El pueblo "No me cuestiono nada" era un pequeño pueblo perdido entre las montañas y rodeado por un bosque por el cual pasaba un pequeño riachuelo. El pueblo pertenecía al Reino cuya capital estaba cruzando la montaña.
El pueblo se dedicaba en su mayoría a la pesca y la agricultura aunque también era conocido por sus telares, unas bonitas telas con encantadores diseños en los bordes.
En este mismo pueblo siempre a las tres de la tarde, todos los días, llegaba a la plaza del pueblo, un hombre joven, el cual instalaba su puesto de marionetas junto a la fuente.
Era un hombre muy joven y hermoso, no aparentaba más de 17 años, lucia una bonita ropa y lo más característico de él, era un rizo que parecía cambiar de expresión coincidiendo con el joven.
Nada más término de armar su miniteatro, las personas de alrededor se fueron acercando al puesto a oír las historias del muchacho. Y las que no estaban en la plaza iban saliendo de sus casas para dirigirse de inmediato junto a sus hijos.
El pueblo estaba muy lejos de la capital y rara vez se podía ver un mensajero así que tendían a entretenerse con lo podían si querían descansar del trabajo.
Y una de las formas de entretenimiento era el hombre de las marionetas quien les contaba historias populares de su cultura y la cultura invasora a la que ahora servían.
— Muy buenas tardes a todos, espero que hayan comido bien y esten listos para una historia.
— ¡Si! — rugieron todos.
— ¡Cuenta la del Chef Goloso! — gritaron unos.
— ¡No! ¡La de la mujer del pozo! — replicaron varios.
— ¡De ninguna manera! ¡Que sea la de la princesa de la torre más baja! — gritaron otros.
— Tranquilos, tranquilos. El increíble Im Yoong Soo pensara en una linda historia que guste a todos.
Mientras las gentes esperaban en silencio la historia y pedían en sus mente que Im eligiera la que cada uno quería, unos niños de unos doce años llegaban gritandose el uno a otro.
— ¡No, callate! ¡Eres un pesado! ¡Envidioso! — gritaba uno de los niños, el cual tenía hermosos ojos verdes y tenía dos mechones colgando de su cabeza.
— ¡No soy envidioso! — le gritaba el otro niño, el cual era muy similar pero con rasgos más delicados y cuyo cabello simulaba los cuernos de un carnero.
— ¡Si que lo eres! ¡Eres un envidioso! — le seguía gritando.
— ¡Sabias que me tocaba a mi jugar con Maddie, no a ti! ¡Era mi turno! — le replicaba el de cabello de carnero. — ¡Era mi turno!
— ¡Ja! ¡No es mi culpa que ella prefiera jugar conmigo! — se burlaba el más mayor.
— ¡No es verdad! ¡Yo le gusto más! — le replicó.
— ¡No, yo le gusto más! ¡Soy fuerte!
— ¡Si, pero más feo! ¡Yo soy más lindo!
— ¡Niños, ya dejen de pelear! — les grito a ambos su padre. — ¡Por Dios! ¡¿No pueden comportarse?! — regaño a ambos. — ¡Si no se comportan bien, entonces no los sacaré nunca más! — les amenazó mientras les agarraba de la oreja a ambos.
El sujeto era un hombre rubio con un cabello rebelde que tenía los ojos verdes y unas distinguidas cejas pobladas como las de sus hijos, de tal palo tal astilla.
Cuando ya estuvieron cerca del teatro se quedaron tiesos al ver que todos ,sobretodo el hombre de las marioneta, los observaban haciendo avergonzarse al padre y confundir a los niños.
— Creo que ya se, me recordé una historia perfecta para hoy. — dijo consiguiendo nuevamente la atención de todos. — Os contaré la historia del Hombre de Porcelana. Esta es una historia real, la oí de boca de mi padre ya que él lo conoció y fue un amigo suyo. — les dijo con voz calmada. — Ahora, atentos. Como es por el día oireis una versión más dulce pero si sois curiosos ya sabéis el lugar y la hora para oír la versión real.
Eso era lo que decía siempre, por la tarde cuando el sol brilla se oye la versión más infantil y llevadera; y por la noche cuando ya el sol se fue, se destapa la dura realidad.
—Bien, pues iniciemos. — dijo mientras tomaba los muñecos y se metía dentro del miniteatro. — El hombre de porcelana. — dijo en voz alta y las cortinas se abrieron.
Había se una vez, en el reino vecino o en nuestro reino, mi padre es un hombre muy mayor que ya no recuerda bien.
En fin, una reina hermosa que allí habitó, un día peculiar de eclipse primaveral dió a luz a dos hermosos gemelos.
Uno de ellos tenía los ojos más bellos, la piel más blanca y los rizos más hermosos que jamás había visto en su vida, por ello lo nombraron Matthew que significa regalo de Dios.
El otro nació fuerte y vigoroso y con ojos tan claros como el agua, cuando sonrió fue lo más hermoso que vieron y por ello lo nombraron Alfred que significa el Consejero Sabio.
— Hermano, mira esta mariposa ¿es linda, verdad? — le dijo enseñando le la mariposa que descansaba en su mano.— Es hermosa, hermano. — le sonrió a su gemelo.
