No soy dueño de Inuyasha ni mucho menos Naruto.
Espero que les guste esta historia, esto es sólo con el fin de entretener. Cualquier critica constructiva es bien recibida.
Edades: Kagome: 18 años
Itachi: 22 años
1.- Despertar
Itachi realizó una respiración profunda, su pecho se sentía oprimido a pesar de que no hubiera nada encima de él. Era como si hubiera estado debajo del agua por mucho tiempo y esta fuera de la primera vez que respiraba al salir de ella. Su cuerpo se encontraba completamente tenso por culpa de aquel desagradable sentimiento y luego de unos pocos minutos que parecían horas, había logrado relajar cada músculo tenso. Extrañamente estaba en un sitio cómodo, algo que le molestaba bastante, él no debería estar de esa manera. Tenía que haber estado en la incomodidad de la tierra y con su cuerpo completamente destruido o al menos adolorido. Aún sin abrir sus ojos esperó en silencio y se concentró en sentir y en oír, ya tenía la noción de que se encontraba completamente solo en la habitación o sino ya alguien le hubiera hecho algo ante tan bruscos movimientos. Respiró hondo un par de veces manteniendo la concentración hasta que estuvo seguro que no había absolutamente nadie al rededor de la habitación.
Sin querer realmente abrir los ojos a causa de la paz inmensa que tenía en ese momento -la cual no recordaba cuándo fue la última vez que la tuvo-, los abrió lentamente acostumbrando su vista a la nueva -aunque algo escasa-, claridad. Observó detenidamente el entorno donde se encontraba. Era un cuarto sencillo y solo con lo necesario aparentemente. Un armario, dos mesas de noche, una pequeña librería y dos puertas; lo más seguro es que una era de algún baño.
¿Dónde estaba? Fue lo primero que se cruzó por la mente, lo último que lograba recordar era darle un golpe suave en el frente a su hermano dejándole lo último de su poder para que pudiera activar el Amaterasu, para luego dar su último suspiro. Debería estar muerto, no debería estar respirando, sintiendo y mucho menos viendo. ¿Qué era lo que había pasado? ¿Qué había pasado con Sasuke? ¿Había logrado mantener a Madara lejos de su hermano? Las preguntas seguían apareciendo en su cabeza y ninguna tenía una respuesta aparente.
Por primera vez desde que despertó dirigió una mirada a su cuerpo, notando que no había ningún rastro de lesión, si por casualidad de la visa habría sobrevivido a la última batalla contra su hermano debería tener su cuerpo magullado. Pero al observarlo con detalle, era como ver la piel de un niño o incluso un civil, no había ningún rastro de cicatriz ni siquiera las que se había hecho cuando era más joven; su piel estaba completamente limpia y no supo cómo explicar ese hecho. Además no tenía su ropa habitual, tenía una franela azul sencilla y un par de pantalones cortos negros holgados; eran muy similares a la ropa que alguna vez usó de niño pero sin el cuello de tortuga.
Se levantó de la cama de un salto, donde confirmó que no poseía ningún problema con su cuerpo, no había perdido la agilidad y sus músculos no parecían estar muy entumecidos; aunque se sentía bastante agotado. Eso lo ayudó a llegar a la conclusión de que no tenía en cama muchos días, a lo mucho tres o cuatro. Miró el lugar donde estaba guardando reposo y solo encontró una cama revuelta junto a una ventana cubierta por una cortina en azul oscuro, aunque esta no estaba completamente cerrada y por ello la habitación estaba levemente iluminada.
Todas sus cosas no las tenía encima, sus armas no las tenía a la mano y mucho menos cerca de él, por los momentos dejaría ese pequeño detalle para después, aunque no estaba nada tranquilo con eso. Tampoco se iba a molestar en buscar sus objetos en aquella habitación porque era obvio que la persona que lo tenía en ese lugar prefería dejarlo desarmado. Además si tardaba más tiempo en aquella habitación los dueños de la morada estarían al tanto de su despertar, así que era un hecho que no perdería su tiempo buscando objetos materiales que podrían ser remplazados más adelante. Caminó hacia la puerta que estaba al frente de su cómoda, esa debería ser la salida y si quería respuestas tenía que buscarlas.
Abrió la puerta y caminó sigilosamente por el pasillo al tanto de todo sonido que se presentara y así tener una idea de la ubicación de la persona o personas que habitaban esa casa. No le pasó desapercibido las otras tres puertas cerradas en el lugar; más tarde investigaría que podía encontrar en cada una, aunque no tenía que ser un genio -que ya era, por supuesto-, para saber que esta casa era de un civil y esas habitaciones debían ser igual de normales que la que él hace poco había salido, pero tampoco debía confiarse. Ocultó su presencia e intentó activar su línea de sangre, el sharingan; para poder estar preparado para cualquier ataque. Su ceño se terminó frunciendo al no lograrlo y hacer que otra pregunta apareciera en su cabeza ¿qué me han hecho? Trató de ignorar la nueva e inquietante información para luego, en esos momentos se concentraría en el lugar donde residía.
