Me encontraba sentado en mi pequeño e incómodo cubículo, intentando terminar la redacción de mi artículo acerca de la construcción de nuevas viviendas en el burgo de Bakerline. La fecha límite de entrega se vencería en menos de una hora, y bajo ningún motivo tenía pensado fallarle al hombre que me había dado la oportunidad de trabajar en el Diario Planeta, uno de los periódicos más antiguos y prestigiosos del país. Con sus dos siglos de historia, el Planeta podía presumir de casi medio millón de copias impresas y vendidas semanalmente, así como también más de cien premios Pulitzer, lo cual lo hacía el periódico que más veces había ganado ese galardón. Por tal motivo, no era de extrañar que alguien como Perry White fuera su editor ejecutivo.

El hombre ciertamente era una de las personas más exigentes y duras que jamás hubiera conocido. Su actitud, reputación y experiencia podían resultar intimidantes para muchos, especialmente para los nuevos empleados, quienes parecían tratarlo como a un héroe. Sin embargo, no podía evitar sentirme extrañamente motivado por el reto que representaba trabajar para alguien así. Esta era mi oportunidad de demostrar que tenía el potencial necesario para ser un buen reportero.

Aun así, debía admitir que la idea me resultaba algo graciosa. De todas las cosas que en mi niñez había imaginado en que me convertiría al crecer, un reportero no era una de ellas. A decir verdad, ser una estrella de fútbol profesional fue la carrera que consideré como mi más probable futuro durante un tiempo. Todos en Smallville solían decirme cuán buen atleta era, sin dejar de expresar al mismo tiempo admiración por mi promedio académico. En cierta medida llegué a convertirse una pequeña celebridad dentro mi pueblo. Sin embargo, sólo mis padres y yo sabíamos la razón detrás de mi excelencia en la secundaria, y parte de mí rogaba porque eso se mantuviera siempre así. El secreto de mi verdadero origen era algo que en gran medida deseaba olvidar. ¿Qué mejor forma de hacerlo que ejerciendo una carrera profesional?

A pesar de no ser tan glamoroso como la idea de convertirme una estrella deportiva, el periodismo sin duda tenía un cierto encanto. Después de todo, buscar la verdad de los hechos y acontecimientos para exponerla e informar al mundo era un ideal noble y justo, aunque con el pasar de los años muchos se habían encargado de corromperlo hasta convertirlo en un negocio propenso a ser censurado con sobornos o favores políticos. Eso sin dejar a un lado los casos de difamación y sensacionalismo a los cuales varios periódicos tristemente recurrían a cambio de generar más ventas.

Al cabo de media hora de teclear y editar cuidadosamente, finalmente logré terminar. Mi artículo estaba listo. Había dado lo mejor de mí, y con suerte mi jefe lo notaría apenas leyera el texto. Esperaba que la historia, si bien algo trivial, pudiera ser el comienzo de una larga y próspera carrera en el Planeta para mi persona. Nada me gustaría más que eso. Tal vez esta podría resultar ser la señal que tanto había deseado. Tal vez mi verdadero propósito en la vida era trabajar por una sociedad más justa, por la verdad, por la justicia…

Justo en ese momento, mientras aún me encontraba sumergido en mis pensamientos, una voz familiar llamó mi nombre.

'Oye, Kent'.

Me di vuelta para mirar a Lois Lane parada a pocos pasos de mí, observándome con una expresión entretenida.

'Buenos días, Lois', dije, sonriéndole a mi colega.

'Buenos días'.

'¿Cómo estás?'.

'Estoy bien, como siempre', Lois respondió. El tono de su voz no parecía respaldar sus palabras. '¿Qué me dices tú? ¿Mañana ocupada?'.

Fruncí el ceño ligeramente mientras miraba por un instante el monitor de mi computadora. 'Oh, sí, podría decirse que sí'.

'Adivinaré: Perry está esperando por ti'.

'Más o menos', dije, intentado ocultar lo nervioso que estaba. 'Por suerte ya termine'.

Lois me dirigió una mirada peculiar. 'Te daré un consejo, Kent: hagas lo que hagas, nunca te confíes de él. Perry a veces se levanta con el pie equivocado. Créeme cuando te digo que no quieres conocer su lado malo'.

'Sí, puedo imaginármelo'. Había aprendido rápidamente que mi jefe no era del tipo de personas que aceptaban tonterías. Hacerlo enojar no era algo que quisiera hacer. Bajo ningún motivo deseaba tener problemas en mi trabajo, especialmente tan pronto de haber comenzado. Debía ser cuidadoso con lo todo lo que hacía de ahora en adelante.

'Apuesto que sí'.

Después de unos segundos de incómodo silencio, me di cuenta de que mi colega no parecía tener intenciones de irse. '¿Puedo hacer algo por ti, Lois?'.

'De hecho sí', ella respondió sin vacilar. '¿Recuerdas lo que te dije la semana pasada acerca de mi cita con el representante de Lexcorp?'.

'Oh, sí. Se suponía que sería mañana, ¿verdad?'.

'Hoy en la noche', Lois dijo, su expresión tornándose molesta rápidamente.

'¿Qué? ¿En serio?'

'Sí'.

'¿Por qué?'.

'Porque al imbécil se le ocurrió adelantar el encuentro. Él me dijo que hoy sería el único día de esta semana en que podría darme la entrevista. Culpa de un cambio imprevisto en su agenda. Al menos esa fue su excusa'.

'Eso realmente es molesto…', comencé, '… pero no entiendo qué tiene que ver conmigo'.

'Escucha, se suponía que Lombard debía acompañarme, pero gracias al cambio de planes tan repentino eso ya no será posible. Dime, Kent, ¿tienes planes para esta noche?'.

'¿Yo? Pues…'.

'Seré honesta contigo: tú no eras mi plan respaldo. Ni siquiera eras el respaldo de mi respaldo, pero… Bueno, cosas pasan y a veces tenemos que tratar de hacer lo mejor con lo que tenemos, ¿no es así?'.

'Cierto'.

'En cualquier caso, ¿qué dices? Vamos, responde. No voy a gritarte, si eso es lo que te preocupa'.

Sólo podía admirar la actitud de mi colega. Lois realmente era una mujer increíble. Temeraria en el mejor sentido de la palabra, astuta, decidida y sumamente hermosa. Estaría mintiendo si dijera que esas cualidades no me hacían sentirme atraído por ella. Quizás fue ese motivo, uno admitidamente egoísta y superficial, el que determinó mi decisión de aceptar su propuesta.

'¿Sabes algo? No. No estoy ocupado'. Pasar tiempo con Lois era un prospecto que me interesaba mucho, aun si sólo fuera por un par de horas. Tal vez así podría llegar a conocerla mejor.

'¿Estás seguro?', ella me preguntó. 'Aún estás a tiempo de retractarte'.

'Estoy seguro'.

