¡Hola, hola!
Como avisé hace unos días, aquí está esta historia, fue publicada en el el año 2011 y editada en 2012, así que habrá alguna falta ortográfica y muchos errores de sintaxis, ya no me he atrevido a leerla porque si no querría borrarla y volver a empezar, pero como me la habéis pedido mucho (esto lo suelen decir las youtubers jeje) aquí está y espero que os guste y la disfrutéis.
Por cierto, me disculpo de ante mano por llenar el buzón de correo con alertas de fanfiction.
Capitulo uno
Bella POV
Sábado, siete de la mañana, mi primer día libre desde hace semanas. Estudiar y a la vez trabajar de camarera en aquel restaurante estaba haciendo que llegase a casa al límite de mis fuerzas. El repiqueteo del teléfono resonaba en toda la habitación obligándome a taparme la cabeza con la almohada. Ya harta de escucharlo y suponiendo que no se callaría hasta que contestase me levante a regañadientes y llegué hasta el maldito aparato.
– ¿Diga? –pregunté con voz pastosa.
– ¡Bella! –el grito de mi mejor amiga me dejó momentáneamente sorda.
– Alice, es sábado, son las siete de la mañana… ¿por qué gritas? –mascullé entre dientes.
– Alístate que en treinta minutos estoy en tu casa y nos vamos.
– ¿A dónde? –pregunté
– Nos vamos a Seattle –dijo tranquilamente.
– ¿A qué? –volví a preguntar.
– Hoy es la rueda prensa, ¿Lo has olvidado?
Gemí, no lo había olvidado, pero me había hecho a la idea de que sería imposible ir.
– ¡Venga! Métete en la ducha que ya me estoy subiendo al coche –dijo mi amiga antes de colgar.
Con movimientos mecánicos, y no muy segura de lo que estaba haciendo me metí en la ducha. Salí envuelta en una toalla y me puse lo primero que encontré en el armario. Todavía estaba medio dormida y el cansancio acumulado a lo largo de la semana no ayuda en demasía.
El timbre comenzó a sonar insistentemente. Metí algo de comida en una mochila, cogí una chaqueta y mi bolso y me metí en el ascensor con cara de frustración. Cuando salí a la calle una muy ansiosa Alice me sonreía apoyada en su coche.
– Porque estamos hablando de Edward Cullen, si no te acompañaría tu padre –gruñí con una mueca de disgusto.
– Lo sé, créeme –contestó sin perder la sonrisa.
Subí al coche y nos dirigimos entre canciones y risas hacia Seattle. Vivíamos en Forks, un pueblo perdido en mitad de la nada, éramos amigas desde que me mudé con mi padre a Forks un par de años atrás. Alice era mi otra mitad, totalmente lo contrario a mí. Yo soy tranquila y ella es inquieta, yo soy tímida y ella es extrovertida, yo soy de belleza normal y ella es despampanante.
El viaje duró algo más de una hora… porque mi amiga se empecinó en detenerse a comprarme una camiseta nueva, la mía no era de su agrado. Rodé los ojos mientras me cambiaba, llevarle la contraria a Alice era algo que era mejor evitar.
Aparcó cerca del hotel donde se haría la rueda de prensa y en cuanto detuvo el coche mi corazón comenzó a martillear insistentemente mi pecho. Al fin vería a Edward Cullen, el actor de moda en Estados Unidos, en ocasiones me sentía como una adolescente hormonada a mis veinte años, pero era pensar en esos increíbles ojos verdes o en ese desordenado cabello y me ponía mala, eso sin hablar de sus labios, cada vez que veía una fotografía tenía que cerrar los ojos para no comenzar a babear imaginándome como sería un beso con él.
Pero es que era inevitable. No estaba enamorada de él, ni iría al fin del mundo por verlo, pero la atracción que sentía hacia su cuerpo era inevitable, y solo esperaba tener la ocasión de poder verlo o si quiera hablarle para desilusionarme con él y olvidar las ganas de tenerlo delante para hacerle cosas poco decentes.
Entramos en el hotel y no me sorprendió ver a Jasper apoyado en una de las columnas del hall, miré a Alice acusatoriamente y ella me dedicó una inocente sonrisa acompañada de una mirada de disculpa.
– Ve a la rueda de prensa… nos vemos en un par de horas en la puerta –me dijo casi suplicándome para que no me enfadase por dejarme sola.
Bufé, evité contestarle porque sabía que mis palabras no serían de su agrado.
Siempre me hacía lo mismo, quedábamos en hacer algo juntas y siempre aparecía Jasper, el chico me caía bien, pero no soportaba sus constantes muestras de cariño, solo me recordaba que yo estaba sola.
