(N/Hola y bienvenidos, esta historia ya está completada en mi ordenador y es bastante larga, espero que os guste y la comentéis mucho en la sección de comentarios, como habréis visto, su clasificación es M y es bastante dura en el sentido trágico, la verdad este fanfic lleva esperando a salir desde que me uní a la comunidad de Fanfiction y estoy muy contenta con el resultado, comenten todo lo que quieran me gustaría ver lo que opinan de este fic ya que toca temas sensibles PONDRÉ LA EDAD DE LAS AVES EN EDAD HUMANA DESCONOZCO LA EQUIVALENCIA REAL DE LA EDAD DE LOS ANIMALES CON LA NUESTRA)
La vida de Nico no fue fácil, la verdad, pudo ser una de las vidas más difíciles que tuvo que vivir un ave en río, pero comencemos desde el principio de todo.
Esta historia no empieza con él, si no con sus padres, una hembra de canario amarillo que vivía en los suburbios de la ciudad de Brasil.
Esa noche, su madre, Beverly, quien vivía en un edificio abandonado junto a otras aves que habían salido de fiesta aquella noche, la madre de Nico era hermosa, una hembra de canario amarillo, con las puntas de las plumas marrones y ojos verdes.
Sin embargo la vida de aquellas aves no era buena, prácticamente todas las aves que vivían permanentemente allí eran hembras, pero no estaban allí por gusto, si no por miedo, aunque las hembras que residían en aquel edificio eran de especies distintas y diferentes lugares del mundo tenían algo en común, eran prisioneras, por aquella época, los traficantes de aves estaban empezando con el negocio de la captura y venta ilegal de aves, y mantenían a las aves en edificios abandonados, pero no dejaban solas a las aves, amaestraban a rapaces que controlasen a las aves que capturaban y dejaban en jaulas en ese edificio abandonado, lo que desconocían aquellos humanos es que sus guardianes también habían creado su propio negocio, habían separado el bloque de apartamentos abandonados que formaban ese edificio en dos partes, una para los machos, y otra para las hembras, las rapaces habían construido un prostíbulo en la segunda planta, donde las hembras estaban obligadas a acostarse con los clientes que iban a aquel lugar; mientras que en la primera planta estaban los machos, a los que se obligaba a pelear a cambio de comida.
Eran las doce de la noche y el edificio estaba en pleno auge de trabajo, por así decirlo, los clientes estaban disfrutando de la compañía de las hembras mientras ellas trabajaban forzosamente.
En ese lío de hormonas y alcohol, Beverly se desplazaba tratando de no ser vista, el día anterior había estado trabajando diez horas seguidas sin descanso y hasta ese momento había estado dormida, había tenido la fortuna de que ninguno de sus jefes Thomas, un halcón peregrino; ni Álex, un águila real; ni tampoco Henry, un buitre negro la despertaran, era una de las pocas hembras de tamaño pequeño que tenía el prostíbulo por lo que todos los día estaba ocupada con machos de pequeño tamaño que acudían habitualmente a aquel lugar, cardenales, periquitos, agapornis,colibríes... solo había otras dos hembras de tamaño pequeño, que dormían junto a ella en la misma cama, las habitaciones de las chicas no eran más que un montón de jaulas con trapos viejos y sucios que usaban como camas donde dormían y trabajaban.
Beverly estaba a punto de llegar a su jaula, solo tenía que pasar por el salón principal de la casa, donde había un sofá polvoriento y desgarrado y un montón de cajas, donde las aves estaban bailando con las trabajadoras del local, estaba a punto de llegar, la puerta estaba cerrada, pero había un gran boquete en la madera de la puerta a nivel del suelo por la que entraba a su habitación para dormir todos los días, a unos centímetros de pasar por el hueco notó que alguien la agarraba del ala izquierda y se dio la vuelta para encontrar a un macho de petirrojo europeo agarrándola.
-¿adónde crees que vas pequeña?-
-¡Suéltame! No voy a trabajar esta noche.-
-Eso lo decidiré yo.- dijo el petirrojo empujándola contra la pared.-¿te crees que hay alguien aquí al que le importe mínimamente lo que puedo hacerte ahora mismo?-
-Déjame por favor, necesito descansar, alguna otra hembra podría...-
-pero tu eres la más pequeña.- Dijo el macho, agarrándola del cuello.
-¡DÉJALA!- dijo alguien tras ambos, el macho giró su cabeza para encontrar a otro canario amarillo, de ojos castaños y plumas amarillo pálido, con las plumas del pecho casi blancas que formaban una especie de rombo, su pico y sus patas eran de un naranja claro casi color carne y llevaba una bandolera cruzada en su pecho hasta el lado izquierdo de su cadera.
-Vuelve a tus asuntos enano. Ella y yo tenemos asuntos pendientes.-
-Te he dicho que la dejes.- volvió a decir el canario desconocido casi como una amenaza.
-¿Y que me harás si no me da la gana?-
El otro macho solo se lo miró con desgana antes de alzar el vuelo y darle una patada en el estómago y tumbarlo en el suelo, para su tamaño, ese pájaro tenía bastante fuerza, el pequeño canario se posó sobre el pecho del petirrojo.
-Ahora...¿te importaría marcharte?-
El petirrojo se alejó de allí, sorprendido por la fuerza de aquel canario, sería mejor buscar a otra hembra.
-¿estás bien?-
-Sí, gracias. Pero...¿por qué me has protegido?-
-¿Y por qué no debería hacerlo? No se te veía muy cómoda con él.¿cuál es tu nombre?-
-No pareces un cliente como los demás...Si lo que quieres son drogas, el camello está en el hueco entre la azotea y el piso superior...Por cierto, me llamo Beverly.-
-No... verás.- dijo el macho rascándose las plumas de la nuca.- La verdad es que he venido un poco desesperado, he venido a intentar perder... la virginidad.- dijo el canario desviando la mirada y en voz baja.
