng por ser expuesto—, y el amor significa nunca tener que decir que lo sientes. Ya sabes... —Se alejódela barandillay se acercó al muchacho—, significa demostrarlo.
Otra campana de viento y el mecer de las hojas debido al runflar de este provocó que Jiang Cheng tragara pesado. No era algo ligero. Era arriesgarlo todo. Era intentarlo. Conversar la situación porque ambos eran herederos que jamás habían sido amigos y sin embargo había una atracción que negaron porque un insecto absurdo nunca debía influir en las decisiones.
-¿Qué quieres, Lan Huan? —Preguntó directamente, con una ceja alzada—, tu palabrería es innecesaria. No sé lo que buscas en mí. Soy insoportable.
-Me adaptaré.
-No me interesa que quieras adaptarte, me interesa el qué quieres conseguir.
-Que siempre estés cómodo conmigo y que podamos llevar nuestras sectas en mutua compañía. —Respondió, mientras sostenía sus manos con una fuerza sorprendente—, pero por sobretodo, tu sinceridad. Quiero tu sinceridad. ¿Podrías cumplirme con eso?
Y repentinamente la lista de Jiang Cheng se vio completa, como si no hubiera tenido nada más que buscar.
Jiang Cheng se rió antes de responder.
-Pero siempre has tenido eso. —Mencionó, mientras XiChen sonreía—, algo más debes querer.
-Que me dejes trenzar tu cabello cuando ya no puedas.
Eso lo hizo sonrojar y abruptamente decidió soltar sus manos.
-¡Eso es todo, me largo!—Alzó la voz, mientras se apartaba del lugar, escuchando la carcajada.
-¿Es eso un "acepto tu propuesta de cortejo", o debería hablar con tu padre?
Jiang Cheng lo miró con una sonrisa torcida y un sonrojo que destacaban su vergüenza.
-Haz lo que quieras.
