Hola, querido fandom GrimmNell. He vuelto acá con otra historia de este hermoso ship, sobre un tema que me encanta, sorpresa sorpresa: asesinos seriales ggg.
Mil gracias a Ankapoar por ayudarme con las ideas y a darle forma a esto, te ailofiu, queen UwU.
Me disculpo de antemano por el proceso del juicio y todas esas cosas técnicas, obvio no soy abogada y sé muy poquito de lo que se hace por pelis y series jaja así que…no esperen que sea muy exacto.
Espero que les guste, a mí me encantó. Cada. Maldita. Palabra.
La imagen de portada no es mía, todos los créditos a su creador/a.
Los personajes de Bleach no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo.
LA DAMA DE SANGRE
Capítulo 1
Grimmjow Jaggerjaquez, detective de homicidios asignado al caso de Nelliel Tu Odelschwanck, alias "la dama de sangre", estaba sentado en su oficina hojeando una vez más el archivo y de vez en cuando mirando el reloj de la pared, esperando que diera la hora. Lo habían obligado a usar un traje con corbata para el juicio, pero estaba a punto de mandar todo al diablo. ¿Era su sensación o el clima estaba especialmente caluroso ese día? El aire acondicionado estaba encendido, no obstante, se sentía sofocado y tenía la frente empapada en sudor. Miró una vez más el reloj y suspiró. Tan sólo veinte minutos. ¿Debería ir a ver a Nelliel? No, era demasiado pronto. Lo mejor sería dejarla tranquila unos minutos más. De todas formas, el resultado ya estaba casi escrito. Nelliel era culpable, y ni el mejor abogado del mundo podría hacer que la declararan inocente por los cargos imputados, mucho menos con las pruebas que él mismo había proporcionado.
Alguien llamó a la puerta y Grimmjow se levantó de su asiento, visiblemente nervioso. Había atendido muchos casos similares, no entendía por qué había dejado que ese caso, o más bien esa mujer, se le metiera bajo la piel de esa forma.
–¿Estás listo? –Ulquiorra se asomó a la oficina.
–Todavía faltan 20 minutos –dijo Grimmjow consultando su reloj de mano por si estaba mal el de la pared.
–Ya, pero el juez asignado es Aizen Sousuke. Ya sabes que siempre empieza antes.
Grimmjow suspiró y agarró su saco.
–¿Quién es el abogado defensor? –preguntó mientras se dirigían a las celdas.
–Un tal Ichigo Kurosaki –respondió Ulquiorra tranquilamente.
–¿Es pariente de Isshin Kurosaki? –Grimmjow había visto muchos juicios de Isshin, era un gran abogado con más de veinte años de experiencia, si era algo de familia seguramente el tal Ichigo también era bueno.
–Su hijo. Recién egresado de la carrera.
Grimmjow lo miró sin comprender. ¿Cómo era posible que le hubieran asignado un caso tan importante como ese, que había vuelto locas a las masas y a los medios, a un inexperto recién egresado de la carrera? Debía ser una broma.
–¿Es en serio? Debe tener veintipocos años.
–Veintitrés –corroboró Ulquiorra.
–Seguramente su papi le dio luz verde en la firma de abogados –Grimmjow suspiró–. ¿Eso será un inconveniente?
Ulquiorra se detuvo.
–No. Su clienta va a declararse culpable. El caso ya está prácticamente ganado, las pruebas son contundentes y tenemos el testimonio, este juicio será sólo para negociar la condena.
Grimmjow asintió. Sentía las piernas de plomo, la lengua reseca y un agujero en el estómago.
–¿Y si alega defensa propia? ¿Podría salir libre?
–No –respondió Ulquiorra muy seguro–. Si fuera sólo un asesinato, sería una posibilidad en caso de que presentara pruebas suficientes, pero estamos hablando de tres, y no hay evidencia de que haya matado en defensa propia.