— Si, pero no tan linda con tú. — le sonrió.
— Gracias, hermano. — le sonrió Matthew a su gemelo. — Por cierto, la nodriza dijo que ya fuéramos a merendar.
— ¡Viva, merienda! ¡Te echo una carrera! — dijo mientras salía corriendo.
— ¡Alfred, esperame! — le gritaba mientras lo seguía.
Ambos niños crecieron en alegría, prosperidad y abundancia pero había una clara diferencia entre ambos.
Mientras uno brillaba como el sol y era visto por todos como un futuro rey; el otro no era más visto que como una cara bonita, el sueño de todo pintor, y ahí se quedaba su descripción.
Mientras de uno decían a gritos:
— ¡Que niño más valiente y listo! ¡Sera un gran rey!
Del otro solo decían:
— ¡Que niño más hermoso!
Y así transcurría la vida de los dos gemelos y hubiera seguido siendo tranquila si hubieran seguido siendo niños.
Pero cuando ambos crecieron, las ambiciones también lo hicieron.
— ¿Mattie? ¿Que lees? — preguntó su gemelo.
— Oh, es un libro sobre la historia del reino, es realmente interesante. — respondió con calma. — ¿Y tu?
— Oh, estoy leyendo algo sobre la Filosofía de Descartes o algo así. Es bastante aburrido, estoy deseando que acabe la hora y poder ir a practicar la espada. — le respondió cansado. — ¿Que harás hoy?
— Oh, tengo clase de Filosofía; después tengo clase de idiomas; luego iré a visitar a unos escritores, me han dicho que tienen obras maravillosas que gustarían que leyera ;y para acabar el día iré a ver a los generales, quisiera aprender algunas tácticas militares, si puedo claro. — sonrió para si mismo.
— ¿Por qué harías eso? — preguntó confundido.
— Hmm, porque debo estudiar para ser rey. — le sonreía su gemelo.
Ante las respuesta de su hermano, Alfred solo pudo estallar en carcajadas.
— Jajaja, Mattie. ¿No hablas en serio, cierto? — decía entre risas, Alfred.
— No entiendo porque te ríes. — preguntó confundido.
— Ay, Mattie. — le dijo mientras le acariciaba la cabeza. — Todos saben que papá me dará el trono a mí. El mismo lo dice en cada cena. — comentó mientras se acercaba a abrazarlo. — Pero no te preocupes, yo te cuidare muy bien. Así que no tienes que preocuparte. — le decía con voz amable mientras besaba su frente. — Yo te voy a proteger. Soy el héroe después de todo.
— No necesito que lo hagas, se cuidarme solo. — dijo mientras lo empujaba y salía de la habitación con su libro en manos.
— ¡Vale! ¡Haz lo que quieras, pero sabes que es verdad! — le grito desde dentro.
Dos años pasaron y de tener catorce pasaron a tener dieciséis.
Meses anteriores al cumpleaños de los gemelos se había desatado un conflicto Civil en el Reino vecino tan grande que el padre de ambos tuvo que asistir en auxilio del gobernador de aquél sitio.
Un conflicto de hermanos si lo vieran ojos más simples; pero en realidad había sido un choque de ideales y pensamientos.
Uno abogaba por las innovaciones y él otro por la tradición.
Todo ello había desatado un conflicto que todavía continuaba, el cuál ya se cobró la vida de muchos.
Y como efectos colaterales más generales, se había aumentado la persecución de los partidarios de ideas opuestas al régimen y se había impuesto un régimen más duro.
Y como efecto colateral más personal, a Matthew se le prohibió seguir relacionándose con sus amigos que en su mayoría eran partidarios de esta ideología, además se le prohibió seguir estudiando por si algunas vez quisiera enfrentarse a su hermano.
En aquel cumpleaños, ambos príncipes entraron pero con una diferencia clara, una diferencia que nunca había tenido en su vida.
Uno entró antes que el otro.
El primero fue recibido con aplausos y ovaciones, Alfred inició la carrera militar el año pasado y había progresado mucho según los generales.
El segundo sin embargo fue recibido por miradas enamoradas que recorrían cada parte de su ser, deleitandose con su cuerpo y anhelando lo en su mente.
Algunos con envidia,otros con tanta lujuria que lo devoraban con la mirada.
Eso lo incómodo.
Mientras la fiesta continuaba, y llegada la hora del baile, el joven Matthew observaba que a pesar de lo mucho que lo intentaron desnudar con los ojos cuando llegó la danza, esas personas prefirieron bailar con su hermano y admirar lo a él.
Una muy pequeña parte de él se sentía aliviada; una cantidad considerable de él, sin embargo, se llenaba de envidia y de ira; y el resto, que superaba a ambas partes, le gritaba que dejara de envidiar, pues quien bailaba era su hermano más amado.
— Mattie, ven aquí. — le llamaba su hermano. — Vamos a ver las estrellas, el mago va a hacer un espectáculo increíble.
— ¿De verdad? — preguntó confundido. — No quiero que te aburras y fastidiar tu fiesta por mi culpa.
