Todo comenzó sin que nadie le diera la menor importancia.
Si Stiles vomitó el café un día por la mañana, antes de ir al trabajo, sólo fue porque a veces tenía el estómago más delicado de lo normal y el café le había salido especialmente fuerte aquel día. Y cuando pasó lo mismo la noche siguiente y acabó arrodillado junto al váter y expulsando la pizza que acababa de comerse, pensaron que se trataba de un virus que le había afectado al estómago. Que tuviera unas décimas de fiebre y subsistiera los siguientes días a base de arroz y sopas le dio la razón, por lo que ninguno se preocupó especialmente.
En realidad, el único cambio digno de mención fue que Derek se esmeró más de lo normal en que estuviera cómodo cuando se marchaba por la mañana al trabajo, y que cuando regresaba al loft por la tarde lo hacía llevando una bolsa repleta de comida en caso de que siguiera teniendo el estómago revuelto, más otra con alimentos menos nutritivos pero que, si Stiles era capaz de comer, significaba que ya estaba totalmente recuperado.
Pero cuando los días pasaron y no sólo no había mejoría sino que cada vez se encontraba peor y a los vómitos le acompañaron mareos que aparecían sin causa aparente… empezaron a preocuparse de verdad.
El más preocupado de los dos, curiosamente, era el que no estaba enfermo. Pero Derek no estaba preocupado por la salud de Stiles, quien quitando los mareos y vómitos no parecía estar muy grave, sino porque llevaba sin ir al trabajo una semana y tenía demasiado tiempo libre. Y un Stiles ocioso que se aburría y encima tenía motivos para quejarse de todo porque él era el enfermo, hizo que Derek recordara la época en la que acababan de conocerse y tenía que contenerse a la hora de arrancarle la garganta.
Había pasado mucho desde entonces y ahora eran dos adultos que vivían juntos y tenían sus respectivos trabajos: Stiles como ayudante de su padre en la comisaría y Derek cuidando de la reserva natural de Beacon Hills, vigilando que nada natural ni sobrenatural acechara en las lindes del pueblo. La situación había cambiado mucho con respecto a aquellos lejanos días en los que apenas se soportaban. Sobre todo a raíz de que llegaran a la conclusión de que, si estaban todo el día metiéndose el uno con el otro, era porque no sabían cómo expresar sus verdaderos sentimientos. Así que cuando por fin Stiles se atrevió a besar a Derek, tras lo que le dijo que llevaba mucho tiempo queriendo hacerlo y luego le suplicó que por favor no le matara, Derek sólo pudo suspirar un "por fin" que le salió del alma y besarle como un hambriento.
Desde ese instante pudieron ser completamente sinceros el uno con el otro, lo que mejoró bastante su relación. Mejor dicho, consiguió que empezaran a tener una relación.
Todo fue como la seda a partir de entonces, gracias especialmente a lo mucho que intercedió Scott cuando tuvieron que decirle al Sheriff que estaban juntos. Y aunque el mismo día que le contaron a la manada que estaban saliendo Erica abrió una apuesta sobre quién de los dos y cuándo metería la pata primero, tenían que reconocer que sin ellos no habrían podido seguir adelante. Especialmente cuando conseguían ponerse de acuerdo para ocuparse de la seguridad del pueblo y que así su Alfa y la pareja de su Alfa pudieran disfrutar de algún que otro momento de intimidad.
Y es que sus respectivos trabajos, ya fuera dentro o fuera de la manada, solía exigirles las 24 horas del día, por lo que de vez en cuando necesitaban tiempo para ellos solos…
Pero cuando Stiles empezó a encontrarse mal y la baja laboral que tuvo que pedirse hasta que se recuperara consiguió sacar a relucir su lado más cansino, ese que Derek no quería volver a presenciar; el hombre lobo decidió poner cartas sobre el asunto. No iba a permitir que lo que no consiguieron los monstruos y seres sobrenaturales: acabar con su relación, lo fuera a hacer ahora un simple virus.
Así que el viernes por la mañana obligó a Stiles a ir al hospital para que se hiciera un chequeo completo para encontrar de una vez por todas el virus que le estaba volviendo tan insoportable, tomarse la medicación adecuada y, por fin, volver a la rutina en la que tan a gusto se sentía.
