Naruto © Masashi Kishimoto.


Sísifo feliz

Él viaja entre dimensiones, burlando el tiempo y el espacio, en una misión que solo él es capaz de realizar. Es Sasuke, el del rinnegan, quien eligió esta forma de vida para expiar los crímenes que ha cometido en el pasado.

Una vez su vida fue color azul y luego pasó a un tono más oscuro. Renunció a la posibilidad de una vida feliz al lado de sus mejores amigos —al lado de Sakura—, y su color mutó al azul del fondo marino; pues a pesar de todo, cortar los lazos de raíz le fue imposible por mucho que lo intentó.

Luego, se volvió negro el día que se enteró de la verdad sobre Itachi. Aquella vez marcó su descenso a la locura.

Siempre que piensa en eso, se siente sumamente avergonzado de sí mismo.

Tuvo que ser Naruto quien lo trajo de regreso. Al costo de un brazo, y Sasuke todavía se pregunta si se lo merece. Aunque es demasiado orgulloso como para decírselo a su mejor amigo, quien probablemente estallaría en carcajadas y se reiría de él hasta el final de los tiempos.

Sakura se volvió fuerte y lo reprendió. A él y a Naruto. Él le pidió disculpas, pero sabe que no es suficiente. Ella no lo odia y Sasuke se preguntó muchas veces el porqué. Le hizo daño, mucho daño, pero ella creció tanto, que es capaz de amarlo y estar a un nivel superior a él a la vez. Ella se hizo más fuerte de lo que él jamás será en su vida.

Pero la Aldea de la Hoja a la que regresó ya no era su aldea. Ya no sentía que era su hogar. Ya no sintió que aquel era el lugar adonde pertenecía, pero no porque sus amigos no le hayan perdonado, sino porque siente vergüenza de que alguna vez la odió tanto como para querer destruirla hasta la raíz.

Por eso realiza esta misión, porque a veces tiene pesadillas donde se vuelve loco y destruye a la aldea de un plumazo y ríe sobre una cima de cadáveres putrefactos.

Parece que corre en círculos, donde su peor enemigo es su propia consciencia. Parece que todos los días arrastra una enorme piedra hacia la cumbre de una montaña, para que luego un rayo la mande de regreso a la ladera, donde debe bajar y volverla a subir por el resto de su absurda existencia.

Lo que Sasuke necesita es perdonarse a sí mismo, porque de nada sirve que lo hayan perdonado Naruto y Sakura, si él todavía no es capaz de mirar su mano sin verla llena de la sangre de sus enemigos. Sin la sangre de Karin, a la que nunca pidió perdón después de haber sido un capullo con ella.

Sasuke comprende que la misión quizás no sea capaz de resarcir del todo los errores que cometió en el pasado, pero lo hará al menos en parte, y eso debería ser suficiente para dejar de tener pesadillas, y entender que Konoha es su Konoha.

Ahora que regresa definitivamente, después de reencontrarse con su esposa y su hija, ya es un adulto. Es un ninja, es esposo, es padre y ya es tiempo de darle paz a su corazón; de darle un sentido a esa piedra que carga todos los días desde la ladera hasta la cima. Ahora, con este nuevo pensamiento el azul de su niñez vuelve a revivir y marca su adultez.

Lo comprende cuando se quita los zapatos y, al entrar a casa, siente que al fin ha llegado a su hogar.


Notas: me pasó algo curioso cuando salió recién Sasuke Retsuden: hice un análisis desde mi perspectiva simple y sencilla de Sasuke —uno de mis personajes sombra— y se volvió más o menos viral. ¡No me lo esperaba! Esto no es ni la cuarta parte de aquello. Solo es una alegoría al mito del Sísifo, porque todos nos merecemos imaginarnos a un Sísifo feliz.

29/03/20.