—Nuestra fiesta. — corrigió su gemelo. — Y jamás me aburro contigo, anhelo verte feliz y que disfrutes tu también del cumpleaños. — le sonrió mientras lo invitaba a entrar a Palacio otra vez, cosa que aceptó.
— Gracias, Alfred. — susurró mientras entraban.
Los meses pasaron y con ellas, las esperanzas de Matthew de si quiera besar la alfombra del trono.
Su último intento fue un discurso en el cual alababa las posibilidades de las innovaciones durante los festivales de la victoria del enfrentamiento hace unos meses, pero su discurso causó todo menos empatía y afecto a su ideología.
Tuvieron que sacar a la familia real entre abucheos de campesinos y miradas furtivas de la nobleza hacia el joven infante de cuyo nombre nunca recordaban pero cuya belleza siempre amaban.
— ¡¿Que crees que estabas haciendo?! — le gritó su padre mientras lo sacudía del brazo. — ¡¿Eres idiota o que te pasa?! ¡Con tu insensatez has puesto en peligro tu vida y la de tu familia!— le dijo mientras lo golpeaba en su rostro. — ¡No estas orgulloso de tu legado familiar! ¡¿Es eso?!
— ...Lo lamento. — dijo entre gemidos y lágrimas por el dolor recibido.
— ¡Te mataría si no fueras hijo mío! ¡A la próxima vez que vuelvas a hacer eso, lo consideraré tal vez! — le gritaba mientras lo tomaba del cuello de su elegante traje. — ¡Seras desterrado! ¡¿Te quedó claro?!
— ¡Ya déjalo en paz! — interrumpió su gemelo. — ¡Ya ha tenido suficiente! ¡¿No te parece?!
— ¡¿Como te atreves a hablarle así a tu padre?! ¡Malcriado!
— ¡Si le hablas así a mi hermano, tengo todo el derecho a hacerlo yo también! ¡Vete y déjalo en paz!
El rey entonces abandono la habitación viendo ya innecesario seguir castigando al joven, el chico ya había sido traumado por esa humillación y no sería una amenaza futura.
Ante ello, Alfred tomó a Matthew en brazos y lo abrazó.
— Ya, ya. — le decía en voz suave mientras lo consolaba. — Ya estoy aquí.
Ante ello, Matthew entró en llanto pero se sintió protegido y no le importo mucho manchar de lágrimas y mocos el traje de su hermano. A Alfred tampoco le importaba si su hermano era feliz.
Pasaron los años, y su hermano Alfred contrajo matrimonio con una mujer de nombre Alice Kirkland.
Alice quedó prendada de la belleza del gemelo de Alfred, a quien consideró molesto.
Matthew sin embargo era amable, hermoso y paciente. Era el hombre que ella quería así que un día lo invitó a su habitación.
Ante la invitación, Matthew aceptó.
Lo cual alegro el alma de la joven.
Pero el muchacho fue a avisar a su hermano de la infidelidad que quería realizar su prometida y aquel día Matthew fue el hombro donde pudo llorar y desahogarse Alfred.
Tiempo después, tanto Alfred y Matthew se casaron con mujeres que ambos amaban y vivieron felices por siempre jamás.
Alfred reinando y Matthew aconsejando lo.
Si la moraleja no la visteis, es sencilla, intenta tratar bien a los demás y ellos en el futuro te devolverán el favor.
Y si lo pensáis bien, todo pudo haber acabado en tragedia, más no fue así pues las acciones la guiaron a un lindo final.
— ¿Os gusto? — preguntó al público a lo que todos dijeron que sí.
Los dos hermanos se voltearon y se miraron a los ojos.
— Perdóname. — se disculpo el niño de dos mechones. — He sido un egoísta. Hoy te tocaba a ti jugar con Madeleine.
— No, perdoname tú. Maddie puede jugar con quiera, siento haberte gritado.
— Igual yo. — respondió mientras abrazaba a su hermano
Su padre observaba con una sonrisa a ambos niños y se acercó al dueño de las marionetas aún con un ojo en sus pequeños.
— Como dicen en la nobleza, su actuación ha sido maravillosa.
— ¿Un noble vino a ver mi actuación? Me siento honrado. — agradeció el joven.
— Noble a penas, designame como burgués. — le respondió el padre. — Entonces, ¿donde puedo oír la historia real? Verá, esa historia esta algo enlazada a mi familia. Y me gustaría saber si en su relato pudiera encontrar información sobre algo.
— Oh, ya veo. A las diez de la noche acérquese a la cabaña que esta mas cercana al bosque pero no entre en el bosque, ahí vive la Bestia. — comentó entre risas.—Ahí oirá la verdadera historia. — informó con una sonrisa.
— Gracias. Esto significa mucho para mi. — le agradeció el padre.
— No hay de que. — le dijo mientras lo observaba irse con sus hijos.
El hombre llegó donde las indicaciones aseguraban se encontraba el lugar.
Había dejado a sus hijos en casa, ambos dormidos y con la niñera vigilandolos.
Claramente no los iba a llevar, la historia que oyeron en la tarde era diferente, la de la noche no era apta para niños.
Estaría de más decir que el padre se reía para sus adentros con el final de la versión de la tarde.
Había oído esa historia muchas veces y en todas sus versiones siempre acababa en tragedia.
