Personajes de Naoko Takeuchi. Historia inspirada en el dorama "Oh my ghost", pero con cambios y alteraciones para esta adaptación. ¡Bienvenidos!


Cuando abrí los ojos esa mañana me sentía terrible. Otra noche en la que no había podido dormir. Poco a poco eso de no dormir se estaba volviendo un hábito horrible del cual cada vez era más difícil deshacerse. No estaba segura de si la razón por la que tenía insomnio se debía a la terrible habitación en la que dormía, en ese albergue todavía más terrible. O tal vez era por la profunda depresión en la que estaba sumida.

Odiaba ese albergue, pero no tenía ningún otro lugar a donde ir. Nunca conocí a mis padres. Desde que tengo memoria mi abuela cuidó de mí hasta que tuve 15 años y ella enfermó gravemente hasta morir. Volví a quedarme sola y Servicios Infantiles me envió a un internado para que pudiera estudiar la preparatoria y tener un lugar donde dormir. Al cumplir los 18 años tuve que irme del internado, y de nuevo no tenía a dónde ir.

Encontré trabajo en una cafetería vieja en el centro de Tokio. Los dueños eran un matrimonio de ancianos, quienes fueron muy amables de dejarme dormir en la trastienda por un par de años hasta que decidieron cerrar la cafetería para siempre. Durante años estuve cambiando de trabajos, durmiendo donde podía y como podía. De una u otra forma siempre terminaba trabajando en restaurantes, cafeterías, cafés, y todo tenía que ver con la comida. No era ninguna experta, por supuesto, pero a después de años de vivir en diferentes cocinas ya le había encontrado el amor a la cocina.

Recientemente había cumplido 25 años. Ya no me sentía joven como antes. Cada vez sentía que se me iba acabando más el tiempo. Todavía no había logrado nada con mi vida, me sentía una completa inútil, una completa tonta que estaba desperdiciando su vida. Pero, ¿qué opciones tenía? Nunca había tenido un hogar de verdad, siempre había estado rodando de aquí para allá, sin rumbo alguno. No tenía ni un peso, ni en qué caerme muerta. No tenía amigos, no tenía familia, ¿qué opciones tenía? Lo único que hacía era sobrevivir con lo poco que tenía en mis manos.

Terminé de alistarme para ir al trabajo. Justo hoy se cumplía un año de trabajar en el Narisawa, el restaurante japonés más famoso de todo Japón, uno de los mejores del mundo. Aún no terminaba de entender cómo le había hecho para lograr entrar a ese lugar. Aunque yo solo me encargaba de lavar los platos y cortar verduras, no me importaba. Estar ahí todos los días y ver a mis compañeros cocinar y echarle ganas a su trabajo me inspiraba de cierta forma. Lo que más me gustaba de estar ahí definitivamente era el chef Seiya Kou.

El chef Kou era uno de los chefs más importantes de todo Japón. Era muy inteligente, creativo, increíble, capaz, ágil, decidido, eficaz… y por supuesto ¡muy guapo! Era el hombre perfecto. A pesar de que tenía un carácter muy fuerte y parecía siempre estar enojado, yo lo admiraba profundamente. Tomé mi bolso, me hice una coleta y salí a la calle.

Siempre era la primera en llegar al restaurante. Prefería hacerlo por muchas razones. Primero porque no me gustaba llamar mucho la atención, y llegar al mismo tiempo que los demás implicaría ser yo quien tuviera que saludar a todos. Segundo, no tenía nada que hacer, mi vida era el trabajo. Tercero, me gustaba tener todo en orden para cuando llegaran los demás pudieran encontrar todo en su lugar y así comenzar a trabajar cuanto antes. Y por último… me gustaba llegar temprano porque así tenía tiempo de prepararme algo de desayunar. En el albergue servían el desayuno muy tarde y siempre sabía mal. Dos horas antes, es decir a las 8:00 am, yo ya estaba entrando al lugar. Dos horas después, a las 10:00 am, comenzaban a llegar mis compañeros.

