No todos son lo que aparentan ser.
Me llamo Sakura Haruno. Tratar de no llamar mucho la atención es algo que se me da muy bien. Lo hago tan bien que nadie nota que estoy ahí, a pesar de mi color llamativo de cabello. En un salón de clase existe una regla inaudita asignada por el destino: siempre hay un muchacho que es imperativo, un muchacho que es codiciado e inteligente, una muchacha tímida, una muchacha que es increíblemente hermosa y sobresaliente, y una chica que es un 'cero', esa que es como un personaje de relleno. Esa soy yo. Tengo esa extraña peculiaridad de existir sólo por momentos. Es porque me aterra llamar la atención. Me aterra dar mi opinión sobre algún tema ya que me horroriza decir algo estúpido. Mi peor pesadilla es que me equivoque mientras que todo el mundo me mira, y luego se rían de mí. Por eso aunque me sepa la respuesta jamás levanto la mano cuando el profesor realiza una pregunta. En ocasiones le digo la respuesta a mi amigo para que la responda por mí, y sonrío de satisfacción al saber que siempre es correcta, a pesar de no ser yo quien obtenga el crédito.
—La única que no reprobó el examen fue Maruno.
—¿Maruno? ¿Quién es esa?
—Sakura Maruno o Haluno, algo así se llama…
—¿Ah? ¿Hay alguien llamado así en nuestro salón?
—Sí, la frentona que es como una tabla de planchar, que su cabello es como una gran bola de chicle.
—Ah… ¿Esa despeinada se llama Sakura? Pff no sabía. Bueno, tampoco me importa, su cabello me da un poco de asco, jajaja.
Cuando escucho a mis compañeros hablar mal de mí, jamás hago algo para defenderme. No porque tenga la ideología de que no valga la pena insultar a un par de chicas sin cerebro, sino porque me da turbación. Si hay algo peor que hacer el ridículo para mí, es pelear con una persona, tanto verbal como físicamente. También tengo esa extraña peculiaridad de ser la mejor estudiante de la clase pero cuando me insultan mi mente se coloca en blanco y no sé qué responder. Por eso jamás busco problemas.
—Oye niña, mira por donde caminas.
—Lo lamento.
También suelo disculparme muy a menudo. Es mi frase favorita, por cierto la digo como quince veces en un día. No soy una chica de muchas palabras, y los pocos que saben de mi existencia saben que es así. Pero diferentemente de la Sakura que ve la gente, tengo una mente muy abierta. Soy otaku, gamer y mangaka aficionada. También me gusta hacer cosplay, pero nada más en la soledad de mi cuarto donde sólo yo puedo mirarme al espejo luciendo las ropas de mis personajes favoritos. Esa es la verdadera yo. Pero nadie sabe que me gustan esas cosas.
—Sakura-chan. —El chico rubio de ojos azules y cabello despeinado es mi amigo de la infancia. Es el único con el cual me comunico fluidamente. Pero tampoco es que somos apegados, nuestra relación es algo que no va más allá de un saludo, una charla rutinaria y una despedida—. ¿Tienes planes hoy en la tarde?
—Lo lamento Naruto, tengo que asistir a un curso. —Mentí sonriendo. En realidad no mentí del todo, la verdad es que tengo la tarde ocupada, pero no estoy en ningún curso. La verdad es que prefiero ver anime que salir con Naruto y sus amigos. Ya lo he hecho antes y siempre me siento como la quinta pata del gato.
—Ahh, que lástima. Pues si te desocupas voy a estar en el parque con unos amigos. —Me dijo. Yo asentí y sonreí.
Caminé de largo por el solitario pasillo del instituto. Lo único que puedo pensar cuando es viernes y las clases terminan es que en mi casa me está esperando mi PS4 y mis animes. En ese preciso instante mi mente estaba demasiado ocupada pensando en el nuevo videojuego que había comprado días antes. Sin embargo un sonido proveniente de un salón me distrajo. Se suponía que los salones ya deberían estar vacíos a esas horas, así que me extrañé y decidí echar un vistazo. Mis pies sigilosos se acercaron a la puerta donde provenía el ruido, y me incliné para ver lo que sucedía adentro.
Unas chicas estaban molestando a Hinata. Hinata Hyûga es la chica más tímida del salón. De todo se sonroja y siempre baja la cabeza cuando están hablando con ella. Pero claro, aun así ella es más llamativa que yo, y como no serlo si tiene un cuerpo de modelo, unos ojos hermosos y un cabello brillante y peinado. Las chicas suelen molestarla ya que le tienen celos.
Pude ver desde la puerta que aquellas dos chicas sólo la estaban molestando. Pero si la situación seguía así de seguro le harían algo más a la pobre Hinata. He aquí una difícil decisión para mí. "¿Hago como si no hubiese visto nada y simplemente sigo de largo? ¿O hago el intento de ayudarla?" Pensé.
De todos modos fue muy tarde para escoger. La puerta se abrió como por jodida arte de magia mostrando mi posición. En ese tipo de situación mi corazón suele latir más deprisa haciendo que me sonroje, también empiezo a sudar y me quedo petrificada. Por suerte en esa ocasión las chicas que molestaban a Hinata salieron del salón sin decir una palabra. Yo tampoco dije nada.
Entré al salón y pude notar que Hinata estaba temblando y unas lágrimas recorrían sus mejillas. Estaba muy vulnerable, como si en cualquier momento fuese a romperse. Creí que Hinata era del tipo de persona que es frágil de mente, ellas tienen la desventaja de ser manipuladas psicológicamente y se les puede hacer llorar con facilidad. Al observarla sentí un inconsciente impulso de acariciarle la cabeza maternalmente y decirle que todo está bien, pero yo no tenía la suficiente confianza para hacerlo, así que sólo me acerqué y sonreí.
