-¿Qué rayos te pasa Kise?- le preguntó Aomine luego de escuchar el suspiro número 20 de labios del rubio.

-Nada Aominecchi- le contestó Kise suspirando una vez más.

Aomine lo miró fijamente. Sabía que el rubio estaba profundamente desanimado. No era como si no supiera el por qué, pero su ego podía más, y quería escucharlo directamente de labios del modelo.

-Ya, mira – le dijo de pronto al ver que Kise no estaba dispuesto a reconocerlo – Si estás así porque perdiste nuevamente en el uno a uno, relájate, no es para tanto, si después de todo, siempre te gano ¿no? – Quizás solo deberías resignarte y no intentarlo más – le dijo encogiéndose de hombros.

Esas palabras fueron como una puñalada para el rubio. Aomine en verdad, no entendía nada. Lo miró sonriendo en forma irónica, bajando la vista rápidamente. No quería que Aomine lo siguiera humillando.

-¿Qué? – le preguntó Aomine. No le había gustado para nada esa sonrisa de Kise.

-Nada – le respondió.

-Kise, lo único que me has dicho desde hace un buen rato es "nada". -¿Cómo va a ser nada? Si parece que estás a punto de echarte a llorar – le dijo medio fastidiado.

Kise lo volvió a mirar y luego volvió a esquivar su mirada. Lo que decía Aomine era cierto. Estaba que se echaba a llorar en cualquier momento.

-¡Lo único que me faltaba!- gritó exasperado Aomine -¡No volveré a pedirte que juegues basketball conmigo! ¡De ahora en adelante solo se lo pediré al imbécil ese de Bakagami!.

Kise lo miró con los ojos completamente rojos. Aomine no se lo creía. ¿Era acaso que el engreído y nunca me rindo Kise Ryota estaba realmente ad portas de echarse a llorar? ¿Era en serio?, no , definitivamente debía ser su imaginación.

-Hey idiota – comentó Aomine medio angustiado. La verdad, es que no tenía muy claro qué decir en esos momentos, todo era demasiado surrealista.

Kise sonrió triste. Abrió la boca para decir algo, pero luego la cerró. Aomine lo miró de reojo. Kise parecía no decidirse a hablar.

-Puede que para ti no signifique mucho – dijo por fin. - Sé que no puedes entender lo que yo siento, pero es frustrante perder siempre contra ti – le dijo aguantando los deseos de llorar.

-Pero Kise, si siempre te he ganado – le dijo Aomine sorprendido ante ese comentario.

-Es decir, entreno a diario, me esfuerzo cada día por ser mejor… mientras que tú … ni siquiera te tomas la molestia de entrenar. En verdad es humillante- le dijo agobiado. -Más que ahora me quieres cambiar por Kagamichhi – le dijo mientras las lágrimas comenzaban a caer finamente por sus mejillas.

-¿Estás de coña Kise?- ¿En serio estás llorando por esto? -¡Se supone que estos partidos los organizamos para divertirnos, no para que te lo tomes así!- le dijo Aomine medio en shock - ¡Y lo de Bakagami bueno, ya quedamos de juntarnos para jugar, por eso te lo dije!.

Al parecer Aomine debería haberse guardado esas palabras, de pronto Kise comenzaba a llorar con más intensidad.

-¡Hey Kise en serio, basta!- le dijo Aomine acercándose a él y tomándolo por su nuca. – De verdad aún no entiendo qué es lo que te pasa, pero con esto no vas a conseguir que te deje ganar… o bueno, quizás sí- dijo al ver cómo Kise continuaba llorando.

-¿Ahora te burlas de mí?- le dijo Kise molesto (cosa que asustó a Aomine).

-¡Vamos Kise! ¡En verdad no entiendo que es lo que te sucede hoy, pero no estoy dispuesto a aguantar este tipo de berrinches por parte tuya! -ni que fueras una mujer – le dijo agarrando su bolso dispuesto a marcharse de ahí.

-¡Tienes razón, pierdes el tiempo estando conmigo!- ¡para la próxima llama a Kagamicchi! - le dijo el rubio escapando del lugar.

Aomine quedó completamente anonadado. No tenía idea qué era lo que estaba sucediendo y en qué momento las cosas se habían tornado de esa manera. Kise solía ser muy alegre y tenaz. Sabía que odiaba perder, pero ponerse así, tan solo por haber perdido con él una vez más, era demasiado exagerado.

Kise corrió hasta su casa. Una vez allí y con la cabeza más fría se sintió como un completo idiota. -¿Cómo era posible que se hubiese echado a llorar así frente a Aomine?. Ahora seguro que el moreno se burlaría de él por el resto de sus días y lo comenzaría a tratar como a una chica. -¿Acaso no era él quien lo trataba siempre de rubia llorona?- bueno, ahora tendría motivos de sobra para tratarlo así.

Pero no podía negar que se sentía superado. Su sueño siempre había sido ganarle a Aomine. Lo deseaba más que nada en el mundo. Kise sabía que mientras no pudiera ganarle, él jamás lo miraría. Sabía que Aomine lo consideraba un buen rival, y quizás eso debía bastarle. Pero para su mala suerte, eso había dejado de ser suficiente. Él deseaba ganarle aunque fuera una vez, para que Aomine comenzara a respetarlo y a mirarlo como a un igual.

Kise no hace mucho tiempo, se había dado cuenta de que Aomine le atraía enormemente. Su pose altanera, su cuerpo perfectamente esculpido, su humor sarcástico, su exquisita e impredecible técnica al momento de jugar, lo habían encandilado, desde Teiko, pero ahora con mucha y mayor claridad.

El rubio sabía que él estaba fuera de su alcance. El moreno gustaba de observar a mujeres voluptuosas, de pechos grandes y escandalosas caderas. Un cuerpo delgado y plano como el de él, estarían fuera de cualquier deseo posible.

Sabía que debía olvidarse de él.