-Es coña ¿verdad?- dijo ella sorprendida, el macho era algo mayor que ella, tal vez unos meses, pero en edad humana ambos debían tener más o menos la misma edad.
-No.-
-Pero,¿cuántos años tienes?.-
-Veinticuatro ¿y tú?.-
-Diecinueve.-
El macho se sorprendió al oír eso, era obvio que ella era más joven que él, pero nunca imaginó una diferencia tan grande
-Llevo trabajando aquí desde que tenía quince años.-Hubo un silencio algo incómodo.
-¿quieres ir a un lugar más privado?-
Ella le agarró del ala y le llevó a su habitación, en la que había dos paredes llenas de jaulas y cajas a modo de dormitorios, todos tenían una cortina hecha con telas viejas en la puerta, era evidente que las que tenían la cortina corrida era porque estaban ocupadas, y los gemidos tanto de hembras como de machos que se escuchaban solo lo evidenciaban más.
-La mía es la de la esquina superior izquierda, la que está más cerca de la ventana.-Dijo Beverly antes de volar hasta la jaula nombrada y hacerle una seña con el ala para que subiese.
El macho subió hasta la jaula, en el fondo era acogedor, tapada con una manta roja, con una pequeña luz led a pilas de color rojo que daba un toque sensual a la improvisada habitación, en el suelo de la jaula, había un trozo de goma espuma forrado con tela que la servía como cama.
-¿esta es tu habitación?.-
-Sí, intento mantenerla lo más limpia posible, pero es un poco difícil... ya sabes...La he hecho yo, a nosotros solo se nos proporciona un material blando para la cama, el resto lo traen a veces los clientes como regalos por los servicios.-
-¿Y tenéis la ventana tapiada para no pasar frío?- bromeó el macho
La hembra no contestó pero sabía la respuesta, no era para que no entrase el frío, era para que ellas no pudieran salir.
-Bueno...¿cómo empezamos?-
La hembra le sonrió, le parecía increíble que un pájaro adulto fuese virgen a esa edad.
-Déjamelo a mí.-
Beverly le dio un beso en el pico y tumbó al macho en su cama, se puso encima y empezó a masajear su entrepierna mientras lamía el cuello del macho, quien soltaba gemidos de placer y nerviosismo por ser su primera vez. Poco a poco, el endurecimiento del macho fue creciendo y la hembra empujó el miembro del macho en su interior, poco a poco, el sintió el calor de una hembra por primera vez y el rubor de sus mejillas aumentó.
-¿estás bien?- dijo Beverly.
-S...sí... es que, estás muy mojada, y caliente... no estoy muy acostumbrado...-
-Que mono... déjame dirigirte la primera vez, te daré algunas lecciones.-
La hembra se incorporó, sentada en las caderas del macho empezó a mecerse de delante hacia atrás; el macho empezó a gemir, estaba disfrutando enormemente, ella le dio un beso en el pico y recorrió varias veces el cuerpo de su cliente con sus alas, excitando más al macho, ambos sudaban, era una noche calurosa, pero desde luego el esfuerzo físico era lo que hacía que ambos canarios se sintieran acalorados y sudorosos.
-Aaah...sí...sigue por favor..- decía Beverly entre gemidos, agarrándose a la espalda del macho con lujuria.
Ambos se retorcían como serpientes, por primera vez, Beverly sentía placer por lo que hacía, sentía confianza con quien tenía junto a ella y se sentía segura; mordisqueó el cuello de su compañero y lo abrazó fuertemente con sus alas como si tuviera miedo de que se marchase antes de terminar.
-Beverly, ugh...creo que voy a...-
-Sí, ¡hazlo! ¡LLENAMÉ!.- gritó la hembra para seguir gimiendo hasta notar que un líquido espeso y caliente la llenaba, se abrazó más al macho para sentirlo dentro de ella y cuando acabaron, se separaron lentamente.
-¿qué te ha parecido tu primera vez?.- dijo Beverly.
-Ha sido increíble... me encantaría hacer esto contigo todas las noches.-
-Pues ven aquí todas las noches. Te haré un hueco siempre cuando llegues, si vienes a esta hora todos los días,no serás mi primer cliente de la noche pero...-
-Eso me gustaría mucho.- él se levantó y se dispuso a salir de la jaula, pero la voz de Beverly le detuvo.
-¡ESPERA! Aún no me has dicho tu nombre.- dijo ella agarrándole de una de sus alas.
-James, me llamo James.-ella soltó el ala del macho y le miró relajada.
-Por supuesto.- el canario salió de la jaula, ambos habían estado tan concentrados el uno en el otro que habían ignorado completamente los gemidos de las aves que había en la otras jaulas.-Buenas noches Beverly.
-Buenas noches James.-
-Ah, se me olvidaba pagar.-El macho agarró su bolsa para llevársela, pero antes sacó algo de su interior, un par de de pendientes humanos.- Tenía entendido que vuestros jefes aceptan tanto como comida como objetos humanos a modo de pago.-
El macho amarillo salió volando por la puerta para salir de nuevo al salón y marcharse de allí. Mientras, Beverly se acomodó en el trozo de goma espuma que usaba de colchón y se tapó con un trozo de tela a modo de manta, disponía de cinco minutos para descansar antes de volver a buscar clientes. Por primera vez en mucho tiempo, ella sonrió, era feliz, pese a su situación, se alegraba de haber conocido a James.
