Zenitsu era un sano, puberto y hormonal muchacho. Un chico que pensaba en chicas la mayor parte del tiempo.

Porque las amaba.

Todas eran hermosas, eran suave, olían tan bien. Por lo tanto, no podía resistir el impulso de acercarse a tales bellezas, queriendo tocarlas, cautivarse por su fragancia, reposarse en su suavidad. Por eso, no podía evitar las emociones que le provocaba Nezuko, mucho menos si ella estaba tan cerca suyo, permitiendo besarla, tocarla.

Era la primera vez que le pasaba tal maravillosa cosa. Estaba verdaderamente siendo correspondido y no un producto de su imaginación por el miedo al rechazo; no estaba siendo empujado, ni golpeado, tampoco le estaban gritando que se aparte.

Todo lo contrario. Es por eso que sus manos (al tener el permiso) inexpertas, inquietas no paran de moverse, deslizándose por la nívea piel de la muchacha. Explorando con sus labios, con sus manos trémulas.

La realidad era que Zenitsu estaba temblando ¿Emoción? ¿Ansiedad? ¿Nervios? ¿Miedo?

Quizás era todo junto. Sentía una electricidad viajar por su cuerpo,superior a lo que había sentido antes, cuando fue golpeado por un rayo.

No tiembles, se repetía en su mente una y otra vez. No obstante, pequeñas corrientes de electricidad viajaban por sus extremidades, las yemas de sus dedos poseían voltaje que lo estremecían.

De tanta magnitud era su temblor que no se percató que Nezuko también estaba temblando, mientras la recorría y sus manos acariciaban su muslo, subiendo cada vez mas arriba.

Y se paralizó.

Cuando escucho un jadeo, cuando los dorados y los rosados se encontraron. Vio su brillo y vio el sonrojo en sus mejillas.

Y notó.

Su temblor, uno mayor que el suyo. Su cuerpo vibraba.

Zenitsu era un cobarde, siempre temblaba, se le ponía la piel de gallina porque tenia miedo y ahora Nezuko, al parecer lo tenia. Y no podía dejar que lo tenga, porque juro protegerla, aun si fuera de él mismo. Su misión era mantenerla segura.

Así que sus manos traviesas, nerviosas se retiraron debajo del kimono y se posaron en su espalda, cuando unió su cuerpo con el de ella, en un protector abrazo.

-¡No haré nada!-chilló-Así que no tiembles.

Aunque fuera su sueño, a pesar de que lo deseara con toda su fibra su ser estar asi con ella. No dejaría que tenga esa sensación que te paralizaba los huesos y tu mente se ponía en blanco.

Porque Zenitsu lo sentía todo el tiempo y ahora lo único que quería para Nezuko es que se sienta segura en sus brazos.