Los personajes pertenecen al manga creado por Horikoshi y la historia es una adaptación del juego Decisions.
Alerta: AU (Universo alternativo ubicado en la modernidad), sin quirks, uso de ligero OoC, trama principalmente Yaoi (hombrexhombre) con alguna pareja hetero secundaria.
En este universo existen los donceles, hombres capaces de procrear y la homosexualidad no es mal vista, al menos por la mayoría.
Sin más que aclarar por el momento, espero que la disfruten.
El día había pasado tan tranquilo como siempre, sin nada sorprendente que quitara esa sensación de vivir dentro de un eterno bucle monótono y asfixiante.
Bakugō Katsuki era un joven perteneciente a una pequeña ciudad, vivía sólo con su madre Mitsuki en una modesta casa y se ganaba la vida trabajando en la cafetería más famosa del lugar. Más allá, en la cima de una gran colina, se encontraba el castillo de los reyes que aún regían el país, sin embargo no era algo que le interesara realmente, para él era una tontería que aún existiera una monarquía como si vivieran en la antigüedad, sólo contaba los días para poder juntar suficiente dinero e irse de esa pesadilla junto a su progenitora.
Sólo por eso trabajaba día y noche en ese horrible lugar.
—¿Quién te hizo enojar esta vez, Kacchan?
El rubio se giró para ver a su mejor amigo, quien acababa de entrar a la cafetería con esa positiva actitud de siempre. Izuku Midoriya era su nombre, un chico de cabello verde y expresivos ojos que le daba cierto contraste a su amargada vida, aún cuando Bakugō jamás fuese a admitirlo en voz alta.
—¿Qué quieres, Deku? —le preguntó, llamándolo con el apodo con el que le había bautizado desde el jardín de niños.
—Lo siento, estabas fruncido el ceño más que de costumbre… En fin, terminó mi turno y mañana es nuestro día de descanso, así que pensé que quizás podríamos ir a algún sitio para liberar algo de tensión —explicó el chico con algo de nerviosismo, jamás sabía cómo reaccionaría su mejor amigo.
Izuku tenía el gran honor (nótese el sarcasmo) de trabajar en el gran castillo real, siendo uno de los empleados domésticos o "mayordomo" de la familia Todoroki, los monarcas regentes. Era un trabajo agotador según decía el peliverde, pero con una paga bastante generosa, por lo que era capaz de soportar a esas estiradas personas con tal de llevar algo de pan a casa y que su pobre madre pudiese vivir bien.
Era admirable, pero Katsuki no lo envidiaba.
—Supongo que está bien —respondió, necesitaba un descanso para no terminar matando a alguien.
—¿Eh? ¿D-de verdad? ¡Genial! Tu turno casi termina, ¿qué te parece si vamos al bar-restaurante del centro? Mañana no debemos trabajar así que…
—Sí, sí, vámonos antes de que me arrepienta.
Sin dejarle terminar, se quitó el delantal y lo aventó al mostrador para terminar su jornada del día. Por fin tendría un poco de calma, así que sin más salió del café con Izuku.
—Últimamente ha sido el doble de trabajo en el castillo —comenzó la conversación el menor ante el silencioso camino que ambos habían tomado—. Ya que el príncipe está listo para elegir consorte y convertirse en rey, sus padres están organizando un gran baile donde invitarán a todas las doncellas y donceles jóvenes de las familias más adineradas. ¡Es muy estresante, Kacchan! Parece que todos están enloqueciendo.
—Son estupideces, fiestas de élite para que esos estirados sigan presumiendo que se pudren en dinero —gruñó el rubio, pese a la agresividad de sus palabras, Midoriya tuvo que estar de acuerdo.
—Aún así se conoce a mucha gente importante y algunos no son tan malos.
Vio a su amigo levantar una ceja, Izuku sólo sonrió.
—En verdad, te sorprendería, Kacchan.
—No me interesa, todos son la misma mierda.
Antes de que el peliverde pudiese responder algo, ambos fueron interrumpidos por el timbre del móvil del rubio, quien al ver que se trataba de su madre no dudo en tomar la llamada.