'Genial. Entonces está decidido'.

'Claro'.

'En ese caso, necesitaré tu número de teléfono para hacerte saber cuándo debes estar listo. No quiero que lleguemos tarde a la entrevista. Supongo que no tienes ningún problema con eso, ¿o sí?'.

'Por supuesto que no'. Tomé una pequeña hoja de mi libreta, anoté la información y se la entregué a Lois. 'Aquí tienes'.

'Gracias', Lois dijo, mirando brevemente lo escrito en el trozo de papel. 'Imagino que la cita con el sujeto sigue en pie para las ocho, pero de todas formas déjame confirmarlo'.

'Sí, por supuesto'.

'Asegúrate de vestirte adecuadamente. No lo tomes a mal, pero ese atuendo anticuado que estás usando no te favorece mucho. Estoy segura de que podrías hacerlo mucho mejor'.

'¿De qué estás hablando?'.

'Kent, no eres un sujeto mal parecido. Si mejoraras un poco tu aspecto personal, tu suerte podría verse afectada positivamente. Eso te lo garantizo'.

'¿Mi suerte?'.

'Siempre vístete para el éxito', Lois me dijo. 'Ese es otro consejo. Trata de tenerlo siempre en mente'.

'Ya veo', dije, resignado. 'En ese caso no te preocupes. Buscaré un traje'.

'Eso servirá. Disculpa si sueno o parezco una perra con todo esto, pero esta historia es importante para mí'.

'Descuida, lo entiendo perfectamente'.

'Gracias. En verdad lo aprecio'. Asentí con una sonrisa. 'Oh, a propósito…'.

'¿Sí?'.

'Deberías entregarle tu trabajo a Perry cuanto antes. Sólo faltan unos diez minutos para el mediodía'.

'¿Qué?'. Miré mi reloj. '¡Mierda! Lo siento mucho, Lois, pero debo imprimir esto. ¿Podrías darme algo de espacio?'.

Lois sonrió. 'Seguro. Suerte, Kent', ella dijo, alejándose de mi cubículo y dirigiéndose hacia los elevadores.

Envié a toda prisa el artículo a los correos electrónicos de mi jefe y del Planeta antes de proceder a imprimirlo. No obstante, ahora que estaba tan cerca de sobrepasar el tiempo límite, sentía que incluso el más pequeño retraso resultaba una eternidad. Esa era una sensación que toda persona debía haber experimentado al menos vez en la vida, cierto, pero ese hecho no era ningún consuelo para mí. Eso no hacía que la situación fuera menos frustrante.

Cuando todo estuvo listo, corrí hasta uno de los elevadores para subir varios pisos hasta la oficina de White, la cual sabía era uno de los lugares más tensos de toda la sede del Planeta.

Mirando nuevamente mi reloj, me percaté con alarma de que sólo faltaba poco menos de cinco minutos para el mediodía. Aparentemente podría lograrlo, pero hasta que mi jefe no tuviera el artículo en sus manos, nada era seguro. Pasara lo que pasara, estaba convencido de que esta experiencia me serviría de lección para el futuro. Jamás debía volver a permitir que mi concentración me abandonara de esa manera en el trabajo, especialmente con una fecha límite tan cercana.

Al llegar a la oficina de White, lo primero que noté fue la presencia de varios de mis colegas dentro de esta. Obviamente mi jefe se encontraba ocupado, aunque era difícil saber si eso era una buena o mala noticia. Tal vez un poco de ambas. Los días atareados en los pisos superiores siempre eran una moneda al aire.

Pocos segundos después de tocar la puerta, advertí la fría mirada que White me dirigió al percatarse de mi presencia, una verdaderamente incómoda e intimidante, aun para alguien como yo. Unos tensos instantes pasaron antes de que mi jefe me diera permiso para entrar.

'Señor White, quería…'.

'¿Ese es tu artículo, Kent?', mi jefe preguntó bruscamente.

'Sí, señor, lo es'.

'Jefe, ¿qué le parece esto?', uno de mis colegas preguntó, mostrándole una hoja de papel a White. 'Este es el artículo que me ordenó revisar. Acabo de terminarlo'.

Mi jefe miró la hoja por unos cuantos segundos antes de responderle al sujeto. 'Pésimo. Casi siento ganas de vomitar. Necesitas esforzarte más en tu prosa, Bostwick. Vuelve a revisarlo'.

Las señales de tristeza e impotencia reflejadas en el rostro del hombre no podían ser más evidentes. 'Seguro, jefe...'. Sentí algo de pena por mi colega, aunque, al mismo tiempo, parte de mí no pudo evitar preguntarse si tal vez el siguiente sería mi turno de recibir las críticas de White.

Casi de inmediato, noté que mi jefe volvía a centrar su atención en mí. 'Llegas tarde', White dijo, justo antes de darme la espalda.

Las palabras me dejaron perplejo. '¿Qué?'.

'Llegas tarde', mi jefe repitió. '¿Acaso no fui claro?'.

'Señor White, yo…'.

'Oiga, jefe, quiero mostrarle una de mis fotos…'.

'Ahora, no, Olsen. Dame un momento'. White volteó hacia mí. 'Según esto', él dijo, apuntando al reloj en su muñeca, 'son cinco minutos pasado el mediodía. Esperaba que por lo menos fueras capaz de cumplir con el plazo que te había dado. Me decepcionas'.

'Señor White, mi reloj dice que aún falta un minuto para…'.

'No me interesa lo que diga tu reloj. Por lo que a mí concierne, has fallado'.

'Jefe, yo…'.

'¡Maldita sea, Olsen, espera un momento!'. El súbito cambio en el tono de voz de White conmocionó a todos en la oficina, incluyéndome, dejándonos a la expectativa. Casi podía sentir el nerviosismo de mis colegas recorrer el aire. Después de unos instantes sumamente incómodos, mi jefe volvió a hablar. 'Entrégame tu artículo, Kent', él dijo, aparentemente apenas conteniendo su furia. 'Vamos, hazlo rápido. Haré una excepción por esta vez. Hoy me siento generoso'.

'¿De verdad?'. No podía darle crédito a mis oídos. '¿Lo dice en serio?'.

'¿Acaso te parece que estoy bromeando? No tengo todo el jodido día. ¿Quieres una segunda oportunidad o no?'.

'¡Claro!', respondí sin vacilar. 'Aquí tiene'.

White tomó la hoja sin siquiera darle un vistazo. 'Ahora puedes largarte de mi oficina. Ya tengo suficientes problemas y distracciones como para encargarme de ti'.

Decidí obedecer a mi jefe sin protestar. 'Sí, señor White. Discúlpeme'. Era obvio que lo mejor sería regresar a mi cubículo. Quedarme en la oficina y correr el riesgo de empeorar la situación no era algo que me interesara. Además, aún había algunas cosas que necesitaba terminar, aunque, comparado con mi tarea anterior, eso sería pan comido.

