TÍTULO: KILL HIM, KISS ME

SUMMARY: La alianza que había forjado con el producto premium de Lambda evidenciaba lo desesperada que estaba por destruir al líder de su clan. No obstante, Emma era consciente de lo manipulador que 22194 podía ser y ella contaba con sus propias "armas" para contraatacar.


Atravesó el interminable pasillo a oscuras. No tenía miedo de perderse por que conocía el camino a la perfección y , además, la escasa luz que provenía de la habitación del final del camino era la única que guiaba sus pasos. Podría afirmar con seguridad que los laboratorios de Lambda se habían vuelto su segunda casa donde podía hacer y deshacer como se le diera la gana.

Las cámaras de seguridad seguían sus movimientos, pero ella permanecía tranquila. El trato con los demonios, encargados de la sala de control, se mantenía en pie: carne de los experimentos fallidos a cambio de la eliminación de sus grabaciones. Ambas partes se beneficiaban ocultando los hechos a la cabeza del lugar: Peter Ratri. No podía permitir que su tío descubriera sus actividades nocturnas. Él, como actual cabeza de la familia Ratri, sería el primero en delatarla con los demás miembros del clan y celebrar su caída. Estaba arriesgando el respeto y apoyo que le daba su familia para derrocar al maquiavélico y arrogante líder.

El culpable de la locura de sus padres.

Y aún así sabiendo todo lo que ponía en juego, Emma continuó su trayecto con una sonrisa engreída . La ola de adrenalina comenzaba a recorrer por todo su cuerpo; los latidos de su corazón se tornaban más rápidos que antes. Todos los días su vida pendía de un hilo y resultaba tan excitante.

Era un juego donde ella jamás perdía.

De vez en cuando miraba de reojo en cada celda; los sujetos de investigación, vestidos con bata blanca, no levantaban la cabeza. Difícilmente hallaba a uno descansando. Todos trasnochaban, aterrados de los experimentos a los que serían sometidos al día siguiente. Ella tenía conocimiento de las pruebas que llevaban a cabo: incremento acelerado de la masa muscular, super fuerza, velocidad sobrehumana, inteligencia artificial, entre muchas otras ideas que se le ocurría a su tío.

Aunque desde que cumplió 11 años fue obligaba a ser testigo de las investigaciones en los ganados, ella no sentía ningún tipo de emoción de lo que veía. Por el contrario, le resultaba repulsivo todo lo que habitaba en este lugar. Lambda representaba una amenaza a las enseñanzas que le impartieron desde pequeña; un insulto a sus principios. Los Ratri eran guardianes de la separación del mundo humano y demonio, un papel que debían llevar con dignidad y orgullo. Su única obligación era el control de las granjas para dar estabilidad a los demonios. ¿Cuál era el punto de "mejorar" la carne de una minoría?

La respuesta la tuvo el día que vio a uno de los monstruosos nobles en el despacho de Peter. Desde ese momento Emma supo que la promesa había sido corrompida y los Ratri dejaron de ser los héroes de la historia. Y , entonces, ella decidió tomar cartas en el asunto.

Miedo.

Odio.

Eran sentimientos que se podía percibir en el ambiente, pero ninguno tan fuerte como el que provenía de la única habitación del corredor.

La venganza.

La joven se detuvo frente a la puerta del único sujeto con la capacidad de ejecutar lo que ella tanto anhelaba:

Justicia

Cuando ingresó, lo encontró de espaldas, sentado en su escritorio leyendo uno de esos aburridos libros que su tío le prestaba. Era notorio el trato preferencial que recibía por parte de los altos mandos porque no cualquier ganado obtenía su propia privacidad así como comunicación directa con los científicos.

Y él no era un ganado cualquiera. Él era la carne premium de Lambda.

El chico prodigio de Gracefield.

Estaba tan sumido en su lectura que no notó su presencia… o tal vez prefirió ignorarla. Emma se decantó por lo segundo y en lugar de enojarse, se lamió los labios sintiendo un súbito fuego acumularse en la parte baja de su vientre. Trató de dispersar esos oscuros pensamientos que dominaban lentamente su mente. Había venido a hablar… por el momento.

Se acercó, dejando atrás sus zapatos, y lo abrazó posando los labios en el cuello del muchacho, justo sobre la serie de números que lo identificaba como su inferior. Sintió sus hombros tensarse bajo su roce y sus orejas adquirían una tonalidad carmesí. Para Emma, era placentero tener el poder de despertar esas reacciones en él. De alguna forma satisfacía su ego femenino. Sin embargo, ella no podía dejarse llevar tan rápido sabiendo lo peligroso que podía volverse en cualquier segundo.

– Hola, 22194. – Lo saludó separando un poco su rostro. Lo que Emma no esperaba era que él repentinamente giró deshaciendo su agarre y atrapando sus brazos en una impenetrable fortaleza. Ella no opuso resistencia aún sabiendo que era más fuerte que él y dejó que la hiciera inclinarse hasta percibir el calor de su aliento rozando contra el suyo. Sus muslos tan cerca a su entrepierna temblaban ligeramente y su braga comenzaba a empaparse de los jugos de su excitación.

