Hola a todos :) ¡He regresado a fanfiction! Después de años de sequía, vengo desempolvando un poco mi amor por este fandom. ¡Tenía tantas ganas de volver!

Esta historia había estado en mi cabeza ya por unas cuantas semanas y he decidido empezar por publicar esta parte. Unas pequeñas aclaraciones antes de empezar:

Esta historia se desarrolla después de Stars, la última temporada de SM. Estará partida en dos partes, el tiempo presente y el pasado por lo que habrá flashbacks en medio de los acontecimientos para poder dar una perspectiva de como los personajes llegaron a donde están ahora. Espero que no se torne confuso.

También importante aclarar: esto es un UsagixSeiya PEROOOO habrá muchas menciones del UsagixMamoru, asi que hay un poco para todos.

Sin más que decir, me emociona dejarles con la lectura.

S~


Capítulo 1

«Vorágine de luz que alcanza la cima

recuerdo rojo veneno su tatuaje

que muestra todo el caos del futuro...

Estaremos juntos hasta superarlo»


"Un niño decidió que hoy sería un buen día para meterse una bola de plastilina al oído. No se lo digas jamás a nadie pero tuve que cargarlo de lado y sacudirlo para poder sacarle la condenada cosa sin ir a la sala de emergencias… estará bien.

Mejor tú cuéntame un poco de tu día"

Usagi terminó de mandar su mensaje de texto mientras caminaba de regreso a su casa. El trayecto era bastante corto, aunque ella se había ocupado de retrasarse al pasar a la pastelería por provisiones, además que hacia un clima bastante agradable que no hacía desear apurar el paso.

El otoño se abría paso por la ciudad, disfrazándola de colores sepia y trayendo consigo una brisa que podía llegar a agitar un poco los cabellos. A sus veinticuatro años, Usagi seguía vistiendo su característico peinado en odangos, redondos y esponjosos. A los niños del jardín de niños donde trabajaba les encantaba el estilo e incluso algunas niñas empezaban a imitarlo.

Al llegar a casa, estaba tan distraída poniéndose al corriente de sus mensajes atrasados, viendo las fotos que Minako acababa de postear en su red social sobre su último viaje al extranjero, que no notó que había abierto la puerta de su pequeño apartamento sin usar sus llaves.

―Eres la víctima perfecta de un secuestrador.

Usagi saltó sorprendida y casi avienta su celular al suelo al verse sorprendida. Cuando vió a la compañía que le esperaba en casa, una sonrisa traviesa se dibujó en su cara, pero no le daría el gusto de verle feliz de verle después de que casi le provocaba un infarto.

―¡Oi, Seiya! ¡¿Quieres matarme acaso?!

Seiya cruzó los brazos y negó con la cabeza. ―Dije secuestrar, Odango. De hecho exactamente a eso vine. ¿Y se puede saber qué clase de recibimiento es este? De verdad que el romance ha muerto.

Usagi ya no aguantó más y corrió a los brazos de Seiya, quien al recibirla la cargó, dándole vueltas por el aire. Cuando le puso los pies de vuelta en la Tierra, ella se dedicó a esconder su cabeza en su pecho y aspirar su colonia.

―Te he extrañado.

―Se nota ―. Seiya era un engreído sin cura. ―Yo también lo he hecho, Odango.

Usagi finalmente despegó su cara del torso de Seiya para voltear a verle. Seiya leyó los ojos de su coneja y finalmente se agachó para darle un casto beso en los labios. Peleó contra la urgencia de proporcionarle algo más subido de tono, pero se recordó que ya tendrían tiempo de eso más tarde.

―No sabía que llegabas hoy ―Usagi mencionó con voz melodiosa. ―Ojalá me lo hubieras dicho, hubiera preparado algo.

―De haberte avisado no habría sido sorpresa ―le contestó Seiya mientras pasaba por sus dedos el largo cabello de Usagi. ―Y parte de la sorpresa es justamente invitarte a cenar a algún lugar bonito, anda ve a vestirte.

Usagi asintió animada y prácticamente flotó hacia la puerta de su habitación. Seiya tomó asiento en la sala de estar mientras se preguntaba si debería encender el televisor o leer un libro de manga que estaba allí. Finalmente decidió buscar algún deporte en vivo lo cual le daría tiempo a su Odango de arreglarse.

No vió la lucecita que indicaba un nuevo mensaje en la contestadora que estaba en la mesita de a lado.


Hace 2 años

Usagi había abierto sus ojos con sigilo esa mañana. Pensó que al despertar se sentiría diferente o que incluso despertaría en otro mundo, pero se encontraba en la misma cama que había usado toda su vida.