El resto del día transcurrió con relativa normalidad, a excepción de un pequeño altercado entre dos pasantes un piso debajo de mí, el cual supuestamente involucró un intercambio de golpes. A juzgar por los rumores de lo ocurrido, algunas personas eran incapaces de aceptar críticas, sobre todo si estas provenían de colegas. El incidente, si bien breve y poco importante, resultó ser más de lo que un periódico como el Planeta estaba dispuesto a aceptar. Los pasantes fueron escoltados fuera del edificio por los guardias de seguridad, cuya presencia en el área afortunadamente resultaba innecesaria la mayoría del tiempo.

Una vez que mi turno terminó, suspiré profundamente. Ahora podía ir a mi apartamento y relajarme por un tiempo antes de acompañar a Lois en su entrevista de la noche, lo cual era un alivio. Las horas de trabajo en el Planeta podían ser muy erráticas y variables, sin mencionar competitivas. Nunca se sabía cuándo podía aparecer una nueva primicia.

Dejé la sede del Planeta y tomé un taxi hasta mi apartamento, ubicado en un pequeño suburbio justo a las afueras de la ciudad. La zona era algo antigua y humilde, pero eso no representaba ningún problema para mí. De vez en cuando era necesario tomar un descanso de la agitada vida del centro de Metrópolis. Además, viendo el lado bueno, las personas del lugar parecían ser un poco más amables que aquellas concentradas en los espacios más urbanizados.

Al entrar a mi apartamento, el cual probablemente era más pequeño que lo ideal, me di cuenta de que alguien había dejado un mensaje en mi máquina contestadora. La primera idea que cruzó por mi mente fue que Lois me había llamado para informarme acerca del encuentro, pero, después de pensarlo bien, eso no tenía ningún sentido. Aún faltaban unos veinte minutos para las seis, demasiado temprano, al menos eso creía. Curioso, presioné el botón.

'Hola, Clark', una voz dulce dijo. '¿Cómo estás, cariño? Sólo te estaba llamando para felicitarte. Sé que te llamé ayer en la noche, pero no puedes culparme por querer volver a hablar contigo, especialmente en este día tan especial. Imagino que estás en el trabajo, así que entiendo si no escuchas este mensaje tan pronto como me gustaría. Espero que Metrópolis te esté tratando bien. Las cosas aquí en casa se encuentran en calma, aunque yo todavía sigo intentando reparar la puerta de nuestro viejo granero. Por suerte hace unos minutos el padre de Pete se ofreció a ayudarme. ¿Recuerdas al señor Ross, Clark? Déjame decirte que él se ha vuelto un verdadero experto en reparar cosas viejas. Nunca creerías todo lo que él ha hecho por el pueblo estas últimas semanas. Todos aquí lo tratan como a un héroe o algo. Gracioso, ¿no lo crees? En cualquier caso, creo que será mejor que no me extienda mucho. No quiero que pases toda la tarde junto a tu contestadora. Llámame cuando tengas tiempo, ¿está bien? Ansío volver a hablar contigo. Feliz cumpleaños, cariño. Cuídate y recuerda que te amo. Adiós'.

Volver a escuchar la voz de mi madre fue un sentimiento verdaderamente maravilloso. Una de las cosas que más lamentaba haber perdido al mudarme a Metrópolis era el contacto diario con la mujer que me había criado y convertido en el hombre que era. Mi madre siempre había sido una persona buena y amorosa que constantemente procuraba dar lo mejor de sí en todo lo que hacía. Un verdadero ejemplo de vida a seguir. Decidí que le devolvería la llamada apenas regresara de la entrevista.

Menos de una de hora después, me encontraba listo. Me había duchado y puesto mi mejor atuendo, esperando que resultara suficiente para la ocasión. Ahora sólo quedaba esperar la llamada de Lois, la cual por suerte no tardó en llegar. Me apresuré en levantar el teléfono, honestamente algo nervioso.

'¿Hola?'.

'Hola, ¿estoy hablando con Clark Kent?'.

'¿Lois?'.

'¿Eres tú, Kent?'.

'Sí, Lois, soy yo'.

'Genial. Escucha, espero que ya estés vestido y listo para salir. La cita con el sujeto de Lexcorp será a las ocho en el Bessolo Bistro. Tenemos una mesa reservada para los tres, así que será mejor que llegues a tiempo'.

'Entendido'.

'Bien, te espero ahí. Confío en que te hayas puesto un atuendo presentable'.

'Por supuesto'.

'Excelente. Eso era todo lo que quería escuchar'. Lois pausó por un instante. 'Bueno, nos vemos dentro de poco, entonces. Adiós, Kent'.

'Adiós, Lois'.

Al colgar, me senté en mi sillón y reflexioné por un momento. Sabía que la entrevista era una gran oportunidad para acercarme más a Lois, pero… parte de mí sentía que eso era… deshonesto. Ella seguramente sólo me veía como un compañero de trabajo y nada más. Tratar de aprovecharme de su confianza no era correcto. Sin embargo, ya era demasiado tarde como para dar marcha atrás. Si no llegaba al encuentro, lo más probable era que Lois no volviera a hablarme, al menos no por un tiempo. A pesar de mi creciente duda, debía seguir adelante.

Después de asegurarme de dejar todo en orden, abandoné mi apartamento por segunda vez en el día y esperé en la calle por otro taxi. Aún me quedaba una hora para poder llegar al restaurante, más que suficiente si el tráfico no era muy severo. Irónicamente, desde cierto punto de vista, una de las desventajas de encontrarme en Metrópolis era que ella le hacía más que justicia a su nombre. Con diez millones de personas viviendo dentro de sus límites, la ciudad era más poblada de los Estados Unidos y el hemisferio occidental. Un gran logro, considerando sus humildes comienzos.

La historia de Metrópolis se remontaba al año 1542, fecha en la que el famoso navegante italiano Vincenzo Gianni había descubierto la región mientras se encontraba explorando la Costa Este al servicio de los neerlandeses.

Antes de la colonización europea, la región había estado ocupada por tribus algonquinas, particularmente los lenapes. Sin embargo, no fue sino hasta 1634 que el primer asentamiento fue establecido por el neerlandés Paul de Vries. Dicho asentamiento fue llamado Aldea De Vries en su honor, y ocupaba el vecindario que actualmente se conocía como la Ciudad Vieja, en la sección este del que ahora era el burgo de Parque Queensland.

A lo largo de los siglos diecisiete y dieciocho, Aldea De Vries prosperó como un mediano puerto marítimo, pasando del control neerlandés a manos inglesas, llegando a convertirse en un lugar de considerable importancia estratégica para el Ejército Continental de George Washington durante la Guerra de Independencia.

