Pegajoso

—No más, Ed— dijo Alphonse, mirando su tazón de helado a medio terminar. —Estoy lleno.

—Pero... jarabe de chocolate— protestó Ed, sosteniendo la botella. —Te gusta el jarabe de chocolate.

—Tengo años por delante para comer—respondió Al. —En el último mes intentaste meterme seis años de comida y... no sé si es porque te sientes culpable por algo todavía, ¿verdad, Ed?

—No— dijo Edward, lenta y suavemente.

—Ed...

—Voy a limpiar—, anunció el mayor, agarrando un puñado de platos, incluido el helado de Al. —Esto no es tan malo, incluso si es en parte leche.

—Exceptuando lo pegajoso— señaló Al. —Había olvidado cómo era que algo estuviera pegajoso. Especialmente yo.

Frunció el ceño cuando Ed comenzó a reír, Al le había dado una pequeña patada mientras se levantaba.

—Oye, no quise decir eso—, dijo Ed rápidamente, corriendo para atrapar a Al antes de llegar a la puerta de la cocina.

—Lo sé—, respondió Al, sonriendo después de un momento. —Sin embargo, debe sonar tonto.

—Probablemente sería de la misma manera si fuera...— Edward se detuvo, mirando su cuerpo. Seguía agarrando la cuchara de helado con la mano derecha, metal contra metal. Y también goteaba, sobre todo en el suelo, pero poco importaba como para limpiar el desastre en ese momento.

—Pegajoso—, señaló Al. Antes de que Edward pudiera responder, Al tenía esa mano de automail entre las suyas, llevando tanto el metal como la cuchara a sus labios para que su lengua lo limpiara todo suavemente.

—Pensé que habías dicho que estabas satisfecho—, tartamudeó Edward, mirando.

—...muy pegajoso—, murmuró Al, lamiendo el cruce donde el pulgar de Ed estaba unido a su mano.

—De acuerdo.— Ed no pudo evitar mirarlo. No le importaba consentir a Alphonse, después de todo.