Cuando el viernes por la tarde fue al hospital para recoger los resultados del chequeo (ventajas de tener a Melissa trabajando en el hospital), descubrió que eso de volver a la rutina acababa de convertirse en un imposible.
No obstante, porque muy bien podía tratarse de un error, prefirió consultarlo primero con Deaton para que le confirmara que estaba pasando lo que parecía que estaba pasando.
Y cuando el hombre le dijo que sí con esa tranquilidad que Derek deseaba destrozar a base puñetazos, porque no era justo que estuviera tan calmado después de haber soltado semejante bomba, se dio cuenta de que ahora tocaba lo peor:
Debía contárselo a Stiles.
Estuvo casi media hora en el coche, junto a la entrada del edificio de lofts en el que vivían.
Cuando llegó el día de irse a vivir juntos no le costó mucho convencer a Stiles para que se fuera a vivir con él. Desde que empezaron a salir pasaban prácticamente todos los fines de semana allí, y lo cierto es que vivir en un edificio en el que eran los únicos inquilinos era de lo más cómodo, sobre todo cuando su casa también se convertía en el cuartel general de la manada de hombres lobos del pueblo y no era muy recomendable que algún vecino viera cosas que no debía.
Eso sí, antes de que Stiles pusiera un pie en la que se convertiría en su nueva casa, Derek tuvo que prometerle que arreglaría de una vez por todas la pared de ladrillo que "no tenía ningún sentido aparte de dar la imagen de hombre de las cavernas", palabras textuales de Stiles, y que compraría una televisión; y un equipo de música; y armarios; y más sillas para los invitados; y librerías… Vamos. Que el loft de Derek dejó de ser el loft de Derek para convertirse en el loft de Stiles, aunque mentiría si dijera que le dolió que su guarida dejara de ser la cueva de un lobo solitario.
Ahora, mientras subía las escaleras para darse un poco más de tiempo y pensar en cómo demonios se lo iba a decir, todo apuntaba a que pronto habría nuevos cambios de mobiliario.
Encontró a Stiles en su sitio predilecto: tumbado en el sofá al fondo del loft, junto al ventanal desde el que se veía un precioso atardecer. Derek no le dio importancia a las vistas, más interesado en el chico que ahora le miraba con esos preciosos ojos marrones y una sonrisa que, esperaba, fuera a seguir estando dentro de quince minutos.
- Llegas tarde –saludó Stiles, dejando a un lado la tablet que había estado ojeando hasta ahora.
Cuando se acercó a su novio a Derek no le sorprendió ver que, en lugar de estar pegándose un maratón de su serie favorita, como haría cualquier persona normal cuando estaba enferma, estuviera leyendo sobre la mitología Africana.
"Siempre hay que estar preparado", le había dicho Stiles la primera vez que le descubrió leyendo sobre un ser sobrenatural que no les afectaba para nada, "y siendo el pueblo un auténtico faro para lo sobrenatural, uno nunca puede saber de dónde vendrá el próximo monstruo".
Semanas después llegaron los Oni, directamente desde Japón, y Derek se juró que nunca volvería a plantearse nada que hiciera Stiles. Si no hubiera sido por sus conocimientos, no habrían podido destruir al Nogitsune antes de que hiciera daño a alguien, ni salvar al huésped al que había decidido utilizar: una adolescente del último curso del instituto.
Derek se dejó caer en el sofá una vez que Stiles le hubo dejado espacio para sentarse, y le miró fijamente. Lo normal habría sido que le besara nada más verle, su saludo habitual cuando llegaba a casa, pero algo le decía que si lo hacía no podría parar.
Y primero tenía que dar las novedades.
- He ido a recoger tus análisis –explicó, intentando mostrarse calmado. Agradeció que Stiles no fuera un hombre lobo, porque si no ahora le estaría preguntando por qué le latía tan rápido el corazón.
- ¿Y por qué tienes esa cara tan seria? –preguntó con curiosidad–. Hoy me encuentro mucho mejor. Incluso había pensado volver mañana al trabajo… Antes de que mi novio me asesine por sacarle de quicio –bromeó.
La estoica expresión de Derek se resquebrajó un poco ante la mención de la palabra "novio". Es lo que llevaban siendo desde hacía años, pero ahora tenía un significado distinto.
- Porque los resultados… no son lo que esperaba.