Esta noche iba a oír otra versión que esperaba fuera la real. Había tantos misterios de su familia que le gustaría saciar por fin.
La cabaña parecía más bien una casa muy vanguardista y con un diseño alocado. Pero no se cuestionó mucho la casa, no había venido por eso.
Se acercó más y observo que había otros hombres y mujeres esperando para entrar así que se colocó a la fila.
La puerta se abrió y les dio la bienvenida Im Yoon Soo.
— Bienvenidos, mis niños de hace muchos años. Acompañenme, y dejen sus abrigos, si gustan, a mi mayordomo.
Ante ello, todos pasaron por la puerta, cada uno dejando sus cosas al mayordomo.
Este era un hombre delgado y alto que tenía el rostro tapado pero estaba muy bien vestido. De punta en blanco se diría.
— Bienvenidos, señores. — saludaba a todos y mientras tomaba los abrigos.
— El Teatro esta por acá así que siganme. — indicó Im mientras avanzaba por una puerta en dirección al sótano. — Y por favor, quédense en sus asientos y no suban al teatro. Arruinarían la obra. — les aviso mientras sonreía.
El teatro no era como el teatro de marionetas, no. Era un teatro gigante y muy bien arreglado.
Los asientos parecían de lo más cómodos y así eran.
Todos tomaron asiento.
El padre a lo lejos observo que el hombre de las marionetas se sentaba al lado de su mayordomo quien acababa de regresar de guardar las cosas.
Im, mientras miraba en dirección al escenario, pasaba un brazo sobre el hombro de su mayordomo e intentaba palpar su pecho, a lo que el mayordomo se apartaba con sutileza y le apretaba la mano como aviso del mucho daño que le podría hacer si seguía molestandolo.
El padre decidió no cuestionarse nada, pues no estaba ahí para juzgarlos a ellos sino a la obra.
Las cortinas se corrieron y la diferencia entre ambos teatros se hizo notable, pues en vez de marionetas o actores que seria lo normal, había muñecos de madera que andaban solos y uno de ellos, muy parecido a Im, estaba dando inicio a la obra.
Ni el hombre ni los presentes se cuestionaron mucho lo que estaba sucediendo, cosas más locas habían pasado.
Había se una vez, en el reino vecino o en nuestro reino, mi padre es un hombre muy mayor que ya no recuerda bien.
En fin, una reina hermosa que allí habitó, un día peculiar de eclipse primaveral dió a luz a dos hermosos gemelos.
Uno de ellos tenía los ojos más bellos, la piel más blanca y los rizos más hermosos que jamás había visto en su vida, por ello lo nombraron Matthew que significa regalo de Dios.
El otro nació fuerte y vigoroso y con ojos tan claros como el agua, cuando sonrió fue lo más hermoso que vieron y por ello lo nombraron Alfred que significa el Consejero Sabio.
— Hermano, mira esta mariposa ¿es linda, verdad? — le dijo enseñando le la mariposa que descansaba en su mano.
— Es hermosa, hermano. — le sonrió su gemelo.
— Si, pero no tan linda con tú. — le sonrió.
— Gracias, hermano. — le sonrió Matthew a su gemelo. — Por cierto, la nodriza dijo que ya fuéramos a merendar.
— ¡Viva, merienda! ¡Te echo una carrera! — dijo mientras salía corriendo.
— ¡Alfred, esperame! — le gritaba mientras lo seguía.
Ambos niños crecieron en alegría, prosperidad y abundancia pero había una clara diferencia entre ambos.
Mientras uno brillaba como el sol y era visto por todos como un futuro rey; el otro no era más visto que como una cara bonita, el sueño de todo pintor, y ahí se quedaba su descripción.
Mientras de uno decían a gritos:
— ¡Que niño más valiente y listo! ¡Sera un gran rey!
Del otro solo decían:
— ¡Que niño más hermoso!
Y así transcurría la vida de los dos gemelos y hubiera seguido siendo tranquila si hubieran seguido siendo niños.
Pero cuando ambos crecieron, las ambiciones también lo hicieron.
— ¿Mattie? ¿Que lees? — preguntó su gemelo.
— Oh, es un libro sobre la historia del reino, es realmente interesante. — respondió con calma. — ¿Y tu?
— Oh, estoy leyendo algo sobre la Filosofía de algún tipo o algo así. Es bastante aburrido, estoy deseando que acabe la hora y poder ir a practicar la espada. — le respondió cansado. — ¿Que harás hoy?
— Oh, tengo clase de Filosofía; después tengo clase de idiomas; luego iré a visitar a unos escritores, me han dicho que tienen obras maravillosas que les gustarían que leyera ;y para acabar el día iré a ver a los generales, quisiera aprender algunas tácticas militares, si puedo claro. — sonrió para si mismo.
— ¿Por qué harías eso? — preguntó confundido.
— Hmm, porque debo estudiar para ser rey. — le sonreía su gemelo.
Ante la respuesta de su hermano, Alfred solo pudo estallar en carcajadas.
— Jajaja, Mattie. ¿No hablas en serio, cierto? — decía entre risas, Alfred.
— No entiendo porque te ríes. — preguntó confundido.