Prueba de esto fue el Asedio del Invierno del Diablo de 1776, una de las pocas batallas de la guerra en ser libradas en Delaware. En esa ocasión el asentamiento había sido defendido exitosamente de las fuerzas británicas por el coronel Thomas Haukins y sus hombres, aunque no sin que ellos sufrieran terribles bajas en sus filas durante el enfrentamiento. Como muestra de gratitud por su heroísmo, los ciudadanos de Aldea De Vries decidieron cambiarle el nombre al poblado una vez que la guerra llegó a su fin, dando así origen a Haukinsville.

Medio siglo después, Randall Jeffries abrió el Primer Banco Metropolitano, que aún seguía existiendo en la actualidad, aunque la sede corporativa se había mudado al Distrito Central de Negocios en Nueva Troya, a pocas manzanas de la sede del Planeta. El banco había traído una gran cantidad de inversionistas y comerciantes a la cada vez más grande y poblada ciudad, lo cual sin duda representó un punto de inflexión para sus habitantes.

Luego, en 1900, exactamente un siglo atrás, después de un breve pero intenso debate en el seno del ayuntamiento, Haukinsville decidió adoptar oficialmente su nombre actual, y con ello un gran prestigio que eventualmente la hizo convertirse en una las ciudades más famosas del mundo.

Alrededor de diez minutos después de salir del apartamento, me encontraba en camino hacia mi destino. La espera por el taxi había sido una breve, y por los momentos el tráfico parecía estar cooperando con nosotros, a tal punto que el conductor llegó a asegurarme que el viaje sería más breve de lo que él había estimado.

'Parece una noche ligera', el taxista comentó. 'Extraño para un martes. Aunque cosas más extrañas han sucedido'.

'De eso estoy seguro', dije, mirando por la ventana como el bello paisaje de los suburbios desaparecía rápidamente.

'Negocios, ¿verdad?'.

'Volteé hacia el taxista. '¿Disculpe?'.

'Asumo que es un hombre de negocios o algo parecido por la forma en que anda vestido, amigo', el taxista dijo, mirándome a través de su espejo retrovisor. '¿Acaso me equivoco?'.

'De hecho sí', respondí. 'Soy un periodista'.

'Periodista, ¿eh? Debo admitir que no acostumbro a ver periodistas tan bien vestidos como usted. ¿Para qué periódico trabaja?'

Noté que el hombre estaba intentando entablar una conversación, así que decidí seguirle la corriente. Después de todo, siempre era interesante interactuar con gente nueva.

'Trabajo para el Planeta', respondí con una sonrisa.

'¿En serio?'.

'Sí'.

'Vaya. Qué curioso'.

'¿Por qué lo dice?'.

'Usted debe ser el primer empleado del Planeta que se digna a intercambiar palabras conmigo. No quiero hablar mal de su periódico u ofenderlo de alguna manera, pero siempre pensé que el Planeta era un lugar lleno de… ¿Sabe qué? Olvídelo. Sólo me meteré en problemas si continúo'.

'No, no, está bien, le aseguré al hombre. Me interesa oírlo. ¿Qué estaba a punto de decir acerca del Planeta?'.

'¿No se va a molestar?'.

'No mientras no me insulte directamente'.

El taxista dudó por unos momentos antes de responder. 'Bien. Está bien. Iba a decir que siempre me pareció que el Planeta era un lugar lleno de arrogantes hijos de perra. Los empleados de ese lugar que se han montado en este auto parecen creerse estrellas de cine o algo parecido. Sólo porque trabajen en un periódico famoso no les da el derecho de actuar como si ellos fueran superiores a los demás, ¿entiende lo que digo?'.

'Oh, ya veo, dije, tratando de no sonar condescendiente. Lamento mucho escuchar eso, pero le aseguro que no todos mis colegas son así. Las mayoría de las personas con las trabajo son buenas'.

'De nuevo, no es mi intención ofenderlo, amigo', el taxista dijo. 'Es sólo mi experiencia personal. Demonios, por lo que sé tal vez sólo sea mala suerte. ¿Quién sabe?'.

Pensé por un momento mis siguientes palabras. 'Bueno', comencé, 'sé que esto probablemente no signifique mucho, pero, por lo que a mí concierne, creo que ustedes los taxistas rara vez reciben el reconocimiento que en verdad se merecen'.

'¿En verdad?', el taxista preguntó.

'Sí. Quiero decir, este trabajo no debe ser nada fácil'.

'No lo es, amigo', el taxista aseguró con una sonrisa mordaz. 'Definitivamente no lo es'.

'Correcto. Bueno, en mi opinión, lo menos que la gente podría hacer es tratar de actuar amigablemente con quienes proveen esta clase de servicio, ¿no le parece?'.

'No tiene idea de cuánta razón tiene', el taxista dijo. 'Llevo unos quince años haciendo esto, y si bien ese es más que tiempo suficiente para adaptarse, mentiría si dijera que no tengo días realmente difíciles gracias a algunas personas que se montan al auto con una actitud jodida, si me disculpa la expresión. Quiero decir, sé que mi trabajo consiste solamente en llevar a la gente de un lado a otro, pero eso no justifica que alguien me trate como basura. Maldición, yo también intento ganarme la vida'. El taxista pausó por un momento. 'Espero que no lo esté incomodando. No quiero que crea que esta es mi forma de ser con todo el mundo'.

'Descuide. No ha dicho nada que sea falso'. Me di cuenta de que el taxista era un hombre algo fatigado a causa de su trabajo, pero, aun así, él seguía conduciendo para poder subsistir. Un ejemplo más del espíritu y fuerza que algunas personas desarrollaban con tal de lograr ver otro día más. Si bien muchos en Smallville me habían advertido acerca de la actitud de las personas que vivían en las ciudades, me gustaba pensar que la mayoría de la gente del mundo, sin importar sus orígenes, eran seres honestos y trabajadores que sólo querían vivir lo mejor posible, sin tener intenciones de engañar o lastimar a sus prójimos. Tal vez eso me convertía en un idealista, en alguien ingenuo, pero consideraba que el idealismo o la ingenuidad eran mejores opciones que sucumbir ante el pesimismo o el cinismo.

Faltaban unos quince minutos para las ocho cuando vi con alivio y satisfacción que nos acercábamos al norte de Metrópolis. Todo indicaba que había conseguido llegar temprano a la cita. Ahora el siguiente paso sería tratar de asistir a Lois en todo lo que ella me pidiera. Supuse que eso involucraría hacerle preguntas al representante de Lexcorp, lo cual podía ser algo… incómodo. Honestamente, nunca había sido muy bueno interrogando a la gente cara a cara, pero nunca era tarde para mejorar. La experiencia, después de todo, podría servirme en un futuro.

'Ya llegamos, amigo,' el taxista me informó.

'Eso parece', comenté, observando la lujosa fachada del restaurante.

Son treinta dólares.

'Claro'. Bajé del taxi y procedí a pagarle al hombre. 'Muchas gracias', le dije, sonriendo.

