El mundo vive en equilibrio dependiendo de cada valor que haya en los extremos de la varilla reguladora. Para aprender a amar también se debió haber aprendido a odiar, si no, ¿cómo sabemos exactamente lo que sentimos? debemos tener ambas experiencias para identificarlo. Lo mismo sucede con la justicia que no podría existir sin las injusticias. Los mismo pacta con el equilibrio entre gustos y disgustos, la felicidad y la tristeza, lo que es bueno y lo que es malo.
El mundo necesita vivir en equilibrio, porque si solo se recargara a un lado de la varilla, entonces todo colapsaría y caería.
Y ya que ni el uno ni el otro pueden evitar sus existencias, y una guerra a escala existencial no es viable de ninguna forma: Dios y Lucifer han firmado un pacto de tregua y colaboración equilibrada. Labrarán hechos en el mundo terrenal de forma organizada y juiciosa.
Así nace Dengel Corporation, establecimiento con varias sedes y departamentos extendidos a lo largo del cielo en donde ángeles y demonios trabajarán en unión para mantener la mesura en el mundo terrenal.
¿Por qué el cielo? oh, bueno, porque en el infierno hace mucho calor y los trabajadores necesitan un ambiente óptimo y fresco para trabajar, ¿no?
Además, el infierno ya tiene suficientes problemas como para hacerse cargo directamente de una sede de Dengel Corporation. Todo allá abajo siempre era caos, las peleas de quimeras siempre incendiaban todo a su paso, los duendes ladrones entraban a las casas por las noches a robarse cosas y rasguñar a los que dormían, los minotauros a veces hacían competencias callejeras de chocar cuernos y creaban grandes sonidos como truenos y explosiones, las ninfas pasaban toda la mañana gritando enfadadísimas en la Oficina de Demandas por los hostigosos sátiros que las seguían por las calles, y a su vez los hospitales se saturaban por los sátiros heridos a causa de las violentas palizas que les daban las ninfas al ser acosadas. Cada semana los demonios menores que intentaban vivir tranquilos en el inframundo llenaban un nuevo libro de reclamos que iba a parar directamente a un atareado y cabreado Lucifer.
Así que no, definitivamente el infierno no era ningún tipo de buen lugar para manejar los sucesos en la tierra, ¡ni siquiera podían manejar sus propias situaciones!
Los ángeles caídos, humanos pecadores en vida e híbridos eran los calificados para trabajar en el cielo, puesto se implementó el test de maldad que dictaba si las intenciones suyas eran comprometidas con la experiencia laboral y una nueva vida o simplemente de maldad para salir del infierno y causar estragos en el exterior. Una gran mayoría aprobaba de buena manera el test y entregaban sus documentos respectivos para mudarse, y los que no aprobaban eran devueltos a sus hogares y los Cerberos en las puertas del inframundo les mordían el trasero para que no se atrevieran a volver intentar pasarse de listos.
Para suerte suya, Otabek Altin nunca tuvo que hacer todo ese tedioso papeleo. Él era un ángel, toda su ascendencia habían sido ángeles en los cielos. El chico y sus hermanas menores habían sido criados por unos amorosos padres. Había asistido a la escuelita a aprender lo básico hasta la edad requerida: los trece años. Luego decidió prepararse física y mentalmente en la academia para la vida como mensajero celestial a terrenal y viceversa. Todos los ángeles debían pasar por aquella etapa, incluso los demonios que nacían allí en el cielo; aunque, claro, no todos con un mismo objetivo o sueño para su futuro.
Otabek estaba ansioso el día que recibió la carta en respuesta a su aplicación a Dengel Corporation. La carta escrita por Dios que, según sus esfuerzos y cualidades mostradas en su preparación, depararía si quedó o no en la empresa y a qué ámbito había sido seleccionado. El chico gritó, saltó y sus padres lo abrazaron cuando fue aceptado, exactamente, en el departamento de protección.
La gran empresa de Dios y Lucifer tenía varias instalaciones a lo largo del cielo, pero su campus principal se hallaba en el corazón de las nubes, un lugar muy iluminado con pisos esponjosos y rebosantes de blancos y celestes puros. Se componía de dos grandes edificios uno frente al otro, en medio de ellos una calle muy transitada, por lo que las estructuras se unían con varias pasarelas colgantes así uniendo piso con piso y haciendo más fácil la conexión entre el ala A y el ala D (como eran conocidas).
Otabek trabajaba en el piso número nueve del ala A (ala Ángel), departamento de protección espiritual que por la pasarela se conectaba con el ala D (ala Demonio) exactamente con el departamento de desastre nivel dos.
Cuando eran días hábiles de trabajo, a veces los demonios se emocionaban demasiado y revoloteaban de aquí a allá hasta dejar su piso hecho un reverendo asco y, lo que enfadaba mucho más a sus supervisores: estropeaban los portales que los llevaban hasta el mundo terrenal. Esa era la razón por la que muchas veces los demonios eran mandados a cruzar la pasarela hasta su departamento vecino y utilizar los portales de los ángeles para continuar sus labores.