— Ay, Mattie. — le dijo mientras le acariciaba la cabeza. — Todos saben que papá me dará el trono a mí. El mismo lo dice en cada cena. — comentó mientras se acercaba a abrazarlo. — Pero no te preocupes, yo te cuidare muy bien. Así que no tienes que preocuparte. — le decía con voz amable mientras besaba su frente. — Yo te voy a proteger. Soy el héroe después de todo.
— No necesito que lo hagas, se cuidarme solo. — dijo mientras lo empujaba y salía de la habitación con su libro en manos.
— ¡Vale! ¡Haz lo que quieras, pero sabes que es verdad! — le grito desde dentro.
Dos años pasaron y de tener catorce pasaron a tener dieciséis.
Meses anteriores al cumpleaños de los gemelos se había desatado un conflicto Civil en el Reino vecino, tan grande que el padre de ambos tuvo que asistir en auxilio del gobernador de aquél sitio.
Un conflicto de hermanos si lo vieran ojos más simples; pero en realidad había sido un choque de ideales y pensamientos.
Uno abogaba por las innovaciones y él otro por la tradición.
Todo ello había desatado un conflicto que todavía continuaba, el cuál ya se cobró la vida de muchos.
Y como efectos colaterales más generales, se había aumentado la persecución de los partidarios de ideas opuestas al régimen y se había impuesto un régimen más duro.
Y como efecto colateral más personal, a Matthew se le prohibió seguir relacionándose con sus amigos que en su mayoría eran partidarios de esta ideología, además se le prohibió seguir estudiando por si el futuro quisiera enfrentarse a su hermano.
En aquel cumpleaños, ambos príncipes entraron pero con una diferencia clara, una diferencia que nunca había tenido en su vida.
Uno entró antes que el otro.
El primero fue recibido con aplausos y ovaciones, Alfred inició la carrera militar el año pasado y había progresado mucho según los generales.
El segundo sin embargo fue recibido por miradas enamoradas que recorrían cada parte de su ser, deleitandose con su cuerpo y anhelando lo en su mente.
Algunos con envidia,otros con tanta lujuria que lo devoraban con la mirada.
Eso lo incómodo.
Mientras la fiesta continuaba y llegada la hora del baile, el joven Matthew observaba que a pesar de lo mucho que lo intentaron desnudar con los ojos, cuando llegó la danza, esas personas prefirieron bailar con su hermano y admirar lo a él.
Una muy pequeña parte de él se sentía aliviada; una cantidad considerable de él, sin embargo, se llenaba de envidia y de ira; y el resto, que superaba a ambas partes, le gritaba que dejara de envidiar, pues quien bailaba era su hermano más amado.
La noche avanzó y nadie lo había sacado a bailar por lo que salió al jardín, total, a nadie le importaría si desaparecía de la fiesta.
Mientras paseaba por los jardines de palacio observaba y acariciaba las rosas.
— No entiendo nada, ha sido así desde siempre. Entonces...¿por que me comportó como una patética princesa de cuentos viejos? — dijo entre lágrimas. — Genial, ahora lloró como una.
Los meses pasaron y con ellas, las esperanzas de Matthew de si quiera besar la alfombra del trono.
Su último intento fue un discurso en el cual alababa las posibilidades de las innovaciones durante los festivales, pero su discurso causó todo menos empatía y afecto a su ideología.
Tuvieron que sacar a la familia real entre abucheos de campesinos y miradas furtivas de la nobleza hacia el joven infante de cuyo nombre nunca recordaban pero cuya belleza siempre amaban.
— ¡¿Que crees que estabas haciendo?! — le gritó su padre mientras lo sacudía del brazo. — ¡¿Eres idiota o que te pasa?! ¡Con tu insensatez has puesto en peligro tu vida y la de tu familia!— le dijo mientras lo golpeaba en su rostro. — ¡No estas orgulloso de tu legado familiar! ¡¿Es eso?!
— ...Lo lamento. — dijo entre gemidos y lágrimas por el dolor recibido.
— ¡Te mataría si no fueras hijo mío! ¡A la próxima vez que vuelvas a hacer lo consideraré tal vez! — le gritaba mientras lo tomaba del cuello de su elegante traje. — ¡Seras desterrado! ¡¿Te quedó claro?!
— Si... — dijo entre gemidos e hipos causados por el dolor en su mente y corazón.
El padre abandonó la habitación y enseguida entró el hermano.
El hermano lo miro magullado y lo abrazo de inmediato mientras acariciaba su cabeza.
— ¿Por que lo has hecho? — le preguntó entre lágrimas. — ¿Por qué lo hiciste?
— Quería mostrar una alternativa...una mejor para todos.
— Querías demostrar que podías ser rey. — le afirmo su hermano a lo que su gemelo se quedó mudó. — Pero no lo vas a ser nunca. — le dijo con una sonrisa mientras limpiaba con una tela las lágrimas de su gemelo. — Y ésto es una muestra de porqué nunca lo seras, espero que hayas aprendido la lección. — le dijo a lo que Matthew volteó la cabeza a otro lado pero Alfred con su mano lo forzó a que lo viera a los ojos. — Déjame el papel de rey a mí. Y tú concentrate para lo que naciste, concéntrate en seguir siendo hermoso. — le decía con lágrimas y voz suave. — No vales para la guerra ni la política pero vales mucho para la pintura, esfuerzate en ser útil en la belleza. ¿Lo entiendes?
