¡Hola de nuevo! Bueno, culpen a Crystal Kay al inicio y al final a .
Advertencias: Yaoi, tremendo (quiero decir gigantesco) OoC.
Disclaimer: Cualquier personaje que reconozcan, le pertenece a Kishimoto.
((~*~ [ Run out of breath ] ~*~ ))
⸹
La peor forma de extrañar a alguien, es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.
—Gabriel García Márquez.
Las historias de amor nacen todos los días, incluso en los más oscuros: palabras dulces, tiernas caricias y suspiros embriagados por alegría.
Sasori no anhelaba romances ni fantaseaba despierto, buscando un príncipe o doncella que jamás existiría. Hasta el Uchiha que se inclinaba, cortando su aliento, era un simple fantasma a sus ojos cuando miraba su rostro y peinaba los largos mechones negros, tan delicados como la —fina— tela de un kimono. El olor que soltaba cada hebra lo podría volver loco, si fuera estúpido y descuidado.
Akasuna, sin embargo, tenía claro sus límites. Los hipnóticos orbes de Itachi, cálidos y dulces, inseguros y tímidos, únicamente le robarían el aliento que Sasori les permitiera.
—¿Crees que podemos vivir para siempre así? —Preguntó el moreno, tratando de esbozar una sonrisa. El más bajo frunció el ceño—. Me gustaría.
Durante un segundo, la respiración del pelirrojo se atoró y sintió que sus latidos se volvían pesados, casi humildes ante esa fuerza arrebatadora que Itachi infundía en su pecho mientras sostenía el cuerpo del mayor.
—Tú no vivirás eternamente —rebatió, despiadado y triste al mismo tiempo. No, él no deseaba esto (¡joder!). Sasori, por supuesto, no temía a la separación impuesta con la muerte (cada vez más amenazadora) de Itachi—. Aunque todavía podría resolverlo, si dejaras que yo te hiciera una de mis grandiosas obras.
¿Acaso su voz temblaba? ¿Eran sus manos las que aferraban al Uchiha? ¿Tal vez estaba en un genjutsu donde sus pesadillas cobraban vida?
Itachi lo besó, enmarcando el rostro aniñado del Akasuna. Un roce que se sentía igual que una disculpa.
La luz de luna bañaba la figura del muchacho, quien parecía sereno. ¿De verdad renunciaría a la inmortalidad? ¿Significaba tan poca cosa para él? ¿Por qué le importaba?
—¿No serías feliz conmigo? —La angustia de Sasori era obvia y el Uchiha hubiera encontrado que sus dedos podían tocarla si se lo proponía—. Qué vergüenza: los dioses te crearon para ofrecerte a los demonios de tu hermano y morir. —Ladeó su cabeza, apoyando la mejilla contra la palma del otro—. Quédate. Sigue despertándome por la mañana.
Itachi sonrió, aunque el gesto nunca llegó a sus ojos, negros, profundos y sombríos como la noche que usaban para refugiarse de los otros.
—Eso me encantaría, Sasori-san.
—A mí también —admitió, tratando de sentir la mano del Akatsuki—. Permanezcamos así. Olvídate de ellos… de él. —Sus palabras, cargadas de veneno, hicieron que Itachi se alejara.
—¿Tú lo has hecho?
Sasori pensó en las frías marionetas que durmieron a su lado una noche; en su abuela Chiyo, apartando su mirada; en Komushi corriendo hasta llegar con él; en la mueca de decepción que Sandaime usó al verlo esa fatídica noche.
—Lo hice —mintió.
—Yo no quiero.
El Akasuna apretó la mandíbula.
—Podría obligarte —dijo, sin pizca alguna de convicción—. Y no tendrías más opción.
Un color rojo sangre tiñó los irises de Itachi, inhumano y magnífico.
—Me obligarás a lastimarte. —El Uchiha hizo una pausa—. Por favor, Sasori-san, no soy como tú. Quiero que termine de una vez. Estoy cansado.
—Te ayudaré a dormir, a sanar, a resistir. Lo que sea. Si me dejas…
"… me quedaré solo otra vez. Estaré perdido, asustado, sangrando por heridas que nadie ve." Los pensamientos del Akasuna se tornaron oscuros.
—Yo amaba a Izumi —dijo Itachi, repentinamente. Sasori alzó la mirada, confundido—. La dejé morir. —Tragó saliva—. Eres cruel y lastimas a otros. No te le pareces en nada.
Sasori retrocedió un paso, luego otro. El suplicio, enmascarado con asombro y más tarde, frivolidad, le dotaron de un semblante vacuo. Un muñeco, quizá roto, pero indiferente a sus maltrechas extremidades.
