Capítulo 1
— ¡Ya estoy harto de esto!— Grito el directo de edad avanzada, sus arrugas hacían juego con su cabellera caniza.
Shizuo parecía avergonzado ante el grito molesto de su director agachando la cabeza en represalia.
izaya por el contrario parecía disfrutar la situación mostrando una sonrisa ladina.
— Estos chicos destruyen mis escuela más rápido de lo que mando a reconstruir de nuevo. Esto no puede seguir así, no puede. deben millones a las instalaciones.–
—Lo lamentamos, señor Takahiro-san. — Dijo uno de la madre del rubio, inclinándose.
nuestro hijo recibirá una reprimenda.—
— Confío en que así será, sin embargo en cuanto a usted joven Orihara...—
El azabache amplio su sonrisa.
— Puedo pagar los destrozos.—
— Me parece... curioso, que sus padres no se presentaran a pesar de mi citatorio urgente.
— Mis padres son personas ocupadas, están fuera del país.— Respondio molesto ante la mension de sus progenitores.
— Ya veo. Pues verá Orihara-kun, el estado me obliga a que, ante la falta de supervisión paterna, mandar a una servidora de protección infantil a inspecciones su hogar y, dependiendo el resultado de la inspección, decidir si ingresarlo a una institución de cuidado infantil o, en caso de que demuestre que puede cuidarse solo, mandarlo a una terapia grupal.—
Izaya frunció el ceño, ¿Lo mandarían a un orfanato? ¿En serio? ¡Era casi mayor de edad! —Esto es una tontería. —Dijo calmado. —Soy perfectamente capaz de cuidarme por mi mismo, no necesito a ninguna inspectora de servicios infantiles.—
—Me temo, joven Orihara, que esto no es algo que pueda elegir, la inspectora irá mañana por la mañana.—
Entre cerrando los ojos, Izaya podía sentir la mirada pesada de los padres de su enemigo sobre él, sus miradas de lastima. Y lo odiaba.
Una vez Shizuo y sus padres abandonaron la oficina del director, Izaya se dirigió al hombre mayor.
—Esto es completamente injusto, Shizu-chan es más culpable de los daños a la escuela que yo, y a sido más blando con él.
— Orihara-kun, me preocupa la falta de atención adulta en usted, y por lo que se, es usted quien provoca a Heiwajima-Kun.— Dijo serio.
— Es Shizu-chan quien no sabe controlar su temperamento, solo bromeo con él, pero siempre es el quien busca golpear. — Refuto Izaya, haciendo movimientos con sus brazos fingiendo lanzar cosas. Izaya no mentía, realmente intentaba conversar con Shizuo en sus encuentros, sin embargo las cosas siempre terminaban en golpes, heridas y destrucción.
El director lo observó durante unos segundos.
—Bien, veo que crees que no necesitas a una inspectora de servicio infantil en tu casa, ¿Verdad?— Izaya asintió. — Bueno, hagamos esto. Tú irás a estas sesiones de terapia comunitaria, y una vez a la semana te presentaras con la psicóloga, al final del mes ella me dirá si será prudente llamar a servicios infantiles, ¿De acuerdo? —
Izaya lo pensó, realmente odiaba la idea de la terapia o la psicologa, no lo necesitaba. Odiaba la idea de tener que obedecer a su estupido y viejo director, odiaba a Shizu-chan por meterlo en este problema cuando él solo buscaba una conversación con el protozoo, odiaba tener que estar considerándolo, por que estaban Mairu y Kururi de por medio, sus hermanas.
Sus hermanas. No podían separarlo de su hermana, ¿Verdad?
— Hmm... Bien.—
El director sonrió.
Estupido, estupido Shizu-chan, se las iba a pagar.
— Mi nombre es Tsuki, y padezco agorafobia. —
Izaya rodo los ojos, están en una estupida reunión con otras 6 personas en una sala con las sillas en círculo. Había instrumentos de arte y unos pizarrones al fondo del salón, eran mediados de marzo y la primavera estaba en su punto, el calor lo estaba haciendo sudar y nadie entendía la maldita ventilación.
Para colmo tenianque ir 3 veces por semana.
— Mi nombre es Izaya y estoy aquí por que la escuela me lo pidió. —
Eran al rededor de las 6:45 de la tarde y el cielo empezaba a nublarse, amenazando con soltar una suave brisa sobre los cerezos en flor. Y la humedad, Oh Dios la humedad.
La conversación grupal seguía e Izaya encontraba más interesante ver a los estudiantes de arte salir del edificio de recreación social. Ya olía a madera húmeda, las primeras gotas comenzaban a golpear el cristal de la ventana recién lavada.
Bostezo.
— A veces hacemos cosas malas solo por impulso, debemos detenernos a pensar como afectará en nosotros a futuro, como afecta a la sociedad. — Dijo la terapeuta.
Vaya mierda, desperdicio más de 30 minutos en esta reunión.
— Vaya mierda, desperdicio más de 30 minutos en esta reunión. — Dijo en voz baja el hombre sentado a su lado. Izaya se sorprendió cuando lo observo, unos 3 años mayor que él, delgado y pálido, su pelo blanco le llegaba a los hombros y traía una camisa color blanca tal vez unas 2 tallas mas grande, pantalones que dejaban al descubierto sus pantorrillas pálidas y zapatos blancos.
Se preguntó como no lo había notado antes, sobresalía demasiado ahora que lo veía, un albino jamás pasa desapercibido.
— Pienso lo mismo. — Le respondió Izaya. — ¿Pensar en la sociedad? A la sociedad le importo una mierda.
— Es intrigante. ¿Como es que esas personas que son tratadas como ganado en esta aburrida sociedad, no han intentado destruirla?
Aquella persona se volvió a observarlo. Su mirada amber era suave pero audaz, parecía casi angelical, pero sabía que no podia fiarse. Era terrorífico, le hizo temblar, era como sentirse frente a un espejo, la misma energía.
— Las personas no pueden destruir lo que piensan que los protege, esperan que sean otros quien lo hagan, si sale bien, no te lo agradecen, si sale mal, te odiaran por hacerlo.
— Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo.
— Izaya.
—Shougo.
— ¿Por qué estás aquí?
— Orden de la Universidad.
— Supongo que podría decir lo mismo.
— Pareces aún de colegio.
La sonrisa de Izaya se agudizó. — No pienso como uno.
— No lo sugerí.
Vaya, Izaya encontró a alguien interesante aquí.