— Esta bien. — obedeció con lágrimas en sus ojos mientras se derrumbaba y estallaba en llanto en el regazo de Alfred.
— Ya, ya. Tranquilo, estoy aquí para protegerte. — le decía con una dulce voz mientras le acariciaba la cabeza. — Venga, ya no llores más. Si sigues llorando, te saldrán arrugas y eso arruinará tu belleza. — le dijo mientras lo calmaba.
A partir de eso, el hermoso gemelo dedicó todo su tiempo a cuidar su piel y su belleza y a posar para los artistas.
Ignoro todos los mensajes secretos que enviaban sus amigos con los que antes se reunía en la clandestinidad, amigos que no cesaron con sus intentos de poder cambiar su situación.
Cada día iniciaba con muchas lociones en su rostro y cabello que lograban que este se volviera más sedoso y que su rostro fuera más suave.
Por las tardes posaba para los artistas y todas las noches antes de dormir pasaba media hora admirando su belleza.
— Oh Dios, perdóname. Que vergüenza la mía de no darme cuenta de cuan hermoso me hiciste. Soy el hombre más hermoso del mundo y no me di cuenta antes, y en vez de cuidar este maravilloso cuerpo con el que me hiciste nacer perdí el tiempo en estupideces como leer tonterías sin importancia. — se decía mirándose al espejo mientras admiraba cada parte de su cuerpo desnudo antes de vestirse con su pijama.
Antes de acostarse volvió a rezar agradeciendo por su belleza.
Dos años pasaron y la vida de Matthew se llenó de amantes; unos, amores corteses; otras, aventuras mas inocentes; y otros, amores solo aberrantes y explícitos.
Si se le puede decir amor a follar con una puta en callejones oscuros. O a ayudar con la limpieza a las esposas de los generales que parten a la guerra.
O a desflorar doncellas para luego ser abandonadas con un corazón roto y esperanzas en el aire.
O saciar a jóvenes soldados.
Aunque siempre gritaran el nombre de su gemelo.
De todas formas, el sexo no era importante para él, lo único importante era compartirse con todo.
Seria un egoísmo no compartir su cuerpo, un regalo de Dios, con el mundo.
Tanto hombres como mujeres ya ocuparon un lugar en su corazón. Seria pecado excluir a los varones solo por serlo.
¡Sería un pecado de egoísmo no dar a todos el privilegio y la honra de poder degustar la bella obra de Dios!
Pero Dios pondría a prueba sus esfuerzos.
Dios le enviaría una prueba para ver si podía hacer feliz a su hermano, la persona que más amaba.
— ¡Mattie! — gritó desde lejos mientras tomaba el brazo de su acompañante y la arrastrana a donde estaba su gemelo.
— Mira, ella es Alice, mi novia.
— Un placer conocerlo, infante Matthew.— se presento la dama con cortesía.
— Oh, un placer poder conocerla, su alteza Alice Kirkland.— le dijo mientras besaba su mano y le daba una de sus sonrisas y miradas.
Le dio esa sonrisa y mirada que ya había robado corazones de hombres y mujeres, y Alice no fue la excepción.
Ella le sonrió y con su mirada le dijo que quería hablar mas con él y conocerlo.
Alice era la princesa del reino vecino y prometida de Alfred.
Acababa de llegar a conocer a su futuro esposo.
Experiencia que idealizo por muchos años y Alfred rompió en segundos.Pero con ese beso en su mano, volvió a sentirse feliz.
Mientras Alfred se reunía con los reyes para hacer los preparativos de su boda y coronación, en los jardines, Matthew encantaba con su labia a la novia que en dos semanas estaría en el altar.
— ¿Te gustan las flores? — preguntó sorprendida pero con alegría al saber que alguien más amaba la jardinería.
— Las adoro, creo que con las plantas podemos decir mucho, decir lo que nos da vergüenza exponer de nosotros mismos. — le dijo mientras le sonreía.
— Estoy de acuerdo, el lenguaje de las flores es maravilloso. — concordó con una sonrisa y un sonrojo en sus mejillas mientras se aferraba mas a su antebrazo.
— ¿A dónde vamos?
— A donde puedas conocerme mejor. — le sonrió mientras tomaba su mano libre y la besaba.
El lugar al que llegaron era un mini jardin que tenía un banco blanco con hermosos detalles, un majestuoso árbol, bellas flores alrededor y un lago en miniatura con varios peces.
Este maravilloso lugar estaba en un punto alejado del jardín real, un lugar oculto al que se accedía por un corredizo que Matthew pidió construir el año pasado.
— Es hermoso. — dijo admirada.
— ¿Le gustan los lirios mi señora? — le dijo mientras le sonreía.— ¿Sabe usted que significan?
— Por supuesto que si, soy una druida , las plantas no tienen misterios para mi.— le sonrió con orgullo y altanería. — Si es blanco,es pureza. Si es de otro color simboliza la modestia, dulzura y paz de las personas.