Aguardó. Bien, si Itachi quería lastimarlo, despreciarlo, engañarlo, ¡adelante!
El Sharingan parecía girar violentamente.
—Después de todo este tiempo, sólo quieres tomar de mí. Jamás has conocido el sacrificio. ¡Ni siquiera lo puedes imaginar! ¿Me consideras algo de tu propiedad? ¿Un juguete más?
Sasori recordó aquellas viejas marionetas, torpes y gélidas, abrazándolo. Nunca olvidó el sentimiento de pérdida, las horas solitarias iluminadas con la risa de Komushi, la forma que inclinó su rostro al oído artificial de su amigo.
« Ahora eres tan bueno como mis marionetas. »
—Izumi —susurró, prohibiendo que las terribles emociones se colaran en su voz—. ¿Hermosa? Claro. ¿Delicada? Pero valiente, digna de tu admiración. ¿Gentil? Seguro se deshacía en amabilidad. No me le parezco en nada, ¿huh?
» ¿No sonrío suficiente? ¿Tal vez quieras verme llorar? ¿Qué me dices de ayudar a otros?
Chasqueó la lengua, elevando su tono:
—Somos una maldita organización de criminales. La mitad de nosotros se ha podrido en dolor cada estúpido día de su vida y ha tratado de seguir adelante a su retorcida manera. Y tú, Itachi, quieras o no, eres uno de nosotros.
—Yo…
—¿Por qué estás conmigo si no? —Interrumpió, ahora desapasionadamente—. Soy el más desagradable, grosero, ignorante y, en general, maldito odioso que cualquiera podría conocer para su mala fortuna. Desdeño lo virtuoso, no veo la belleza y me desconcierta ver a alguien feliz [1].
El Sharingan desapareció. Itachi sabía que estaba citando las mismas palabras que Deidara había usado cuando …
—Yo… eso no… —tartamudeó Itachi, ruborizándose.
—Cállate. ¿Me has comparado siempre? ¿Qué sentirías si te hablara de Deidara? Jamás me entendió. Él de verdad no es como yo. Y pensé… tú me querías. Sabías lo que era quedarse solo. Estoy tan desesperado por no perderte que, si pidieras mi corazón … —Sasori lo fulminó con la mirada— … olvídalo.
Las historias de amor mueren todos los días, incluso en los más soleados: despedidas, últimas caricias y suspiros embriagados por nostalgia que, de repente, se ven colmados con dolor.
Itachi le tomó la mano. Sasori quiso arrebatársela, pero no tenía fuerza.
—Sí te amo —dijo en apenas un susurro—. No sabía que me querías.
El taheño pensó, nuevamente, acerca de las sonrisas francas, imposibles de borrarse de los labios cuando Itachi estaba ahí.
—Eso es mentira —se corrigió Itachi—. Lo sé. Pero no me pidas esto. Sasuke me necesita. Y tú… harías todo por salvarlos, ¿no?
—Te equivocas.
—Creo que no. Por eso estoy contigo, Sasori.
Ninguna palabra brotó de sus bocas.
—Te equivocas —repitió el Akasuna, liberándose del agarre.
⸹
No había manera que Itachi supiera, pensó, observando a Chiyo y a la joven de pelo rosado. Bajó el rostro, contando sus latidos moribundos.
Uno. Él extrañaba a Madre y Padre.
Dos. Odiaba a Chiyo.
Tres. No, no es verdad.
Cuatro. Komushi fue un buen amigo.
Cinco. Había besado a Sandaime.
Seis. ¿Por qué le importaba tanto encontrar a Orochimaru?
Siete. Las gotas de sangre explotaban contra las rocas.
Ocho. Deidara no tenía corazón.
Nueve. Le diría a Haruno la verdad.
Diez. Él habría dado lo que sea por regresar a sus padres.
Once. Itachi iba a morir.
Doce. Sasori todavía lo amaba.
Trece. Le horrorizaba perderlo.
Catorce. Todavía lo amaba.
Quince. Era un monstruo.
Dieciséis. Había algo satisfactorio en elegir cómo morir.
Diecisiete. Recordaba los abrazos de Madre y Padre.
Dieciocho. Y los besos de Itachi.
Diecinueve. Quería morir con esos recuerdos.
Veinte.
FIN
[1] Gatiss & Moffat. (2014). El signo de tres. Sherlock.
Luego de escribir varias, es obvio que me fascinan las historias donde Sasori muere pensando en Itachi.
¡Muchas gracias por leer!