Para mi alegría, el taxista me devolvió el gesto. 'Cuando quiera, amigo. Oiga, sea lo que sea que vaya hacer…'. El taxista me mostró un pulgar arriba. '… buena suerte'.

Observé el auto alejarse por unos instantes antes de que el sonido de la voz de Lois llamando mi nombre me hiciera dar vuelta. Mi colega se estaba acercando a mí desde el lado opuesto de la calle.

'Me alegra ver que estás aquí, Kent', ella dijo.

'Qué bueno verte, Lois', le respondí.

'Sí, lo mismo digo'.

'Parece que ambos llegamos al mismo tiempo, ¿no lo crees?'.

'Eso supongo. Honestamente tenía pensado llegar un poco más temprano, pero tuve que encargarme de un par cosas antes de venir aquí.

'No te preocupes por eso. Aunque… asumo que ya estás lista para comenzar'.

'Por supuesto que sí', Lois respondió, esbozando brevemente una pequeña sonrisa. Luego, ella comenzó a mirarme de arriba a abajo. 'Oye, ¿sabes algo? Luces realmente bien'.

'¿Eso crees?'.

'Claro. ¿Ves? Te dije que no eras un sujeto mal parecido. Sólo necesitabas usar la ropa adecuada'.

'Gracias. Tú también luces bien'.

Era verdad. Lois estaba usando ropas formales, pero no menos halagadoras. Un conjunto compuesto de un blazer y pantalón de vestir negros, una camisa de botones blanca y unos tacones oscuros bajos. El atuendo extrañamente hacía que el tono tan peculiar de sus ojos azules resaltara, dándoles un aspecto casi violeta desde cierto ángulo.

'Sí, lo sé', Lois dijo. Ella miró los alrededores por un momento, como si estuviera buscando algo o a alguien. 'Parece que nuestro sujeto aún no ha llegado'.

'¿Cómo sabes eso?', preguntó.

'No veo su auto por ninguna parte', Lois contestó, frunciendo el ceño. 'Más le vale a ese imbécil aparecer. No tengo pensado dejar que nadie se burle de mí. Mi tiempo es demasiado valioso como para que un idiota me haga desperdiciarlo'.

'Todavía falta un par de minutos para las ocho', noté, intentando calmar a mi colega. 'Seamos pacientes. Estoy seguro de que él llegará'.

'Espero por su bien que tengas razón. De lo contrario, yo…'. Advertí el cambio de expresión en el rostro de Lois. 'Bueno, mira eso, Kent. Parece que tenías razón'.

Desvié mi mirada hacia la izquierda para observar un auto lujoso, un Audi A4 gris, estacionándose a poca distancia de nosotros.

'¿Es él?'.

Lois asintió. 'Sí'.

'¿Segura?'.

'Cien por ciento'.

'Bueno, al menos todos conseguimos llegar a tiempo', comenté con una sonrisa.

'Sí, claro'.

Al mirar al hombre salir del auto, noté que él era un poco más joven de lo había tenido en mente. El sujeto no podía tener más de treinta años, tal vez treinta y cinco como máximo. No obstante, a pesar de que su apariencia era una común y corriente, él transmitía cierto aire de seguridad y confianza al caminar, sumado a un poco de elegancia, si se podía usar esa palabra.

'Señorita Lane', el hombre dijo, ofreciendo su mano. 'Qué alegría me da verla de nuevo'.

Lois tardó unos instantes en estrechar la mano del hombre, no lo suficiente para que fuera incómodo, pero tal vez sí lo suficiente para hacerle saber cuán molesta ella se encontraba. 'Señor Mallory'.

El representante de Lexcorp dirigió su mirada hacia mí. 'Y usted debe ser Steve Lombard, ¿verdad? Es más joven y alto de lo que esperaba'.

'Lombard no pudo venir', Lois intervino rápidamente. 'Él es Clark Kent, su reemplazo. Kent, te presento al señor Sebastian Mallory, representante de Lexcorp'.

'Es un placer', dije, estrechando la mano del hombre.

'Lo mismo digo. No quiero parecer grosero, pero debo admitir que su estatura me resulta muy llamativa. Usted debe medir unos... ¿qué? ¿Seis pies y medio, tal vez?'.

'Ese soy yo', bromeé. 'Mi infancia fue una muy saludable, supongo'.

'Debe tener buenos genes, señor Kent', el sujeto, Mallory, dijo.

'Sí, eso creo'.

'¿Señor Mallory?', Lois dijo. 'No quiero parecer grosera, pero tal vez deberíamos ir directo al grano'.

'Tiene razón', señorita Lane, Mallory concordó. No perdamos más tiempo. Creo que será mejor que pasemos adentro, si no les importa'.

En pocos minutos, los tres nos encontrábamos sentados en nuestra mesa, listos para comenzar. El lugar que había sido reservado para nosotros tenía una excelente vista hacia la calle, quizás la mejor de todo el restaurante. Era obvio que el dinero no era problema para un representante de Lexcorp, especialmente al escuchar la orden de crodino y prosciutto con miel que Mallory pidió como aperitivo. El hombre ciertamente parecía estar acostumbrado a una vida de lujos.

'Antes de empezar', señor Mallory, Lois dijo, 'quisiera saber si realmente está autorizado a hablar en nombre de su compañía por esta noche'.

Mallory asintió, sonriendo. 'Lo hago, señorita Lane. Le doy mi palabra que todo lo que responda será con la aprobación de Lexcorp y su junta directiva'.

'Bien. Sólo quería asegurarme'. Lois tomó su bolso para sacar de su interior una grabadora de voz digital. Después de probarla, ella inició la serie de preguntas. 'Señor Mallory, recientemente algunas personas han insinuado que el Departamento de Defensa tiene pensado retirar su financiamiento al proyecto de municiones mejoradas de su corporación en favor de la nueva tecnología de misiles inteligentes impulsada por las Industrias Stark. ¿Podría decirnos cuán veraz o no son estos rumores?'.

'Primero que nada, señorita Lane', Mallory dijo, 'rumores es exactamente la palabra indicada para referirse a este tema. Lexcorp se enorgullece en seguir siendo fiel socio de nuestra gran tradición militar. Nuestra relación con el Departamento de Defensa jamás ha sido más fuerte'.

'¿Entonces niega que el Pentágono haya tenido reuniones con representantes de las Industrias Stark?'.

'En absoluto', Mallory contestó. 'Simplemente digo que Lexcorp mantiene prioridad en esta particular área de interés. Estamos concientes de que las Industrias Stark tienen una larga historia apoyando a nuestras tropas, pero, seamos honestos, la Guerra Fría terminó. La Unión Soviética murió hace tres meses, y con ella la necesidad de seguir desarrollando este tipo de… tácticas disuasivas. Afortunadamente la carrera armamentista de misiles parece ser cosa del pasado. Lexcorp cree que ha llegado la hora de emplear un enfoque más práctico e innovador en el campo'.

