¡Hola! Les traigo una nueva historia llamada Hatefuck que nació a partir de una telenovela que vi, e inmediatamente pensé en lo entretenido que sería escribirlo. Iba a subir el prólogo cuando ya estuviese bastante avanzado, pero la cuarentena adelantó mis planes y quise simpatizar con nuestro aburrimiento jajaja.

Todos los personajes son de Meyer; la trama principal pertenece a la cadena Rede Globo. Como advertencia: habrá romance, drama, sexo explícito, prostitución, consumo de drogas, muerte, amistad, violencia. Uso de lenguaje soez. Todos humanos, AU.

¡Disfruten!


HATEFUCK*

PARTE INTERMEDIA: LIMBO

PRÓLOGO:

«Llévame de vuelta a la noche que nos conocimos»*

2020

Su corazón latía rápido, explotando en un sonido sordo que apenas le permitía ser consciente de la habitación. La noción de la hora se había vuelto difusa desde que ingresó al edificio; quizás pasaron minutos, tal vez horas. No podía estar segura. Al menos el ruido de los periodistas y fotógrafos había disminuido. ¿O sería que perdió la capacidad de escuchar? Ante ese pensamiento, sus ojos comenzaron a arder y su cuerpo se sacudió en un escalofrío.

No, no llores.

—Isabella Swan, es su turno de subir al estrado.

Tomó una profunda bocanada de aire intentando que el aire que llegaba a sus pulmones le diera cierta tranquilidad. Sin levantar los ojos, se puso de pie y cruzó la habitación hasta el lugar indicado. Sabía que el tribunal estaba repleto de jurados, paparazzis y periodistas, pero no se sentía capaz de alzar la barbilla y mostrarse contenida. Ni siquiera sabía cómo lucía; la ducha esa mañana fue rápida y su ropa la eligió Alice. ¿Cuándo fue la última vez que se miró al espejo? No podía recordarlo. Qué irónico; antes vivía para observar su cuidado reflejo.

Antes.

—Señorita, díganos su nombre completo. El real y el artístico, por favor.

Con mucho esfuerzo, Bella levantó los ojos y miró al juez. Era un hombre viejo y calvo que la observaba con ojos fríos, sin temor de tomar una decisión firme. Si él lo decretaba, podía enviarla a la cárcel para el resto de su vida. Incluso cuando de ésta última no quedara mucho.

—Isabella Marie Swan—murmuró en el micrófono, y toda el tribunal se quedó en silencio—. En mi antiguo trabajo también me llamaban… Isa o Lamby.

Su voz se quebró en la última sílaba, incapaz de soportar el peso del pasado sobre sus hombros. Por un momento sintió que aquellos nombres le pertenecían a otra persona; una persona que estaba muy lejos de ser ella.

—Fue citada a este tribunal porque tenía una relación directa con la víctima—exclamó el juez—. ¿Qué estaba haciendo la tarde del martes 7 de enero del presente año?

Había repasado esa información con su abogada la noche anterior, por lo que le resultó sencillo describir ese momento. Habló de forma mecánica, sin saltarse ningún detalle. Tal y como habían anticipado, el juez le advirtió que no tenía coartada y que la única persona que podría atestiguar a su favor ya había muerto.

Bella escuchó cada palabra sin pestañear. Sabía cuál era la siguiente pregunta y no estaba segura de poder contestarla con la misma facilidad que la anterior. ¿Cómo podría? Un grueso nudo bajó por su garganta y el corazón volvió a latirle rápido, ahogando cualquier otra sensación.

—Señorita Swan, hemos escuchado su declaración—anunció el juez—. Antes que baje del estrado, díganos, ¿a quién considera culpable?

Cerró los ojos antes de responder, tratando de hacer que el zumbido de sus oídos desapareciera. Quería ponerse de pie y marcharse a casa, pero hace años que no tenía ninguna. Estaba sola en el mundo y ya no había salida. ¿Qué más daba? No importaba lo que pasara hoy, ni mañana… ni lo que pasó hace años.

Un recuerdo enterrado apareció en su mente, difuso y punzante. Era ella, de pie frente a esa puerta de vidrio, esperando algo que temía y que no tenía idea qué era. Pensó con lástima que había sido mucho más valiente cuando era joven; ahora sólo era una presencia consumida. No quedaba nada de esa Bella. Y de pronto, ahí estaba. La puerta se abrió y esos ojos verdes, sensuales y magnéticos, la recibieron. Los mismos que estaban en el tribunal, fijos en ella.

Los mismos que nunca la perdonarían por lo que estaba a punto de hacer.

—Un nombre, señorita Swan—apuró el juez, sacándola de su ensoñación—. ¿Lo tiene?

—Sí—musitó con el corazón roto. Contó hasta tres, y cuando las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, sentenció:—Edward Cullen es culpable del crimen.

Antes de que terminara de hablar, el tribunal explotó el voces y los paparazzis iluminaron la estancia con fotografías.

Sin embargo, ninguna luz iba a poder iluminar su alma ahora. Ni nunca.


* «Hatefuck» se traduce como "follar con odio, de manera ruda con alguien que consideres atractivo pero que no es de tu agrado. A menudo relacionado con el despecho" (Urban Dictionary, 2004).

** Canción: «The night we met» / Lord Huron, 2015.


¡Gracias por llegar al final del prólogo! ¿Qué les pareció, están interesadas? Cuéntenme con un review lo que esperan de esta historia, si tienen ideas o alguna sugerencia. Me interesa su opinión y siempre respondo ;)

¡Nos leemos en el próximo capítulo!

Un beso,

Rohe.