Los sonidos típicos de una casa no se escuchaban allí. Un crujido, una puerta, un objeto cayéndose... todo lo que pudiese impregnar el ambiente de vida, o de lo que más se le pareciese. Ni siquiera había polvo o la casa mostraba signos de estar abandonada. Era como si viviesen en un bucle eterno, congelados, olvidados en aquel rincón de la tierra y lo único que daba vida al lugar lleno de dolor, sangre y muerte era una criatura que todos pensaban que nunca debió venir a este mundo, que si había un ambiente tétrico en la actualidad, esa criatura que ahora respiraba cada instante de vida que los fantasmas pudiesen tener como si su naturaleza fuese tomar a la fuerza todo lo que no era suyo, todo lo que no le daban pero él agarraba de todas formas, traería una total destrucción a una escala mayor.

Por más que creciese el número de fantasmas en aquella casa maldita, nadie sabía el origen de ésta. Nadie era lo suficientemente malvado como para que el mal que habitaba allí pudiese confiar en su alma. No contaría sus secretos a alguien indigno, por más que aspiraran a aquel título sin ni siquiera ser conscientes. Cada fantasma tenía una porción de maldad dada por la casa, traducida en instintos criminales. Nunca podrían ir hacia la luz ni hacia la paz, eran los pequeños recreativos de la casa. La ayuda que pudieran tener sería desperdiciada por la actitud que tomarían hacia los vivos creando otro bucle dentro del otro. La casa les daba una segunda vida pero nunca dejaría que se fueran ni que hicieran algo que desaprobase como una madre controladora.

En esos tiempos la casa albergaba tantos fantasmas que era imposible no recorrer una zona sin que unos cuántos estuvieran mirando, por más que no quisieran que los miraran de vuelta pero con Michael era distinto. Cada paso que daba él hacía que cada fantasma de la casa quisiera salir corriendo de su paso, no los atraía como los demás mortales a los que veían como un juguete nuevo (por más que ellos también lo fueran, pero era lo más parecido a una cadena alimenticia donde el mal de la casa siempre estaría en la cima). Michael no tenía ningún miedo a estar ahí, incluso durmiendo sin tener que estar alerta de cualquier movimiento que hubiese visto por el rabillo del ojo, de los susurros de fantasmas que lo despreciaban, que deseaban que se marchase como si la casa fuera de ellos, como sino vivieran de prestado y en cualquier momento se pudiese prescindir de su presencia. No era un ambiente asfixiante para él, sino que se sentía como en su verdadero hogar, más enérgico que en casa de su abuela por lo que siempre prefería estar un tiempo diario allí.

Dicen que los niños son más perceptivos pero Michael lo sintió ya siendo adolescente y ese impulso que tenían los demás fantasmas para matar, él lo tenía para ir más allá. Hasta ahora el único fantasma que había usado el fuego para matar sólo había sido capaz de quemar el cuerpo y ni siquiera darle muerte, sólo herirle lo suficiente como para que quedase marcado el resto de su vida mortal, pero podía superarlo, podía seguir adelante si hubiese querido. Michael tenía la capacidad de no sólo quemar el cuerpo sino también su alma. No estarían en la luz ni castigados, sino que ni siquiera existirían. Quizás eso también podría considerarse como un castigo o quizás era una bendición. Había miles de corazones rotos suplicando por ayuda, esa que sólo parecía un parche en sus vidas. Michael podría traer un apocalipsis que todos temerían, pero a la vez le estaba haciendo un favor a la humanidad. Ya no habrían miles de gritos desesperados porque interviniesen en sus vidas para después seguir como siempre. No, habría silencio y oscuridad. Lo segundo es lo que el ser humano ha evitado siempre ya que le da miedo lo que no puede ver, lo que no puede controlar pero mis sentidos van más allá de eso. La casa extendería toda su influencia hacia el mundo entero e incluso los fantasmas podrían vagar por todo aquel mundo convertido en cenizas. ¿No era lo que siempre suplicaban? ¿Libertad? Pues podrían ser libres al fin y sin embargo eran como esos mismos mortales que tanto temen al cambio.