Desde hace tiempo sabía que su cumpleaños número veintidós profetizaba cambio. Era la edad en que, le habían explicado, había subido al trono como la Neo Reina Serenity del segundo Milenio de Plata. Sin embargo, lo único diferente que había tenido hasta ese momento habían sido unos panqueques especiales de cumpleaños, hechos por mamá Ikuko.

Se encontraba en su penúltimo año de preparación para ser educadora de preescolar y sinceramente no había estado esperando este día. Desde que Sailor Galaxia había atacado, no había tenido que volver a usar el fuku de sailor senshi, de eso ya habían pasado casi cinco años.

No quería dejar la vida normal a la cual ya se había acostumbrado… sus amigas y ella.

―¡Feliz cumpleaños Usagi-chan! ―gritaron al unísono cuando ella cruzó la entrada del templo Hikawa.

―¡Chicas! Muchísimas gracias.

―Mira Usagi-chan, te hice tu pastel favorito ―Makoto le contó mientras le tomaba la mano para ir la mesa central. Un enorme pastel de chocolate con veintidós velas encendidas esperaba por ella. ―Pide un deseo.

Sería muy cliché pedir que continuara su vida normal, por lo que Usagi pidió que todas siguieran siendo amigas para siempre, sin importar las circunstancias.

La reunión con las chicas había sido íntima, solo ellas compartiendo el tiempo, poniéndose al corriente de la vida de cada una. Había sido una difícil separación al acabar la preparatoria pero se las habían arreglado para verse al menos una vez al mes y jamás perderse de las fechas especiales, como eran los cumpleaños.

―Este entrenamiento de idol está matando mis rodillas y mis neuronas. Cada vez las coreografías son más complejas ―se quejaba Minako cuando fueron interrumpidas por una persona que había llegado sin avisar.

―Chiba-san ―saludó Ami tímidamente.

― Ami, chicas ―saludó amablemente― Me alegra de verlas en buena salud. ¿Podrían permitirme un momento con Usagi?

La incomodidad se instaló en el aire. Las chicas decidieron que lo mejor era darles su espacio así que se retiraron al interior de la habitación de Rei, dejando a Mamoru y a Usagi solos en el patio.

―Ma… Mamoru ―Usagi mencionó su nombre tímidamente. ―Me alegra verte ―sonrió lo más tranquila posible. ―¿Pasa algo?

No había visto a Mamoru desde su graduación de preparatoria, hacía unos cuantos años atrás. No habían cruzado palabra pero lo había visto entre el público de la ceremonia.

―Feliz cumpleaños Usako ―le felicitó usando su antiguo apodo. ―No quise dejar pasar esta fecha.

―¿Te sientes nostálgico? ―se atrevió a preguntar, ella también se había sentido así en algún momento del día, aunque rápidamente se arrepintió de lanzarle tal cuestión.

―Sí, algo así, pero no es la razón por la que estoy aquí.

Usagi descansó aliviada un poco aunque igualmente se preguntó que podía hacer Mamoru Chiba allí.

La relación de Mamoru y Usagi no había sobrevivido más allá del segundo año de preparatoria, un año después de la batalla con Sailor Galaxia. Usagi había cambiado montones durante esa época, había conocido a su parte más oscura: la niña insegura y necesitada de afección. No podía culpar a Mamoru de todo el despecho que había sentido durante sus meses de ausencia, después de todo él había estado muerto, se recordaba constantemente. Pero ese mismo despecho le había hecho ver lados de su relación que habían permanecido ocultos tras las olas del enamoramiento.

O tal vez era que ya estaba dejando de ser una niña y su corazón empezaba a madurar.

O tal vez también era que ese mismo corazón se había sentido contento con otra manera de amar, tan diferente a la de Mamoru. Rei le había cuestionado si ella se había enamorado de Seiya también y Usagi no pudo responder. Lo amaba, eso era cosa segura, pero no sabía de qué manera.

Y no importaba ahondar en ello, Seiya hacía meses que se encontraba lejos, fuera incluso del Sistema Solar.

Pero se trataban de dos cosas diferentes, amaba a Mamoru pero ahora deseaba algo más en su vida, algo que Mamoru no supo llenar.

La época en que su relación se iba a pique fue un tiempo de mucha introspección, de verse desnuda en cuerpo y mente y aceptar lo que venía y lo que significaba dejarlo todo. Mamoru fue el que decidió que tuvieran la plática, no podía más con la situación.

Y ahora, él estaba frente a ella, años después de su separación.

―Cómo recuerdas, a tus veintidós años ambos subíamos al trono ―empezó Mamoru a explicar. ―No estaba seguro si pasaría algo hoy, así que le pedí a Setsuna que me contara la historia de nuevo.