—Hinata, no le prestes atención a lo que esas estúpidas te digan —le dije con voz suave, consiguiendo que me viera fijamente—. Te molestan ya que te tienen envidia porque eres más bonita que ellas.
Mi cometido de calmar su llanto surgió efecto. El ambiente se tranquilizó bastante cuando Hinata dejó de temblar.
—G-gracias p-por haberme s-salvado… —susurró dibujando una sonrisa de agradecimiento en su rostro—. E-en verdad t-tenía mucho miedo… —Se limpió las lágrimas.
—No hay de que Hinata. —sonreí.
—O-otras personas p-pasaron al frente del salón, p-pero n-ninguno se detuvo a ayudarme —susurró cabizbaja—. S-sólo tú, Sakura Haruno-san.
Abrí mis ojos sorprendida. ¡Sabía mi nombre! Se lo sabía completo. A pesar de ser algo poco importante significó mucho para mí. Me costó mucho comprender como es que alguien podía ser capaz de hacerle daño a ese angelito indefenso. Lamentablemente los más fuertes suelen atacar a los más débiles.
—Ya voy de salida —comenté. Hinata alzó la vista y ladeó la cabeza—. Si quieres nos vamos juntas. —propuse.
—P-primero… ¿M-me permites mostrarte algo?
Ahora era yo la que ladeaba la cabeza. Me pregunte que qué cosa sería aquello que me quería mostrar Hinata. La curiosidad me invadió y decidí quedarme un momento más junto a Hinata. Ella cerró la puerta del salón y luego sacó un objeto de su mochila, envuelto con un pañuelo. Seguidamente ella permaneció inmóvil por un buen periodo de tiempo, mirando al objeto que tenía entre las manos. Me pareció eterno el momento que permaneció allí en silencio. Sólo supuse que aquello que mantenía en sus manos era lo que me quería mostrar.
—¿Hinata? —nombré algo confundida—. ¿Sucede algo?
Hinata no alzó la vista en ningún momento. Ella descubrió el objeto hasta que finalmente pude ver que se trataba de un cuchillo mediano y muy afilado. De repente Hinata empezó a reír.
Yo alcé una ceja confundida y di unos pasos hacia atrás. No era gracioso. Si esa era una broma, no era para nada graciosa. Hinata empuñó el cuchillo en su mano y empezó a acercarse hacia mí. Mi mente se tornó en blanco a partir de ese momento.
—¿Q-qué sucede Haruno-san? ¿No te agrada mi juguete? —Preguntó Hinata mostrándome su cuchillo mientras ponía un gesto de inocencia.
Yo negué con la cabeza. A esa distancia no tuve el valor de pronunciar alguna palabra, incluso traté de silenciar los desenfrenados latidos de mi corazón. Hinata empezó a reírse de mí, luego volvió a poner el gesto de inocencia mientras jugaba con el cuchillo entre sus manos.
—Te voy a contar un secreto, pero no se lo digas a nadie, ¿Ne? —Me dijo picándome un ojo. Yo asentí de manera casi automática. Estaba completamente asustada, pero no podía correr porque estaba paralizada—. Pues… a mí me gusta Naruto Uzumaki, pero a él le gusta otra chica, ¿A que no adivinas quién es?
No podía pensar en nada, mi mente estaba en blanco. Incluso me costaba respirar.
—Te voy a dar unas pistas: Es fea, sonríe hipócritamente y tiene el cabello rosado… ahm, y es como si no existiese —Indicó Hinata con un tono de voz suave e inocente—. No sé porque a Naruto-kun le gusta esa chica, pero ella no lo merece, y soy capaz de arrebatarle la poca existencia que tiene con tal de no ver a Naruto-kun con ella; de todas formas nadie se daría cuenta si desapareciera. ¿Entiendes?
Mi mente seguía en blanco.
—N-no entiendo… —Mis ojos abiertos y humedecidos seguían el movimiento del cuchillo entre sus manos—, no sé a qué te refieres, Hinata.
—¿Eh? Y yo que pensé que eras la chica más inteligente de la clase —Dijo girando los ojos con fastidio—. Ven acércate, no tengas miedo, acércate para decírtelo al oído, para que nadie escuche… —Hinata se acercó lentamente a mi oído, y yo no me moví ni un centímetro—. ¡SI TE ACERCAS A NARUTO-KUN TE MATARÉ COMO A UNA MALDITA CUCARACHA! —Me gritó en el oído con todo el odio que alojaba en su ser.
El susto me hizo caer al suelo. Escuché la risa burlona de Hinata justo antes de alzar la vista, pero preferí seguir en el suelo sin mirarla. Entonces Hinata se agachó y se acercó a mi rostro con el gesto que desde entonces observo en todas mis pesadillas.
—¿E-entiendes, H-Haruno-san? —preguntó, esbozando una tierna sonrisa.
—Sí… —Yo sólo pude asentir.
Hinata también asintió, ensanchando su sonrisa. Seguidamente se levantó y tomó su mochila. Yo aún seguía en el suelo tratando de entender lo que acababa de suceder. No me di cuenta cuando Hinata estaba de pie frente a mí, tendiéndome su mano para ayudar a levantarme. Obviamente yo no permití que me ayudara, pero de todas formas ella hizo una reverencia ante mí mientras se sonrojaba levemente, como la falsa Hinata solía hacerlo.
—L-lamento mucho haberte c-causado m-molestia… —indicó con su típico tartamudeo. Luego alzó la cabeza y dibujó una sonrisa—. G-gracias por h-haberme s-salvado, H-Haruno-san…