Nicolas, Kelvin, Haruki y Yoshi entraron al mismo tiempo haciendo mucho ruido como siempre. Los cuatro se habían hecho muy buenos amigos, y los cuatros se habían convertido en muy buenos cocineros. El chef siempre los hacía esforzarse demasiado para que todos los platos quedaran perfectos. Yo prefería no convivir mucho, ya que ellos eran muy diferentes a mí. Yo era más bien callada y reservada, aunque me divertía observándolos de lejos.

-¡Tsukino!-gritó Kelvin.-Tsukino, ¿dónde está mi cuchillo?

-¿En dónde va a estar, idiota? Búscalo bien, Serena no es tu esclava.-le respondió Yoshi.

-¡Ya cállense! Mejor póngase a trabajar antes de que baje el chef. Siempre tienen que estar discutiendo.-intervino Nicolas.

-¿De verdad tenemos que trabajar? Chicos, vámonos antes de que baje el chef y disfrutemos del día, ¡está increíble!-sugirió Haruki.

-¿A dónde creen que van, inútiles? Nadie sale de mi restaurante sin mi consentimiento.

Todos nos quedamos mudamos. Los chicos se formaron inmediatamente y adoptaron la posición militar que siempre adoptaban al inicio del día. Yo me formé junto a ellos a esperar instrucciones. El chef caminó hacia nosotros y comenzó a dar vueltas a nuestro alrededor mientras observaba todo. Después de algunos minutos que parecieron interminables, por fin habló.

-Yoshi, tú harás los fideos del día de hoy. Haruki, a ti te toca el sushi. Nicolas, los cortes de carne. Kelvin, los mariscos. Tsukino, la ensalada.

"SÍ, CHEF", gritamos todo al unísono.

De pronto, el chef se quedó viendo un punto fijo y todos nos volteamos a ver. Hubo un silencio prologando y luego nos miró de nuevo. Odiaba cuando hacía eso, porque normalmente esos silencios prolongados venían acompañados de un fuerte regaño para alguno de nosotros.

-¿Dónde está?-dijo en voz baja.

Nadie respondió.

¿DÓNDE ESTÁ?-gritó.- Mi cuchillo no está. ¿Dónde lo dejaron?

El chef comenzaba a desesperarse. Odiaba que nadie respondiera a sus preguntas.

-Voy a preguntar una vez más y quiero que esta vez sí me responda.-dijo antes de tomar aire.-¿DÓNDE DEMONIOS ESTÁ MI CUCHILLO?

Esta vez fue Kelvin el que respondió.

-Chef…-yo… es decir, yo… vi ayer antes de irme que… Tsukino estaba lavando todo…

En ese momento sentí cómo todo mi cuerpo se tensaba. Comencé a respirar con dificultad y cerré los ojos por un momento tratando de controlarme. El chef se acercó a mí lentamente y sentí su mirada penetrante sobre mí. No me atrevía a mirarlo.

-Tsukino.-dijo en voz baja.- ¿Es cierto?-preguntó.- ¿Es cierto que tú fuiste la última que lo vio?

-Yo…yo…-las palabras no salían de mi boca.

-¿TÚ QUÉ?-esta vez su tono fue más elevado.

-Señor… chef… yo…

Escuché cómo el chef respiraba profundamente, como si estuviera harto.

-Escúchame bien, Tsukino.-dijo agarrándome de los hombros.-Necesito que cuando hables conmigo me veas a los ojos. No soporto que me evadan la mirada.

Sentí cómo sus dedos presionaban mis hombros y no tuve más remedio que mirarlo a los ojos. Así no era cómo me imaginaba mirarlo a los ojos por primera vez. A pesar de ya tener un año trabajando ahí, el chef nunca me miraba, ni me hacía caso. Casi siempre me gritaba desde lejos y listo. Pero esa vez me estaba obligando a mirarlo. Por un instante, en medio del caos, me perdí en sus ojos. Tenía una mirada penetrante, letal, y también hermosa.

-Mi cuchillo no se toca jamás.-me gritó.- Eres una inútil. Si vuelves a perder mi cuchillo, te juro que… Más te vale que lo encuentres ahora mismo. No vas a salir de aquí hasta que lo encuentres, ¿entiendes? Si no quieres sufrir las consecuencias.

