Funeral de mis recuerdos.

Como capitán del Gotei 13, Hitsugaya Toshiro había asistido a muchos funerales, muchos más por formalidad que por realmente sentirse cercano a la persona que había fallecido. Al principio de su carrera como shinigami solo asistía a funerales de personas que realmente le importaron, pero esos funerales fueron la misma razón por la cual ya no se acercaba a la gente.

La vida de un shinigami era un constante ir y venir de personas, el tiempo le había enseñado a mantener su distancia incluso desde su época en la Academia. Se rodeó de pocas personas, y aun así perdió a la mayoría de ellas y dolió como el infierno ardiendo en su garganta, dejándolo sin aire. Perdió a Kusaka, dos veces. Perdió su infancia y su vida con su abuela. Perdió al capitán Shiba, y aun cuando vio que estaba con vida su relación no volvió a ser la misma. Casi pierde a Momo en más de una ocasión, y aunque la seguía amando como a una hermana rara era la ocasión en la que podían hablar como antes. Perdió parte de su vida… Y perdió a Ukitake…

Perdió muchas cosas a lo largo de los años y las guerras. Sintió tanto dolor… su mundo se desmoronó, volvió a alzarse y volvió a desmoronarse. Muchas veces casi muere… muchas veces deseó solo acabar con todo y morir de una vez, cuestionó la razón de su existencia ¿a quién le importaría si muriera o viviera?

A pesar de todo, aún tenía a Matsumoto Rangiku, su teniente y figura materna. Ella era un alivio constante pese a sus peleas además sus personalidades disparejas y le atemorizaba perderla también algún día, pero sabía que aun sí la perdía tendría que seguir adelante, buscar otro teniente al que probablemente nunca llegaría a apreciar y eso es todo. Así funcionaban las cosas en la Sociedad de Almas.

Guerras. Tiempo. Sangre. Pérdidas. Todo era común, te preparaban mentalmente para ello en la Academia y en el escuadrón, eras débil sí te aferrabas a los sentimientos, eras fuerte sí sabías dejar todo atrás. Los sentimientos no son necesarios, la fuerza era necesaria para proteger el equilibrio universal que sostenía la existencia misma. Su deber era mayor que su ser.

Teniendo todo eso muy en claro en cada minuto de su existencia… no podía dejar de preguntarse… ¿Por qué dejó a Kurosaki Karin, una chica humana, pasar todas sus barreras de hielo e incrustarse en lo más profundo de su alma cuando pudo haberlo evitado?

Mirando ahora a la tumba de Hitsugaya Karin, solo pudo maldecirse por no ver esto venir.

¿En qué estaba pensando? Todos morían, todos se iban, todos lo abandonaban o lo abandonarían en algún momento y tendría que seguir adelante. ¿En qué estaba pensando cuando detuvo aquel balón de futbol de rodar hacia la calle? ¿En qué pensaba cuándo habló con ella por primera vez? ¿En qué pensaba cuando jugó al futbol con ella? ¿Por qué aceptó volver a jugar tiempo después, por qué dejó que lo siguiera hasta la casa de aquella anciana humana que con el tiempo también terminó por morir? ¿Por qué siguió volviendo y volviendo? ¿Por qué se enamoró de ella, por qué la besó, por qué la sostuvo entre sus brazos y le dijo que todo estaría bien cuando sabía que no era así?

Pasaron por muchas dificultades. La dejó una vez porque sus mundos eran distintos, ellos eran distintos, ellos no encajaban. No estaban destinados a suceder y siempre lo supieron, había demasiadas cosas que les recordaba constantemente sus muchas diferencias. ¿Por qué no pudo soportar la distancia y volvió? Volvió como un hombre para reclamarla como su mujer, pelearon y se odiaron, se abrazaron y se besaron, la amó. Le suplicó que viniera con él… ¿Por qué hizo algo tan estúpido cuando sabía que ella no pertenecía a su lado?