—¿Qué quieres, vieja?
—¡No me llames así, mocoso malcriado!
Katsuki tuvo que separar el aparato de su oído debido al estruendo del grito.
—En fin, no te llamé para pelear, yo… Necesito que vengas a casa.
—Estoy con Deku, te veré en un rato y…
—Es urgente, Katsuki, necesitamos hablar ahora.
La voz que Mitsuki había usado le causó curiosidad y, en el fondo, algo de preocupación. Rara vez su madre hablaba de esa manera tan apagada y sin gritos o insultos.
—Bien, voy para allá.
Tras despedirse colgó y miró a su amigo.
—La vieja me llama, aparentemente surgió algo importante y necesita que vaya.
—Oh, si ella te necesita debe ser importante. No te preocupes, Kacchan, podemos vernos mañana si quieres.
—Entonces lo dejamos para mañana.
El rubio se despidió con un desinteresado movimiento de manos, retomando el camino hacia su hogar, realmente intrigado por lo que su madre tenía que decirle.
Tras unos minutos de caminata, finalmente llegó a casa donde apenas entró se encontró a su madre sentada en el sofá de la sala principal, una mujer que era su vivo retrato (aunque en femenino) y que generalmente era poseedora de una mirada fiera y desafiante, sin embargo, en esos momentos parecía tan triste que Katsuki se quedó sin habla frente a ella.
—Hijo, ven, siéntate —pidió y el menor hizo lo que pidió—. Tengo que decirte algo y no es sencillo, pero necesito que sepas toda la verdad por si un día llego a faltar en tu vida —tomó la mano del rubio, quien sólo la miraba como si se hubiese vuelto loca.
—¿Pero de qué diablos hablas, madre? ¿Por qué hablas como si…?
—Tengo cáncer.
Tras esas fuertes palabras, el rubio menor no supo que más decir, se habría esperado cualquier cosa, cualquier cosa menos eso. De pronto, Mitsuki sintió como el agarre de sus manos era correspondido por su hijo, por lo que sonrió.
—Sé que es una noticia difícil, lo fue para mi como no puedes imaginarlo, por eso necesito contártelo todo, Katsuki —vio a su madre respirar profundamente, antes de mirarle con esa característica mirada llena de determinación—. Nuestra familia es poseedora de una gran fortuna, tus abuelos eran parte de la corte real, puesto que me fue heredado cuando cumplí la mayoría de edad y me casé con tu padre, con Masaru.
—¿Qué? ¿PERO QUÉ MIERDA ESTÁS DICIENDO?
—Silencio y escucha. Cuando me casé con él, Masaru y yo decidimos formar una familia, por derecho se nos entregó el castillo de Eyrie para que el linaje Bakugō lo dirigiera a través del tiempo, pero… —Mitsuki mordió su labio antes de continuar—. Teníamos enemigos entre las sombras, nuestra unión jamás fue del agrado de todos y poco después de enterarme de que venías en camino, alguien… Alguien envenenó a Masaru y murió.
Katsuki había preguntado muchas veces por su padre y su madre siempre había respondido que había sido un accidente, en esos momentos no sabía como sentirse, estaba iracundo, pero por otro lado no dejaba de tener dudas.
—Alguien nos quería muertos y no podía permitir que algo te sucediera a ti también, así que huí, dejé esa vida atrás y huí a donde jamás volverían a buscarnos, es por eso que jamás te dije nada, Katsuki, pero ya estás lo suficientemente grande para cuidarte por ti mismo y recuperar lo que es tuyo.
—Espera, ¿ahora a qué mierda te refieres?
—Sabes que eres un doncel, así que tú también puedes participar, ve al castillo y compite por la mano del príncipe, Katsuki.
Espera un momento.
¿QUÉ CARAJOS?
—¡Wow! Eso… ¡Eso es maravilloso, Kacchan! —exclamó el peliverde, completamente anonadado ante la historia que le contaba su mejor amigo.