El chef me soltó y por poco sentí que no podía respirar bien. En cuanto desapareció de nuestras vistas, los chicos se me acercaron.

-Tsukino, ¿estás bien?- preguntaron todos al mismo tiempo.

-Yo…no… no lo sé…-contesté.-No sé…dónde está el cuchillo.

-¿Cómo?-dijo Yoshi.- Pero tú… tú dijiste que lo habías limpiado.

-Sí. Lo hice. Pero lo dejé en su lugar. Después de eso no volví a tocarlo…

-Pero las cosas no pueden desaparecer así como así, te ayudaremos a buscarlo.-dijo Nicolas.

-¡No! Ella lo perdió.-intervino Kelvin.- Que se encargue ella.

-No seas egoísta, estúpido, el chef la va a correr si no lo encuentra.-dijo Haruki.

-Gracias, chicos, pero… no deben preocuparse por mí.

-Nada de eso, tú encárgate por ahora de buscarlo en todos lados, nosotros haremos tu trabajo aquí en la cocina.-decidió Nicolas.- Y Kelvin hará lo mismo.

Inmediatamente me puse a buscar el cuchillo por todos lados. Moví todos los trastes, los muebles, busqué en las bodegas, por todo el restaurante. Cada minuto que pasaba me sentía peor, pues no lograba encontrar el bendito cuchillo. Me sentía mal porque yo estaba segura de que lo había dejado en su lugar y no entendía cómo se había movido de ahí. Estaba desesperada y sentía unas enormes ganas de llorar.

Pasaron algunas horas y el cuchillo seguía sin aparecer. Me tomé un tiempo para respirar y para cortar las verduras que tenía cortar. Preparé la ensalada, dejé listo todo para que la sirvieran y seguí buscando. Los chicos me ayudaron a buscar en ratos, pero no tuvimos éxito. Podía sentir el fin muy cerca.

A eso del medio día me sentía sumamente derrotada. Había buscado en todos los rincones inimaginables del restaurante y no estaba. Decidí salir un rato a tomar aire fresco y a llorar tranquilamente sin la presencia de mis compañeros. Iba a perder el único trabajo que me había gustado de verdad en toda mi vida, a pesar de que era el último eslabón de la cadena. Pensé en el chef Seiya y me sentí terriblemente estúpida. Me daría mucha vergüenza que me echara a la calle sin siquiera conocer a mi verdadero yo.

Cuando regresé al interior, el chef había regresado y todos me miraron. Ya estaba resignada.

-¿Y bien?-me preguntó.- ¿Dónde está mi cuchillo?

No pude responder. Simplemente negué con la cabeza lentamente y agaché la cabeza. El chef me tomó del brazo bruscamente y me jaló hacia la puerta.

-Quiero que te vayas ahora mismo.

Sin decir nada más se dio la vuelta y volvió a desaparecer. Aguanté las ganas de llorar mientras recogía mis cosas y me quitaba el uniforme. Los chicos me miraban con una mezcla de lástima y tristeza. Dejé el uniforme en el vestidor y me dirigí a la salida. Eché un último vistazo al restaurante y salí a la calle. Apenas había caminado unos metros cuando escuché que alguien gritaba mi nombre.

-¡Tsukino!-gritó Nicolas detrás de mí.- Lamento mucho todo lo sucedido, te prometo que voy a tratar de hablar con el chef y…

-Gracias, Nicolas, pero no tiene caso. Cometí un error…

-Pero… estoy seguro de que no fue así. Voy a tratar de solucionar esto.

-Agradezco tu intención, pero no hay necesidad. Ahora debo irme.

Me alejé de Nicolas y seguí caminando sin rumbo fijo.


Me serví sake en un vaso y me lo tomé de un solo trago. No soportaba la ineptitud de las personas, mucho menos soportaba a las personas débiles. Me serví otro trago y me acerqué a mirar por la ventana. Ahí estaba esa chica inútil. Observé cómo miraba el restaurante una vez más antes de irse. ¿Había sido demasiado duro con ella? No. Mi cuchillo era sumamente importante. Nadie debe meterse con el cuchillo de un chef.