— Bueno, que me diría si le dijera que este jardín refleja mi alma.
— Le diría que es un hombre muy cursi y altanero al afirmar que es puro como un lirio blanco.
— ¿Y si fuera de otro color? — le dijo mientras la tomaba de la cintura y la apegaba a él.
— Le diría que entonces me gustaría conocerlo más, su naturaleza más hermosa y la más salvaje de ella. — le respondió para después posicionar sus brazos detrás del cuello del joven y besarlo. — Y como flor, no deberías negarme conocerte por completo. — respondió con una voz dominante.
— Y como flor que soy y me enorgullezco, no voy a negarle que me conozca. — le respondió con una voz sensual mientras la volvía a atraer para besarla.
— Entonces, toda tu familia es de origen druida. Cuentame más de ellos. Es fascinante saber que puedo hablar con una druida pura, vuestra cultura es maravillosa. Es como un dulce para los ojos. — le pidió mientras acariciaba su pelo.
Ambos estaban acostados, abrazados, vestidos y relajados en la hierba.
No había sucedido más que unos besos tímidos, Alice era una mujer firme y no era algo propio de ella otorgar su virginidad al primer hombre que despertara buenas expectativas de él.
Como bien dijo antes, quería conocerlo.
— Muchas gracias. Mi familia actualmente esta compuesta de mis padres y mis cuatro hermanos. Aunque no tengo una buena relación con ellos. Sobretodo como Alistar, es muy egocéntrico y mandón.
— No debe ser tan malo. — le decía mientras la llenaba de caricias.
— Por supuesto que lo es, es muy pesado. Él fue quien me obligó a venir aquí a casarme con un tipo como Alfred. — iba a continuar hasta que calló, viendo que acababa de ofender a Matthew. — Quiero decir que... es un buen chico pero... es muy molesto. ¡En toda nuestra primera cita apenas puede decir tres palabras! ¡Literalmente lo único que dije fue el saludo y la despedida! — se quejó—Lo siento, perdoname, pero no puedo mentirte. — le dijo en verdad al final.
— Y yo no quiero que mientas. — le contestó mientras atraía su rostro para darle otro beso. — Alfred puede llegar a ser muy molesto en ocasiones pero es así de infantil, al mismo tiempo que es un hombre de buen corazón.
— ¿Y si tan buen corazón tiene por qué traicionas a tu hermano de esta forma?¿No sientes remordimientos? —le preguntó la joven.
— ¿Sientes tú alguna culpa por traicionar a tú hermano? Hermano qué tanto se ha esforzado por conseguir la paz entre nuestros reinos con este matrimonio. Hermano que fue a la guerra a defender tú patria y casi perdió la vida
— No, no siento pena alguna. — le dijo para luego volver a besarlo.
Ambos no sentían pena alguna; para Matthew era un deber enviado por Dios el repartir el amor a todos y hacer feliz a la novia de su hermano era como un regalo de él a su gemelo, quien más amaba ; y para Alice no era malo tener un amante, pues en los matrimonios de la realeza era escasa y anormal la vez en la que había amor en los recién casados.
Esos matrimonios de príncipes y princesas enamorados el uno del otro eran en mayoría, cuentos de hadas.
Con suerte se llegarían a tolerar y con mucha más suerte tal vez se enamorarian.
Los príncipes y princesas se casan en su mayoría por acuerdos políticos o de negocios, no suele ser por amor.
Muchos inclusive entre familiares para preservar la pureza de la familia, así que tener amantes no era algo tan anormal.
Alfred tendría diez amantes por mes tras casarse, entonces ella tenía derecho por lo menos a uno y Matthew se le estaba entregando regalado.
Sería tonto no aceptar la oferta.
La boda era al día siguiente y los preparativos estaban listos para la ceremonia.Y como era tradición, el novio no podía ver a la novia hasta el día siguiente.
Así que mientras el novio descansaba, la novia estrenaban el vestido de novia en el jardín.
Se había arreglado y con disimulo se había colado tras ganarse la palabra de varias criadas y algunos guardias con oro y riqueza.
Ella tocó la puerta y le abrió su "enamorado" quien la esperaba con un ramo de orquídeas rojas.
La mujer al verlas, cerró rápidamente la puerta y se abalanzó sobre su amante quien la tomó en brazos y la acostó suavemente en la hierba.
El proceso de desviste era mejor que en cualquiera de los sueños en los que este hombre hubiera estado presente.
Era lujurioso, voraz pero también era paciente y buscaba el placer de su compañera.
No era egoísta.
Se tomaba su tiempo para preparar la flor que iba a desflorar, sus manos eran tan hábiles como las de un jardinero.
Y cuando llegó el momento fue un prueba del cielo en cada estocada, cuando sintió que su virginidad se iba, supo entonces que este era el hombre que tenía el deber de desflorarla.
Su noche de pasión como todas, acabó.
Y aunque estuvo tentada a quedarse al final se fue escondida por las criadas sobornadas.
La boda y la coronación fueron los mayores eventos que se vieron, Alfred estreno su traje y Alice se puso su vestido de boda por segunda vez.
La noche de bodas fue la noche más dura que alguna vez vivió Alice pues Alfred era muy diferente a Matthew.