—¿Qué tiene de increíble esa porquería? —gruñó el contrario, recibiendo una sonrisa nerviosa del menor—. Ahora resulta que soy parte de esa élite malnacida, definitivamente no quiero ir a competir con un montón de princesitas odiosas por la mano de un niño rico, de sólo pensarlo me enferma, pero...
Deku vio a su mejor amigo y supo que había algo más.
—¿Pero?
—Si no lo hago, con mi sueldo actual no puedo pagarle su jodido tratamiento a la vieja —el peliverde le miró con tristeza—. Ella me lo dijo para no dejarme desamparado y sin nada, pero ahora me siento responsable por pagar eso y si la única manera de conseguir el puto dinero es ir a esa estúpida fiesta, yo…
—Kacchan, ¿estás seguro de que es lo que quieres hacer?
—¿Tengo de otra?
Deku tomó una de las manos del rubio entre las suyas y le miró con una sonrisa que lograba calmar sus nervios.
—Sé que todo esto es difícil para ti, pero no debes preocuparte porque yo te ayudaré. Sé bastantes cosas sobre cómo funciona el mundo dentro del castillo, así que seré tu guía y conquistarás al príncipe sin importar qué, porque eres la persona más asombrosa que conozco y puedes lograr lo que sea.
Katsuki sólo atinó a mirar a su mejor amigo, antes de chasquear la lengua y mirar hacia otro lado.
—Eres un maldito cursi.
Sin embargo, al ver el pequeño sonrojo del rubio, Izuku supo que esa era su manera de decir "gracias".
—¿Ya has terminado de empacar todo? Ropa, artículos personales, quizás algún recuerdo…
—Ya dije que estoy listo, Deku —respondió harto ya de todo el asunto, aún no podía creer que estaba a punto de dejar su casa para ir a quedarse en el castillo de la familia real, era como una maldita pesadilla.
Cuando Izuku salió para terminar de preparar el transporte que les llevaría al castillo, Katsuki se miró al espejo una última vez antes de marchar. Llevaba puesto un traje que según Mitsuki había pertenecido a su padre cuando era joven, era el traje con el cuál se había presentado ante la sociedad y ahora él lo usaría para el mismo momento. La vida a veces podía ser un poco irónica.
Jamás había pensado en verse tan formal, todo el traje era blanco, sin embargo la casaca llevaba algunos adornos plateados en el pecho y algo de rojo en las mangas y cuello, la cola llegaba hasta sus rodillas donde comenzaban las negras botas y su cabello lucía tan desordenado como siempre. Debía admitir que no estaba tan mal, pero seguía sintiéndose incómodo con la situación. La idea de ser un doncel jamás le había gustado del todo, después de todo tenían la fama de ser sumisos y él jamás podría dejar que alguien lo pisoteara de esa manera, sin embargo no se podía negar su naturaleza, sabía lo que tenía y haber heredado la delicada belleza de su madre le haría ganar bastantes puntos en ese humillante concurso.
—Katsuki, te ves perfecto —dijo de pronto Mitsuki, mirándolo desde el marco de la puerta.
—Ya lo sé, mujer —respondió con sorna, sin embargo al verla a los ojos y notar la melancolía en ella, relajó su expresión y se acercó—. ¿Estarás bien sola?
—Oh, ¿acaso el pequeño Kats se está preocupando por su madre? —rió y le estiró un poco una de sus mejillas, causando un sonrojo de molestia en el menor—. Tranquilo, hijo, yo estaré bien mientras tu lo estés, además sé que estarás en buenas manos, el príncipe es bueno y… Debo advertir que bastante atractivo también, presiento que todo esto saldrá muy bien.
—Pff, por favor, vieja.
Soltó el menor con hartazgo, sin embargo lo siguiente que Bakugō no pudo prever fue el cariñoso abrazo de su progenitora, el cuál le dolió al sentirlo como una despedida.
—Ten cuidado, Katsuki. Aunque sé que lograrás lo que te propongas.
Y tras decirlo, se separó mirándole con una de sus grandes sonrisas características, la cuál fue contagiada al menor, quien sin decir más se alejó tomando sus maletas.
