Sé que aún no termino Kiss an Angel pero me moría por subir esta historia. Es la primera vez que hago un fanfic sin hacer una adaptación . Lamento las faltas ortográficas.
Con respecto al fic, quiero aclarar que no odio el Sasusaku, sin embargo creo que Kishimoto fue muy injusto con Sakura, porque ella merecía tener mejores momentos.
En este fic quiero demostrar que Sakura, puede tener cierto tipo de resentimiento, que si puede sentir enojo. No todo se resuelve con un "Perdón" .
Bueno :"3 espero les guste.
De antemano, gracias por leerlo.
ADVERTENCIA: Anti-Sasusaku. Lo siento, pero en esta ocasión les aseguro que Sasuke y Sakura no estarán juntos.
Secuelas
"- El miedo es ese pequeño cuarto oscuro donde los negativos son revelados. - Michael Pritchard-"
Sintió como una mano aprisionada su cuello, y los dedos de este casi se metían bajo su piel. El miedo la consumió, mientras intentaba inútilmente quitar esa extremidad, pero era imposible, con cada intento de respirar los dedos la presionaban más. Por fin abrió los ojos y pudo distinguir una creciente sombra encima de ella, era tan siniestra que un escalofrío recorrió su columna vertebral.
De pronto dos ojos la observaron desde la sombra.
Dos ojos
Rojos
Odiandola
Las lágrimas habían empañado su vista, caían suavemente sobre sus mejillas hasta perderse en su nuca. No respiraba, sus pulmones fallaron. Lo último que vio fue un detello de luz azul, con un sonido estrepitoso.
—!Ah! —gritó. Despertó asustada con el corazón agitado. Casi podía sentir que se me salía del pecho.
Cada noche era igual, desde hace un año. La sombra, el miedo, el dolor.
Esos ojos.
Sasuke.
No podía superarlo. Había hecho de todo para olvidar ese dolor, ver a la persona que amaba intentando matarla pero ¿cómo era posible?
Respiró ondo, recordandole que aún lograba llevar oxígeno a sus pulmones. Que no debía temer, estaba en casa, en su cama. Nadie la dañaría y la persona, protagonista de sus pesadillas, se fue hace un mes y medio.
Acarició con sus dedos la suave superficie de su cuello y la longitud de este. Buscando una huella de ese ataque.
Se sintió estúpida. Era una adulta, no una niña asustadiza que desea la protección de alguien cuando despertaba de una pesadilla. Pero asi era, quería que alguien la abrazara y le dijera que todo estaba bien, que nada la dañaría.
Llevó su palma hasta sus mejillas y las encontró empapadas en lágrimas. Al parecer las lágrimas de sus sueños habían sido parte de la realidad.
Después de perderte en la nada por unos minutos, cayó en cuenta de la hora. Giró su cabeza hacia el reloj de pared. Eran las 4 de la madrugada. Muy temprano aún, pero sabía que no podría dormir otras dos horas, necesitaba distraerse.
Quitó la sábana de su cuerpo y emprendió camino hacia la ducha. Una larga ducha la ayudara a despertar por completo. Pero se equivocó, más alla de despertarla, la había hecho perderse otra hora en el recuerdo de la pesadilla.
Salió casi como una pasa, sus dedos estaban arrugados y juraba que pronto tendría un resfriado. No secó su pelo, porque no tenía animos de tomar la secadora. Tampoco desayuno, solo se dedicó a arreglar sus ojeras con algo de maquillaje antes de salir.
Cuando estaba por salir de su habitación, fijo su vista en la foto enmarcada en su escritorio. La foto demostraba al equipo 7, tres niños y un sensei. Un rubio hiperactivo, un peliblanco, una niña pelirosa y por último...
Él.
Arrugó el entrecejo. Cogió un sombrero olvidado encima de su silla y tapó la foto con él. No quería verlos, o al menos, ver a ese niño de cual ella había esperado tanto.
Alisó su falda y caminó escaleras abajo para salir de su apartamento. Cerró con llave, y por fin fue hacia el único lugar donde olvidaba sus problemas.
Llegó el mediodía antes de darse cuenta. Tuvo pacientes toda la mañana, y al llegar tan temprano, hizo todo lo que la enfermera a cargo debía hacer. No espero a nadie para abrir las puertas del hospital, arreglar su consultorio y atender a todos sus pacientes.
Intentaba lo menos posible rememorar su trauma. Porque sí, era un trauma, uno que venía a ser tan dañino que no la dejaba pensar.
—Oye, Sakura—Ino se acercó a ella una vez que salió de su consultorio— ¿Vienes a comer conmigo? tengo algo que contarte.
La fama de chismosa de Ino era reconocido por todos, pero al salir con Sai, Ino ya no era tan lengua floja. Pero seguro Sakura se había equivocado y la Yamanaka seguía igual.
—Esta bien, pero que sea rapido, la señora Hitomi vendrá a las 12 y media y no quiero hacerla esperar—recordó Sakura.
Ino asintió y prácticamente arrastró a la pelirosa a la cafetería. Se notaba que el chisme estaría jugoso para que Ino estuviera tan emocionada. Sakura solo atinó a suspirar con resignación.
La rubia tenía una sonrisa tan grande que Sakura se maldijo por no pedir un almuerzo más costoso. Seguro que la Yamanaka se lo compraría sin importar su precio por lo feliz que estaba.
—¿Me dirás?
Ino asintió y sin reprimir su felicidad la abrazó con fuerza.
—¡Sai me propuso ser su novia!
Sakura sonrió, y correspondió el abrazo con gusto. Ino merecía ser feliz, aunque Sai fuera la última opción que Sakura pensó para ella. Le alegraba que su amiga tuviera a quién amar.
—Felicidades. Dime ¿cómo lo hizo?