La chica se veía verdaderamente triste. ¿Cuánto tiempo tenía trabajando aquí? Sabía que ya era bastante tiempo, y sin embargo su presencia era casi imperceptible. Nunca ocasionaba problemas, pero era torpe y distraída. No estaba consciente de cuáles eran sus deberes, tampoco estaba seguro de qué era lo que hacía ella aquí. ¿Yo la había contratado? No recordaba ni siquiera cómo había entrado a mi vida. Pero me molestaba mucho su falta de carácter y su sumisión.

Observé cómo Nicolas se acercaba a esa chica y le decía algunas palabras. ¿Era interés genuino? ¿O solo cordialidad? No tenía idea, pero aún después de que ella siguió caminando, él se quedó ahí mirándola mientras se alejaba. Nicolas era un buen tipo y a quien yo más le tenía confianza en el restaurante. Me parecía curioso que él se sintiera tan afligido por este suceso. Quizá yo no estaba en lo correcto. Me terminé mi trago y volví a bajar al restaurante.

Mientras iba bajando las escaleras escuché voces en el vestidor. Eran Kelvin y Yoshi. Discutían sobre el cuchillo y decidí quedarme a escuchar.

-Demonios, Yoshi. Yo tuve la culpa. Soy un idiota, ¡idiota!

-¿Tú lo tuviste todo este tiempo? Y dejaste que Tsukino se fuera…

-Lo sé, ¡lo sé! No fue a propósito. Ayer me lo llevé accidentalmente, quería llevarme el mío pero… ni siquiera me fijé, ¡me van a matar!

-Debes decirle al chef…

-No puedo, ¿qué tal que me corre también?

Sentí todo el enojo invadiendo mi cuerpo nuevamente y decidí entrar a enfrentarlo.

-Kelvin.-dije con voz firme.

-¡Chef! Eh…eh… ¿qué… qué necesita?

-Así que no pensabas decírmelo, idiota.-dije notablemente enojado.

-Yo… yo…

-¡TE PREGUNTÉ! Te di la oportunidad de decirme lo que había pasado, ¿y qué hiciste? Decidiste acusar a la más débil del restaurante.

Kelvin me veía avergonzado y nervioso.

-Esa chica estuvo buscando el cuchillo por horas y simplemente te callaste. Y dejaste que la corriera.-traté de calmarme.- Eres un imbécil, no puedo creerlo.

Hice una pausa para respirar.

-Vas a regresar el cuchillo a su lugar y te vas a ir a tu casa.

-¿Me va a correr, chef? –preguntó Kelvin.

-¿Me escuchaste? Haz lo que te digo. Te vas a ir a tu casa, voy a pensar qué es lo que voy a hacer contigo. Por ahora no quiero verte ni un minuto más aquí. ¡RÁPIDO!

Kelvin salió inmediatamente del vestidor y desapareció de mi vista. Yoshi también salió de ahí y me dejó solo. No sabía qué hacer. Estaba muy confundido. Había tratado a Tsukino de la peor manera y la había corrido por culpa de este idiota. Me senté un momento a tratar de pensar lo sucedido y a tranquilizarme. Pero mis empleados no me iban a dejar en paz.

-Chef… disculpe que lo moleste.-dijo Nicolas entrando al vestidor.

-¿Qué quieres?

-Yo solo quería preguntarle qué es lo que va a pasar… ¿hará que Tsukino regrese?

Lo miré con hartazgo y me di cuenta de que hablaba muy en serio.

-Por favor…

-Nicolas, tú no me vas a decir qué hacer. Te pido que me dejes solo y se pongan a trabajar porque hoy tenemos dos personas menos.

Nicolas me dejó solo y respiré profundamente. ¡Por qué trabajaba con gente tan inepta! Salí del restaurante porque necesitaba aire fresco. Decidí dar un paseo para despejarme y pensar. ¿Debía regresarle su trabajo a esa pobre chica después de lo que le había dicho? Odiaba sentir remordimiento y recordar que también tenía sentimientos. Los sentimientos me parecían un tanto bobos, como un obstáculo.

