¡Buenas! Me presento: me dicen Laycan, Lay para abreviar, y traigo esta ofrenda para el fandom de Fire Emblem: Awakening, dejado de lado tras la llegada de Fates, Echoes y el más novedoso Three Houses. Llegué a este fic buscando cosas relacionadas a Say'ri, quien fue mi esposa en dicho juego, y la necesidad de traducirlo fue instantánea. ¡Espero hacerle honor al original!


Into Your Mouth I Breathe a Spark

Escrito por Phrenotobe (AO3), traducido por Laycan


El humo se enroscaba en el aire. Motas de magia se retorcían, bailaban con elegancia como contando la historia de un bailarín que se convirtió en mariposa. Purpura por un lado negro en el otro, retorciéndose en espirales flojas, irregulares. Las brasas ardían para una elegante ceremonia, colocados en una línea marcada por el pasillo.

Podría ser hermoso si así ella lo hubiera querido. El gran techo de la iglesia se elevaba sobre ella, un techo de madera que se rompe día a día. Demasiado alto para ser arreglado, y sin madera para hacerlo, pues los bosques cercanos se han quemado. Habían baldosas esparcidas por el suelo, y la luz, la hermosa luz que luchaba por llegar al piso de la iglesia a través de los espacios abiertos del techo, era de un brumoso rojo anaranjado, el color de una brillante puesta de sol.

Era habitual que los devotos pleganos profanen las iglesias. Manchaban con sangre y cenizas para llamar a su dios a la casa de otro: quemaban las ofrendas, y robaban oro para derretirlo. Al igual que los conquistadores de Ylisse antes que ellos, destruían lo que no podían robar, y aplicaban las lesiones que el Rey Lowell les enseñó. Usaban el espacio de la fe, con velas en cada espacio vacío. Donde Grima reinaba, Naga no lo hacía. La mano de Naga no llegaría allí: Grima la empujó fuera y cerró la puerta.

El altar era gélido y duro contra su cabeza, y el sonido del agua goteando cayendo se sentía cerca, pero no lo suficiente para saber hacia donde. Era difícil. Se relajó, entumecida, y dejo que sus ojos desenfocaran.

Eran expertos estos devotos. Condujeron la estaca a través de un cuerpo paralizado, despierto, pero sin sentido por los aceites que perfumaban el aire y las drogas quemadas a la luz del fuego. Podían hacer que la sangre corriera lentamente, mantenían todo quieto y fresco hasta que el objeto se rompiera. Estaban esperando que su fe terminará, que su alma se vaciera de la devoción de Naga, para que algo agrio pudiera arrastrarse hacia su espíritu y quedarse allí. Estaba sangrando, lento, goteo por goteo, y estaba entumecida por el dolor.

—¿Te rindes al abrazo de Grima, hija? —preguntó el sacerdote, una mano fría y pálida sacándola de su aturdimiento. Las gotas de agua eran su sangre, y el dolor era un ruido que zumbaba en la parte posterior de su cabeza y hacía eco a través de su cuerpo. Quería volver a hundirse. Si lo hacía, podía dejar de respirar y de sentir. Detener el dolor.

—Aléjate, cobarde —dijo Say'ri, y escupió aire vacío entre labios resecos.

Su diosa no podía escucharla.

Pero ella seguía llamando.

Él hizo señales en el aire, y una mota de humo púrpura salió de nada mientras él atrapaba su mandíbula, forzándola a abrirse. El humo descendió, espeso y pesado sobre su lengua, y su visión se dilató sin que pudiera evitarlo, la superficie de su ojo se volvió completamente negra. Todo era carne y sangre, y ella no estaba más allí. Su mente volvió al inicio.