Deeeeee acuerdo, este es el headcanon: Sero tiene un rarísimo crush, casi instantáneo, más fijación, en Tsuyu. Porque, es una rana.

Y a Sero le gustan las ranas [he aquí el verdadero headcanon].

Disclaimer: My Hero Academia no me pertenece.


De ranas a geckos.

por Blue-Salamon.


—Oye.

El codazo que recibe lo ignora olímpicamente, con su dolorosa punción. No obstante, no ignora del todo el llamado que le hace. Y responde con algo que suena como a un 'eu'.

Sero igual no deja de mirar en dirección de su compañera de clases, completamente fascinado. Mientras Kaminari solo hace una risa de burla, antes de preguntar: —¿qué tanto le miras a Tsuyu-chan, amigo? ¿es que te gusta?

La respuesta inmediata y quitada de la pena de Sero es una cabezada de afirmación. Y un distraído y baboso: —sí...

—¡Wow! Vaya...

Y después de decirlo, despierta cuando la chica sale del salón y se vuelve a Kaminari, recién entendiendo lo que ha dicho al verlo sonreírle así, con gesto pícaro. Más o menos, recupera: —ah, me gustan las ranas... —atina a decir; respondiendo a su sonrisa, sin terminar de entender, con una llena de dudas y eso por alguna razón a Kaminari no hace más que causarle una enorme gracia. Y se hecha a reír sin más. —Emh, ¿perdón? ¿qué me dices de ese chiste tan bueno que acabo de decir?

Eso no hace más que incrementar las risas de Kaminari. Y Sero solo se entretiene, fingiendo, que hay algo mejor por cualquier lado para ver.

—Vale, las ranas...

Cuando lo dice Sero ya está terminando de guardar sus cosas, distraído. Sin prestarle atención a las burlas de su amigo.

—Sí, las ranas —le quita importancia y si no chasquea la lengua es tan solo porque aún la tiene entumida, de esa mañana que se quemó al tomar el té caliente hirviendo por impaciente.

Sero se levanta y Kaminari le sigue, haciendo ambos su camino a la cafetería. Hanta lo oculta, indiferente, pero está molesto. Denki, por su parte, no deja los malabares con la idea dentro de su cabeza y su sonrisa transparenta sus malas intenciones y su extrañeza cuando sabe que está a punto de soltar un disparate, una verdadera, asquerosidad, y no le importa hacerlo:

—¿No es eso un poco fetichista?

En el acto, Sero se detiene de golpe. Se detiene y nada más hacerlo la sangre se le comienza a agolpar y a calentársele, en una pequeña pausa en que una exhalación se le escapa con la brutalidad de la exasperación. Pero. —¿De qué hablas? —se obliga a preguntar, antes de reaccionar explosivamente como cierto chico famoso por las explosiones con el que tenia la suerte, llámese mala o buena, de compartir grupo y salón.

Denki se encoge de hombros y hasta va a colgarse con su codo en el hombro del chico aunque eso lo ponga en una situación incómoda debido a la diferencia de estaturas. Él sí que chasquea la lengua, el muy charlatán, y muy quitado de la pena le dice: —De que te gusta Tsuyu por ser una rana.

La simplicidad de la actitud de Denki, por lo general, no solía ponerlo en ese estado porque entonces, Sero podía sentirse en la libertad de ignorarlo u omitir las estupideces que podía llegar a soltar ese chico por la boca. Pero llegados a ese punto, que Kaminari hablara de esa forma de alguien como Tsuyu lo hace sentirse enfermo y como estúpido por tener una amistad como él.

—Su don es el de una rana —comienza por corregirle—, pero ella no lo es.

Decide no decir más, por lo sano. Porque Kaminari sigue siendo su amigo. Y además porque.

—Y no tengo ningún fetiche por las ranas, ¿vale? Tan solo me-

Sero está tratando de mantenerse al margen, sacudiéndose un mosquito que de repente los acosa, cuando es que Tsuyu les pasa la lengua por un lado, sacándola y retrayéndola, tan igual de repentinamente, hacia el interior de su boca sin decir nada, sin cambiar la expresión de impasibilidad de su rostro. Sigue su camino y pasa por un lado de ellos, a penas moviendo la cabeza en una pequeña muestra de saludo (al que corresponde tan solo por inercia, dejando caer su mano con lentitud pasmosa sin hallar dónde es que se ha metido ahora el mosco).

Él se queda helado, no es la primera vez que le toca verla hacer eso así que. No es eso lo que lo deja de repente sin aliento.

—... gustan.

Como un latigazo irrumpe en su consciencia, tal cuál aquella lengua.

—Sí...

A Sero se le eriza hasta la raíz cada pequeño vello del cuerpo. Se vuelve con lentitud hacia Kaminari, quien sigue sonriendo, aquella terca, ladeada, descarada sonrisa. Y entrecierra los ojos, la mueca contenida.

—No tienes idea de cuánto te odio...

Se acabó.

No más ranas. NO. MÁS. RANAS.