Honor y mafia
El respeto era algo por lo que Carmine Falcone siempre había luchado, admirado en contrincantes, rivales, amigos (aunque en su negocio eso era algo que escaseaba) y en su propia familia (muy grande, pero menos de lo que le gustaría) era algo esencial.
Algunos podrían pensar que se estaba haciendo viejo, pero en su negocio uno nunca podría permitirse el lujo de decir lo que realmente estaba pensando, por lo que solía evadirse a propósito para confabular estrategias para derrotar a sus oponentes. Siempre podía aprender algo más, y el tiempo, más que su enemigo, era su aliado. El tiempo fue lo que le enseñó a valorar las cosas que realmente importaban como la amistad y no la futilidad de una amistad sobrevalorada, esas que cuando te caes o fallas, no te ayudan a levantarte ni a prosperar, pero siempre quieren algo de ti cuando estás en la cima.
En toda su larga vida, sólo ha tenido dos amigos: Peter Gordon e Iván Zsasz.
Peter Gordon era el hombre más honesto de Gotham. Un buen fiscal. El hombre que nunca se involucraba en nada turbio, pero sabía hasta donde debía llegar cuando era necesario. Cuando esos momentos le requerían, Peter Gordon nunca se interpuso en su camino. La mayoría de las noches, después del trabajo en la fiscalía, Peter se acercaba al bar o a su casa a ver qué tal estaba, a hacerle compañía, a tomar unas copas con él o a charlar un poco. Era una persona muy reservada que nunca pedía nada a cambio, salvo que hubiera las mínimas bajas posibles.
Carmine Falcone aprendió que Peter Gordon era un buen hombre que ayudaría hasta al jefe de la mafia si eso era lo que había que hacer. Por eso se ganó su respeto. Por eso aceptó ser el padrino de Jim Gordon, aunque nunca conoció al chico hasta que le salvó la vida en un almacén de carnicero cuando el ingenuo Jim Gordon amenazó a Fish Moony e intentó limpiar la ciudad de Gotham.
Entonces no sabía de qué pasta estaba hecha Jim Gordon, si era como su padre o si era duro como el acero, más resistente pero más ingenuo. Porque Jim Gordon creía en la bondad de Gotham, todavía no había visto lo que era la verdadera corrupción. En esta ciudad la ingenuidad te devora el alma y el cuerpo se entorpece a medida que el tiempo pasa y el cansancio lo corroa. Es entonces cuando la mente comprende que no hay nada que hacer, que un hombre no puede luchar contra toda una ciudad y ganar, porque son los mismos ciudadanos los que permiten que la mafia reine en Gotham, son ellos los que acuden a gente como Carmine Falcone cuando no encuentran trabajo y necesitan llevar dinero a sus familias para que puedan comer. El problema es que no piensan en las consecuencias y cuando llega el momento de devolver el dinero siempre hay excusas de algún tipo.
Jim Gordon sería estúpido si pensase que va a conseguir que Carmine Falcone se retire a la vejez, pero Carmine sabe que Jim Gordon es astuto, casi tanto como ese niño paraguas que salvó no hace mucho tiempo.
Fue Jim Gordon el que impidió que Carmine fuese asesinado en el hospital y esposó a Oswald y a Butch al radiador. Fish y Maroni están muertos, pero Oswald perdonó a Carmine gracias a la intervención de Jim Gordon.
Y ahora Jim Gordon acaba de salvar la vida de Mario Calvi. Le disparó, sí, pero con tranquilizantes y no con balas de verdad.
Carmine no puede estar más agradecido al policía y se encarga de que todas las familias lo sepan. La mafia ya no será un problema para Jim Gordon.
Jim no es el único al que ha sorprendido. Lee, la esposa de Mario tiene su admiración, Mario se debate entre los celos y el respeto. Pero Carmine está más interesado en la opinión que tiene Víctor Zsasz sobre el policía, aunque a juzgar por el moratón que tiene en su cara y la mirada asesina en sus ojos, Carmine sabe que esta no será la última vez que se encuentren, aunque no está preocupado. Víctor es peligroso, es cierto, pero sólo con la gente que él ordena matar. Aunque puede decir que está impresionado con el policía, no mucha gente se atrevería a enfrentarse a Víctor Zsasz y ganar.
Quizá lo que le pasa a Víctor es que tiene el orgullo derrotado o quizá que sabe que ha encontrado a su igual. Tal vez eso es lo que realmente le molesta. Carmine recuerda cuando conoció realmente a Peter Gordon, cuando comprendió que eran iguales, los lados opuestos de la misma moneda, diferentes pero siempre conectados entre sí.
Al principio, Peter no era más que otro chupasangre para él, otro abogado más que intentaba arrastrarle a la cárcel, bien podría haber sido un murciélago con forma humana. Implacable con sus enemigos, aunque siempre capaz de mostrar misericordia dependiendo del adversario.
Ese era el auténtico Peter Gordon.
También estuvo confundido, asustado incluso, recuerda bien que quería evitar el contacto con el fiscal tanto como fuera posible. Eran enemigos, después de todo, no podían llevarse bien.
Qué equivocado estaba en ese entonces. Cuánto desea ahora poder haber aprovechado hasta el último minuto que tenía con él. Cuánto le extraña.
Carmine desea que algún día pueda contarle a Jim historias sobre su padre, aunque duda mucho que el policía quiera escucharle. Carmine nunca se ha involucrado en su vida y Jim no sabía que era su padrino, lo único que sabía del mafioso era lo que había escuchado de sus compañeros policías.
Carmine Falcone se enorgullecía de ser observador. Sólo fijándote en los pequeños detalles puedes apreciar lo que realmente te rodea. Y viendo a Jim Gordon, sabía con certeza que la manzana no había caído lejos del árbol. Jim Gordon era idéntico a su padre.