- Sé que sabes quién soy. -Un día se había presentado ante Vivien Harmon. Su alma siempre había estado más apartada de los demás, el mal de la casa no había inundado su aura tanto como a los demás, pero si había algo que los unía a todos es que buscaban la vida tan desesperadamente que no se daban cuenta que si la tocaban perdería esa inocencia, como arrancar una flor de la tierra. Esa flor se marchitaría y moriría y la vida que pasaría demasiado tiempo con los fantasmas acabaría marchita también, impregnada de tal muerte que dejaría de absorber esa pasión que únicamente un ser vivo tiene y puede disfrutar, dejando a los fantasmas como espectadores de ello, deseosos que los vivos habitasen esa casa sólo para seguir nutriéndose de ello. Si intervenían, el bucle comenzaría otra vez, pero con Vivien era como tomar el camino largo y difícil y a Michael le gustaba ya que a pesar de estar muerta, sentía que estaba más viva que él mismo.

- Que lo sepa no significa que me importe. -Por más que usara un tono de voz firme, Michael podía notar el miedo. Su cuerpo podría estar tranquilo en combinación a los órdenes de su cerebro en fingir que así era pero su aura la delataba haciendo que incluso su mente fuera un hervidero de pensamientos de desprecio hacia muchas personas, incluida ella misma. El fruto que debía ser el resultado de la unión entre dos personas resultó ser la destrucción de toda una familia y ese no era más que el principio. A Michael lo empujaban hacia su verdadero padre cada vez más con esa actitud.

Él también tenía derecho a tocar esa vida y cambiarla como deseara, ya que todos, desde que nació, quisieron cambiarlo a él.

- Eso es una contradicción, querida madre. Sino te importara, no estarías así ahora. Te resultaría indiferente. -La mirada de Vivien rápidamente tuvo a Michael como objetivo. El miedo pasó a la ira en cuestión de segundos y era algo que Michael podía disfrutar, algo que entendía más que el miedo. No pensaba hacerle nada, tenían la misma sangre. Eran familia. El mal de la casa podría haber sido más benévolo con su abuela, con el instrumento de su padre y con ella. Todos podrían haber tenido una mejor posición social pero todos, por diferentes razones, acabaron rechazándola.

- Te di a luz pero no eres mi hijo. Yo sólo soy madre de Violet, es a la que reconozco y quiero. Miro a Violet todos los días y me siento orgullosa aunque lamente cada decisión que la llevó a estar atrapada también aquí. Cuando pienso en ella a pesar de los disgustos, lo único que siento es que volvería a tenerla todas las veces, no cambiaría ni un sólo día con ella pero te miro a ti, miro esta casa y lo único que siento es asco. Asco de no haber tenido en cuenta las señales, asco de todos los que ayudaron a tu nacimiento. Tú no tienes nada mío, no tendrás nunca el apellido Harmon e incluso Tate reniega de ti. La oscuridad renegando de su legado. Constance no paraba de hablar de que todos sus hijos, menos uno, eran deformes pero yo la envidio y espero que pronto se de cuenta del error que fue criarte. Está tan desesperada por otra oportunidad que ni siquiera se da cuenta de lo que está haciendo. Hubiera preferido tener un hijo así, un hijo humano, no una cosa que parece una persona. Cada vez que veo tu imagen en mi retina me acuerdo de aquel maldito día y te aborrezco. Ojalá hubieses muerto como tu hermano. Tú merecías estar así y no él.

Las miradas de ambos se mantuvieron. La de Vivien era de desafío y la de Michael una mezcla entre decepción y furia. Todos los fantasmas ni siquiera se atrevían a estar cerca de él y ella le hablaba así. ¿Quién se creería que era para ofenderle cuando él estaba dispuesto a darle un privilegio aún no siendo nada? Debería besar el suelo donde pisaba, adorarle como si fuese su padre, pero no, Vivien le escupía a la cara.