Por fin Stiles pareció percatarse de que la seriedad de Derek era de las raras, y que en lugar de tener su habitual cara de "estoy serio porque me gusta parecer un asesino porque así es cuando estoy más bueno", tenía la de "estoy serio porque, aunque no lo parezca, me está dando una úlcera de estómago en estos momentos".
En cualquier otra circunstancia Stiles se habría dado cuenta de las pequeñas diferencias entre esos dos tipos de cara inexpresiva (era su novio y su trabajo era conocer los detalles de su perfecto rostro), pero no dejaba de estar enfermo, con lo que a lo mejor su sentido "Derekhale" estaba un poco estropeado.
Pero ahora que sabía que Derek estaba preocupado, y eso NUNCA era bueno, por muchas veces que el hombre se preocupara, Stilisnki sintió un nudo en el estómago.
- Me estás asustando. ¿Qué pasa? ¿Tengo algo grave? –De pronto una idea le vino a la cabeza y su rostro se puso lívido–. Dios mío, no me digas que… tengo la enfermedad de mi madre.
Derek tardó un segundo en reaccionar ante el comentario. Estaba tan preocupado pensando en cómo se lo iba a decir, que no había caído en que su preocupación podría parecer otra cosa.
- No… –Cogió rápidamente su mano y la apretó con cariño–. No, no es eso. Perdona, no quería asustarte. –Escuchó el ritmo de su corazón, aliviándole que empezara a relajarse tan pronto como comenzó a acariciar su mano con el pulgar–. No tienes ninguna enfermedad.
- ¿Entonces?
- Tengo que contarte una cosa
Stiles asintió, esperando pacientemente a que le contara "esa cosa".
Los segundos pasaron y Derek siguió mirándole fijamente, quieto… y sin decir una palabra.
- ¿Derek? –lamó al hombre que, teóricamente, le iba a contar algo–. Ahora es cuando me cuentas esa cosa…
- Es que no sé cómo decírtelo.
- ¿En serio? –Sus ojos se llenaron de humor, al ver que seguía siendo su Derek–. ¿Tú con problemas para explicar las cosas? Y yo que pensé que ya habíamos superado esa etapa…
- Estás embarazado.
El silencio siguió a las dos palabras del hombre lobo durante interminables segundos. Los que Stiles necesitó para darse cuenta de que sí, Derek acababa de decir esas dos palabras.
- ¿Qué?
- Que estás embarazado.
- No. No quiero que me repitas esa estupidez. Quiero que me digas a qué viene eso.
- Viene a que es la verdad. –De pronto Stiles se puso en pie para acercarse al ventanal y observar el cielo, ya prácticamente oscurecido–. ¿Qué haces?
- Ver si hay una especie de alineación planetaria que esté afectando a la luna y a tu cerebro.
- No tiene gracia.
- Pensé que estábamos en la hora del humor.
- Stiles. Sé que no tiene sentido.
- No. ¿En serio? –Volvió al sofá, viendo que Derek no tenía muchas intenciones de moverse–. Porque no sé si eres consciente de que soy un hombre… Y como sé que eres bien consciente de ello, entre otros motivos porque te encanta jugar con cierta parte de mi anatomía y que sólo tienen los hombres, replantearé otra vez la pregunta. –Dejó unos segundos de pausa para darle a la pregunta una mayor trascendencia–: ¡¿Qué?!
- Los análisis son claros. Tus niveles de estrógenos están por las nubes y en tu sangre han detectado gonadotropina coriónica humana, un tipo de hormona que sólo circula en la sangre de las mujeres embarazadas. Y los síntomas que llevas teniendo desde hace días coinciden: las náuseas, los mareos, los cambios en el gusto…
- ¿Olvidas la parte de que soy un hombre?
- No. No la olvido.
- Derek… Te quiero mucho y todo eso, pero no tengo más remedio que tratarte como a un tonto. –Se señaló a sí mismo, exagerando el movimiento y hablando a cámara lenta-: YO soy un hombre. Y los hombres NO pueden quedarse embarazados –Movió las manos, un poco frenético–. Ni siquiera existe la palabra embarazado.
- Ha habido casos.
La nueva información de Derek, como siempre dada a cuentagotas, siguió sin aclararle las cosas a Stiles.
- ¿Qué?
- Pensé que era un mito, pero he hablado con Deaton y me ha confirmado que si se dan las circunstancias puede ocurrir.
