«Hellsing pertenece a Kouta Hirano»
«Este fic participa en el reto "Disney en la Mansión" del foro "La Mansión Hellsing"»
El 16 de junio había sido un día extraño.
No era algo que pudiese sentirse en el aire cual húmedo viento de futura tormenta. Tampoco podría describirse como un presentimiento de fatalidad floreciente bajo la piel.
No, no se trataba de algo digno de una novela épica, ni involucraba a la poesía trágica ¡Para nada!.
Sencillamente hubieron diferencias tan sutiles que nadie logró encontrar todas las anormalidades.
¿Les gustaría saber cuál fue la más memorable?..
El Caballero más longevo en la Mesa Redonda decidió mostrar el aprecio que sentía hacia los demás presentes después de haber terminado la reunión.
Brindó una paternal palmada en el hombro de Integra. Abrazó a Seras diciéndole "Siempre has sido una buena chica" y... le dedicó unas palabras a Alucard "No esperes nada de mí. Tú me das miedo". El Nosferatu río, aunque ni yo mismo puedo asegurar el porqué.
Otros pequeños detalles...
Integra se mostró muy pensativa.
Alucard expresó una inesperada franqueza.
Y Serás observó al fantasma errante de un Ganso Salvaje.
Entre aquellos pasillos su silueta aún rondaba. Opacó, grisáceo, semi-translucido. Olvidado y ajeno al curso del tiempo, eternamente con el mismo atuendo.
¿Como reaccionaron el 2X1 de Seras y Pip? Bueno... al mercenario se le cayó el cigarrillo de la boca y Seras sólo observó incrédula y casi perturbada la situación.
La Draculina y su familiar podrían haber intercambiado algunas palabras respecto al hecho, compartir dudas e inquietudes. Tal vez correr y darle alcance al espectro, averiguar hacia dónde se dirigía.
Mas no hicieron nada, callaron y retomaron su camino hacía los subterráneos.
¿La situación no les generaba curiosidad? ¡Por supuesto que sí! Pero también provocaba otros sentimientos en sus pechos, el dolor de un duelo jamás vivido, siempre pospuesto por deber y cobardía.
Sus actos serían distintos, sí el anima no perteneciera nadie conocido ¡Perseguirlo habría resultado divertido!.
Mientras Seras entraba al subterráneo, Alucard salía. Suspendieron su andar unos instantes. Desde su imponente altura el viejo vampiro observó a Seras, quién de manera automática cedió espacio para que él pasara.
—Esta noche han estado muy inquietos—.
Sin introducción previa al tema Seras se encontraba confusa.
—¿A quienes se refiere Maestro?—.
—No somos lo únicos que habitamos entre estas paredes. Pisamos tierra vieja, tierra que ha visto la sangre correr y la muerte llegar—.
¡Oh, Alucard! Su franqueza tan críptica dejó pasmada a Seras. Con el cerebro medio batido por el encuentro anterior le fue difícil descifrar el sentido de aquellas palabras.
—Los ha...¿Visto?—.
El vampiro retomó su andar. Victoria temió haber malinterpretado sus palabras, y la vergüenza de haber realizado una pregunta tonta la invadió.
—Sí, lo he hecho. Con más frecuencia que tú supondría—.
Desde el momento en que Alucard escuchó los pasos de Seras corriendo hacía él, reflexionó: le debía algunas explicaciones a la joven y esa noche se encontraba lo suficientemente animado para brindarselas
"¿Como?, ¿Porque?" ¡Tantas preguntas!. Encontrar la manera ideal para comenzar se complicó un poco. El silencio existente entre ambos estaba cargado de expectación.
—¿También podemos ver a los espíritus?—. Aquella pregunta parecía ser tan boba y digna de alguien que no presta la suficiente atención.
Al contrario, Alucard la consideró perfecta para comenzar con su narración.
—No todos, solamente nosotros. Tu y yo Seras, poseemos esa capacidad—.
¡Okey! Esa revelación alimentaba el fuego de la curiosidad en la Chica Policía. ¿Solo ellos?, ¿Porqué los demás no?.
—Los demás vampiros son ciegos ante los otros planos. Sus ojos siempre pertenecerán al mundo terrenal que no quisieron abandonar. Ver a los fantasmas o demonios no es parte de su naturaleza—.
¿Demonios?...
—Maestro ¿Que es lo que nos hace diferentes del resto?—.
El Nosferatu detuvo sus pasos, meditabundo. Sus próximas palabras eran estrechamente relacionadas a los recuerdos vagos de su primera muerte.
—Por la forma en que fui creado. No hubo alguna otra criatura similar que influyera en una conversión como en tu caso Seras Victoria.
Fue una creación, no una conversión.—. El Rey No-Muerto fue tan exacto como pudo sin la necesidad de entrar en detalles, más personales y específicos.
La joven tenía la necesidad de obtener más respuestas, saciar la inquietud que en su interior crecía.
Insistente sensación de estar frente a un enigma.
—¿Como le crearon Maestro?, ¿Quien lo hizo?—.
Alucard le observó, sonriendo con una ironía dirigida hacia si mismo. El fulgor rojo en sus ojos apareció, imitando las eternas llamas del subterráneo mundo destinado al castigo.
—Supondría que aquel trato con un demonio, cuyo nombre nunca me brindó, funcionó—.
¡Segunda batida de cerebro para Seras Victoria en ese día!