Para su sorpresa, su mejor amigo ya le esperaba en la entrada con una enorme limusina con la puerta abierta, lista para que el rubio se subiera en ella.
—¿Es en serio? ¿Cómo conseguiste esta mierda?
—Por orden de su Majestad Rei, se ordenó que todos aquellos invitados a competir por la mano del príncipe fueran llevados por autos de lujo con todas las comodidades al castillo para posteriormente instalarse en una habitación personalizada para cada uno. Me tomé la libertad de pedir que anotaran tu nombre también así que ya está todo preparado, ahora sube o llegaremos tarde.
El rubio rodó los ojos ante tan formal explicación y sin más subió al auto, mientras Izuku metía las maletas en la parte de atrás antes de subirse en la parte del chófer para llevarle al castillo.
Katsuki iba perdido en sus propios pensamientos durante todo el camino, deseando jamás llegar ni tener que descender del vehículo. Había ido ahí para poder ayudar a su madre con su tratamiento, pero no se había puesto a pensar en todas las consecuencias que sus acciones acarrearían. Debía enamorar a un maldito príncipe que no había visto jamás y en caso de que lo lograra debía casarse con él, darle… Hijos.
—¿Qué carajos estoy haciendo aquí?
Pero no hubo tiempo de responderse, pues en el momento menos pensado, el auto se detuvo y vio a Deku abriéndole la puerta con una suave sonrisa.
—Hemos llegado, milord.
—No me digas así, imbécil —se quejó Bakugō mientras descendía del auto.
Frente a sus ojos estaba el inmenso castillo, tan imponente como se lo había imaginado. Un jardín enorme lleno de cientos de plantas distintas, gente llegando por ahí y por allá, todos por el mismo motivo. Doncellas y donceles jóvenes que serían su competencia, todo parecía tan surrealista que quería salir corriendo. Pero Katsuki Bakugō jamás huía de sus problemas.
—Es enorme, ¿cierto? —dijo Izuku ante el silencio de su amigo—. Pero bueno, la celebración ya ha empezado, entra al castillo y entrega esta invitación en la entrada —le dio en la mano un pergamino con un sello rojo, perteneciente a la familia real—. Primero les darán la bienvenida, nada del otro mundo, conocerás a tus rivales y también al príncipe. Sé que lo harás bien, Kacchan.
—¿Tu no vienes? —preguntó el rubio, aún si no quería ser muy obvio, le haría sentir mucho más relajado tener una cara conocida, sin embargo, vio al peliverde negar con pesadez.
—Tengo trabajo que hacer sirviendo la comida para todos, pero apenas tenga oportunidad iré a verte, ¡todo irá bien!
Sin más, Bakugō vio a su mejor amigo desaparecer por ahí.
Lanzó un cansino suspiro y decidió no aplazar más tiempo lo inevitable, subió las escaleras para entrar al castillo y entregó la invitación tal como Midoriya le había indicado, sin embargo luego de entrar e intentar mezclarse entre la gente, accidentalmente chocó con alguien más debido a los constantes empujones de la gente.
—Ugh, mira por donde vas, torpe.
Al mirar a la dueña de esa odiosa voz, Katsuki se encontró con una de las damas de la corte. Era una mujer hermosa, de rostro perfecto y curvas bastante generosas, pero que le miraba con una expresión de odio tal que jamás pensó ver en alguien que ni siquiera conocía.
—Fíjate tu, cola de caballo —le respondió, pues era el peinado que la chica llevaba en ese momento haciendo juego con su ajustado y excéntrico vestido rojo lleno de incrustaciones de rubí.
Observó con diversión como su cara se tornaba del mismo tono que su vestido.
—¡Pero que vulgar! ¿Acaso no sabes quién soy ni en dónde estás? —preguntó con desprecio, barriendo al rubio con su mirada.
—No y no me interesa, ahora muévete.
Ante su respuesta, la chica se quedó helada de la ira. Para Katsuki era divertido pero tampoco es que deseara verle la cara toda la maldita noche.