Otabek tenía la paciencia y los reflejos suficientes para poder convivir con su contraparte natural, pero muchos otros ángeles no. Solían ponerse muy nerviosos, ansiosos y, otros pocos, histéricos cuando los demonios cambiaban sorpresivamente a su departamento y dejaban el lugar de cabeza, correteando entre los escritorios, colgándose del techo, molestando a los demás y haciendo jugarretas.
No se podía evitar, los pequeños ex habitantes del infierno sabían trabajar, pero la travesura corría por sus venas.
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Altin esquivó por los pelos uno de los informes que voló por los aires cuando finalmente Emil hizo explotar la poca tolerancia de Michelle. Si había algo en el mundo que el ángel odiara más que los hombres acecharan a su hermanita Sala, era que Emil Nekola jugara a rodar su aureola sobre su cabeza.
El departamento y su poco silencio terminó por explotar cuando Michelle comenzó a correr tras un divertido Emil por sobre los escritorios y las sillas, esparciendo todo a su paso y provocando las quejas de los demás ángeles que intentaban concentrarse en llenar sus informes.
Otabek se había salvado de ser golpeado por un par de papeles, pero no pudo prevenir la zancadilla que le hizo Babicheva cuando pasó frente a su escritorio. Cayó de bruces al suelo.
— ¡Mila! — reclamó sobándose la nariz y con los ojos aguados.
La chica soltó una risita entre dientes y se fue corriendo, meneando de lado a lado su puntiaguda cola, muy divertida con su pequeña travesura.
Altin maldijo por lo bajo, no iba a caer en su juego, no la iba a perseguir. Se puso de pie y se acercó a la oficina apartada de su supervisora, donde más ángeles aguardaban por la papeleta de su próximo viaje a la tierra.
La mujer lo recibió al cabo de unos minutos de pie tras su escritorio, ni siquiera podía sentarse debido al desastre fuera de su oficina.
— Ten aquí — fue lo primero que le dijo Minako con los pelos en punta, mirando hacia la puerta abierta de su despacho desde donde se veía (además de los demás ángeles esperando su turno) la gran sala de informes del departamento donde los demonios jugueteaban y lanzaban cosas, algunos incitando a algunos ángeles a seguirles y unírseles.
Otabek cogió el papel y le echó un vistazo. Pasó por alto la primera información, las letras rojas en medio del papel blanco y negro llamó su atención... y se angustió mucho.
Estado: Gravedad vital.
¿Qué...?
— ¿Gravedad vital? — preguntó, desconcertado — ¡Minako, c-cómo...!
— ¡HEY, TARADOS! — gritó la mujer saltando su escritorio y saliendo a toda prisa por la puerta ante las atónitas miradas de sus subordinados — ¡MILA BABICHEVA Y GEORGI POPOVICH DEJEN EL CANDELABRO O LES COLGARÉ DE LA COLA EN LA PASARELA!
Su supervisora tenía mejores asuntos que atender.
Supo que no podría consultarle nada puesto en ese instante la mujer arrastraba desde la punta de la cola a un lloroso Georgi. De verdad pensaba colgarlo en la pasarela al ojo público. Las carcajadas de Emil y otros demonios llenaron el lugar.
Y, aunque varios otros ángeles igual reían (un poco más discretos), Otabek sintió una opresión preocupante en el pecho.
Leyó nuevamente:
Estado: Gravedad vital.
Era la primera vez, en sus tres años trabajando allí, que le tocaba tal estado en un humano, y eso lo asustó. Siempre le había tocado personas con estado "afligido", "enfermo", "herido", "metido en una pelea" o incluso "siendo perseguido por perros".
¿Pero "gravedad vital"?
Tragó grueso. Su sentido protector encendiéndose de inmediato. ¡No quería ver morir a nadie bajo su protección!
Hola!🍑
Espero que estén muy bien:) yo estoy contenta porque estoy sacando a la luz de a poco historias que tenía en borradores;) Todavía creo que, al menos para mí, es mucha responsabilidad tener más de dos historias en proceso de publicación, pero sisi ya a la chingada, si no es ahora, ¿cuándo? añsjñasj;(
*Sobre esta nueva historia: no habrá mucho drama ni cosas rudas, de hecho la trama es simple, liviana, amorosa y los bebés de Yura y Beka tendrán varias aventuras en las que se irán conociendo y enamorando!:') también, los capítulos tendrán diferente largo, pero nada muy intenso (algo así como mi otra historia, Yuriri). Y sí, esta vez usaremos el cliché de ángeles y demonios porque yo nunca lo había usado y pues ya tenía ganas de hacerlo xd ¡espero que les guste:D!❤ habrán actualizaciones los sábados!
¡Oh, y más adelante habrán más parejitas, no solo Otayuri!;)
🍑Gracias por leer!
