Los personajes de Revue Starlight no son de mi propiedad.
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Liberación
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Suspiró, porque sólo de eso fue capaz. La sensación la embargaba, era incontenible, se le escapaba por los labios y cada poro. Se removía inquieta, tratando de sosegarse y encontrar un poco de calma. Creía exudar ante la vigilancia a la que era sometida, no podía mentir, estaba nerviosa. El lado amable: únicamente seres nocturnos serían cómplices de lo que estaba por suceder…
La noche la saludaba, incluso sin el elemento visual, en el manto oscuro de sus ojos cerrados, se dibujaban las sombras y los colores de todo aquello que percibía con su cuerpo. La acariciaban de forma imperceptible, pero su piel estaba expectante al momento en que se consolidara el contacto.
Complejas suposiciones. ¿De dónde provenía todo aquello? ¿En dónde estaba ella? No lo recordaba. Su aroma vagaba en todos los espacios, en el lugar sin límites de su imaginación, intangible e inalcanzable. Le aturdía, le satisfacía.
Entre tanta oscuridad, había olvidado buscar su presencia en el murmullo, el delicado y sensual rumor de su voz. Aquella lluvia que, como mantra hipnotizante, caía fría y la mojaba hasta sedarla y hacerla temblar de frío.
A sus oídos lo único audible era el tamborileo de su corazón, mezclado con el sonido de su respiración aparatosa. Sabía que mentía, ella no estaba enamorada, pero no podía negar que aquel sentimiento no era para cualquiera. Aunque sólo estuviera arrastrando con él, no quería que acabara. Por ello la abrazaba con toda su existencia.
Y como si la primavera se hubiera manifestado en su cuerpo, sus sentidos se agudizaron. Era de esperarse, estaba desprotegida e impaciente. Casi permisiva y complaciente con aquella con quien siempre discutía.
Muy lentamente, agonizante, cada espacio íntimo era invadido por aquella presencia, tan desconocida y familiar a la vez. En una simple caricia, ella lograba edificar ciudades en el mapa de su cuerpo y proclamarlas con su nombre. Intentó detenerla con absurdas luchas de poder en las que siempre salía perdiendo. No merecía la pena dar batalla, ella lo sabía y sonreía resignada. Todo terreno divino estaba siendo conquistado, pues las fuerzas enemigas eran más fuertes e inteligentes que las suyas.
Si alguna vez había hecho mal, seguro lo estaba pagando ahora.
¿Cómo había llegado hasta ahí? Había dejado de tenerlo presente. Lo único que valía en ese momento era aferrarse, no aventarse al vacío, y quizá intentar dañar mínimamente sus murallas. Pero en cada exhalación se le escapaba un pedazo de su alma y empañaba el cuerpo ajeno con aquel vaho caliente.
Ella reía, la buscaba, incluso teniéndola en lo más profundo del pensamiento. Sentía la energía, la adrenalina recorrer su cuerpo, mientras al mismo tiempo se debilitaba y empezaba a llamarla con ansia.
Olvidó su nombre en sus labios y dejó ir todo aquello que conocía al último contacto de otra piel con la suya. Poco le importaba, ya se pondría al día consigo misma. La noche nunca le había sabido tan dulce y salada al mismo tiempo.
¿Realmente estoy aquí? Se preguntaba mientras la lluvia la elevaba. Ella flotaba, ¿o acaso estaba dándose de tumbos en la nada? Una nada exquisita y de entrañable sabor.
Una voz en su cabeza le cuestionaba, ¿Te sientes inmortal? ¿Tan real? Le hubiera gustado gritar que sí, pero se estaba ahogando, escuchando truenos y creyendo ver relámpagos.
¡Cuán arrogante había sido! Ella le había prometido el cielo y al abrir los ojos dio cuenta de todo un universo.
Y le dolía...
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N/A:
Amor, amigos. Eso golpeó sin reservas a nuestra Claudine… amor y cofcofsexocofcof…
Lo siento, no me sale ser explícita, aunque sin mentirles era mi principal intención.
La historia salió de escuchar la canción Let Go de Little Dragon, se las recomiendo.
Dejen amor en forma de review :3 (Por favor ;-;/)
¡Hasta la próxima!