–Pero en su confesión dijo que…
–Cualquiera puede decir eso. Si yo te digo en este momento que soy un maldito alien, ¿también lo vas a creer? Si no te conociera, Grimmjow, pensaría que quieres que esa mujer salga libre.
Grimmjow lo pensó un momento. Había una gran, gran probabilidad de que Ulquiorra fuera, en efecto, un alien. De hecho, ahora que lo pensaba, nunca lo había visto dormir ni comer, ¿y la expresión siempre igual de su rostro? Nunca se veía feliz, ni triste, ni enojado, ni sorprendido. Definitivamente no podía ser humano.
–Sólo quiero que se haga justicia, así que si en verdad fue defensa propia…
–Las muertes fueron demasiado sangrientas, y el jurado lo sabrá porque verá las fotos. La doctora Kuchiki dijo en el reporte de las autopsias que cada cuerpo recibió alrededor de 15 puñaladas. ¿Eso te parece defensa propia o el puro gozo de matar?
Grimmjow no supo qué responder. Sí, con la evidencia que tenían, Nelliel tenía cero probabilidades de salir. Ni siquiera bajo fianza. Iría a la pena de muerte o cuando menos cadena perpetua sin posibilidad de salir más adelante por buena conducta.
Llegaron a las celdas y el oficial los dejó pasar. Ahí estaba Nelliel, sentada en el suelo, vestida con la misma ropa con la que la había arrestado: vestido negro entallado, medias de red y tacones rojos a juego con el abrigo de piel falsa. Había desenredado su cabello con los dedos a fin de verse un poco más presentable. Grimmjow vio que tenía el rímel corrido, pero le pareció muy poco delicado ofrecerle lavarse la cara cuando estaba a punto de ser sentenciada a muerte.
–Buen día –saludó una voz desde la puerta.
Ulquiorra y Grimmjow se voltearon al mismo tiempo. Ahí estaba el defensor, el tal Ichigo Kurosaki, hijo de Isshin Kurosaki, vistiendo un traje italiano impecable de color marrón con camisa blanca y corbata azul y su maletín negro en la mano izquierda.
Se acercó a ellos y le estrechó la mano a Ulquiorra.
–Detective –le ofreció un asentimiento de cabeza a Grimmjow, el cual no fue respondido.
A Nelliel ya la conocía, pues había tenido oportunidad de hablar con ella días antes.
–¿Estás lista?
Nelliel no respondió. Simplemente salió de la celda y de inmediato fue esposada por el guardia.
–Eso no será necesario, oficial –le dijo Ichigo.
El guardia le quitó las esposas, pero los acompañó a la salida, donde ya esperaban otros dos oficiales que escoltarían a Nelliel hasta el tribunal.
–Andando –dijo Ulquiorra.
Grimmjow lo siguió en silencio.
El lugar ya estaba lleno. Se las habían arreglado para mantener fuera a la prensa, pero los familiares de las víctimas estaban ahí reunidos. Esposas, madres, padres, hijos y amigos que lloraban o trataban de consolarse mutuamente. Del lado defensor estaba sentado el mismísimo Isshin Kurosaki, haciendo el papel de abogado auxiliar. Seguramente así lo había decidido para ver en acción a su pequeño retoño. Por el respeto que Grimmjow y Ulquiorra le tenían, al ser uno de los mejores abogados de Karakura, se acercaron a estrecharle la mano.
–Ulquiorra, Grimmjow –los saludó con familiaridad–. Espero que ya hayan conocido a mi hijo, Ichigo.
–Sí –respondió Ulquiorra.
–No seas muy duro con él, es su primer caso importante –Isshin le guiñó un ojo a Ulquiorra.
El moreno sonrió ligeramente, apenas una minúscula curvatura en la comisura de la boca.
–Ya sabes que siempre ataco con todo mi arsenal, Isshin. No me contendré sólo porque se trata de tu hijo.
Isshin también sonrió. De hecho, parecía que era la respuesta que esperaba.