Llegó a una pequeña sala de estar, decorada nuevamente con solo lo necesario; una mesa de café, tres muebles -dos pequeños y uno grande, de color café-, un televisor y otros pequeños estantes llenos de libros. Escuchó un suave murmullo, junto con otros sonidos que no lograba identificar todavía, con todos los sentidos en alerta se acercó de forma sigilosa y rápida como ya estaba acostumbrado hacia el origen. Era mejor tomar desprevenido a la otra persona.
Llegó a la otra habitación y consiguió quién era el otro residente en aquella casa. Era una chica de cabello negro largo con reflejos azules de pequeña complexión. Estaba vestida con una franela blanca con algunas manchas que no podía imaginar de qué eran y un pantalón de tela cómoda holgada y de color azul oscuro. Estaba distraída dándole la espalda, al parecer estaba cocinando y no iba a dejar escapar tal oportunidad.
Tomó un cuchillo que estaba a simple vista, un punto realmente estúpido por parte de la chica. Era una regla básica e implícitamente no dejar ningún objeto peligroso a la vista del enemigo, ya que estos serían fácilmente usados en su contra -justo como en esos momentos-. Con una buena velocidad se colocó detrás de ella presionando aquel filoso objeto contra el delgado y frágil cuello de la chica. Observando como esta se tensaba y dejaba de moverse.
– ¿Qué hago aquí y qué me has hecho? –fueron las únicas preguntas que salieron de su boca, por supuesto usando un tono amenazador. Sintió como su garganta se quejó ante la resequedad que esta tenía, y haber hablado provocó cierto ardor desagradable y molesto. Evitó soltar un leve gruñido ante la incomodidad y esperó a su ansiada respuesta, mientas agarraba con más firmeza el arma.
La mujer se insultó internamente e incluso se tuvo que morder la lengua para no soltar una maldición, se había confiado al tener a su "huésped" en la inconsciencia y no había mantenido su guardia arriba. Bueno, tampoco ayudaba que la época moderna fuera un lugar relativamente tranquilo y no debía mantenerse alerta todo el tiempo.
– No hablo con amenazas –le respondió la chica de cabellos negros, su voz era suave pero firme. Haber estado tanto tiempo en la Era Feudal había servido mucho para ese tipo de situaciones, estaba acostumbrada a escuchar siempre amenazas a su persona. Y si Midoriko había dicho la verdad sobre su invitado, este no le haría nada a menos que le resultara una amenaza realmente mala.
Itachi se mantuvo callado notando cada pequeño detalle que le pasaba al cuerpo contrario. Seguí tensa pero su cuerpo no temblaba de miedo al igual que su voz, eso le daba dos conclusiones; ella estaba acostumbrada a lidiar ese tipos de situaciones o estaba muy confiada de que él no le haría nada, y no precisamente porque no quisiera sino porque ella podría ser más fuerte de lo que aparentaba. Sabía que no podía guiarse por las apariencias, él era una prueba viviente de eso cuando era niño.
– Podría matarte ahora si no respondes –presionó con un poco más de fuerza el cuchillo en su cuello, provocando una leve herida. Ella soltó un pequeño gemido de dolor ante la herida y su mirada se endureció más, ese tipo la empezaba a enojar más de lo debido. Itachi intentaba probar su punto, pero parecía que no conseguiría la reacción que deseaba.
– Hazlo, si me matas nadie te dará las respuestas que buscas –sin vacilar Kagome contestó, procurando que su voz no saliera golpeada por el enojo creciente en su pecho. ¿Quién se creía él para hacerle tal corte? Ella lo había alojado en su casa, lo mantuvo vivo y con extremo cuidado, y aun así era tratada de esa forma. Sin detenerlo susurró con rabia–, hombre ingrato.
Sin inmutarse por el insulto a su persona, lentamente quitó el cuchillo del cuello de la mujer; por más que quisiera negarlo ella tenía un punto y al parecer las cosas se iban a manejar según su criterio. De un salto rápido y manejado se alejó de ella y mantuvo el cuchillo firmemente agarrado. La mujer se dio la vuelta con las manos arriba en señal de que no haría nada. Ambos pudieron observarse con detenimiento y algo de recelo, él por no saber qué era lo que ella planeaba, ella por la pésima primera impresión que le dio.
– Primero, soy Kagome Higurashi. Si no quieres que te llame como "extraño" o "calladito" o algún apodo de esas formas creo que sería bueno que tú también te presentes –Kagome tenía una sonrisa algo juguetona ante los pésimos apodos que se le había ocurrido, sinceramente no se imaginaba llamando al contrario de esas formas. Itachi la detalló de arriba abajo ignorando los estúpidos apodos, cabello negro azabache con detalles azules, piel pálida, ojos grandes, rostro perfilado, buena figura.