Mientras caminaba por el parque cerca del restaurante divisé a lo lejos una melena rubia envuelta en una coleta. Supe al instante que era Tsukino. Se veía preocupada, consternada, aunque eso no me pareció anormal. Siempre tenía esa expresión de soledad en su rostro. Se encontraba mirando el lago y parecía comer algo semejante a un pan. Me dio un tanto de lástima verla en ese estado. ¿Por qué no había ido a su casa? Seguro su familia la estaría esperando.

Sin embargo, se veía bastante consternada. Maldita sea, ¿en qué estaba pensando? ¿De verdad sentía tanta lástima como para hacer una buena acción? Ella ni siquiera había intentado mantener su trabajo. Solo dejó que la sacará de ahí. ¿Por qué le debería tener consideración ahora? Pero necesitaba a alguien, y todavía no decidía qué hacer con Kelvin. No sabía si lo iba a perdonar o si lo iba a correr también. No estaba seguro de nada, pero tampoco tenía ganas de pasar por un drama en este momento, o en ningún otro.

¿Qué demonios? No tenía nada que perder. Después de todo esa chica solo era una tonta, y es de las personas que necesitan que les digan qué hacer o no harán nada por su cuenta. Voy a tener que condicionarla, después de todo no fue su culpa. Me acerqué a ella lentamente y conforme me iba acercando me di cuenta de lo rubia que era. El sol estaba justo arriba de nosotros y hacía que su cabello brillara demasiado. Me pareció un rasgo muy particular.

Cuando ella se dio cuenta de mi presencia pude notar cómo cambiaba su expresión a un asombro casi insoportable. Se levantó rápidamente de la banca y se le cayó el último trozo de pan al suelo. Aún tenía migajas en la comisura de los labios y se limpió discretamente.

-Ch…chef… yo…

-Tsukino.-dije interrumpiéndola.- Regresa al restaurante ahora mismo.

-Pe…pero…

-Mira, Serena. No me voy a disculpar, ni nada por el estilo. Kelvin fue quien ocultó el cuchillo. Olvidaremos este tema, regresa ahora. Solamente te voy a pedir una cosa, esta vez vas a esforzarte más. Siempre pasas desapercibida, no haces nada… necesito que te muevas, o tendrás que irte de verdad. No me gustan las personas invisibles.-sentencié.

Le di la espalda y cuando giré para ver si me había hecho caso vi cómo recogía sus cosas y se apresuraba a seguirme. Esa chica sí que era fácil de manipular.


Todo había sucedido tan rápido que no sabía qué pensar. Él había aparecido aquí de pronto y me había ordenado que volviera. También mencionó que Kelvin había tenido la culpa. Y aunque dijo que no se iba a disculpar, para mí eso significaba mi salvación. Me estaba dando otra oportunidad, y no solo eso, me había pedido explícitamente que me esforzara más.

Mientras caminaba de vuelta al restaurante comencé a reconsiderar mis metas y objetivos. Y me di cuenta de que ni siquiera tenía un plan. Estaba cansada de que la gente me viera del hombro para abajo. Estaba cansada de que todos creyeran que era una inútil. Pero tampoco podía quejarme porque yo misma me había encargado de eso. Pero no más.

Tenía que demostrarle al chef… a Seiya… que valía la pena darme otra oportunidad. Tenía que sacar todo mi potencial, tenía que demostrarme a mí misma quién era realmente debajo de este disfraz de niña tonta. Ya no quería ser esa persona de la que todos se aprovechaban. ¿Realmente podía hacerlo? ¿Podría lograr convertirme en quien realmente necesitaba ser? El chef quizá veía algo en mí… no estaba segura. Él me había llamado por mi nombre. Había dicho Serena, y en sus labios se escuchaba divino. Pocas personas me llamaban por mi nombre.

Y fue así como en el camino de regreso al restaurante me propuse ser la mejor. Daría todo de mí para dejar de ser la Serena Tsukino tonta y débil. Yo sería una mujer especial, y única. Tanto que hasta Seiya Kou tendría que admitirlo abiertamente.