Creo que se me acabaron las ideas de Fullmetal, ya no se que mas escribir por lo que no he actualizado a mi fanfic de pequeñas historias y grandes relatos. Jajajaj creo que escribi todo lo que quise… y bueno, si alguien tiene una idea pues me gustaría saberla y ver si se peude escribir algo mas que es mi anime favorito de la vida. Saludos 3
"Bien Edward, piensa bien esto es fácil. No puede ser más difícil que aprender los principios de alquimia o tratar de averiguar el secreto de la piedra filosofal. Como esa vez que nos encontramos con el doctor Marco, dios estuvimos mucho tiempo intentando averiguar aquello con Alphonse. Mi hermano, si él estuviera aquí sabría qué hacer". Su mente divagaba mirando su próximo desafío con recelo. Era la primera vez que se enfrentaba a aquella situación, pero no se iba a acobardar, el siempre plantaba cara, con miedo, pero lo hacía. Tomo la parte superior y la quitó, la otra parte siguió igual, retiró aquel objeto molestoso y pestilente ¿Y ahora qué seguía? Había hecho la parte más fácil de aquel proceso, remover el pañal.
-Bien, recuerdo lo que dijo Winry-tomó aquel pote que contenía agua y una toalla. Remojó la toalla en el agua tibia y lo acercó a su objetivo. Su pequeño hijo, que tan solo contaba días de edad, había ensuciado su pañal y debía ser cambiado. Había prometido ser más participativo en la crianza de su bebé por lo que estaba allí (por supuesto no le iba a dejar todo a Winry, ella igual trabajaba)
-Maldita sea, la hora que se me ocurrió irme de viaje antes del nacimiento tuyo-le decía a su hijo. Este lo miraba haciendo un berrinche- pero era trabajo, no podía evitarlo- aquel trabajo había impedido ver nacer a su hijo y de haber compartido una parte de su pequeña y hermosa existencia. Por supuesto que Winry se molestó.
-"Te harás cargo de él"- se lo entregó y ella fue a hacer su propio trabajo. Había automails que entregar y por supuesto que no se iban a hacer solos.
-Bien- lavó todo rastro de suciedad que pudiera presentar el niño y lo secó con otra toalla disponible. Cuando ya estuvo limpio y seco, llegaba el momento de ponerle un nuevo pañal. Era un pedazo de tela blanco que servía para tal propósito y su esposa le había dado las instrucciones para ponerlo pero…se le había olvidado todo -¿Cómo no puedo recordarlo?-es que fue tan rápida la explicación que no tuvo tiempo de tomar notas mentales. Se podía notar lo estresada que estaba su mujer con el tema del nuevo bebé ¿Y quién no? Significaba no tener tiempo para uno y adiós el dormir por las noches (y por el día)
-Pero bien, debo ponerlo debajo de ti-se decía y así levanto el pequeño cuerpo, pero al momento de tocarlo, se puso a llorar. Gritaba a todo pulmón como si algo horrible le estuviera haciendo- tranquilo, tranquilo-intentaba calmarlo pero el agudo grito le ponía nervioso. Sin perder tiempo puso el paño blanco e intentó doblarlo pero este simplemente no cuajaba. No podía llegar a ponerlo correctamente, si lo ponía mal se iba a filtrar.
-Ya sé-fue en busca del chupete del niño- así te calmarás-se lo puso en la boca pero de inmediato lo escupió y siguió llorando. Sin opciones, lo tomó en brazo e intentó acunarlo en ellos para calmarlo. El bebé al sentir el cálido abrazo de su padre y el vaivén tranquilo, se fue relajando hasta quedarse totalmente dormido. Edward superó aliviado, ahora podría a proceder ponerle el pañal. Pero al momento que alejaba el pequeño cuerpo de su hijo, el infante se revolvía molesto y hacia amagos de llanto, no podía despegarlo de su cuerpo. Buscó por el cuarto una manta y se tapó a él y a su hijo. Ya nada podía hacer, debía esperar que se despertara para mudarlo. Se sentó en un sillón y allí espero, pero el sueño también lo estaba atrapando a él. Lentamente cerraba sus ojos, hasta que lo inevitable sucedió. Se durmió.
Winry llegó a casa después de un agotador día, pero no se esperaba ver aquella escena tan enternecedora. Se encontraban sus dos hombres favoritos, durmiendo juntos. No quería interrumpirlos, pero era la hora de la comida del bebé. Lo tomó de los brazos del ex alquimista y pudo notar que no traía su pañal.
-¿EDWARD?-gritó y este se despertó de un salto.
-¿Winry, hola….?-
-¿Qué significa esto?-señaló los pompis desnudas de su hijo.
-Bueno yo…-
-¿No pudiste verdad?-
-No-admitió con pesar.
-Bien, te enseñaré. Fue hacia el mesón que habían adaptado por mudado. Puso al niño en el paño blanco y lo dobló de tal manera que hizo un pañal.
-Vaya, eres tan buena-la rubia se sonrojó.
-Lo sé, pero no aprendí por arte de magia. Estuve leyendo y estudiando cómo ser una buena madre-
-Lo eres Winry. Eres muy maternal-le tomó de la mano y le depositó un suave beso.
-Bien, es hora de la comida amiguito- Se sentó en la silla y le dio de mamar al infante. Al ver esta escena, Edward sintió que era el hombre más afortunado del mundo. No pensó vivir tanto como para tener su propia familia. Una parte de él pensaba que iba a morir a cambio del cuerpo de su hermano (y estaba dispuesto a hacerlo) O que en la batalla contra padre lo iban a asesinar. Pero su destino no era ese, era tener una hermosa familia con su amiga de la infancia. Cuando hubo terminado de darle de comer, Winry lo acostó en la cuna y se dirigió a la cocina para preparar la cena. Ya se estaba haciendo tarde, el sol se estaba ocultando y el viento helado empezaba a discurrir por las laderas y pastizales de aquel poblado. Prendieron la chimenea y los dos se sentaron a comer.
-Winry ¿Yo te gustaba desde que éramos chicos?-pregunto de repente el ex alquimista.
-No, me di cuenta después-
-¿Cuándo?-
-Pues-pensaba la chica-quizás aquella vez…que fue a central y te vi de espalda-
-¿De espalda?-
-Sí, aquella vez que te vi supe que me gustabas-había sido la respuesta más extraña-¿Por qué la pregunta?-
-Por nada, solo quería saber-siguieron comiendo.
-¿Y tú?-
-Pues, creo que aún no sucede-la chica sacó una llave inglesa e hizo el amago de darle una paliza, pero Edward empezó a reír. Había sido una broma
-Eres un idiota-
-Pero soy tu idiota-le mostraba el anillo de compromiso-para siempre-se rieron los dos. Así era su vida de casados, alegre, comunicativa y vivaz.
La verdad no importaba cuando se hubieran enamorado, lo importante es que lo estaban y ahora eran una familia. A la mañana siguiente el ex alquimista despertó temprano y vio a su esposa con el bebé en sus brazos. No podía decir cuanta felicidad albergaba en su corazón. Nunca soñó con esto, pero era lo que más le hacía feliz.
FIN