'Esa no pareció ser la posición de su compañía hace unos años', Lois comentó. 'Me parece recordar que Lexcorp había declarado que antes de que la década pasada terminara, las Industrias Stark serían desplazadas fuera del negocio de fabricación de misiles de corto alcance'.

No pude evitar sonreír al escuchar esas palabras. Esa era otra de las cualidades que admiraba de Lois: su atención y memoria hacia los pequeños detalles. A pesar de habernos conocido por primera vez hacía casi dos meses, me había dado cuenta rápidamente de que existían pocas cosas que pudieran pasar desapercibidas para Lois. Ella raramente olvidaba algo relacionado con sus historias.

Mallory también pareció sonreír, aunque el gesto me pareció forzado. 'Lexcorp se dio cuenta de que los misiles y proyectiles no eran la respuesta para este siempre cambiante mundo en el cual vivimos', él dijo. 'Es creencia de la compañía que el futuro de los conflictos bélicos yace en pequeñas operaciones en campo enemigo y territorio hostil, no en el intercambio de proyectiles o la destrucción mutua asegurada'.

'Eso me parece bien', Lois dijo. 'Aunque creo que el detalle es: ¿acaso el Departamento de Defensa comparte el punto de vista de Lexcorp?'.

La manera tan incisiva en que Lois realizó la pregunta no me sorprendió en lo más mínimo. Después de todo, ella era célebre en el Planeta no sólo por su experiencia, sino también por su estilo poco ortodoxo. Tal vez era por ese motivo que White la consideraba como una de sus reporteras más valiosas.

'No me cabe duda de que sí', Mallory contestó. Sin embargo, noté que él había vacilado por un instante antes de responder. '¿Acaso el representante de Lexcorp estaba ocultando algo? Eso no sería nada sorpresivo, considerando todos los supuestos tratos bajo la mesa que la compañía había hecho.

La entrevista continuó por unos minutos más antes de pausar para disfrutar la cena, la cual resultó excelente en todo sentido. Risotto a la milanesa, polpettone y un poco de ensalada de pasta. Todo eso acompañado con una botella de chianti añejo. Mentiría si dijera no haber disfrutado enormemente la comida.

'Señor Kent', Mallory me dijo, una vez que todos terminamos de cenar, 'asumo que usted también tiene preguntas para mí'.

'Uh…'. Miré a Lois, quien sólo se encogió de hombros. Por un momento pensé en rehusarme, pero sabía que de hacerlo, mi presencia en el lugar se volvería redundante. ¿Qué clase de reportero evitaba hacerle preguntas a su entrevistado? 'Está bien', finalmente dije. 'Lois, ¿podrías prestarme tu grabadora, por favor?'.

'Seguro. Aquí tienes'.

'Gracias'.

'Supongo que le interesa saber más acerca de nuestros futuros contratos militares', Mallory comentó.

'Sí, un poco, pero hay algo más que quisiera preguntarle. Algo diferente'.

'¿Diferente?'.

Recordé una vieja y apenas notable información en la página web de Lexcorp que había visto hacía un par de semanas atrás. 'Señor Mallory, ¿qué puede decirnos acerca del proyecto de energía de solar que Lexcorp publicó en Internet? Según lo que pude leer, ustedes prometieron publicar más detalles acerca de este tema en los meses venideros'.

La pregunta pareció tomar por sorpresa a Mallory. 'Debo admitir que me alegra su pregunta, señor Kent. No pensé que alguien fuera a recordar ese detalle. Últimamente el asunto con las Industrias Stark y el Pentágono ha acaparado toda la atención de la prensa'.

'Confío en que no sea, ya sabe, una pregunta que no pueda responder'.

'No, por supuesto que no'. Mallory tomó un sorbo de chianti. 'Bueno, lo primero que la gente debe saber, es que este proyecto ha sido diseñado teniendo en mente la felicidad de la gente de Metrópolis y la conservación del ambiente. Esos son nuestros objetivos primarios. Tristemente, en la última década el calentamiento global alcanzó un nivel tal que hemos podido atribuir una relación de causa y efecto entre el fenómeno del efecto invernadero y el dicho calentamiento observado'.

'¿No es esa una cita del doctor James Hansen?', pregunté, notando inmediatamente la mirada intrigada que Mallory me dirigió.

'Usted está bien informado, señor Kent. Muy bien informado'.

'Eso intento'.

'Entonces supongo que usted entiende lo que Lexcorp intenta lograr', Mallory dijo. 'Este proyecto representa una luz de esperanza no sólo para esta ciudad o para este país, sino también para el mundo entero. Creo que a nosotros los humanos se nos hace difícil apreciar cuán afortunados somos en contar con un planeta tan hermoso como este. Tal vez este el calentamiento global y sus peligros aún no se hayan convertidos en temas que se discutan en la vida cotidiana, en el día a día, pero pienso que si no tenemos cuidado, nuestro planeta dentro de unos… treinta, cuarenta o cincuenta años podría empezar a cambiar drásticamente. Lexcorp acepta el hecho que es responsabilidad de la especie humana proteger este mundo, este mundo que al fin y al cabo no es propiedad de una sola persona o de un selecto grupo de individuos, sino de cada uno de nosotros que nace, crece y muere en él'.

Asentí, asimilando las palabras de Mallory. '¿Para cuándo podríamos tener nueva información acerca de este… proyecto?'.

'Antes de que el año termine, Mallory respondió inmediatamente. 'Sé que puede parecer un tiempo largo, pero creo que estaríamos cometiendo un error si presumiéramos que una investigación de esta envergadura sea una que pueda ser apresurada. No, Lexcorp considera mejor examinar el más pequeño detalle a fin de que nuestros objetivos puedan verse realizados'.

'¿Qué puede decirle a aquellos activistas y grupos ambientalistas que cuestionan las acciones de Lexcorp?'.

Mallory volvió a sonreír. 'Que no se preocupen. Lexcorp es una compañía humanista. Nosotros siempre pondremos el bienestar de la Tierra y sus habitantes por delante de intereses económicos o ambiciones empresariales'.

'¿Entonces dice que Lexcorp no está interesado en obtener ingresos o elevar su prestigio, digámoslo así, por encima de sus competidores?'.

'No he dicho eso. Sólo digo que, a veces, es mejor dejar los deseos personales de un lado. Las necesidades de los muchos exceden las necesidades de los pocos'.

Me pareció absurdo que un hombre de negocios estuviera citando a Viaje a las Estrellas. No había duda alguna de que Mallory en cierta manera nos estaba tomando el pelo. Aun así, sus respuestas parecían ser genuinas, o al menos tan genuinas como se podía esperar del representante de uno los conglomerados más lucrativos del mundo.

'Me parece justo', dije. 'Ahora, señor Mallory, si no le importa, tengo otro tema acerca del cual me gustaría hacerle un par de preguntas'.