– Tan puntual como siempre, señorita Ratri. – El tono firme y educado que usaba lo diferenciaban de los demás prisioneros del lugar. Asimismo, lo favorecía su apariencia física: cabellos blancos, piel nívea y ojos cuyo color no sabía cómo describir con exactitud por que era una extraña combinación de un frío azul y un cálido rosa. Él podía ser incluso confundido como un miembro más del clan Ratri y , por ello, la primera vez que se conocieron, Emma pensó que era un primo lejano.

– Tengo buenos modales. Ahora suéltame o quiebro tus frágiles manos. – Tan pronto como dio su orden, la simpática sonrisa en el muchacho desapareció, pero sus ojos brillaban de una oscuridad indescifrable. Antes que la impaciente joven cumpliera su palabra, él la liberó. – Buen chico. – Se sentó sobre la mesa balanceando sus piernas, sabiendo que 22194 podía contemplar el panorama de su ropa interior gracias a su diminuta falda.

Si él lo notó, no dijo nada y mantuvo su compostura.

– Imagino que has venido por el reporte del avance. – Emma asintió y continuó. – El plan se encuentra a un 80%. Detente. – Puso una mano frente a su cara para que no lo interrumpiera. Ella se vio a sí misma como una niña caprichosa siendo regañada. – Sólo falta unos cuantos ajustes en la logística para que se ponga en marcha la destrucción de Lambda. Los planos que me diste de la última planta ayudarán a acelerar el tiempo de ejecución.

Ninguno temía a los micrófonos escondidos por que Emma se había asegurado de apagarlos antes de venir. Los demonios no cuestionaban sus requerimientos ya que les importaba más su recompensa.

– ¿Cuáles ajustes? – Ella insistió. El informe no era muy detallado. Quería saber más porque debía asegurarse que 22194 no la iba a tomar por ingenua y ponerla en una posición difícil con su familia. La alianza que había forjado con un producto premium evidenciaba lo desesperada que estaba por destruir a Peter Ratri. No obstante, tampoco caía en la estupidez de confiar en un ganado. Tenía un plan B en caso 22194 intentara traicionarla y hoy era el día en que lo llevaría a cabo.

Él era un manipulador nato, pero Emma tenía sus métodos para contraatacar.

Cómo guardó silencio y al no obtener respuesta, Emma hizo uso de esos "métodos". Levantó una pierna y colocó su pie sobre la dureza de su entrepierna, empezando a masajearla hasta arrancarle pequeños gemidos.

– Ansiabas que haga esto. – Le increpó frotando con más fuerza. Él cerró los ojos por unos segundos, rendido ante el placer que ella le ofrecía, y cuando los abrió, esbozó una torcida sonrisa.

– Tal vez. Tú tampoco quieres sólo hablar. – Se burló, señalando una delgada gota que se deslizaba desde su interior hasta la liga de sus medias altas. Emma hizo una mueca de fastidio, parando sus movimientos. Se acomodó apoyando su espalda contra la fría pared y abrió las piernas para recibirlo.

– Hazlo.

Él la miró con ojos entornados y arqueó una ceja.

– No soy tu esclavo.

Emma resopló con diversión por su respuesta.

– Sólo quiero que me folles. ¿Lo harás o tendré que ir a buscar a mi prome..? – Sus palabras quedaron en el aire por qué él puso ambas manos sobre sus muslos abriéndola más y enterrando su rostro dentro de su falda.

Mientras la desvestía de su prenda interior, Emma pensaba en lo fascinante que resultaba siempre persuadirlo con la mención de una persona inexistente.

– ...Ah… – Gimió la joven, arqueando la espalda al sentir la lengua de 22194 abrirse paso dentro de sus labios vaginales. Su respiración se tornaba pesada, con un mar de sensaciones golpeándola sin piedad y que la ahogaban. Èl sabía cómo enloquecerla con sólo usar esa maldita lengua en ella, pero jamás se lo diría en voz alta. Èl continuó lamiendo y succionando su interior hasta que llegó un punto en que presionó su clìtoris arrancándole un grito. Emma cerró los puños sujetando su cabello y empujándolo más para que la llevara al ansiado éxtasis.

22194 se dio cuenta que Emma estaba por llegar a su lìmite y la soltó. Se incorporó de nuevo y sonrió al verla respirar agitada con las mejillas sonrojadas y lágrimas acumuladas en sus ojos.

Sólo él era capaz de llevarla a un estado de satisfacción plena.

– Más… – Murmuró la muchacha y se inclinó para besarlo con un hambre desbocada, dándole igual si saboreaba su propia esencia. Sus lenguas se entrelazaron con desesperada necesidad y pronto se volvió una batalla por quién tomaba el control. Ninguno triunfó puesto que tuvieron que separarse para tomar una bocanada de aire.