- Espera. ¿Has hablado con Deaton? ¿Y le has contado lo de que crees que estoy embarazado? –preguntó con los ojos abiertos de puro asombro–¿Y no te ha encerrado en una de las jaulas de la clínica? Porque tienes claros síntomas de tener la rabia.
Cada vez más cabreado porque no era capaz de hacerle entender algo de vital trascendencia a su novio… No, no de hacerle entender, sino simplemente que se creyera que estaba hablando en serio, Derek trató de darle una prueba irrefutable de su sorprendente estado.
Y entonces encontró la definitiva: agarró a Stiles del cuello de la camisa para acercarle a su rostro y mirarle muy fijamente. Y cuando le tuvo tan cerca que podía ver perfectamente las motas ambarinas de sus ojos, le regaló la mirada más intimidante que podía dedicarle a una persona a la que supuestamente apreciaba.
- ¿En serio crees que me habría inventado este sinsentido si no fuera verdad? –preguntó con los dientes rechinando de lo apretados que los tenía–. ¿Cuándo me has visto hacer algo así sólo para gastarte una broma? A mí. –Soltó el agarre cuando Stiles tragó, la garganta seca tras la reacción de su supuesto "compañero que nunca le haría daño" –. Además. Ahora mismo estoy captando dos latidos proviniendo de tu cuerpo.
Stiles, que se había quedado petrificado desde el instante en que Derek le sujetó, pareció repetir en su cabeza lo mismo que le acababa de decir. Y cuando lo hizo un par de veces (la noticia era lo suficientemente importante como para concederle más atención de lo normal), se puso en pie, mirando a su novio con los ojos desorbitados.
- No puede ser.
- Analiza todo lo que ha pasado –habló con más calma, sin siquiera moverse del sitio–. Los síntomas, lo que te he dicho, cómo te sientes ahora… En el fondo parte de ti tiene que saber que es verdad.
- Pero… –Se miró a sí mismo–. ¿Cómo?
Derek extendió una mano para tomar la de Stiles y obligarle a sentarse de nuevo.
- ¿Quieres la explicación corta o la larga?
- La larga, claro… Bueno, no. Mejor la corta. Ya habrá tiempo luego para los detalles.
El hombre lobo suspiró. Por fin algo le salía bien:
- Como Alfa de la manada Hale mi misión no es sólo defender el territorio sino también perpetuar el apellido de una de las familias de hombres lobos más longevas de la zona. Al ser tú mi ancla y el compañero del último Hale, pero ser un hombre, para que no haya riesgo de acabar con el status quo existente, las fuerzas sobrenaturales han intervenido para mantener el equilibrio. Pero en lugar de crear a un nuevo cambiante… lo que han hecho ha sido cambiarte a ti.
Stiles tardó unos segundos en encontrar la voz.
- Joder… ¿Y no podrían haber intervenido simplemente dándonos la posibilidad de optar por la fecundación in vitro en una madre de alquiler? Ya sabes. Algo más natural… O al menos preguntarme primero si estaba de acuerdo.
- Yo tampoco entiendo por qué ha pasado precisamente esto. –Señaló con discreción el estómago de Stiles–. Deaton piensa que al ser tú el compañero del Alfa, han considerado que eres lo suficientemente fuerte como para poder llevar en tu vientre al descendiente de los Hale sin que haya riesgo.
Una vez terminada la explicación, Derek esperó la batería de preguntas. Sin embargo el humano se quedó callado, pensativo, terminando de aceptar lo que acaban de decirle. Lo que se suponía que estaba ocurriendo, si los análisis no fallaban, desde hacía tres semanas.
- Esto es de locos –susurró al final–. No puedo tener un hijo.
- ¿Estás hablando de abortar?
- ¿Qué? –le extrañó la voz demasiado tensa de Derek y cayó en la cuenta de lo que había entendido con sus palabras–. ¡No! –Pero fue decirlo y pareció cambiar de opinión–. No lo sé… No es que sea fan de abortar pero… No puedo ser padre –murmuró–. No estoy preparado. Nunca había pensado en esa posibilidad porque… –Se le fue el aire–. Ni siquiera era una posibilidad.
- ¿No habías pensado nunca en tener una familia? ¿Conmigo?
A Stiles se le paró el corazón sólo de ver su cara.