–Me alegra oír esto. Según lo que leí del caso, está prácticamente ganado, ¿no? A Ichigo le vendría bien un golpe de realidad. Y nada mejor que enfrentarse al mejor abogado de la fiscalía para que le dé una calurosa bienvenida.
Ulquiorra y Grimmjow no respondieron nada. Nemu Kurotsuchi, la abogada auxiliar de Ulquiorra, ya estaba en su asiento y los saludó a ambos. Ulquiorra tomó asiento y dejó su maletín sobre la mesa. Grimmjow se sentó en la banca detrás de Ulquiorra, cerca de los familiares. Una extraña sensación volvió a apoderarse de su cuerpo. Por supuesto que lo conocían, la prensa y la televisión se habían encargado de mostrarlo como el héroe que había resuelto el caso y atrapado a la asesina. Les ofreció una incómoda sonrisa de ánimo a modo de saludo y se volteó. No tenía ganas de hablar con ellos, su mente estaba ocupada con otras cosas.
Entonces la puerta lateral se abrió y entró Ichigo seguido de Nelliel y los dos guardias. Nelliel caminó por donde le indicó Ichigo, para que se sentara en medio de él y su padre. La joven le estrechó la mano a Isshin y tomó asiento. Uno de los guardias se quedó en la puerta y el otro se posicionó junto al estrado. Ichigo abrió su maletín y sacó los papeles que necesitaba, luego aflojó un poco su corbata; se notaba que estaba muy nervioso.
Ulquiorra, con su calma impasible, se recargó en la mesa. Para él era simplemente un día más, un caso más. Llevaba en el oficio un poco más de diez años, estaba tan acostumbrado al procedimiento que ya lo hacía en automático. Le había tocado hacerse cargo de los casos más grotescos y siempre salía triunfante. Tenía un promedio de 98% de casos ganados, y al enfrentarse a un abogado inexperto como Ichigo, aun con el apoyo de Isshin, a quien le debía cierto respeto, sabía que no había nada de qué preocuparse.
Unos minutos más tarde, las puertas de atrás del estrado se abrieron y entró el juez.
–Todos de pie para recibir al honorable juez Aizen Sousuke –indicó el oficial junto al estrado con voz fuerte y clara.
Todos los presentes en la sala obedecieron. Aizen Sousuke era un hombre joven para ser juez, con apenas cuarenta años de edad. Era un prodigio, el mejor en lo que hacía, pero también era muy exigente y no le gustaba que hubiera disturbios en su tribunal. Siempre tomaba los casos de asesinos seriales, y nadie sabía si se debía al destino o a un gusto personal. A Ulquiorra no le interesaba ninguna de las dos razones. Al igual que él, Aizen iba a trabajar y nada más.
Aizen tomó las hojas que estaban sobre su mesa y las leyó.
–Inicia la sesión del Estado contra Nelliel Tu Odelschwanck, acusada de los cargos de homicidio en primer grado hacia Hiroaki Saitama, Setsuma Hidaya y Asano Kazekage. ¿Cómo se declara la acusada?
–Inocente, su Señoría –exclamó Nelliel.
Ichigo, Isshin, Ulquiorra y Grimmjow la voltearon a ver como si se hubiera vuelto loca. Aizen levantó una ceja y suspiró. Parecía que aquel caso se iba a extender más de lo previsto.
–¿La acusada comprende que al declararse inocente será sometida a un juicio en el que se revisará la evidencia recabada en el caso, y si es encontrada culpable de los cargos imputados, perderá el derecho a su libertad, mismo que será puesto a consideración de un jurado que le otorgará una condena de acuerdo a las pruebas presentadas por el abogado de la fiscalía?
–Sí, su Señoría –exclamó Nelliel en el micrófono.