—Mi nombre es Momo Yaoyorozu y vine aquí porque seré la futura reina, así que más vale que te prepares, doncel de cuarta, al príncipe jamás le gustará un hombre y menos si es tan corriente como tu.
Dicho esto, la joven se fue dignamente con la cabeza en alto por el lado opuesto, pero Katsuki lo único que pudo sentir por ella fue asco y lástima. Chicas sin dignidad compitiendo por la atención de un bastardito con dinero y lo peor es que él estaba ahí para competir con ellas, patético.
—No es muy agradable, ¿cierto?
Bakugō se giró para observar a quien le había hablado, encontrándose con la visión más interesante de la noche.
Era un joven de su edad aproximadamente, también vestía un traje elegante parecido al suyo aunque este era blanco con dorado y negro. Sin embargo no era su ropa lo que llamaba la atención precisamente, sino su extraño y llamativo peinado, pelirrojo peinado hacia arriba en grandes púas y, para rematar, una enorme y amigable sonrisa llena de puntiagudos dientes como la dentadura de un tiburón. Era el chico más raro que había visto en toda su vida y sin embargo, por alguna razón no podía parar de mirarlo.
—Oh, lo siento, no debería hablar de los demás y mucho menos sin antes presentarme yo —el chico le hizo una pequeña reverencia—. Mi nombre es Eijirō Kirishima, es un verdadero placer tener aquí a alguien como tu.
Bakugō no supo a lo que se refería, sin embargo algo en el chico le daba confianza.
—Bakugō Katsuki —respondió simple, recibiendo como respuesta esa inusual sonrisa, extraño—. ¿Conoces a esa estirada?
—Je, la única hija de la familia Yaoyorozu, por supuesto, ella y el príncipe Shōto se han conocido desde niños, podría decirse que son amigos así que cree que tiene ventaja sobre los demás prospectos, aunque siendo sincero, no creo que el príncipe la mire de esa manera.
Katsuki tan sólo escuchó, parecía saber bastante de la familia real y todo lo que contaba tenía sentido, así que decidió creer en él.
—¿Y tu quién eres exactamente, pelos de mierda?
—Wow, vaya que tienes carácter —Kirishima río y Bakugō sólo pensaba en lo extraño que era al no ofenderse ni contraatacar, aunque… No pudo evitar notar lo guapo que era con esa estúpida sonrisa—. Soy el sirviente personal del príncipe y también su mejor amigo.
Ahora todo tenía sentido, quizás debería tener cuidado con quien se relacionaba, sin embargo algo le decía que podía confiar en Kirishima y que debía buscar alguien en quien apoyarse en todo ese lugar lleno de serpientes y arpías dispuestos a clavarte un puñal en la espalda apenas les dieras la espalda.
—Oh, vaya, mira qué tarde es, casi es la presentación del príncipe, debo ir a prepararlo antes del discurso del rey y la reina —el pelirrojo nuevamente se inclinó y tomó la mano del rubio para besar su dorso con delicadeza—. Nos veremos después, Katsuki.
Entonces el susodicho le miró alejarse entre las multitudes de gente, sin poder dejar de sentir la sensación del beso en su mano. Su corazón estaba acelerado y de pronto sintió que la misión de conquistar al príncipe sí podía tener unas cuantas fallas.
—Maldita sea.
Quería hablar con Deku, sin embargo al buscarle con la mirada por todo el recinto, sintió como todo mundo dirigía su atención al inicio de las escaleras. No era para menos, el rey y la reina, Enji y Rei Todoroki habían hecho su gloriosa aparición en la escena.
El rey tenía una expresión severa que podía poner a temblar incluso al más valiente, sin embargo la reina tenía la mirada más indulgente que había visto nunca, eran una pareja tan dispareja que no podía evitar pensar en cuál sería su historia detrás y en si él sería algo así con el príncipe.
—Les damos la bienvenida a todos nuestros invitados —comenzó el rey, pasando su dura mirada por sobre todos los asistentes, causando más de un escalofrío.