- Yo… No es lo mismo, Derek. Estamos hablando de que yo voy a tener un hijo. ¡Yo! Que va a salir de mí… –Observó su propio cuerpo, resultándole extraño ahora que sabía lo que estaba ocurriendo en su interior–. Todavía no sé cómo… El cuerpo de un hombre no está hecho para dar a luz… Tiene que ser peligroso.
- Deaton está reuniendo toda la información posible para que sepamos en todo momento lo que va a pasar y que no suponga ningún riesgo para ti. Si quieres podemos ir a verle para que responda a todas tus dudas –aventuró, necesitando algo para que dejara de estar tan nervioso. Tras la explicación, había empezado a relajarse poco a poco, pero al hablar de la posibilidad de que efectivamente fuera a tener un hijo sus latidos volvieron a dispararse–. Para que te quedes más tranquilo.
El chico le miró con atención. Podía notar que tampoco estaba siendo fácil para Derek mantener la calma.
Pero él no era quien estaba embarazado.
- ¿Podemos ir más tarde? –pidió–. O mañana, mejor. Yo… Necesito tiempo para procesar todo esto.
- ¿Pero me crees?
Stiles sonrió por primera vez desde el bombazo. Aunque fuera cruel por disfrutar con el mal ajeno, seguía adorando a Derek cuando se comportaba como un cachorrito abandonado.
- Tienes razón –dijo un poquito más animado–. Jamás te inventarías algo así si no fuera cierto… –Le guiñó un ojo, esperando terminar de disipar el ambiente enrarecido por tanta preocupación–. No tienes tanta imaginación.
Derek agradeció el intento de Stiles por normalizar un poco las cosas, incluso si era una labor imposible. No obstante, seguía siendo Derek y era superior a sus fuerzas no preocuparse.
Sobre todo cuando Stiles le estaba sonriendo pero ese buen humor no se estaba reflejando en sus ojos.
- ¿Seguro que estás bien? –Acarició su mejilla, echando de repente en falta el no haberle besado nada más llegar. Pero no estaba seguro de que hacerlo ahora fuera a mejorar las cosas–. Estás un poco pálido.
- Sí. Yo… Supongo que hemos llegado a un punto en el que no puedo seguir fingiendo que todo esto es un sueño muy extraño, ¿no?
En vez de responder, aprovechando la oportunidad que se le había dado, Derek le besó.
- No es ningún sueño…
Desde que Stiles tuvo la época en la que le costaba diferenciar la realidad de los sueños, Derek siempre se había encargado de recordarle que no estaba soñando a base de besos. Así, acabó convirtiéndose en una broma entre los dos, pero que esta vez no consiguió el objetivo deseado. Porque en lugar de sonreírle, recordando el juego compartido, el rostro de Stiles se volvió más serio.
- No. Es más bien una pesadilla. –Cerró los ojos, como si realmente deseara estar soñando, tras lo que se puso en pie–. Creo que lo mejor es que me vaya a la cama.
- Es pronto –comentó Derek, todavía en su sitio. Tenía la sensación de que si se movía, sólo conseguiría que Stiles quisiera alejarse más de él de lo que ya lo estaba haciendo.
- Sí. Pero estoy muy cansado. La verdad es que estaba esperando a que volvieras para irme a dormir.
- ¿No quieres comer nada? Todavía queda un poco de sopa de…
- No. Estoy bien así. –Se acercó a él pero sólo para darle un beso tan fugaz, que fue como si no lo hubiera dado–. Buenas noches.
Derek vio alejarse a un cabizbajo Stiles hasta la cama y meterse entre las sábanas, haciéndose inmediatamente un ovillo con su cuerpo.
Un nudo de angustia se formó en el pecho del Alfa. Entre todos los supuestos que se había imaginado sobre cómo reaccionaría a la noticia de que estaba embarazado, nunca pensó que acabaría con Stiles en la cama, solo, y él teniendo que fingir que no le estaba matando verle así. Que no se estaba muriendo sólo de pensar que tal vez no quisiera tener al bebé.
Pero eso era justo lo que había pasado. En lugar de tirarse a sus brazos al descubrir que iban a ser una familia completa, había preferido refugiarse en la cama tras decidir que tenía que terminar de procesar toda la información.
No dejaba de ser algo lógico, se obligó a pensar con calma. Ser padres era un paso muy importante que siempre asustaba, más todavía cuando el que lo iba a ser resultaba ser un hombre que acababa de descubrir que podía quedarse embarazado.