Aizen asintió. Ulquiorra, a pesar de estar sorprendido por el cambio de planes, no se inmutó. No era la primera vez que ocurría, pero lo que no terminaba de entender era que se hubiera declarado inocente cuando se tenía la evidencia en su contra. Miró de reojo a Ichigo. ¿El niño de papi quería probar sus habilidades y había convencido a Nelliel de que se declarara inocente para proceder al juicio? No estaba seguro. De hecho, el abogado se veía tan sorprendido como el resto de los presentes. No importaba, en realidad. Si ese era el juego, no tendría ni un atisbo de piedad. Iba a destrozarlos a ambos para antes del mediodía.
Aizen los miró detenidamente, lo estaban sacando de sus casillas.
–De acuerdo, haremos un breve receso de treinta minutos. La sesión se reanudará a las nueve en punto. Abogados, quiero hablar con ustedes en mi despacho.
Sonó el mazo en la peana y todos se pusieron de pie. Ichigo y Ulquiorra siguieron a Aizen a otra habitación y Nelliel fue escoltada de regreso a la celda. El resto de los presentes se dispersó poco a poco. Grimmjow se acercó a Isshin.
–¿Qué demonios está sucediendo?
–No tengo la más mínima idea.
–Creí que se declararía culpable.
–Eso creí yo también, pero al parecer hubo un cambio de planes a última hora.
Isshin se encogió de hombros y salió de la sala.
Aizen se sentó y le indicó a los abogados que hicieran lo mismo.
–¿Qué demonios fue eso, Kurosaki? –gruñó Aizen. Ichigo palideció–. ¿En serio? ¿Tu cliente se declara inocente? ¿Con tres cargos de asesinato en primer grado? ¿A qué estás jugando?
–Su Señoría, le juro que no tenía ni idea de esto. Habíamos acordado que se declararía culpable para negociar la sentencia. ¿Qué se supone que haga?
–Hazla entrar en razón –exclamó Aizen claramente disgustado.
–Pero…
–Su Señoría, la fiscalía no tiene problema alguno en ir a juicio –dijo Ulquiorra.
–Si vamos directo a juicio, no podremos fijar una fianza, y la acusada tendrá que declarar, ¿entiendes eso, Kurosaki? –preguntó Aizen.
–Sí, su Señoría. Lo entiendo perfectamente. Estoy seguro de que Nelliel también lo entiende.
Aizen bufó molesto.
–Bien. Nos vemos después del receso. No quiero más sorpresas.
Ichigo asintió y los tres salieron del despacho. Aizen se retiró por el pasillo y Ulquiorra e Ichigo se quedaron solos.
–Supongo que no está muy contento –dijo el pelirrojo.
–¿Quieres un consejo, Kurosaki Ichigo? –preguntó tranquilamente Ulquiorra–. No dejes que tu clienta se deje llevar por sus emociones. Entiendo por qué quiere declarar, es una oportunidad para convencer al jurado o, en su caso, de darle lástima. Pero debes entender que con el caso que tenemos armado eso no va a suceder. De hecho, podría ser peor para ella. Pudimos haber negociado una sentencia de cadena perpetua con posibilidad de salir por buena conducta, pero ahora eso ya no será posible. Cuando el jurado vea las fotos, la evidencia, y escuche a los testigos, le darán la pena de muerte.
Ichigo palideció. Ulquiorra encontró su reacción casi divertida. Aprovechó para acercarse un poco más y decirle en voz baja.
–¿Sabes por qué no quise ser abogado penalista? Porque no soporto la idea de defender a la escoria para que luego ande suelta por las calles. Decidí ser abogado fiscal para asegurarme de que los asesinos como Nelliel estén tras las rejas o, en su defecto, tres metros bajo tierra.
Y sin decir nada más, se retiró dejando a Ichigo solo en medio del pasillo. ¿Lo había asustado? Bastante.
¿Qué tal ese golpe de realidad?, pensó Ulquiorra.