La arrastró a una vida que no era para ella, ella lo siguió con entusiasmo. Se casaron, tuvieron una hija, luego un hijo, fueron felices. Fue tan feliz que a veces creía que todo era un sueño y en cualquier momento se despertaría volviendo a ser el solitario capitán del décimo escuadrón. No conformé con ser una ama de casa, Karin quiso convertirse en shinigami. Él aceptó, confiando en su fuerza.

Tal vez… tal vez subestimó demasiado a la vida. ¿En qué estaba pensando? ¿Qué creyó? ¿Creyó que duraría para siempre? ¿Creyó que estaban destinados a estar juntos y ser felices toda su vida? ¿Por qué fue tan ingenuo, tan confiado? ¿No había aprendido nada con todos los años, todas las tragedias?

Mayor felicidad, mayor dolor.

Clase de práctica en el mundo humano. Unos niñitos que salvar de un hollow que resultó ser más poderoso de lo que los maestros pensaban. Claro que Karin no soportaría ver morir a unos niños casi tan pequeños como sus hijos frente a sus ojos sin hacer nada, claro… No debería haberse sorprendido cuando le dieron la noticia, pero sí se sorprendió…

No lo pudo creer. No lo creyó aun cuando le trajeron sus pertenencias pues su cuerpo se había evaporado tan pronto la trajeron a la Sociedad de Almas. No lo creyó aun cuando sus hijos lloraron sobre él, abrazándolo para buscar consuelo, tratando de encontrar en él algún tipo de reemplazo de lo que habían perdido. No lo creyó hasta que realmente se hizo un funeral en honor a ella.

Ya no estaba. Se fue. El sueño acabó y la realidad volvió. Tenía a sus hijos y debería decir que no se arrepentía de nada de lo que vivió con ella, pero la verdad es que sí, no mentiría, desearía no haberla conocido, deseaba con todas sus fuerzas volver el tiempo atrás y gritarle con todas sus fuerzas que se aleje de él, que él era un maldito imán de muertes, que todo lo que amaba se deshacía entre sus manos, que no necesitaba otra tragedia en su lista. Lo peor es que sabía que, aun sí hubiera podido volver en el tiempo, ella probablemente no lo dejaría solo aun diciéndole eso de manera aún más hiriente.

Ni siquiera era el dolor lo que lo torturaba su mente. Ni siquiera sentía el corazón latir en su pecho, era como si él fuera el muerto… Ja. No podía respirar por el nudo en su garganta, pero estaba acostumbrado a esa sensación, estaba acostumbrado a sentir sus hombros caídos y las facciones de su rostro adoloridas de tanto tener que fingir poniendo una cara sin emociones ante toda la gente que se acercaba a darle sus condolencias, y aunque la sensación de estar desgarrado por la mitad era nueva, podía soportarlo.

Sí… podía soportarlo. Podía soportarlo por ahora. Podría soportarlo algunos meses y algunos años, tal vez hasta que sus hijos crecieran e hicieran sus propias vidas, hasta entonces soportaría. Ese no era el problema, él sabía que podría soportarlo hasta que fuera necesario soportarlo, el problema era que una vez ya no fuera necesario soportarlo, iba a arrojar su espada al fondo de un abismo y luego la seguiría… o bueno, ese era el plan que estaba ideando ahora, o bien podría dejar que un hollow lo maté para que no parezca un suicidio y no traumatizar aún más a sus hijos.

No es que él fuera débil, en los estándares de los shinigamis era perfectamente fuerte. No había derramado una sola lágrima desde que se enteró y no lo haría hasta después de consolar a sus hijos, asegurarse de que estar muy lejos del alcance de sus oídos y que nadie jamás lo vería. Él era fuerte, un buen shinigami, siempre fue fuerte cuando necesitó serlo.

