Lo siento mucho

Aoko miró con angustia la pantalla de su teléfono. Una voz sonaba a través del auricular y la llamaba con persistencia, pero ella hizo caso omiso. Sin poder modular una palabra, solo tuvo las fuerzas necesarias para sollozar dolorosamente antes de caer sobre sus rodillas.

-Papá…- lloró mientras llevaba sus manos a su corazón – no, no, no… esto debe ser un mal sueño – le rogó al cielo con desesperación.

-¡Todo esto debe ser una mentira! – se levantó con torpeza mientras sus manos buscaron con desesperación las paredes para no volver a caer. Con cada paso que daba su ansiedad aumentaba, necesitaba respuestas, pero no estaba segura si le gustarían.

Entró al hospital sintiendo su cuerpo pesado.

-Buenas noches- llamó a la enfermera en la recepción- Soy la hija del inspector Nakamori, me dijeron que viniese- la mujer frente a ella asintió con tristeza antes de señalizarle el camino.

Bajó las escaleras lentamente, algo dentro de ella no quería llegar hasta el final, sabiendo de antemano que lo que sus ojos verían, le dolería hasta lo más profundo del alma.

-¿La hija del inspector Nakamori?- una voz la llamó con gentileza a su lado. Aoko asintió mecánicamente -Lamento tener que hacerla pasar por esto, pero la ley dice que solo un familiar puede hacer el reconocimiento- la castaña nuevamente asintió mientras el doctor retiraba la sábana que protegía el pálido rostro- ¿Este hombre es su padre?

Los ojos azules recorrieron el cuerpo sin vida de su padre y sin poder evitarlo, una de sus manos se posó en su fría mejilla - ¿Qué…- su voz tembló penosamente-…qué sucedió?

-Durante el robo de Kid hubo disparos…- una segunda voz sonó tras de ella. Sorprendida que hubiese otra persona en la habitación, se giró para verla.

-Saguru-kun…- susurró mientras gruesas lágrimas se deslizaban por su rostro.

-Aoko-san…lo siento mucho- posó una de sus manos en su hombro- Tu padre fue un buen hombre.

De pronto, la realidad la golpeó con violencia - "Lo siento mucho"- la última vez que sintió ese similar dolor, había comenzado con la misma frase, solo que aquella vez fue cuando su madre la había dejado – cuanto odio esas tres palabras – fue el único pensamiento que atravesó su mente mientras veía el rostro del hombre que la había criado con resignación.

-¿Quién disparó? – sus ojos llorosos se enfocaron nuevamente en el detective - ¿Quién fue el culpable? – alzó la voz molesta - ¡¿Fue Kid?! – lo sujetó por las solapas - ¡Respóndeme! – le rogó con desesperación.

- Aoko-san- la llamó con suavidad- No fue Kid…él trató de proteger a tu padre – la miró con sinceridad. Después de unos segundos las manos de la castaña cayeron sin fuerza y el llanto volvió con más ímpetu que antes.

- Entonces…¿Quién? – gimoteó cubriéndose el rostro con sus manos.

-Hay algo que debes saber- la tomó de la mano con gentileza- Sé que no es el mejor momento, pero después podría ser muy tarde.