[...]
Nunca he sido bueno con esto de ser cursi ni tampoco es que tenga intenciones de serlo, así que me ahorro los apelativos cariñosos que tanto has insistido en que use.
También me falta elocuencia, por eso no esperes algo lineal y coherente. Después de todo, este siempre fue un problema que has resaltado de mí: me enredo como las luces de Navidad que tanto detestas desenredar.
Como verás, ya he fallado en mi propósito de ser lo más concreto posible, pero esta es la sexta hoja que utilizo y no pretendo desperdiciar muchas más.
Aquí todo es raro. El clima cambia tanto que apenas salgo de un resfrío veraniego ya estoy padeciendo una alergia primaveral. Aunque el flujo de las estaciones, hasta donde sé, es el mismo aquí que en Japón.
Lo cierto es que ha empezado el otoño pero, a diferencia de cómo es allá, aquí no crujen hojas secas sino mis huesos. Ya adivinarás que no poseo muchos lujos y una buena cama, definitivamente, es uno de esos lujos que no tengo.
Me pican los mosquitos a todas horas y despierto con más manchas que el día anterior. El calor me atrofia un poco, así que me ha dado pereza rasurar mi barba.
El trabajo es difícil, pero a la noche las estrellas son hermosas, aunque no se vean tan bien.
[...]
Hoy ha llovido. Eso lejos de solucionar el problema del calor sofocante lo ha empeorado aún más.
El cielo es tan azul que lo confundirías con el mar. No digas nada, ya sé que es un reflejo. O algo así. No tengo buena memoria para esas cosas.
Recuerdo, eso sí, aquella vez que trepamos un árbol altísimo y no pudimos bajar hasta que llegaron nuestros padres. No lloraste, a pesar de los mosquitos, porque podías ver las estrellas. Dijiste que estabas cerca de ellas y, aunque para mí la distancia era exactamente la misma allí arriba que abajo, asentí a tus palabras y prometimos escalar un árbol más alto para acercarnos mucho más. Tu madre detuvo nuestra labor cuando nos llamó diciendo que había postre y no volvimos a retomarla.
Tal vez deberíamos intentarlo un día: alcanzar las estrellas.
[...]
Ha sido una semana dura, no pude escribir nada coherente. Sé lo que dirás pero, créeme, tenían menos sentido que lo que ya he escrito.
Hoy hace frío, aunque no tanto como para estar en cama, pero lo estoy. Me he enfermado con uno de esos resfriados que te he dicho.
El aire es distinto. Por las noches se oye el eco del sonido de los autos y el ladrido de los perros como lejanos. A veces no puedo dormir.
Me he bronceado. Diría que me queda bien, pero no soy tú. Narcisista, tonto.
Te extraño todo el tiempo.
[...]
He perdido la noción de los días, también lo que he escrito todo este tiempo.
Las estrellas, como siempre, me recuerdan a ti. No te confundas, no estoy siendo cursi. Es que es un hecho.
Tengo dolores musculares dignos de un hombre de cuarenta y siete años, yo tengo veintitrés. Seguro te burlarías de mí.
El calor es igual de sofocante, pero me acostumbré a él.
He estado leyendo algo sobre una familia muy extensa, con costumbres raras y un mismo nombre repetido eternamente.
El viento es fresco bajo la sombra. Hay muchos árboles aquí.
[...]
Recordé haberte escrito por última vez un catorce de abril.
Hay algo en las estrellas que me hacen pensar en ti.
[...]
¿Recuerdas cómo decías que era un satélite que orbitaba a tu alrededor?
[...]
He notado que escribo cada vez menos. Conocí a alguien y no parecía justo que esta actividad ocupara todo mi tiempo. Lo siento.
Sigue haciendo calor.
Nunca te lo dije pero el idioma es realmente difícil. He podido escribir un poco en español pero hablarlo es otra cosa. Las palabras son confusas, algunas veces parecidas entre sí y otras tan largas como una oración completa en japonés.
[...]
Para Oikawa, que es como las estrellas:
Nos han separado kilómetros y océanos, estaciones y climas, pero jamás me he olvidado de ti.
Lamento no decirte cómo me sentía cuando pude hacerlo, lamento también no ser capaz de enviarte este bloc de notas con escritos para ti y lamento haber arrancado hojas importantes. Perdóname por mandarte esto cuando ni siquiera podrías leerlo.
Lo siento por muchas cosas. Por haber huido de lo que sentía y por creer que podría olvidarte a ti, que eres como las estrellas.