Él siempre era hielo con los demás. Pero con Karin… él era nieve, suave, manipulable y fácil de derretir al estar entre el calor de sus suaves manos. Él amaba a sus hijos mucho más que a Karin, al igual que ella los amaba mucho más que a él, eso ambos lo sabían, pero eran distintas formas de amar, él sería todo lo que necesitaran, pero eran distintas formas de amar. Sus hijos lo necesitaban pero dejarían de necesitarlo en algún momento, él necesitaba a Karin, y la seguiría necesitando siempre.

No había conocido por mucho tiempo a Karin, pasó más años con muchas más personas, su dolor no provenía de extrañar el tiempo que pasaron juntos. El vacío no era por el anhelo de lo que fue. Eran las ilusiones que habían creado juntos lo que lo estaba matando lentamente por dentro.

Él había estado tan convencido de que en su próximo aniversario de bodas la llevaría al mundo humano y cenarían en un bonito hotel. Creyó firmemente que cuando ella llegara de la misión la besaría y luego prepararía su platillo favorito, había comprado los ingredientes para hacerlo. Guardaron toda una colección de películas que esperaban ver juntos acurrucados en el sofá cuando sus días libres coincidieran. Ella le había dicho que tenía una sorpresa para su cumpleaños. Se habían prometido que tenían que plantar otro árbol junto al que plantaron cuando se mudaron a aquella casa más espaciosa cuando se enteraron de su primera hija. Ellos… estaban considerando la posibilidad de tener un tercer hijo después de que ella avanzara un par de años como shinigami. Él… siempre creyó que por su trabajo más riesgoso él sería el primero en morir.

Todos esos planes… las expectativas… las cosas dadas por sentadas. ¿En qué estaba pensando? ¿Qué creía? ¿Por qué no fue lo suficientemente realista como para saber que también la perdería? Claro, con su personalidad, su terquedad y complejo de protectora, debió haberlo visto venir.

¿En qué estaba pensando? ¡Debería haber sabido que esto pasaría! Debería haber sabido que este dolor no sería como los demás, podía soportarlo, tenía hijos y su voluntad de estar en una pieza para ellos era mayor que su dolor, pero el dolor… el dolor seguía siendo demasiado.

Cuando decía que se sentía partido a la mitad, estaba hablando totalmente en serio. Sentía el vacío y a la vez el peso, su cuerpo se había convertido en su propia carga para llevar aun cuando la respiración le fallaba, casi no podía pensar correctamente, ni siquiera escuchaba en verdad lo que los demás le decían, se sentía fracturado, desangrado y desgarrado, y al mismo tiempo cansado… tan cansado… Su boca quería lanzar alaridos poco agraciados de dolor y frustración, pero aun si lo intentaba sabía que su voz se rompería.

El aire a su alrededor era pesado, todo era frío, sin sentido. Nada importaba, solo sus hijos, porque eran todo lo que le quedaba. ¿Qué haría si los perdiera también? Ni siquiera lloraría, simplemente tomaría una katana de reserva del Dojo de entrenamiento, la lustraría pues casi siempre estaban polvorientas, y la insertaría en su cráneo en las áreas necesarias para que la muerte fuera rápida.

No podía evitar pensar en la muerte de Karin. Le dijeron que estuvo agonizando por una hora, llamándolo. Se preguntaba… ¿lo odiaría porque no estuvo allí con ella? ¿Lo culparía? ¿Podría haber hecho algo para salvarla? ¿Ella le habría sonreído o lo habría maldecido por una última vez antes de marcharse? ¿Habría estado pensando en su padre, en su hermano, en su hermana gemela? ¿En sus cuñados, sus sobrinos, sus amigos, las muchas personas que la amaban por la persona absolutamente maravillosa que era? Siempre tan llena de energía e ingenio, tan joven… aun le faltaban un par de años para los treinta.

Deseaba haber sido él. Sus hijos necesitaban más a su madre que a su padre, ella era comprensiva y dulce con ellos como con nadie más, ella no necesitaría esconderse tras una máscara de hielo, lloraría frente a quien tuviera que llorar, compartiría su dolor, abrazaría a quién tuviera que abrazar y tal vez pudiera superarlo, así funcionaban los humanos con los que se crió. Tenían que cambiar, decir hola y adiós, crecer y olvidar constantemente. Ella tenía todo para vivir sin él, no lo necesitaba tanto porque supo hacer conexiones, tenía amigos y familiares que la comprenderían y apoyarían en vez de estar llorando aquí hoy en su funeral. Ella se abriría, compartiría las penas y tal vez siguiera de luto por unos años, pero luego querría seguir viviendo su vida porque era una humana. Él… él nunca se abriría con nadie ni compartiría sus emociones, no tenía ese tipo de conexiones ni con Hinamori o Matsumoto, la única persona con la que podría haber compartido sus penas era la persona por la cual estaba sufriendo en su funeral, y era un alma, se crió como un alma, rara vez cambiaban, y los pocos cambios que él tuvo generalmente eran para mal, Karin y sus hijos fueron un cambio, y ahora solo le quedaban sus hijos.

Respiró hondo, pero el aire siguió sin entrar a sus pulmones. Solo al ver su aliento materializado en una suave nube, de repente se dio cuenta de la nieve que estaba cayendo en las cabezas de todos los presentes en el funeral, nieve provocada por él. Sus ojos estaban secos, pero su alma lloraba y la nieve era la prueba materializada de ello.

Todos debían saber de su dolor, pero nadie decía nada. Aun sí alguien se atreviera a hablar sobre ello, él no iba a decir nada. La nieve solo los haría tener una idea, pero no podía dejar que sus hijos ni nadie supieran la magnitud de su dolor.

Dolor, culpa, arrepentimiento. Todo se quedaría solo en su mente, en sus pensamientos.

Sus hijos empezaron a tener frío, y él dio por terminado el funeral. Fue el primero en irse, queriendo acostar a sus pequeños en una cama caliente para asegurarse de que no se enfermaran, ellos estaban primero que todo, no los descuidaría en lo absoluto, y no era porque Karin así lo hubiera querido, simplemente era por su propio amor como padre.

No pudo mirar a los ojos a la familia de Karin mientras se despedían de los niños, solo llegó a su casa, pasó varias horas tranquilizando a sus pequeños y luego se fue a su dormitorio, sabiendo que ahora solo era el dormitorio de un viudo, no de un matrimonio, no de una esposa feliz y un esposo absurdamente enamorado.

Afuera de su hogar, antes lleno de risas y alegría, de una familia completa, la tormenta de nieve empeoró. Él se recostó en su cama, el aroma de Karin invadió con fuerza sus sentidos, llenándolo de recuerdos que no deberían haber sido. Sí no se hubieran encontrado, por ese maldito, estúpido balón, ella estaría viva, y él no estaría sufriendo tanto.

Ya solo, con sus hijos a salvo en sus camas y su esposa muerta, se permitió llorar. Lloró no hasta que se quedó dormido, porque dormir no era una opción en absoluto, simplemente lloró hasta que sintió el reiatsu de sus hijos elevarse prueba de que estaban teniendo pesadillas. Entonces volvió a ser el padre fuerte que ellos necesitaban.

Fin.

Hola! :D

Para ser honesta, este no lo escribí específicamente para la Semana HK, lo escribí hace mucho tiempo, cuando necesitaba descargar el kokoro de algunas frustraciones, así que disculpen si hay incoherencias porque no tuve el valor para releerlo y buscar errores o algún fallo en la continuidad u.u

No sabía si debía subir esto o no, pero ya que "Tristeza" acabó siendo un tema para la Semana HK, al final elegí subirlo...

Ojala q a pesar de todo esto les haya gustado y los personajes pertenecen a Tite Kubo!

COMENTEN! *o*

Me despido!

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!