'Espero que sean rápidas', Mallory replicó, mirando hacia la cocina. 'Creo que el postre no debe tardar'.

'Haré mi mejor esfuerzo'. Estudié el rostro de Mallory por un instante. 'Señor Mallory, el tema en cuestión es el doctor Reed Richards'.

'Oh, ya veo'.

'Dígame, ¿cuál es la posición de Lexcorp acerca de la negativa del doctor de trabajar para ustedes? ¿No están acaso… decepcionados?'.

'Lamentamos terriblemente que el doctor Richards no haya podido unirse a nuestro equipo, Mallory respondió. Al parecer él tenía su propio proyecto a realizar. Una visita a la Estación Espacial Internacional, según tengo entendido. Sin embargo, a pesar de no haber podido colaborar juntos, todos en Lexcorp le deseamos la mejor de las suertes. Además, ¿quién sabe? Tal vez nuestros caminos vuelvan a cruzarse. Muchos creen que el futuro de la humanidad yace en la exploración de nuevos mundos. Es posible que Lexcorp se convierta en pionera de la siguiente generación de misiones espaciales en unos cuantos años'.

'Para eso Lexcorp tendría que invertir una cantidad considerable de recursos en su división de ciencias espaciales, ¿no lo cree?'.

'Ciertamente. Pero eso no es nada que esté fuera del reino de lo factible. Es más, si Lexcorp se lo propone, las maravillas que podríamos alcanzar serían colosales. Como dice el dicho: el cielo es el límite. Audentes fortuna iuvat, después de todo. Ahora temo que deberá disculparme, señor Kent, pero haré otra pausa en la entrevista. El postre finalmente está aquí'. Miré atrás y vi un par de mesoneros acercándose a nosotros con unas bandejas. 'Espero que usted y la señorita Lane aún tengan espacio en sus estómagos para un pequeño tiramisú'.

Momentos después, me encontraba probando mi postre con calma, tratando de experimentar y disfrutar cada sabor, desde el cacao, pasando por el mascarpone, hasta llegar al café. Lois, por su parte, parecía estar devorando el suyo de una forma casi desenfrenada, como si ella hubiera estado muriendo de hambre durante toda la noche. Todo indicaba que la célebre Lois Lane, considerada abrasiva y tosca por muchos, tenía un gusto por lo dulce. La simple idea me hizo sonreír.

'¿Qué es tan gracioso?', Lois me preguntó, con su boca todavía llena.

'Nada', respondí, tratando no estallar en carcajadas ante la situación. 'Es sólo que acabo de recordar algo curioso'.

'¿Sí? ¿Puedo saber qué?'.

'Um, es algo… personal, en realidad. Tal vez en otro momento'.

Lois me miró fijamente. 'Como quieras'.

Eran alrededor de las nueve y treinta cuando la entrevista finalmente concluyó. Consideré que el encuentro había resultado mejor que lo esperado, especialmente teniendo en cuenta mi relativa inexperiencia como periodista. Salí con Lois y Mallory del restaurante después de pagar la cuenta, la cual, para sorpresa de nadie, fue una sumamente elevada. Le Delizie no era un lugar barato, ni mucho menos. No obstante, el servicio había sido casi perfecto, una de las mejores experiencias culinarias de mi vida, a decir verdad, así que eso equilibraba las cosas.

'Fue un placer', señorita Lane, Mallory comenzó a despedirse, estrechando la mano de Lois.

'Sí, lo mismo digo'.

'En cuanto a usted, señor Kent…', Mallory dijo, volteando hacia mí, '… me alegra ver que el Planeta tenga un prospecto tan brillante. Espero que su carrera llegue lejos. Lo digo en serio'.

Estreché la mano del representante de Lexcorp. 'Se lo agradezco, señor Mallory'.

Una vez que el hombre subió a su auto y abandonó el lugar, observé de reojo a Lois, quien no parecía tan satisfecha como yo.

'Ese sujeto sí que es un completo imbécil, ¿no lo crees?', ella comentó.

'No me parece que estés siendo justa con él, Lois', respondí. 'Mallory fue educado con nosotros. Eso debe contar para algo, ¿o no?'.

'Vamos, deja ese acto de niño explorador conmigo', Lois dijo. '¿Qué piensas, realmente?'.

Miré alrededor antes de responder. 'Bueno, la verdad creo que el hombre se comportó…'. Vacilé por un momento. '… como un idiota'.

Lois sonrió. 'Sabía que ambos pensábamos igual'.

Si bien debía reconocer que Sebastian Mallory no nos había insultado u ofendido directamente, él sí había presentado una actitud tanto pretenciosa como condescendiente, especialmente a la hora de explicar su punto de vista. Tuve la sensación de que el representante de Lexcorp no sentía mucho aprecio por nosotros o por la prensa en general. Su actitud cordial me había parecido sumamente falsa, como una máscara de amabilidad diseñada para ser usada en situaciones formales y reuniones públicas. La verdadera personalidad del sujeto, por tanto, seguía siendo un misterio. Claro, siempre existía la posibilidad de que estuviera errado. Después de todo, mis padres me habían enseñado que un solo encuentro nunca era suficiente para poder juzgar acertadamente el carácter de una persona. Sólo el tiempo me daría o no la razón.

'Oye', Lois, dije, tratando de cambiar el tema, 'si quieres puedo acompañarte a tu apartamento o dónde sea que te estés quedando. Ya sabes, para asegurarme de que llegues a salvo'.

'No te ofendas, Kent', pero no soy una niña, Lois replicó. 'Sé cuidarme sola. Aunque aprecio la oferta'.

Asentí. 'Sí, claro. No hay problema'.

'Por cierto, ahora que ya estamos solos, ¿puedo preguntarte algo?'.

'Seguro'.

¿De qué demonios te estabas riendo en el restaurante? Tengo la sensación que era algo relacionado conmigo'.

'Oh, no, no', dije rápidamente. 'No me estaba riendo de ti. Quiero decir, sí, la razón de mi sonrisa tenía que ver contigo, pero no en la forma que crees'.

'Oh, ¿en serio?', Lois preguntó. '¿Podrías ser tan amable de iluminarme, entonces?'.

'Está bien. Como quieras'.

Precedí a explicarle a Lois la idea que me había causado tanta gracia. Por suerte, mi colega pareció tomarlo bien. Ella simplemente admitió que los dulces eran su debilidad. De acuerdo a sus palabras, era eso o los cigarrillos. Pocos minutos después, Lois detuvo un taxi, lo abordó y se marchó del restaurante, aunque no sin antes agradecerme por la compañía, despidiéndose de mí con una sonrisa y un apretón de manos. Era una lástima que ambos viviéramos en extremos opuestos de la ciudad. Caso contrario, tal vez me hubiera atrevido a invitar a Lois a tomar un café el siguiente día, justo después de trabajar.

