Prólogo

Un pueblo tranquilo

Es un hermoso día en Royal Woods; el sol brilla, las aves cantan, el viento acaricia con alegría las hojas de los árboles.

En conclusión, es un bello momento para estar vivo. Y un grupo de muchachos de preparatoria faltaron a la escuela específicamente para disfrutar de aquel magnifico día en las calles. Paseando en una camioneta nueva, gritando y causando un poco de vandalismo inofensivo.

Pero existía otra oscura razón para que esos muchachos quisieran estar fuera y deambularan tan cerca de la fantasmagórica casa abandonada de "La familia Loud"…

El acogedor y ruidoso hogar de antaño no era más que una pila carbonizada de maderos y escombros en la actualidad; que daba un aspecto deprimente y deteriorado al resto del vecindario, pero a ninguno de los vecinos que todavía vivían por ahí parecía importarles; o quizás tenían demasiado miedo para decir algo.

En fin, este grupo de muchachos de dieciséis años, en particular, estacionaron el vehículo a un par de casas de distancia; bajaron de la camioneta y se quedaron observando por un momento las ruinas con una expresión de asco intenso en el rostro.

El conductor, un muchacho apuesto de cabello rubio, sin embargo, estaba necio a dejar la camioneta.

— No seas dramático. Recuerda que ese bastardo de Lemy estuvo en nuestra clase de niños y no nos volvimos incestuosos. No nos pasará nada si entramos cerca de ese chiquero— reclamó molesto un muchacho de cabello negro, el líder de aquel grupo, por el actuar infantil del nuevo miembro, el capitán del equipo de baloncesto. Si no se tratara del hijo del recién nombrado alcalde y no tuviera esa camioneta, no lo habría invitado al festín. Pero lo necesitaba para llevar a cabo el plan y ganar de paso un favor.

— ¡Maldita sea! ¿Tenemos que estar tan cerca?— preguntó molesto el rubio mientras bajaba del asiento del conductor— Mi camioneta apestará al hedor del incesto por semanas— gimoteó con repugnancia ante lo que tuviera que ver con los Loud, tal como sus padres lo educaron.

— Si quieres puedes irte, estrellita— repuso con fastidio el de cabello negro— Será más para nosotros ¿verdad muchachos?— siseó maliciosamente hacia el resto del grupo, otros cuatro compañeros de su salón, quienes aprobaron el comentario con carcajadas emocionadas.

— ¡Ahg! ¡Que diablos!— aprobó el rubio luego de un momento de duda; mientras Lincoln Loud y toda su abominable familia permanecieran muertos y enterrados bajo tierra, no tenia problemas en desinfectar su vehículo después. Pero lo que le hizo decidirse fue la oportunidad de follar a la "presa" de esa cacería; la fotografía de la muchacha castaña dejaba ver un estupendo trasero y unas tetas magnificas— Pero ni loco entraré a ese lugar ¿entendiste?—exclamó el rubio con determinación para no infectarse más de lo necesario con el hedor de los Loud.

— Tu único trabajo es conducir, estrellita, y nada más— le recordó al rubio— Nosotros traeremos a nuestra "invitada"— el de pelo negro se señaló a si mismo y al resto del grupo— Y ni creas que por usar tu camioneta tendrás privilegios en la fiesta. Los nuevos esperan al final de la fila— recalcó las reglas de su "grupo" de cacería pues la sonrisa presuntuosa del rubio no era de confianza, así que era mejor aclarar las cosas ahí y ahora.

— ¡No me jodas!— explotó el rubio con total desagrado, la idea de que le tocara su turno con una muchacha sucia y sin ánimos de pelear no le atraía para nada. Pero las miradas amenazantes que el resto del grupo le dirigió tampoco presagiaban nada bueno, así que se vio obligado a calmarse— De acuerdo…— escupió molesto— Pero espero que al menos me den tiempo extra para limpiar el desastre que dejen— pidió con calma.