Se miraron fijamente en silencio y el muchacho le rozó la mejilla con los nudillos.

– Dí mi nombre. – Por un fracción de segundo, la burlona expresión del joven se volvió una de nostalgia y tristeza.

Emma rió con ternura, sabiendo que de nuevo era él quién estaba perdiendo el control.

– 22194 – Le respondió, indiferente de su brusco cambio de emociones.

Sus ojos se ensombrecieron y la sujetó de la nuca, empujándola hacia él hasta que sus frentes chocaron.

– Mi verdadero nombre.

– Oblígame

Y el chico prodigio perdió el último fragmento que cordura que le quedaba.

La despojó de sus ropas con facilidad y sólo la dejó con sus panties y el moño rojo de su uniforme.

– ¿Tienes un fetiche follándome así? – Preguntó Emma fingiendo inocencia, pero él no la escuchó por que la cargó hasta la cama que estaba junto a ellos, dejando caer su cuerpo de espaldas sobre las blancas sábanas.

Se puso encima de ella y se inclinó para besarle el cuello, mientras sus manos recorrían los contornos de su figura con lento regocijo, explorando cada centímetro de su piel como si fuera la primera vez que sus cuerpos se unían.

Emma no recordaba con exactitud cuando los dos decidieron torcer aún más sus destinos. Desde que se conocieron, él le despertó una gran curiosidad. No lloraba ni rogaba por ayuda durante los experimentos; por el contrario, se mantenía sereno y frío. No tenía lógica esas reacciones y ella estaba segura que en cualquier momento se quebraría. Por aquel entonces tenía 11 años y había adquirido el pasatiempo de observar cada fragmento de su rostro.

– Nunca seremos iguales.– Gimió cuando él mordió la piel de su cuello. Ella sabía lo que él buscaba inconscientemente al dejarle esas marcas. Las 5 cicatrices eran la prueba de lo irracional e insano que podía ser.

Y Emma era la propietaria de las llaves de esa caja de pandora.

– Dí mi nombre. – Repitió, jugueteando con sus pechos. Ella negó con la cabeza, mordiéndose los labios. – Pronto lo harás… – Tomó un pezón entre los dientes mientras se desabrochaba el pantalón.

Emma contuvo el aliento cuando lo sintió introducirse repentinamente en su interior. Él era tan grande y la llenaba por completo que a ella no le importaba si era brusco. Es más, la joven Ratri amaba el ritmo desenfrenado de sus embestidas.

– Dílo – Tomó su boca de forma brutal y posesiva, embistiendo con más fuerza.

Gimiendo y retorciéndose bajo su cuerpo, ella luchaba por no ceder hasta que sintió sus dedos masajear su clítoris reduciéndola a un manojo de jadeos irreconocibles. Hundió sus uñas en la espalda del otro, moviendo su cuerpo con frenesí y llamándolo por su verdadero nombre al instante que alcanzó la cima de placer:

– NOR...¡NORMAN!

Norman levantó el rostro y sonrió satisfecho. Le volvió a tapar la boca con un beso y continuó entrando y saliendo de ella, buscando su propio punto culminante.

Emma sintió cómo él alcanzó también su éxtasis, gritando su nombre una y otra vez, llenando su interior de su esencia.

Se quedaron acostados, rendidos ante el cansancio de su intensa actividad. Ella dejó que la abrazara por la cintura y se recostó sobre su pecho, justo encima de su tatuaje de Lambda. Escuchó cómo su respiración se volvía lenta dándole la señal que él ya había caído en un profundo sueño.

Las manos de Emma bajaron a su vientre y se acarició, complacida por que había obtenido su seguro de vida. Norman no se atrevería a acabar con la vida de la madre de su hijo y , en ese instante de debilidad, ella no dudaría en enterrarlo junto a las ruinas de Lambda.

Si tan sólo Emma hubiera alzado la mirada, pensaría ahora mismo en un plan C.

Los ojos de Norman siguieron cada uno de sus movimientos y confirmó lo que había sospechado desde que ella comenzó a seducirlo durante sus días fértiles. En lugar de sentirse utilizado y humillado, la felicidad lo colmaba. Muy pronto escaparía de este infierno y Emma iba a ser la primera persona que rescataría.

Norman sabía que ella era distinta a Peter Ratri.

Aquella noche que fue cosechado, hace 5 años, Norman pensó que nadie lo iba a salvar. Pero, entonces, cuando Peter le abrió las puertas de su coche, su corazón, su espíritu, su todo renació luego de presenciar la sonrisa más sincera y cálida de su vida.

Emma era la única que podía destrozarlo y recomponerlo a su gusto.

Ella era su droga y medicina.

Y ahora que había una importante razón que los unía más, Norman no dudaría en utilizar todos los recursos que tenía a su alcance para cumplir su objetivo.

Después de todo, él nunca fallaba.

.

.

.

¿FIN?