- Tengo tus ojos, lo que dicen que es el espejo al alma. Ese alma tuya que yo puedo ver de forma tan transparente. ¿Lo sientes, verdad? Ese enfado que cada vez va a más. Tu corazón no deja de acelerarse y tienes el impulso de agarrar cualquier objeto para usarlo contra mi. No lo haces porque no es correcto pero lo dejas fluir... permítete saborearlo. Deja que te inunde totalmente. No puedes escapar a tu naturaleza, madre. Nunca podrás. Igual que tú me diste una parte de mi yo te daré una mía tarde o temprano. Mejor dicho, te daré una parte de padre. No tengo más que esperar a ver cuándo tu aura esté totalmente llena de una sola emoción. Cuando olvides tu estúpida moralidad y estés decidida a que tus palabras no se las lleve el viento, a que desnudarte emocionalmente ante alguien tenga consecuencias.

Michael sonrió viendo cómo la expresión del rostro de Vivien había cambiado a una mezcla de confusión y miedo de nuevo. Pudo darle la espalda convencido como con los otros fantasmas de que no haría nada. Bueno, no era lo mismo que con ellos si debía ser sincero. Los demás le temían a él, temían todo su potencial encerrado como si fuera un muerto más ya que caminaba, hablaba y respiraba como alguien vivo pero su destino estaba escrito como si dedicara toda su vida a la muerte cual diosa de su existencia, habiendo tantos a los que adorar, pero Vivien se temía a sí misma y lo que pudiera hacer. Estaba encerrada ahí con todos. No había mentido, no le hacía falta. Tan sólo tendría que esperar que intentara algo en su contra, que esa traición hacia él se consumara para hacer que el fuego que penetrase su alma también la castigara a ella. Sólo un poco más para poder saborear su victoria cuando Vivien se rindiese a su lado oscuro y se torturara a sí misma por ella durante toda la eternidad. Nadie era bueno para siempre. Los sentimientos siempre serían una trampa mortal para ello dando la ilusión de que con ellos eran mejor pero inclinando a las personas hacia emociones intensas que no siempre se podía controlar. Quizás iría con su padre, quizás hacia la total oscuridad... le gustaba esa posibilidad. Vivien preferiría dejar de existir antes que lo que había pensado.

Era curioso que intentando ignorarle tanto ambos Harmon habían dicho todo lo que pensaban queriendo verterlo contra él, pero ayudándole a destruirlos también a ellos y sino lo hacía también con Violet era porque Tate, el instrumento de su padre, siempre intercedía por ella.

Pronto, cuando estuviera listo, el mal de la casa la abandonaría y sería uno junto a él. Michael Langdon, teniendo nombre del arcángel que derrotó al demonio, lo mancillaría igual que lo hizo con el acto de algo tan puro como el nacimiento siendo un bebé corrupto desde el momento en que Vivian Harmon le dio a luz y abrió los ojos ante el hogar que le daba la bienvenida pero que pronto su alrededor lamentaría que lo hubiera hecho. No pudo cambiar lo que sentían por él, así que les daría verdaderos motivos para que ese miedo se convirtiese en terror, para que esos gritos tuviesen un único destinatario y más que sentirse culpable o temer por el futuro, se sentía mejor que nunca aceptando su verdadera naturaleza, sintiendo cómo fluía la sangre de su padre recorriendo cada parte de su cuerpo, embargándolo de su influencia y sobretodo, de su protección.

Sabía que tenía planes para él y haría sentir orgulloso al único que le había dado una oportunidad, no como la pérdida de tiempo de la fantasía de Ben Harmon, a quién quería aplastar tanto como a Violet. Pronto el interés de los humanos hacia el peligro los llevaría a su aniquilación. Después de todo, ellos también seguían su naturaleza. En el futuro estarían en constante lucha por ver quién será el depredador del mayor depredador actual pero tenía muy claro de quién sería la victoria.

Si por algo quería pasar más tiempo en esta casa y no en la de su abuela, es porque aquí se sentía verdaderamente él, con todas mis capacidades al máximo y no tenía que sentirse cuando salgo como un humano más, como si tuviera que avergonzarse de quién es.