A las nueve en punto ya estaban todos de regreso en la corte. Aizen entró nuevamente y todos se pusieron de pie para recibirlo, asimismo al jurado, compuesto por diecisiete personas, hombres y mujeres de distintas edades que le ayudarían al juez a tomar una decisión. Una vez que todos tomaron sus lugares, Ulquiorra se acercó al centro de la sala para hablar.
–Damas y caballeros, mi nombre es Ulquiorra Cifer, abogado patrono de la fiscalía que llevará el caso del Estado contra la acusada, Nelliel Tu Odelschwanck. Llamo al primer testigo a declarar: el detective Grimmjow Jaggerjaquez.
Flashback
Grimmjow miró su reloj una vez más. Faltaban 5 minutos para las 10 y Gin no daba señales de vida. La cafetería estaba bastante llena para ser un martes por la noche, lo cual disponía el ambiente perfecto para reunirse con él sin levantar sospechas.
La mesera se acercó otra vez para ofrecerle algo y esta vez Grimmjow pidió un café. No creía tardarse más de media hora, pero al paso que iban parecía que su pequeño encuentro se retrasaría un poco. Quince minutos después, Gin Ichimaru entró por la puerta y lanzó una mirada a su alrededor hasta encontrar la inconfundible cabellera azul de Grimmjow. Como siempre, vestía un traje blanco con camisa negra, los dos primeros botones desabrochados. El cabello blanco, los ojos azul turquesa casi siempre entrecerrados al punto de no saber si podía ver algo o no, y esa sonrisa que ponía incómodo a más de alguno. El atuendo en general le confería más estatus del que realmente tenía: el de un proxeneta.
–Grimmjow, cuánto tiempo sin…
–Llegas tarde, Ichimaru. Sabes que no me gusta esperar.
–Ya, lo siento –respondió el hombre tomando asiento frente a él en actitud despreocupada–, hubo un problema con las chicas y tuve que…bueno, no hablemos de negocios.
–Eso es precisamente de lo que quiero hablar.
–Dulzura, tráeme una cerveza, por favor –le pidió Gin a la mesera.
–Necesito que me des información sobre una de tus chicas –dijo Grimmjow sin rodeos cuando la joven se retiró.
–¿Una de mis chicas? Sabes bien que no puedo hacer eso –respondió Gin con esa sonrisa zorruna que lo caracterizaba.
–Yo creo que sí puedes. Después de todo me debes unos cuantos favores, sólo me estoy cobrando uno de ellos.
–Estaría traicionando su confianza, ¿no crees?
–Yo diría que estarías encubriendo a una asesina, pero si vamos a hablar de confianza…
–¿Qué dijiste? –preguntó Gin en un susurro. De pronto estaba muy pálido. La información lo había tomado por sorpresa.
–Lo que oíste.
–No estarás hablando de "la dama de sangre", ¿o sí? –preguntó Gin.
Grimmjow rodó los ojos con fastidio. ¿Qué clase de estúpido apodo era "la dama de sangre"? La prensa y los medios televisivos tenían cero imaginación cuando se trataba de ponerle un alias a un asesino serial.
–Sí, hablo de ella.
Gin compuso una sonrisa pese a la impresión que le había causado y se recargó en el respaldo. Sacó la cajetilla de su bolsillo y encendió un cigarro.
–¿Qué te hace creer que se trata de una de mis chicas?
–Una corazonada –respondió Grimmjow.
Pero era más que eso. Sabía muy bien que las mujeres que trabajaban para Gin vestían un poco más refinadas que el resto. Él no era ningún gurú de la moda, pero un abrigo de piel era considerado "alta costura" entre las prostitutas. Además, la zona en la que estaban los moteles en donde habían ocurrido los asesinatos era una de tantas que le servían a Gin como patio de juegos, donde hacía sus negocios sucios y controlaba las drogas y la prostitución.
La mesera trajo la cerveza y Gin le ofreció la misma sonrisa coqueta cuando se retiró.