―¿Cómo está Setsuna ―trató de aligerar la conversación Usagi. Mamoru solo sonrió.

―Ella esta bien. Como te decía, creo que no era solo tu cumpleaños, sino la boda. Era la boda lo que nos hacía ascender, lo que lo cambiaba todo. Endymion y Serenity habían decidido casarse en tu cumpleaños.

―Ya veo… ―reflexionó Usagi y su mano se fue directo a su broche donde guardaba el cristal de plata―, había estado esperando todo el día a que reaccionara y algo sucediera, pero al parecer no será así.

―Bueno, es que no lo sé a ciencia cierta ―Mamoru intervino, sus palabras temblando en su boca. ―Tengo algo que decirte…

Usagi sintió venir uno de los momentos más surreales y dolorosos de su vida.

―Voy a casarme, Usagi.


El restaurante al que Seiya había llevado a Usagi era de los más elegantes de la ciudad, tanto que Usagi lo había reprendido de no advertirle que usara su mejor atuendo.

―¡Bah! ¿Me ves acaso de corbata y pipa? No entiendo la finalidad de disfrazarnos para poder comer exquisito.

―Tú eres una estrella, Seiya, todos estarían encantados si llegaras en sandalias de baño, crearías una nueva moda. Además, te recuerdo que siempre has usado corbata.

―Bueno, no es mi culpa ser elegante por naturaleza, Odango ―rió mientras Usagi se debatía entre lanzarle la canastilla de panes en la cabeza. ―Relájate, disfruta la noche, tu siempre te ves espectacular.

Usagi amaba su relación. Seiya siempre remataba cualquier comentario con un cumplido hacia ella, no importaba si tan solo hablaban del clima, le diría que los gorros de invierno la hacían ver tierna.

Él, que adoraba bañarla en sorpresas, había sido justamente eso, la sorpresa más maravillosa de su vida.

Hacía un año que había regresado a la Tierra desde Kinmokku, Constantemente bromeaba que había sido desterrado por sus hermanos al no soportarle más su constante quejerio: extraño la Tierra, extraño nuestro auto, ¿recuerdas esa vez que una fan te siguió al baño, Yaten?, que tiempos más divertidos. Pero también le contaba siempre que podía a Usagi al oído: claro que de lo que más hablaba era de ti, Odango, todo el tiempo.

Usagi comúnmente se veía transportada a esa tarde de verano en que vio a Seiya esperándola fuera de su aula de la universidad. No creyendo sus ojos, se lanzó a él sin importarle lo que pudieran decir en los pasillos.

Claro que la noticia principal del regreso de Seiya Kou estaba al día siguiente en boca de todos.

Ahora, sin ataduras de ningún tipo, con un corazón sano y una vida tranquila, Usagi se dejó cortejar sin miramientos. No había pasado ni dos meses cuando Seiya la mencionó como su novia en un programa de radio, tratando de retomar su carrera como músico.

"Ah la rubia, claro, te platico. Ella es la única e inigualable Usagi Tsukino. Mi mejor amiga de todo el universo, la persona que más amo.

¿Tu novia?

¿Mi novia? Claro, ¿por qué no?"

―Usa-odango ―la trajo de vuelta al presente. ―Te perdí de pronto.

―Lo siento, ¿me decías algo?

Seiya sonrió intrigado. ―¿Estás bien? Apenas vas por tu tercer plato, me preocupas.

―¡Oi! ―Serena le llamó la atención aunque pronto se echó a reír. ―¡Eres un pesado!

―Ya, enserio, ¿En qué estabas pensando?

―Nada, de pronto me puse nostálgica. Siento como si hubiera pasado tan poco tiempo y al mismo tiempo una eternidad desde que regresaste ―Usagi explicó aunque ella misma se veía confundida. ―Como si hubiéramos estado haciendo esto por años.

―¿Te estas aburriendo de mi acaso?

―¡No! ¡Jamás! Es solo qué, siento que podemos hacerlo, ¿sabes?

―Odango… ―Seiya levantó una ceja ―Eso me suena a propuesta de matrimonio

Usagi se coloreó por completo, sus mejillas rojas carmín como nunca.

―No.. No me refería a eso Seiya. Que cosas dices.

Seiya tomó su servilleta y se limpió las comisuras de los labios. Arrastró su silla hacia atrás y se paró.

Usagi vio venir otro de los momentos más surreales de su vida.

―Pues yo sí ―se puso de rodillas frente a ella y produjo una cajita de terciopelo rosado ―Casémonos, en la Tierra, en Kinmokku, en la Luna. ¿Qué dices?