Esa chica podría hacerse pasar perfectamente por un Uchiha si no fuera por dos razones una más importante que la otra. La primera, sus ojos color chocolate; a pesar de ser un color común ninguno de su clan podría llegar a sacar ese tipo de color -la única diferencia que podría existir en la coloración de los ojos de algún Uchiha era un gris profundo muy similar al negro, exactamente igual al color de los ojos de su hermano-, sin contar que ningún Uchiha poseía una mirada como la de ella, que no guardaba ningún tipo de rencor u odio. Y la segunda, él se había encargado de matar a todo su clan menos a su hermano menor. Mientras el hombre pensaba en la masacre de su familia su cuerpo reaccionó de forma negativa, tensando cada músculo hasta el punto del dolor. Hace tiempo que había creído haber superado aquel suceso, pero estaba equivocado.
Kagome no le pasó desapercibido estos leves cambios que el Uchiha había mostrado y sintió una pequeña pena por él, ya que a pesar de no mostrarlo por completo en su mirada se notaba el dolor que tenía guardado. Dejando eso de lado, ella también había aprovechado en detallarlo, al parecer se veía mucho más alto que estando acostado en cama; no duró mucho mirándolo porque ella se había encargado de cuidarlo por bastante tiempo y había visto todo de él menos sus ojos. Su ceño se frunció ligeramente al centrar su atención a aquellos ojos de color gris opaco, si no mal recordaba él debería tenerlos negro como su cabello, no gris. Lo más seguro es que ella se estaba equivocando, nunca lo había detallado como era debido y su memoria le hacía recordar cosas que no eran.
– Itachi Uchiha –después de unos interminables minutos el Uchiha se dignó a dar su nombre y apellido. Kagome sonrió de forma leve y asintió con la cabeza en reconocimiento, extrañando al hombre; por lo general habían dos tipos de reacciones al escuchar tanto su nombre como apellido, miedo o ira, nunca una sonrisa o calma–, no repetiré mis preguntas.
Kagome lanzó un suspiro cansando, provocando que el contrario levantara una ceja ante tal acción tan exagerada. ¿Por qué tenían que juntarla con ese tipo de personas? Pensó la joven con algo de fastidio, primero había sido Sesshomaru y ahora este hombre. Claro, con Sesshomaru era diferente no sabía exactamente en qué pero lo era. Al recordar aquel hombre despiadado y poderoso trajo algunos recuerdos que la hicieron sonreír un poco más alegre. Tomó un tazón de la mesa y miró una vez más a su "querido invitado", nuevamente se estaba enojando ante la mirada fija del contrario, ni siquiera aquel poderoso Lord observaba tanto a los extraños que lo inquietaban.
– Bien, antes de eso yo comeré. Tendrás que tener paciencia si quieres tus respuestas. Si quieres también eres libre de servirte –murmuró la mujer después de vagar brevemente por sus recuerdos, ella no dejaría de comer sólo por un tipo que se creía el rey del mundo. Itachi miró lo que comería y casi hizo una mueca de asco, ella iba a comer ramen instantáneo. Pensar en esos fideos y el sabor que a su parecer era decadente a comparación a uno casero, le daba náuseas. Sin contar que su paciencia estaba a punto de acabarse por culpa de esa mujer, ya había pasado demasiado tiempo sin que le haya respondido a sus preguntas. Observó fijamente sus acciones con cautela y ella se cansaba de eso, al igual que él aún mantuviera el cuchillo en mano–, ¿puedes dejar el estúpido cuchillo en la mesa y dejar de mirarme como si te fuera a matar? Me tienes harta y sólo hemos estado uno al lado del por ¿cuánto? ¿Diez minutos?
La frustración salió junto a su voz, Kagome lo miró enojada y le pasó por un lado para salir de la cocina. Notando a su vez como Itachi se tensaba aún más si fuera posible, pero al verla seguir de largo y esperar unos pocos minutos se dignó a dejar su improvisada arma en el mesón. Su ceño se frunció al notar algo que le molestó aún más de la mujer y su desconfianza subió un nivel más, el daño que le había hecho ya no estaba ¿en qué momento se había curado? No podría estar imaginando la herida porque su camisa tenía una nueva mancha en el cuello.
Su paciencia estaba al borde y si esa mujer no satisfacía la curiosidad que tenía, iba a recurrir a la violencia y si era necesaria la mataría en ese mismo instante e iría a buscar alguna otra fuente de información, no le importaba que le pasaría después. Luego de quedarse en silencio en sus pensamientos por un par de minutos más, también salió de la cocina.