Quedándome solo en la calle, supuse que lo mejor sería esperar por otro auto. No era como si tuviera una mejor opción, al fin de cuentas. Incluso siendo más rápido que cualquier vehículo, irme a pie estaba fuera de toda consideración. El desgaste que mis zapatos sin duda sufrirían al hacerlo no valía la pena. Eso sin mencionar lo incómodo y peligroso que podía resultar moverme de esa manera por toda Metrópolis.

Noté que la noche se estaba tornando fría, con un viento fresco proveniente de la bahía soplando moderadamente y algunos copos de nieve comenzando a caer por el lugar. Una vista hermosa. Pacífica en todo sentido a pesar de los autos que transitaban por la zona. Eran instantes como este los que me daban la fuerza suficiente para continuar adelante y perseguir mis sueños. La vida, a pesar de sus complicaciones, problemas y adversidades, también era maravillosa, inspiradora y por sobre todo valiosa.

Faltaban unos quince minutos para las once cuando regresé a mi apartamento. Mientras me quitaba la ropa y entraba en la ducha, reflexioné acerca de lo ocurrido. La experiencia ciertamente había sido interesante. Tenía la sensación que mi futuro en el Planeta podía ser uno bueno. Aun así, lo mejor era no dejarme llevar por la euforia. Después de todo, todavía me faltaba mucho por experimentar y aprender.

Al terminar de ducharme y lavarme los dientes, me dirigí a la sala de estar, levanté el teléfono y marqué a casa. Mi madre solía acostarse alrededor de las diez, así que todavía tenía algo de tiempo para hablar con ella. Sólo esperaba que mi tardanza en devolverle la llamada no la hubiera preocupado.

'¿Hola?'.

'Hola, mamá'.

'¡Clark! Oh, que alegría me da escucharte de nuevo. Feliz cumpleaños, cariño'.

Sonreí. 'Gracias, mamá'.

'¿Escuchaste mi mensaje?'.

'Sí, lo hice. Lamento no haberte devuelto la llamada más temprano, pero me vi algo ocupado. Tuve que salir al norte de la ciudad por cosas del trabajo. Apenas cabo de regresar, de hecho'.

'¿De verdad? Ya es tarde. Debió haberse tratado de algo importante'.

'Podría decirse que sí'.

'Dime, ¿te fue bien?'.

'Eso creo', respondí. 'No quiero presumir, pero ahora tengo plena confianza en que mi carrera puede tomar vuelo'.

'¡Eso es maravilloso, cariño! Todos los días ruego por que puedas tener éxito en tu trabajo'.

'Muchas gracias, mamá. Aprecio el gesto'. Aun si ver su rostro, noté lo conmovida que mi madre se encontraba con la noticia. 'Oye, ¿qué hay de ti? ¿Cómo están las cosas en casa?'.

'Pues justo como te dije, hoy por la mañana el señor Ross me ofreció su ayuda con la puerta del granero. Él me dijo que pasaría por la granja el viernes en la tarde mediodía. Si tenemos suerte puede que logremos repararla sin mayores problemas'.

'Me gustaría poder estar ahí para darte una mano', dije, todavía lamentando el hecho de encontrarme tan lejos de mi hogar.

'Tonterías', mi madre replicó. 'Ya eres un hombre, Clark. Ahora tienes tus propios deberes y preocupaciones como para que te atormentes con lo que sucede en la casa. ¿Quieres ayudarme? Sal adelante tal y como me lo dijiste. Cumple tus sueños, hijo. Eso es más que suficiente para mí'.

'Está bien', dije, esperando ser capaz de enorgullecer a mi madre. 'Eso intentaré'.

'Más te vale. Tu padre y yo no criamos a alguien que renunciara fácilmente'.

Volví a sonreír. 'No, mamá. No lo hicieron'.

La conversación continuó por algunos minutos más antes de que decidiera colgar. Mi madre necesitaba descansar, después de todo. Lo menos que deseaba era hacer que ella se desvelara. A su edad eso no era recomendable.

Entré a mi habitación, dispuesto a dormir por unas horas a pesar de no requerirlo. El sueño era un hábito más que una necesidad para mí. No importaba que sucediera, mi cuerpo nunca parecía perder energía o fatigarse. Esa era una de las razones por las que había sido tan bueno jugando fútbol. Estaba justo a punto de acostarse cuando el dolor me atacó tan súbito como un rayo, haciéndome perder momentáneamente el equilibrio y la visión. Lo siguiente que supe era que me encontraba en el suelo, con mis ojos ardiéndome, mis oídos zumbando intensamente y mi cabeza sintiéndose al borde del estallido. De todos los momentos, este era el menos oportuno para que mi condición volviera a manifestarse.

Durante mi infancia y continuando hasta bien pasado mis años de adolescente, había tenido algunos problemas médicos. Mis oídos y ojos eran muy sensibles y propensos a infecciones. Hubo varias ocasionas en las que me vi en la necesidad de encerrarme en el granero de mi casa para alejarme de los demás y así intentar mitigar el dolor que tan súbitamente me atormentaba. Afortunadamente, conservaba unas cuantas gotas que un doctor viejo amigo de mi madre me había recomendado, las cuales resultaron una ayuda en mi juventud. Busqué en mi cajón, saqué las ampollas, me las apliqué y esperé unos minutos por que hicieran efecto.

Después de casi media hora de lucha, el dolor finalmente pareció abandonarme. Respiré profundamente un par de veces, tratando de recuperarme de la experiencia y prepararme en caso de que esta volviera a repetirse en el futuro cercano. Esperé por algunos minutos como precaución antes acostarme en mi cama, todavía algo agitado, tratando de descifrar por qué ese extraño fenómeno había regresado. ¿Acaso podría tratarse de algo que había comido en el restaurante? Mi fisiología, por más semejante que aparentara ser a la de una persona común, seguía siendo un misterio. Tal vez la misma causa que hacía de mi cuerpo una máquina prácticamente incansable era la que paradójicamente convertía a mis sentidos en una constante maldición.

Sin embargo, después de pensarlo detenidamente, no pude identificar concretamente el motivo de mi padecimiento. Debido a eso, no pasó mucho para que mis pensamientos cambiaran y se enfocaran en todo lo demás que había acontecido durante el día. Algo que permanecía en mi mente era la idea de qué sucedería con el artículo que le había entregado a mi jefe. ¿Acaso él siquiera lo había revisado? La forma en que White había actuado en su oficina no era la más alentadora, pero aun así no debía desesperarme. Había puesto todo mi empeño en la redacción de esa pieza. Mi esfuerzo no podía resultar en vano. Además, la entrevista con Mallory me había dado un buen augurio.

Sabía que no había nada más que pudiera hacer excepto esperar. Con esa idea en mente, finalmente cerré los ojos. Mañana sería un nuevo día.