Mientras que los besos de Matthew eras dominantes pero sutiles en su dominio, los de Alfred era bruscos y sin gracia.
Alfred no se preocupaba del placer de su compañera, solo del suyo.
Alice confirmó entonces que hizo buena elección al darle el tesoro divino al gemelo de su ahora esposo.
Los meses pasaron y el niño que nació lo hizo con bellos ojos verdes como los de su madre.
El niño tenía el cabello rubio y rizado, y una piel pálida como la nieve. Era hermoso.
— ¡Que hermoso niño! ¡Admiren! ¡Admiren a mi hijo! — proclamaba de alegría Alfred.
Mientras Alfred festejaba de felicidad, los amantes se daban miradas furtivas y pasionales.
Las noches a partir de eso fueron de pasión escondida y prohibida
Y la vida matrimonial de Alice era como ella siempre pensó que sería.
Alfred ya había pasado dos amantes en menos de una semana tras un mes de casados.
Y una vez que nació el niño se esforzó por darle todo el cariño al niño pues a su esposa escasamente le daba un beso.
Y a saber cuantas amantes pasaría ahora que inició su viaje por el extranjero, viaje de un mes.
Matthew mientras siguió con su misión divina, misión otorgada por Dios.
Pero los años pasaron, y nuestro hermoso gemelo notó algo horrible.
Al ver se un día en el espejo, noto arrugas en sus ojos.
¡Su belleza se iba!
Debido a la situación, corrió a ver al mejor de los Magos más no tuvieron respuesta a su problema.
— Lo lamentamos, pero no podemos ayudarlo. Si tuviéramos una poción así, hace años que la hubiéramos usado. — dijo entre risas.
— ¿Y no hay nada que se pueda hacer? — preguntó más asustado.
— No la hay, salvo una opción pero no se la recomiendo.
— ¿Y cual sería esa opción? Dígame la por favor y no me haga esperar.
— Visitar a la Bestia del bosque del pueblo ''No me cuestiono nada'' y pedírselo personalmente. Pero le aconsejo que no lo haga, esa criatura del demonio, es muy sádica con sus resultados y muy avara con sus intercambios.
La Bestia era una entidad mágica y maligna de los bosques, pero que podía cumplir los deseos de toda persona si así lo quería pero a cambio de un precio, un precio muy alto.
El joven fue sin pensarlo, y al ver a los ojos a la Bestia, éste pidió.
— Quiero ser bello eternamente. ¡Pagaré cualquier precio!
— ¿Seguro que lo pagarás? — preguntó la Bestia con su voz amenzante.
— Lo haré. — afirmó el joven. — Toda mi herencia será tuya.
— No quiero tu dinero, mi fortuna es mayor que el tamaño de este patético planeta.
— ¿Y que queréis entonces? — preguntó confundido.
— Tu cuerpo y tu alma, más valiosa será tu alma que tu cuerpo. Tu alma me pertenecerá eternamente, ¿aceptas el trato?
— ¡Acepto! — respondió sin pensarlo.
La cólera que recorría la sangre de Alfred era inmensa, acababa de descubrir el engaño de su esposa con su propio hermano de boca de uno de los criados.
¿Creían que nunca lo sabría? ¡Malditas sean sus almas!
Mientras el hombre buscaba a su hermano, éste subía tranquilamente las escaleras.
Cuando se vieron a la cara, Alfred corrió con furia hacia él y en su carrera derribó a su hermano y ambos cayeron por las escaleras.
Alfred con un golpe en la nuca y Matthew con su cara golpeando el suelo.
Cara que nada más hizo contacto con el suelo se partió literalmente en pedazos de porcelana.
Las cortinas se cerraron.
La obra había acabado, con la tragedia que correspondía. Sin mentiras, como sucedió.
Arthur se levantó, aplaudió y se acercó al hombre de las marionetas y a su mayordomo.
— Gracias por darme esta posible verdad sobre los orígenes de mi familia. — le agradeció antes de despedirse del hombre. — Adiós.
Una vez todos abandonaron la sala, Im sonrió a su mayordomo a quien quitó la máscara. El hombre tenía el rostro agrietado formado de trozo rotos y pegados.
— ¿Te gustó la obra, Matthew?
— Si no fueras mi amigo, te destruiría por mostrar mis peores vergüenzas así.
— Venga, el pasado es pasado. Ya no puedes hacer nada. Y aunque lo intentaras, nunca lo lograrías.
— Que pena que esa información sea verídica.
—Por cierto, ¿ese era otro descendiente de un bastardo tuyo?
— Por lo visto, sí.
— ¿Cuando les dirás algo? Me da tanta pena cuando se van así.
— No quisiera perder la cabeza y tampoco lo veo necesario. Solo sería echar sal a la herida. Y seguro se asustarían al verme la cara.
— Lo que tu digas Matthew.
— Vamos a dormir. — dijo mientras se levantaba del asiento. —Buenas noches, Bestia.
— Buenas noches, hombre de porcelana.
Hetalia Axis Power y sus personajes pertenecen a Hidekaz Himaruya.
El one shot fue escrito para el Foro de Hetalia Axis Power y para el reto de los pecados.