Si bien para nadie era un misterio que Sai merodeaba a Ino, si era un enigma cómo el ninja pudo siquiera decir esas palabras sin un libro en mano.
Ino le contó cada detalle. De cómo Sai la llevó a comer ramen, después a un bonito parque recién construido cerca de un campo pequeño de flores y justo ahí le había regalado un dibujo de ella con esa pregunta escrita.
La kunoichi no le creyó tan fácilmente. Porque Sai no era exactamente el tipo más romantico para planear un evento asi, seguro algo tenían que ver sus compañeros de Ino y por supuesto los demás grupos.
—¿Sabes que ni siquiera Rock Lee tenía esperanzas de que Sai me lo pidiera? ¡Pero aquí estoy! ¡Soy la novia del chico más sexy de Konoha!—Sakura quiso refutar esa afirmación pero cerró la boca. Dejaría que Ino ganara esta vez.
Pasó los minutos entre las fantasías de Ino y las sugerencias de Sakura, pero cuando terminó el tiempo y la pelirosa debía irse. La rubia la detuvo sosteniendo el brazo, con una mirada suplicante le dijo que si necesitaba decirle algo ella siempre la escucharía.
Fue un golpe duro para Sakura. Estaba preocupando a Ino, era su mejor amiga y estaba empañando su momento feliz con Sai.
Ella lo sabía, no solo había querido hablar de su noviazgo con Sai, deseaba que se lo contara, aquello que la atormentaba.
—Tus ojeras, y la falta de brillo en tus ojos—comentó Ino—A todos puedes engañar, pero yo te conozco, Sakura.
El corazón se le oprimió, y forzó una sonrisa quitandole importancia al asunto. Abrazó a su mejor amiga, le dio un par de palabras agrediendo su preocupación y se alejó.
Debía lidiar esto sola, no involucraría a nadie, ni siquiera a la Yamanaka. Llevaba mucho tiempo dependiendo de Naruto e Ino, pero se negó a hacerlo más. Resolvería esto, y por supuesto que avanzaría así como todos los demás.
Sin embargo lo peor de este trauma aún no llegaba a su cúspide más alta. No solo la atormentaba su futura muerte, donde el Uchiha la mataba sin piedad, sino que a sus pies estaba el cuerpo inerte de Naruto, con la garganta degollada, seguramente por el filo de su katana, manchado de sangre, con una expresión de horror.
Tan solo recordar el estado de su casi hermano, revolvía su estómago.
Transcurrió seis meses para poder asimilarlo, pero solo eso, asimilar que ese posible futuro no existiría, porque Sasuke no mato a Naruto, ni a ella. Que todo era parte de un trauma que pronto se desvanecerá en cuestión de meses o quizá un año.
Que equivocada estaba.
Los sueños se volvieron algo más actual. Soñaba que el Uchiha regresaba a de su viaje de redención, que llegaba lleno de odio y rencor. Había olvidado lo que Naruto le enseñó y arremetía con todo a su paso.
Muerte, destrucción, agonía...
Un niño pedía ayuda, pero su voz se quebraba al ser atravesado por una katana, expulsaba sangre de sus pequeños labios y con su último aliento pedía por su madre.
Ver tanto en tan poco tiempo. Cuerpos decapitados, amigos esparcidos por el suelo, y ella sin poder moverse.
Lo último que veía antes de despertar, era la sonrisa sádica del Uchiha pronunciando una oración.
—Mataré lo que más amas, Sakura—nunca su nombre le había dado tanto asco, que cuando ese hombre lo mencionó
¿Por qué?
¿Qué debía hacer para que Sasuke la dejara en paz? Esperaba que pronto acabara, antes de que cierto rubio lo supiera, le partiría el corazón si supiera que ella no estaba tan feliz por todo lo que había pasado.
Visitó terapeutas en lo que quedó del año. Se avergonzaba de tener que ir a uno, porque se suponía que dirigía un hospital para niños que trataban el tema de secuelas traumáticas en ellos. Y Sakura, siendo una medic-nin debía recurrir a uno. Era irónico, pero después de que Ino se lo pidiera/exigiera, no tuvo opción.
Llevó 14 meses de terapia con éxito. Las pesadillas continuaban pero podía lidiar con ellas al despertar. Ahora lograba dormir al menos 5 horas. Sonreía un poco más, pero aún le era difícil aceptar a qué se debía tanto conflicto interno.
Recordó una escena en especial, en sus primeras sesiones.
"Puedes hacerlo, Sakura. Solo recuerda que no puede dañarte. La única que puede permitirlo eres tú" le dijo el terapeuta cuando le contó sobre uno de las tantas pesadillas que la acechaban de noche.
"Quiero superarlo, si no lo hago, dañare a una persona en particular y yo..."
"Esa es una razón por la cuál no lo superas, te preocupas por otra persona. Esto no se trata de terceros, se trata de tu salud mental"
"Quiere decir que..."
"Salvate tú misma" dictaminó con firmeza. "Preocupate por ti"
Pero ¿Podía lograrlo?
Cuando Naruto la invitó a comer ramen en ichiraku, no esperó ver a Kakashi sentado junto a él. Según sabia su sensei estaba muy ocupado con papeleo, se rumoreaba que ni siquiera salía a comer.
Los saludó con una sonrisa, y se posicionó en medio de ambos. Por primera vez sentía esa calidez que solo una familia podía proporcionar. La risa de Naruto, los comentarios de Kakashi, todo en este almuerzo era perfecto. Hasta que Naruto dijo las palabras que arruinarían su día.
—¡El teme vuelve en una semana!—el rubio casi brinco de emoción al decirlo. Kakashi sonrió a través de la máscara y Sakura...
Ella solamente quería desaparecer.
