Disclammer: Los personajes no me pertenecen a mi, solo los use para crear esta pequeña historia que de seguro puede que tenga un capitulo mas y un extra. Los personajes perteneces exclusivamente a Hajime Isayama
Llegué Tarde
No sabía cómo sentirme al respecto con esta nueva enfermedad que atacaba a la humanidad, simplemente era algo a lo que no daba crédito.
Ni siquiera podía pensar bien, dado que el verme encerrado con esta cuarentena sería el detonante para recuperar mis memorias pasadas…
Aquellas donde luchaba por salir fuera de los muros, y ahora estaba encerrado en mi propia casa para que mi vida no corriera peligro de contagio, tanto para mi familia como amigos. Sin embargo, algo me decía que tenía que estar en otro lugar, no sé dónde, pero era lo que sentía.
Y eso me estaba comiendo por dentro.
Los días pasaron y fue una desesperación, porque sabía que, si yo había nacido en este tiempo, entonces él también había renacido. Quería ir a buscarlo, pero con esta cuarentena no se podía salir a la calle, mucho menos salir sólo por salir, nadie me entendería.
Para el día 10 de estar encerrado decidí ver las noticias, sólo para saber cómo seguía la situación, jamás me esperé ver su nombre en la pantalla de la televisión.
No daba crédito a lo que mis ojos miraban, la información que daba la periodista era acerca del médico reconocido por su lucha constante con ese virus, quien se había contagiado mientras buscaba una cura. No pude más y mandé todo a la mierda, quería verlo sin importar nada, quería estar con él todo el tiempo que fuera necesario, y si era posible, quería morir junto a él.
Las horas pasaron, y sin saber cómo, bueno, sí lo sabía, pero si me ponía a explicárselos no acabaría nunca, el caso es que llegué al hospital, ahora sólo debía buscar el área donde lo tenían. No me fue difícil, pues mi padre era uno de los médicos voluntarios que ayudaban a las personas, aunque éstas no tuvieran una oportunidad de sobrevivir. La tasa de mortalidad era bastante alta, y más para las personas con alguna enfermedad asociada, o el simple hecho de pasar de los 80 años; una edad a la que me hubiera gustado llegar con él a mi lado.
Cuando por fin lo encontré no lo pensé mucho y entré a la habitación, seguía viéndose tan imponente como lo recordaba, a pesar de estar acostado en esa cama con una mascarilla de oxígeno en su rostro, algo sudado debido a la fiebre. Lentamente me acerqué para por fin tomarlo de la mano, sin ninguna protección, mi vida no importaba si él no estaría conmigo, yo me quedaría a su lado, al menos lo que el tiempo me permita.
Con cuidado le quité la mascarilla y éste abrió sus ojos, con el sólo vernos supe que él sabía quién era yo.
—Ya vine, capitán, perdón por tardar tanto en llegar —dije y lo besé, dejando caer las lágrimas que desde hace un rato bailaban en mis ojos.
Me quedé un largo rato a su lado, hasta que la máquina sonó indicando que la persona a la que amaba y por la que tanto esperé, me había dejado otra vez. Pero sabía que ahora éste me esperaría,
Pues nos íbamos a volver a ver, de eso estaba seguro.
Mi nombre es Eren Jaeger, o más bien lo fue, fui un estudiante universitario que perdió al amor de su vida, pero que lo seguiría dentro de poco porque no lo iba a dejar escapar otra vez.
