Una leyenda feliz
Lydia fue a verlo. Lucía mejor que la última vez.
—Lo siento. Las hadas de nieve no podemos vivir con humanos siempre. Y tarde o temprano les contagiamos nuestros poderes —le explicó ella, abrazándolo entre una tormenta que lo despeinó y terminó de deshacer su envoltura carnal entre hojas húmedas y madera cortada.
—Tiempo —susurró Klaus, limpiándose las lágrimas.
No faltaba mucho para Navidad. Jesper estaría triste. Aunque tal vez los Sámi podrían ayudarlo a cumplir los sueños de los niños del pueblo y alrededores.
—No será necesario. Vendrás conmigo hacia lo más alto de las montañas. Seguiremos el viento, la tormenta y la nieve. Tengo un taller y duendes que harán todo por ti. Hasta he encantado renos para que te lleven. Con un trineo, idéntico al que tenías con tu amigo.
Ella lo tranquilizó.
—Todo tiene que acabar —suspiró Klaus.
Lydia lo besó en el mentón. Apoyó la cabeza en su inmenso pecho.
—Solo está empezando —le prometió.
Y lo llevó. Klaus ya se había convertido en una leyenda por sí mismo. Pero así podría perpetuar aquel estado y superarlo.
No eran los hijos formando el árbol que habían ansiado. Resultó más grande. Y diferente.
Tuvieron amor a montones. Ahora lo repartirían.
—Iré primero a ver a Jesper.
—Deberías. Apuesto a que tomará la costumbre de dejarte galletas. Podrías darle una tarjeta. Firmada como "Padre de la Navidad". Ahora lo eres.
—Podría hacerlo, amor. Lo haré.
Las voces de ambos se volvieron risas y besos, se juntaron en la nieve, en la tormenta y el bosque, fueron cuesta arriba de la montaña, donde los esperaba su destino.
Una pareja feliz puede engendrar bondad en todo el mundo.
- Prompt 12. Tarjetas de Navidad, Lazos, Buenos Deseos. Reto Calendario del Maldito Adviento 2019 -