Me giré y sin despedirme seguí los carteles que indicaban el camino a seguir para la rueda de prensa. Sin saber muy bien como, Jasper había conseguido un pase de prensa para que yo pudiese entrar y así poder ver a Edward. Caminaba despacio intentando coordinar el movimiento de mis piernas para que mi torpeza no me dejase quedar mal una vez más, no podría perdonarme el hacer el ridículo delante de él.
Una de las chicas de la organización me pidió que me sentase en una silla, desde donde me encontraba podía ver perfectamente la mesa donde Edward y sus compañeros de reparto Emmett McCarthy y Tanya Denali, contestarían a las preguntas que los "periodistas" les haríamos. Me sentía un poco mal, yo no era periodista, estaba estudiando literatura y para colmo me faltaban tres años para licenciarme…
Los minutos iban pasando y mis nervios iban en aumento, sólo deseaba ver su pelo broncíneo y perderme en sus ojos verdes… mi pie repiqueteaba en el suelo constantemente y las demás personas no me miraban muy bien.
Un hombre entró en la sala y comenzó a hablar a través del sistema de megafonía, pero yo no entendía ni una de las palabras que pronunciaba, mi cabeza se movía de un lado a otro buscando a Edward con la mirada. Y al fin apareció… mi respiración se detuvo, mi corazón se saltó un latido y un sudor frío cubrió mi espalda. Si viendo su foto no podía dejar de fantasear con sus labios, teniéndolo a dos metros era muchísimo peor. Inevitablemente mis bragas se mojaron en cuanto nuestras miradas se encontraron y una involuntaria sonrisa cruzó mis labios cuando mi miró fijamente. ¡Porque me miró a mí!
La entrevista comenzó y le hicieron algunas preguntas… dejé que su voz me envolviera aunque no prestaba atención a sus respuestas, solo era consciente del movimiento pausado de sus labios, de cómo pasaba su mano de vez en cuando por su pelo, de cómo sonreía avergonzado mirando al suelo cuando una pregunta era demasiado indiscreta… ¡Dios! No podía quitarle la vista de encima… si pensaba desilusionarme para evitar lo que despertaba en mí, había conseguido totalmente lo contrario.
Suponía que sería una persona egocéntrica, muy pagado de sí mismo y hasta un poco excéntrico… pero parecía totalmente lo contrario, mirándolo daba la impresión de estar viendo a uno más de mis compañeros de facultad, bromeaba con Emmett entre pregunta y pregunta y me deslumbraba completamente con cada sonrisa.
El hombre que habló al principio, y en el que no había reparado en ningún momento, dijo que quedaban sólo unos minutos para que el evento terminase. Y el estómago se me apretujó de repente… no lo volvería a ver, él se iría para continuar trabajando y se olvidaría de esa entrevista completamente y por lo tanto de mí.
– ¿Alguna pregunta más? –preguntó con su voz aterciopelada y clavando sus ojos en mí.
Me estremecí y me di cuenta de que no había abierto la boca en toda la entrevista, y se suponía que yo era un periodista. Mi mano se alzó instintivamente y la chica de la organización se acercó a mí con un micrófono. Tragué en seco cuando lo sostuve entre mis manos, nunca había estado tan nerviosa, sentía las miradas de todos puestas en mí, pero sobre todo sentía su mirada. Mi barbilla tembló ligeramente cuando separé mis labios para hablar y nuestros ojos hicieron contacto.
– Edward –un escalofrío recorrió mi espalda al pronunciar su nombre– ¿te tomarás unas vacaciones después de la promoción?
¿Por qué le había preguntado eso? ¿Qué me importaba a mí lo que haría a partir de ese momento? Me sonrió con dulzura y yo me derretí en ese momento.
– De hecho sí –contestó–. Me tomaré un par de semanas de descanso con mi familia, realmente lo necesito.
El hombre del principio anunció el final de la rueda de prensa y todos se levantaron y comenzaron a caminar hacia una de las puertas laterales. Antes de entrar Edward se giró y podría jurar que me miró durante unos segundos, pero me golpeé mentalmente por pensar esas cosas… alguien como él nunca podría reparar en alguien como yo.
Salí hacia la entrada del hotel como en una nube, si me preguntaran podría jurar que mis pies no tocaban el suelo. Edward Cullen me había hablado, a mí. Estando al lado de su supuesta novia Tanya, aunque eso no estaba confirmado todavía…
Busque a Alice con mi mirada, todo estaba repleto de gente, los verdaderos periodistas de la rueda de prensa formaban un numero grupo frente al valet para que les diesen sus coches o esperando un taxi. Entré en el hotel malhumorada… Alice se había olvidado de mí y yo no tenía modo de volver a Forks… mi coche había quedado aparcado en la entrada de la casa de Charlie y en mi bolsillo tendría lo justo para volver el autobús. Bufé… tendría que soportar una hora y media de viaje sentada al lado de cualquier extraño.