— ¿Alguna vez las dejamos a nuestras presas hechas un desastre muchachos?— preguntó el de pelo negro al grupo, quienes negaron mientras reían con sonoras carcajadas maliciosas— No te deprimas, estrellita. Nuestra "invitada" tiene hermanas… si haces bien tu trabajo podrás ser el primero con una de ellas— reveló la información que mantenía en secreto y todo el grupo empezó a vitorearlo.

Aquello fue suficiente para aplacar la molestia del rubio y se uniera a las ovaciones en favor del de cabello negro, quien resultaba ser el hijo del jefe de policía de Royal Woods. Ahora el rubio estaba deseoso de llevar a la muchacha al escondite, donde se divertirían con a esa zorra hasta que gritara de placer y rogara por sus pollas, tal como ese grupo hizo con tantas otras a través de los años y ahora le permitían unirse.

El de pelo negro sonrió satisfecho al ver la moral alta en su grupo de cacería, pues lo necesitarían. La muchacha que aguardaban y llegaría dentro de poco, tenía grandes posibilidades de tratarse de una pariente de los Loud; y las historias que su padre le relataba, indicaba que todas era una fieras rebeldes al encontrarse acorraladas, pero cuando lograbas domarlas… Su padre sufría un estremecimiento de placer al recordar las increíbles sensaciones que el cuerpo de una puta Loud podía brindar, incluso mientras era violada y asfixiada hasta la muerte; y ahora era su turno de experimentarlo en carne propia. Claro que no llegaría tan lejos, al menos dejaría vivas a un par… y las ofrecería como regalo a su padre y amigos de su padre, para que revivieran el placer de sodomizar a una Loud y le debieran un gran favor por aquella oportunidad.

El rubio también recordaba las historias que le contó su padre. La de las valientes familias de Royal Woods, que tomaron la justicia moral en sus manos y asesinaron a los pecadores que profanaban su ciudad. La repugnante familia que promulgaba el incesto como algo bueno y se atrevieron a engendrar bastardos y rameras que corrompían a sus indefensos hijos. "Los Loud merecían morir por su depravación" eran las palabras dichas como una oración por el padre del rubio cada vez que la historia terminaba. El único lamento del rubio era la parte de la historia donde las heroínas descuartizaron a todas las hijas inmundas de esa asquerosa familia, menos a la bebe que poseía poderes del demonio y tuvieron que volarle la cabeza de un escopetazo, pero todas las cabezas de todas las demás adornaron la tumba de su padre; mientras tanto los héroes purificaban a las esposas Loud sobre la sangre de sus hijas antes de salvar sus almas. Un tal desperdicio a su parecer.

Los minutos avanzaban mientras aquellos muchachos aguardaban a su presa y perturbaban la tranquilidad del vecindario; sólo bastaba una mirada amenazante para espantar a cualquier vecino curioso que intentara espiarlos, pues la mayoría lograba reconocer a los hijos de los asesinos de la familia Loud, que ahora gobernaban el pueblo.

No pasó mucho tiempo para que una muchacha castaña apareciera a lo lejos caminando distraídamente, cargando una guitarra a su espalda, vestida con un simple jean y camiseta color cian, con destino a las ruinas de la casa Loud. El muchacho de pelo negro se relamió con gusto mientras la observaba admirar el árbol donde los héroes crucificaron, castraron y destriparon a Lincoln Loud. Entonces llegó la prueba de que ella era una pariente de esa familia: la muchacha empezó a derramar lágrimas… A DERRAMAR LÁGRIMAS POR EL INFELIZ HOMBRE PELIBLANCO Y POR AQUELLA APESTOSA FAMILIA.

Ninguna persona cuerda en todo el pueblo cometería tal aberración por voluntad propia. Eso confirmaba que cinco hembras Loud habían llegado a Royal Woods luego de cinco años, en el aniversario de la purificación del pueblo.

La muchacha ingresó a las ruinas y aquella fue la señal de los cazadores del grupo. El de cabello negro lidero la carrera, se le notaba casi poseído por degustar a su presa; mientras tanto el rubio se apegó al plan y encendió la camioneta, en espera de la señal para ir y recoger a todos.