"Este fic participa en el minirreto de abril para La Copa de la Casa 19/20 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Protagonista: Gregory Goyle
Tema del fic: Lo que le pasa al protagonista transformado en otra persona.
Palabras: 481
Beteado por: Miss Lefroy Fraser
Anotación: Este fic, al contener lenguaje vulgar y subido de tono, se publica fuera de "Miniretos de la Copa de las Casas", al tener un rated diferente.
LA NIÑA QUE HAY EN MÍ
En el fondo de su ser, Gregory se sentía feliz.
Pese a que era una imposición más de Malfoy (que disfrutase del poco tiempo que le quedaba como principito dorado), tomarse la poción multijugos y transformarse en una niña de once años le encantaba.
Incluso la poción no tenía tan mal sabor, le dejaba cierto regustillo a regaliz negro al final.
Había escogido una renacuaja, una estudiante de primero de larga melena negra. Así, podía dejar que Daphne o Tracey le hiciesen trencitas en el pelo, si no se las hacía él mismo.
Le salían unos moños que serían la envidia de McGonagall.
Podía ir andando por los pasillos dando saltitos. Le encantaba llevar faldas. Notar el frescor en el chochete era muy agradable. Odiaba los pantalones del colegio, ¿con qué diablos les lavaban, que picaban muchísimo y no podía parar de rascarse los huevos?
Además, parecía que a Crabbe —tan tragón como él— le daba igual la carne que el pescado. Aunque siguiese colando la quaffle por el «otro» agujero. A Gregory le daba igual en qué posición jugar. Era golpeador cuando disponía de bate y transformada en niña se turnaba para ser cazadora -jugando con las pelotas de un lado para otro- o «marcarse un Potter»: Atrapar la snitch con la boca.
Al menos, en caso de que les pillasen, no sería tan bochornoso para ambos: estarían viendo una pareja hetero. Aunque no ya sabían dónde esconderse desde hacía años.
Ya se encargaban entre ellos de darse las recompensas, después de hacerle la guardia a Malfoy.
Eso sí, o aprendían de una vez el hechizo antifricción, o se iban a dejar una pasta en vaselina. Porque una cosa era cuando Vin se la enchufaba por detrás en su propio cuerpo pero, otra cosa muy diferente, en ese cuerpecillo femenino. Porque, cuando volvía a su ser, le dolía al cagar.
Lo que más echaba en falta —y Vin ya se lo había dicho en varias ocasiones— eran sus tetas.
Su «proveedora» aún no se había desarrollado y las tenía más pequeñas que él. Aunque claro, también era una ventaja ser tan flexible y delgadita.
Lo único que odiaba, cuando realmente lo pasaba mal, era si se acercaba alguien por el pasillo.
Se llevó un susto terrible cuando Potter y compañía pasaron por allí. Al menos no tuvo que comprarse otra balanza. La sangresucia de Granger se la había arreglado con el hechizo reparador.
La gente que le veía algo taciturno, cuando estaba en su cuerpo real, no era porque le fuese mal en las clases o estuviese agobiado por los deberes.
Era que se estaba acabando la poción que habían robado.
Tendría que dejar de tomarla por diversión y debería utilizarla sólo para realizar la puñetera misión de guardia.
¿Tal vez podría conseguir más en el mercado negro?
Sí… seguro que encontraría a alguien que aceptase el pago en especie.