–¿Podrías dejar a la chica en paz? –preguntó Grimmjow.
–¿De qué hablas? Sólo le sonreí.
–No me sorprendería si trataras de convencerla de empezar a trabajar para ti.
–No seas tan duro conmigo, no soy un tiburón.
Grimmjow sacó un folder amarillo y lo dejó encima de la mesa. Gin lo abrió y vio que eran fotos, no de muy buena calidad, pero que permitían ver con claridad lo que estaba ocurriendo. Una mujer de cabello turquesa iba del brazo con un hombre de traje y maletín. La reconoció de inmediato, pero lo disimuló para ver las otras fotos. Eran tomas similares, pero ahora con la chica de medio lado, con zoom, de cuerpo completo.
–Trabaja para ti, ¿verdad?
Gin negó con la cabeza para hacerse el desentendido.
–No sabría decírtelo. No logro verle bien la cara.
–Al carajo con eso, el cabello es inconfundible.
–Podría ser una peluca.
Grimmjow sonrió. Aquel bastardo no iba a hablar tan fácilmente, tenía que buscar otra forma de sacarle la información. Le quitó las fotos y volvió a guardarlas.
–Sí, tienes razón. La calidad del video no era muy buena, podría ser cualquiera.
Gin lo miró con cautela. Grimmjow se terminó la taza de café, dejó un billete sobre la mesa y se levantó.
–Tengo que irme. Tal vez te haga una visita en la semana. Hay unos amigos de la ACD que quieren conocerte –pasó junto a Gin esperando a que reaccionara, lo cual no le tomó ni dos segundos.
–Espera.
Grimmjow sonrió triunfante y se volvió.
–¿Qué?
–¿Te das cuenta de que estás chantajeándome? No puedes amenazarme con echarme a la ACD sólo porque no pude ayudarte.
–¿No pudiste o no quisiste? Piénsalo bien, Ichimaru, tú tienes todas las de perder. Puedo conseguir la información por otro lado, aunque me lleve algo más de tiempo, pero eso significa que nuestra "amistad" se terminó. Perderás todos tus negocios e irás preso, tengo demasiadas pruebas contra ti. Si me das a la chica, dejo todos tus negocios tranquilos y te garantizo que nadie te molestará, siempre y cuando no tenga más muertos en mi ciudad a causa de ti.
–No es una chica cualquiera –exclamó Gin.
Grimmjow volvió a sentarse. Se inclinó hacia Ichimaru para que siguiera hablando.
–Es…indescriptible. No lo creerías si la vieras. Me ha dado más ganancias que todas las otras juntas, los clientes hacen fila y esperan semanas, incluso meses para estar con ella.
–¿Cómo se llama?
–Siempre fue un poco problemática, lo admito –continuó Gin como si no hubiera escuchado la pregunta del pelizaul–. Una mujer con un carácter del demonio. Pero es la mejor en lo que hace. El pez más gordo de mi acuario. Una vez quise subirla de categoría, meterla de escort y hacer que trabajara menos y ganara más, pero no quiso. Dijo que los ricos le aburren, que ella pertenece a las calles.
–¿Cómo se llama? –repitió Grimmjow.
–Nelliel. Nelliel Tu Odelschwanck.
–Suena a que no es japonesa.
–Es rusa, al igual que su padre, pero su madre era japonesa. Llegó a Japón muy joven, ha estado trabajando para mí casi siete años.
Grimmjow asintió y volvió a levantarse. Sacó otro billete y lo dejó en la mesa.
–Yo invito esta vez. Consígueme una cita con ella para mañana en la noche. Y ni una palabra de esto, a nadie.
Y sin esperar respuesta, salió de la cafetería.
Gin sonrió. Estaba que no daba crédito a sus oídos. Al parecer Nelliel, la dulce Nell, era una asesina.
Fin del flashback
Continuará…
Hasta aquí el primer capítulo. Nos leemos la próxima semana. ¡Dejen su review! (:
