SDisclaimer: Los personajes usados acá no me pertenecen.
Advertencias: Yaoi.
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Be my Valentine
Por St. Yukiona
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2000
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Yuuri leyó el mensaje una y otra vez, no pudo evitar restregarse los ojos y limpiar sus lentes porque su cerebro, desvelado y cansado, no alcanzaba a comprender lo que sus ojos estaban leyendo. Inclusive, dejó el teléfono reposar un rato más sobre su pecho mientras sus ojos trataban de ver el techo fijamente, para después cerrarlos y volver a abrirlos para coger el móvil y leer el supuesto mensaje.
"B my valentine, plz", decía y el remitente era un número que en teoría no tendría que tener registrado, porque nunca lo había solicitado al dueño y por ende éste nunca se lo había dado, pero él, Yuuri, siendo el obsesivo que era lo había conseguido y lo tenía registrado.
Vitya.
Contuvo la respiración un rato y después torció los labios para volver a leerlo, y repitió el proceso un par de veces, releyendo el mensaje mientras que desayunaba, se lavaba los dientes y vestía. El contenido no cambio en ninguno de estos momentos, y mientras más se despejaba su cerebro, menos comprendía qué clase de universo alterno estaba viviendo.
Cuando dieron las 7:15 am y estuvo a punto de irse, escuchó a su madre hablar alegremente con alguien y su voz de pronto le pareció irritante porque su sistema nervioso estaba a punto de colapsar, estaban en vísperas del día del examen de selección y su oportunidad de irse a estudiar al extranjero se vería imposibilitada si no aprobaba el examen CILS que la escuela en Italia le solicitaba aprobar para aceptar su solicitud. Eso, aunado que había estado hasta muy tarde ayudando a su amiga, Yuko, a escoger el mejor chocolate para Nishigori, al que por fin se le iban a declarar; en cualquier momento el hecho de que Yuko se le declarara el tonto de Nishigori probablemente le habría causado algún tipo de conflicto, sin embargo ahora que veía todo en retrospectiva… parecía no importarle, casi como si hubiera dado por sentado que su vida giraría en torno a la producción de dinero para sobrevivir, las relaciones sociales y sentimentales eran un terreno inexplorado que le causaban toda clase de angustia y prefería simplemente dejarlas de lado, comenzando porque había descubierto que era distinto al resto de los chicos de su edad y terminando porque probablemente terminaría siendo víctima de un escarmiento público si llegaba a ventilar su condición, que en otras palabras, no era otra cosa más que "abominable", según había leído en alguna revista de postura conservadora.
Extranjero y bisexual, para variar en Estados Unidos.
Aunque según los aires que corrían. San Francisco, era la mejor ciudad para ser gay. Había una buena corriente filosófica y moral en la ciudad, y el movimiento LGBT ganaba más y más fuerza, Yuuri soñaba con el día en que pudiera sencillamente no ser señalado por su aspecto, su orientación, su origen o su profesión. Él quería ser músico. No tocaba para nada mal la guitarra, y su padre de pronto le dijo que si se quería dedicar a la música pues tendría que estudiar, él saldría sí o sí con un título universitario de la casa. A sus padres no les importaba que le gustara los hombres, mujeres o, incluso, los perros, mientras cumpliera con ese único requisito lo demás era adicional. Yuuri era un buen chico, jamás había dado problema. Así que... qué más daba.
—Buenos días, Yuu —dijo animadamente Yuko mientras que agitaba su mano por encima de su cabeza.
Yuuri sonrió levemente, tratando de ser lo más amable posible, y empezaron a caminar juntos. La chica inició su habitual parloteo mientras caminaba y bailaba una suerte de danza en cada paso que daba buscando apaciguar la feliz ansiedad que sentía. Todos sabían que Nishigori gustaba de Yuko y lo que no se sabía era si Yuko, una de las chicas más bonitas de la escuela, también correspondía esos sentimientos. El 14 de febrero se concretaría la ecuación. Al menos en la tradición dentro de sus raíces asiáticas. Ambos asistían a la preparatoria que estaba en el distrito japonés de San Francisco, sin embargo también iban otros extranjeros, sobre todos los rusos que no lograban cupo en la escuela media de su propio distrito que estaba relativamente cercanos. Por esa desdicha, Yuuri tenía el placer de haber conocido a Viktor. El solo verlo le alegraba inmediatamente la mañana. Suspiraba emocionado y cada vez era peor disimularlo. Y ahora, ahora le había pedido ser su Valentine. Era casi el equivalente a recibir chocolates por la persona que te gustaba en Japón.
Él nunca había estado en Japón, pero era lo que a su alrededor, en su barrio veía año con año. Sus vecinos, conocidos y familiares replicaban. El corazón de Yuuri palpitaba con cada paso que daba, era como si sus orejas hubieran sido llenadas de con algodón y sobre sus pies no hubiera suficiente concreto para sostenerlo, en cualquier momento iba caer de bruces y empezaría a convulsionar de felicidad.
—¿Entonces sí crees que esté bien ese último chocolate que te envié? —preguntó y Yuuri alzó la mirada sonriendo.
Yuuri reaccionó y sonrió a su amiga amablemente acomodando sus lentes de pasta.
—Te aseguro que le va a gustar —dijo con firmeza el menor y el edificio blanco con gris de la escuela se divisaba en la cercanía.
—¡Yuko! —gritó alguien y la chica se giró sonriendo.
—Te veo más tarde —indicó la mayor besando la mejilla de Yuuri que, acostumbrado, dejó ir a su amiga viéndola reunirse con otras chicas, quienes apresuradas solicitaron de forma expedita recibir la información sobre cuál y qué chocolate utilizaría para hacer llegar sus sentimientos hacia el hombre objeto de su amor.
Las escuchó hablar hasta que se alejaron y él decidió entrar a la tienda de conveniencia que había cercana a la escuela. Compraría algo para desayunar a hurtadillas dentro de la primera hora que era orientación y usualmente ellos podían decidir qué estudiar. Estudiaría las notas musicales de su examen de admisión para el conservatorio en Italia, pudo haber aspirado en alguna universidad americana pero siendo sinceros, en el país de la libertad había un aire de xenofobia latente, Yuuri no quería que fuera su placa de cemento contra la que su sueño se estampara.
—¿Yuuri? —habló alguien detrás de él mientras sostenía sus elecciones del día: Un sandwich de pavo y otro de triple queso, cualquiera de los dos estaría bien, el aludido saltó mientras se giraba viendo sonrojado hasta el tope a Viktor Nikiforov, Vitya. Tragó saliva en seco y su corazón palpitaba furiosamente.
Viktor era más alto. Más fuerte. Atractivo. Su cabello largo y de ese rubio extra claro, que parecía casi plateado, lo hacía resaltar. Estaba nervioso. ¿Se le iba a confesar en la tienda? ¿Ahí frente a todos? Se fijó y en efecto, más atrás se encontraba Georgi, otro ruso y Chris Giacometti, aunque su nombre sonaba extranjero sus padres eran unos auténticos rednecks de los cuáles él no se sentía para nada orgulloso. En general los chicos siempre eran amables con todos, y por ende, eran populares, pero más Viktor que quedó a dos o tres pasos del menor, su rostro por las mañanas era precioso. Aunque, si Yuuri, acostumbrado a verlo desde lejos, lo veía con más atención, podía percibir algo de incertidumbre y vergüenza. Yuuri apretó los sandwich.
—Me preguntaba —inició Viktor torciendo los labios—, si de pura... pura casualidad anoche... ¿tú recibiste algo?
El corazón le palpitó más fuerte y pronunciado, asintió lentamente. Viktor suspiró.
—Vale pues... lo lamento —dijo Viktor también sonrojado—. Verás... el estúpido de Chris se equivocó de número...
—¿Chris? —sus ojos se fijaron en el rubio que atrás juntaba sus manos en señal de disculpas, y los ojos castaños regresaron a Viktor—. No entiendo...
—No sé cómo decirlo... —Viktor se rascó la mejilla—. Yuri Plisetsky... ¿lo ubicas?
La imagen del mal hablado, malhumorado y mal encarado Yuri "estúpido" Plisetsky vino a su cabeza, le hacía la vida difícil cada vez que, según Yuri, Yuuri le arruinaba el día. ¿De qué forma se lo arruinaba? Pues existiendo. Pasar cerca de Yuri, era motivo suficiente para recibir un empujón y un grito por parte del rubio. Yuuri no lo odiaba pero prefería marcar distancia. Con Viktor no le quedó más que asentir.
—Al parecer le gustas —dijo de pronto Viktor y Yuuri abrió mucho los ojos. Demasiado. Viktor se rascó la nuca.
—Yo quería enviarle el mensaje que te mandé a ti a Mila —inquirió Viktor totalmente apenado—. De verdad, de verdad, lo lamento... El idiota de Chris te invitará a comer hamburguesas —dijo pero Yuuri ya había pasado directo a caja, había dejado ambos sandwich y en su lugar tomó una botella de agua con una barrita. Viktor sintió una puñalada que le rasgo todo, y se giró siguiendo a Yuuri—. Katsu-
—Está bien, Viktor —sonrió el japonés—. No pasa nada... —tomó un chocolate del estante de los chocolates y pagó todo. Se lo empujó al pecho a Viktor y sonrió—. Sé valiente y averíate directo, así no habrá errores... —le aconsejó motivado por su propio desprecio. Pasó de largo a lado de Chris y Georgi que le siguieron con la mirada. Yuuri se puso sus audífonos y la capucha de su sudadera. Suspiró profundamente.
Se sentía devastado.
Peor.
Se sentía morir.
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¡Nos leemos pronto!
¡Gracias por leer!
St. Yukiona.
Que los ama de pulmón, páncreas y todo lo demás.