Mi teléfono comenzó a vibrar en mi bolsillo, lo saqué con un poco de dificultad y al mirar la pantalla bufé indignada…
– ¿Qué quieres Alice? –contesté enfadada.
– Lo siento Bella, pero mi coche ha decidido tomar un descanso… ¡no quiere arrancar! Jazz nos llevará a casa, ¿puedes acercarte a la…? –su voz se cortó de repente y el teléfono se quedó en silencio.
– ¡Alice! ¡Alice! –Le grité al teléfono– ¿Y ahora como vuelvo a Forks? –pregunté para mí misma.
Miré el aparato… se le había acabado la batería. Totalmente enfadada lo tiré con rabia al fondo de mi bolso.
– ¿Problemas? –preguntó una voz a mi espalda.
Me sobresalté y me di la vuelta de un salto. Unos perfectos ojos verdes me miraban divertidos y una sonrisa torcida iluminaba el rostro de la persona que me hablaba. Mis rodillas comenzaron a temblar en cuanto lo reconocí y se me hizo un nudo en la garganta.
– Soy Edward –dijo sin perder la sonrisa.
– Lo sé… –conseguí pronunciar.
– ¿Tú eres…?
– ¡Bella! –Casi grité–, Bella Swan.
Me tendió su mano y al tomarla una descarga eléctrica recorrió mi brazo y murió en el centro de mi vientre. Alcé la mirada asustada y su expresión de desconcierto me confirmó que él había sentido lo mismo.
– Encantado, Bella –dijo recuperando la compostura.
Asentí incapaz de pronunciar ni una palabra coherente… me había quedado totalmente colgada de sus ojos.
– ¿No vas a gritar? –preguntó alzando una ceja.
Lo miré con el ceño fruncido… ahora me parecía un poco egocéntrico.
– Ni lo sueñes Cullen –espeté sin pensar.
Pareció sorprendido y una sonrisa maliciosa cruzó sus labios.
– Eso me agrada… sería muy difícil hablar contigo si me gritas todo el tiempo –dijo sonriendo.
Hice una mueca de desgana y el silencio nos rodeó de repente. Me sentía algo incomoda y él comenzó a mirar a todos lados como si estuviese buscando a alguien.
– Siento ser indiscreto… – me dijo después de unos segundos–, pero me ha parecido escuchar que te has quedado sin transporte para volver a casa.
– No te preocupes… puedo llamar a mi hermano, vendrá a buscarme –susurré bajando la mirada a mis pies.
– Yo voy a Forks, a visitar a mi familia. Si quieres puedo llevarte –cuando esas palabras abandonaron sus labios alcé la cabeza de golpe y lo miré incrédula.
¿La familia de Edward Cullen vivía en Forks? ¿Llevo dos años viviendo en el culo del mundo al lado de la familia de mi amor platónico?
– ¿En Forks? –pregunté incrédula.
– Sí, mi padre es el jefe de cirugía del hospital.
– Ahh –susurré.
Mi cabeza parecía asimilar las cosas lentamente y cuando procesé lo que acababa de decir el color abandonó mi rostro.
– ¿Tu… tu… tu padre es Carlisle Cullen? –pregunté tartamudeando.
– El mismo –contestó con una deslumbrante sonrisa.
Jadeé… ¿cómo no lo había asociado antes? Y Alice… era mujer muerta.
– ¿Qué pasa? ¿He dicho algo malo…? –preguntó algo sorprendido.
Recuperé un poco la compostura y lo miré a la cara, evitando sus ojos para no perder la poca coherencia que me quedaba.
– ¿Te molestaría mucho ser hijo único de repente? –le pregunté con un deje de ironía.
Comenzó a reírse y su risa atravesó mis oídos enviando pequeñas descargas eléctricas a lo largo de mi espalda.
– Por esa pregunta deduzco que conoces a mi hermana Alice ¿cierto?
– Deduces bien… se supone que es mi mejor amiga –contesté.
En su cara se mostró una expresión de sorpresa, parpadeó un par de veces y sus sonrisa volvió a aparecer.
– Así que… ¿tú eres Isabella? Mi hermana no deja de hablar de ti.
– ¿A si? Yo creía que solo hablaba de Jasper…
– Sí... de él también habla mucho… demasiado –entrecerró los ojos levemente.
