Prólogo: El hombre de la luna
Kaoru lloró sobre el cuerpo del espadachín caído. Sus manos temblaron mientras trataban de apegarse al calor que poco a poco se iba escapando del cuerpo sin vida, Kenshin, su único amor había muerto en manos de Enishi.
"Lo mataste" Murmuró con rabia viendo al asesino que había reclamado la vida de su mejor amigo
"Lo hice" Contestó el otro mirando sus manos ensangrentadas, había matado al legendario asesino, Battosai el destajador, pero ¿Qué gloria había en matarlo desarmado?
"Cobarde" Gritó Kaoru apretando la cara del pelirrojo en su cuello que ahora lucía la misma marca que la de su amor "Maldito cobarde" Lloró nuevamente con un dolor que ninguna mujer de 19 años debía de sentir.
Enishi se quedó ahí, viendo la vida destrozada de una mujer con el único pecado de amar al asesino de su hermana.
"Mátame" Gritó Kaoru viendo como se desvanecía la marca que había vuelto a su amado famoso "Termina tu trabajo, asesino" le imploró.
La mano del hombre tembló un poco justo como lo hizo al marcar su cuello, la única tortura que había recibido de su parte. Enishi no lo pensó y descendió la katana de Kenshi sobre ambos. Cuando el pelirrojo había entrado minutos antes le había exigido sus katana y poniendo el filo de manera correcta lo había atravesado frente los ojos zafiro, mismos ojos que veía apagarse mientras el filo de la espada se abría paso en su pecho.
"Gracias por enseñarme a amar" murmuró la niña ahogadamente antes de besar son su ultimo aliento la frente del pelirrojo "Eres mi destino, no importa cuando ni donde, te amo" logró escupir manchando de sangre la cara pacifica de Kenshin.
La espada cayó al suelo, el asesino miró a la pareja y su ultimo hilo de cordura se rompió.
Kaoru abrió los ojos ante la luz cegadora, sus manos ya no estaban manchadas de sangre tampoco lo era el costoso kimono de seda que Enishi le había hecho lucir para ir al funeral de su amado. Sus ojos fueron a sus manos, no había evidencia de que alguna vez estas hubieran sido atadas. Inmediatamente una de estas se alzó buscando la cicatriz que descansaba en su cuello, se sorprendió al sentirla, seguía ahí.
"Las heridas llenas de odio nunca se borran, Kamiya-san, pero eso ya lo sabes"
La niña busco desesperada el lugar de procedencia de la voz tranquila y llena de amor.
"¿Quién eres?" Cuestionó buscando al ser qué le había hablado, frente a ella un hombre hermoso y vestido tradicionalmente le sonrió.
"Soy quién une los destinos mira tu mano sino me crees" Le respondió mientras ella empezaba a ver claramente la habitación imperial donde se encontraba.
Levantando su mano pudo ver el hilo rojo, tan llameante como la sangre, enredado en su dedo meñique. Su respiración se cortó, su corazón dio un saltó mientras caminaba a la ventana más cercana, la tierra podía verse a lo lejos.
"He visto su amor, su historia y me he encaprichado. Kenshin Himura merece más que un amor condicionado, te merece a ti, el es tu destino"
"Pero no eres un anciano" fue lo único que pudo decir.
"Te estoy diciendo que yo ató los hilos rojos del destino y ¿te preocupas por mi edad?" Soltó una carcajada "No, cariñ soy un anciano aunque tengo algunos milenios"
"Disculpe" Se inclinó ante él sintiéndose irrespetuosa.
"Estas disculpada, querida, después de todo no todos los días tengo a alguien en mi palacio" Le dijo mientras la invitaba a sentarse "¿té?"
"Por favor" respondió de inmediato y tomando la taza ofrecida lo miro seriamente
"¿Qué sabes sobre el hilo rojo?" Preguntó
Kaoru se sentó rectamente mientras recitaba la leyenda que su madre le había contado desde niña.
"Entonces ¿Ers el abuelo luna?" Murmuró suavemente mirando al apuesto Dios.
"Así es, Kaoru-san" le dijo sonriente "Veras el hilo no solo soporta la distancia, también resiste el tiempo"
"El tiempo" Murmuró la niña mirándolo sin entender.
"Así es, cariño" le contestó tomando el hilo rojo que hace 19 años había atado al del Samurai "El tiempo me debe un favor, lo he convencido, después de todo es tiempo de que sean felices"
Los labios de la mujer se abrieron mientras sus ojos se llenaban de lagrimas. El destino les estaba dando otro oportunidad, ella volvería a ver y amar a Kenshin Himura.
"Te enviare de regreso, no será fácil, pero puedes estar con Himura una vez más"
Kaoru asintió lentamente.
"Una vez en que cruces el tiempo y espacio no podrás regresar y toda existencia tuya se borrara, serás un nuevo ser Kaoru" Le dijo lentamente
"No importa" aceptó de inmediato mirando nerviosa a todos lados.
"Ven, pequeña, es hora de conocer al Dios del tiempo"
Ambos se pusieron de pie y caminaron fuera del palacio, justo en uno de los jardines un niño la esperaba, era hermoso como el Dios de la Luna, pero sin duda de aspecto más jovial, aunque el cabello azabache en ambos les daba un aspecto angelical algo en el nuevo Dios le hacia sentir insegura.
"Vamos, Kaoru" dijo el niño saltando energéticamente y señalando un estanque "Salta" La invitó
Kaoru hizo una reverencia ante ambos Dioses y después de darlo un minutos abrazó al Dios de la Luna susurrando su agradecimiento por esa nueva oportunidad. Después pasó junto al Dios del Tiempo y beso su mano.
"Adelante, niña" dijo este golpeando su frente.
La mujer se sintió cohibida ante el pequeño dolor que su cuerpo recibió, aún así caminó hacia el estanque y al verse en el agua pudo ver su reflejo más joven, casi como si tuviera de nuevo 17 años.
"Yo…" murmuró hacia el Dios del Tiempo
"Lo necesitaras, ahora, salta" La presionó
Sin querer tentar mas su suerte ella entró al estanque.
"Deberías dejar de favorecerlos, hermano" dijo el niño mirando al otro Dios que sonreía alegremente al ver que la niña se esfumaba.
"Ya era tiempo" Contestó encogiéndose en hombros "Todos disfrutan de una buena historia y ellos, vida tras vida nos la regalan"
"Hmph" Exclamó el otro aunque no pudo desvanecer la sonrisa de su rostro.
Nota del autor:
Este es mi segundo Fic, así que les pido un poco de paciencia.
Se agradecen todos los comentarios y no puedo dejar de invitarte ¡Agrega esta historia a tus favoritos!
Actualización todos los lunes.
Espero lo disfruten