—Agradecemos que estén aquí, sobretodo a nuestras bellas doncellas y a nuestros bellos donceles quienes han venido con el fin de intentar ser elegidos por nuestro hijo, el príncipe Shōto y unir sus vidas en matrimonio —continuó la reina, quien parecía tener el poder de calmar la tensión que la bestia del rey provocaba.
—Este camino estará lleno de pruebas difíciles, pues dirigir un reino requiere más que sólo el deseo de usar una corona y sentarse en un trono. El príncipe necesita a alguien sensato a su lado, alguien fuerte que pueda tomar las riendas de todo un reino, así que espero que sean aptos para competir por ello.
Katsuki sólo chasqueó la lengua con hartazgo, sin embargo casi podría jurar que el rey le había escuchado y que por eso le dirigía una dura y gélida mirada. Nadie tenía el don para atemorizarlo, pero ese hombre realmente poseía una mirada llena de odio.
Para su suerte, la reina volvió a hablar.
—Ahora, por favor reciban con una reverencia a nuestro hijo, el príncipe Shōto.
Antes Bakugō había pensado que lo más interesante de aquella noche había sido ver la peculiar figura de Eijirō y su encantadora sonrisa, sin embargo no podía evitar pensar que su madre no se había equivocado al decirle que el príncipe no estaba nada mal.
Shōto era un chico joven, pero poseía una mirada seria, casi tanto como la de su padre. Sus ojos eran de distintos colores, uno azul y otro gris, aunque no eran los únicos, pues su cabello también estaba dividido en blanco y rojo, una visión completamente extraña, además y lo que más había llamado la atención del rubio, era que en su ojo izquierdo tenía una enorme cicatriz que le cubría casi la mitad del rostro. El príncipe parecía todo un misterio andante y podía escuchar como más de una suspiraba conforme avanzaba hasta quedar junto a su madre.
—Gracias por venir, veo algunas caras conocidas y… Otras no —Katsuki sintió una corriente eléctrica recorrerle cuando sintió que la mirada del príncipe se conectaba con la suya, lo que no sabía es que no había sido el único en sentirla—. Pero me alegra verlos a todos aquí.
—A partir de mañana comenzarán las pruebas, primero será la cena en la mesa con nosotros y el príncipe, luego habrá una prueba de talentos y finalmente la gran pelea de espadas con la que se decidirá al ganador —continuó explicando Rei—. Por ahora pueden disfrutar de la fiesta y comer lo que gusten, más tarde uno de los sirvientes les llevará a su habitación especialmente acondicionada para sus necesidades, espero que disfruten su estancia.
Y sin más, los aplausos no se hicieron esperar mientras la familia real volvía a retirarse.
—¿Qué tal? El príncipe Shōto es interesante, ¿cierto? —le dijo de pronto Deku por la espalda, logrando sobresaltar a su amigo.
—¡Idiota! No te aparezcas de pronto —gruñó, desviando la mirada—. No está mal… Aunque no es el único.
—¿Eh? No me digas que pusiste los ojos en alguien más, Kacchan, se supone que tu plan es…
—Sí, sí, ya lo sé, ahora déjate de idioteces y tráeme algo de comer que me muero de hambre.
Bramó el mayor empujando a su amigo para que le trajera algún bocadillo de una vez, no quería explicarle ahora lo de Kirishima. Pero justo en el momento en el que Deku le había abandonado, el rubio sintió una mano sobre su hombro y al girarse se encontró con la aparición más inesperada de la noche.
—¿Príncipe Shōto?
—Bakugō Katsuki… Me alegra al fin conocerte.
¡Bueno, bueno! ¿Y cómo ven esta otra loca idea que se me ocurrió?
Espero que les haya gustado, en este fanfic los capítulos serán un poco más largos así que espero no aburrirlos demasiado, cualquier sugerencia es bien recibida al igual que cualquier apoyo que deseen darme.
Intentaré actualizar seguido entre esta y mi otra historia, así que no desesperen.
¡Gracias por haber leído y nos vemos en el siguiente!