Sin embargo, Derek no podía evitar pensar que parte de esa preocupación llevaría a Stiles a no querer seguir adelante con el embarazo.
No podía ni pensar en que eso llegara a ocurrir. Por muy asustado que estuviera… por muy muerto de miedo que estuviera ante la posibilidad de ser padre; desde que Deaton le confirmó que su novio estaba embarazado y él era el padre sólo había podido imaginarse un final: el de Stiles trayendo al mundo a su hijo.
Y ahora que cabía la posibilidad de que eso no fuera a ocurrir, quiso odiar a todo el mundo por permitirle tocar algo con la punta de los dedos que al final no llegaría a ocurrir. ¿Por qué el mundo sobrenatural se habría puesto de acuerdo para dejar embarazado a un humano si resultaba que luego no se atrevería a seguir adelante?
Sintiendo un dolor como el que hacía mucho que no había experimentado, Derek observó a Stiles. Seguía despierto pero muy quieto, en un absurdo intento por hacerle creer que se había dormido.
No aguantó más.
No era justo estar lejos de él cuando Stiles era el que más asustado debía estar ahora de los dos; aunque sólo fuera porque la última decisión a la hora de tener o no al bebé dependía de él.
Y también sería injusto que no le concediera el beneficio de la duda. Stiles le había pedido tiempo para procesarlo. Todavía no había dicho que no fuera a tener a su hijo.
Y aunque así fuera, y aunque una parte de Derek moriría con esa noticia, seguía siendo Stiles. Seguía siendo la persona a la que seguiría hasta el fin del mundo.
Se desvistió en silencio y se metió en la cama.
Una vez bajo las mantas, tan pronto como se acercó un milímetro al cuerpo de su compañero para ofrecerle la poca protección que podía darle ahora, éste dio media vuelta y se refugió entre sus brazos con un quejido lastimero.
Stiles no dijo nada más. Seguía sin tener claro cómo iba a ser su vida a partir de ahora.
Pero al menos sabía que Derek seguía a su lado y que siempre lo estaría. Y eso era lo único que contaba ahora.
Consiguió dormirse tras una hora de duermevela en la que no se atrevió a moverse del sitio. Un torbellino de recuerdos se sumaron a los sueños del futuro que se había permitido crear desde que tuvo los resultados médicos en la mano, dejándole con un terrible dolor de cabeza. Al final, gracias al calor proporcionado por el cuerpo de Stiles y la tranquilidad que le transmitía simplemente tenerle a su lado, pudo relajarse y finalmente dormirse.
Cuando despertó todavía no había amanecido. Sin embargo, Stiles ya no estaba en la cama. Tocó las sábanas y las notó frías, delatando que hacía bastante que se había levantado. Se incorporó en la cama pero no le encontró en el sofá, que era donde siempre acababa con el ordenador cuando tenía insomnio y no quería molestarle. Tampoco estaba en la cocina ni en el salón, comiendo algo a la espera de que le entrara el sueño.
Sólo tuvo que agudizar un poco el oído para captar el latido de su corazón… de los corazones, provenientes del piso de arriba.
Se puso los pantalones de estar por casa, optando por quedarse descalzo, y subió lentamente las escaleras de caracol.
Al abrir la puerta le encontró sentado al estilo indio en medio del desván. Aquella estancia era la que había necesitado una mayor remodelación y de una azotea medio abandonada habían acabado montando una pequeña buhardilla donde guardaban la ropa de fuera de temporada, así como todos los trastos de los que todavía no habían decidido si se iban a deshacer o no, más un montón de recuerdos del pasado.
Justo eso era lo que estaba mirando Stiles ahora, al tener entre sus manos un viejo álbum de fotos.
- ¿Stiles? –preguntó en voz muy baja para no asustarle–. ¿Qué haces aquí? Vas a coger frío. –La buhardilla era la estancia más fría de la casa. Más si Stiles también estaba descalzo.
- Estoy bien –comentó mirando por encima de su hombro, ofreciéndole una pequeña sonrisa de tranquilidad, para en seguida volver a centrarse en el álbum.
Al acercarse un poco más Derek se percató que no era el de la familia Stilinski, sino uno más antiguo repleto de fotografías de los Hale.
- ¿Qué haces?
- Estaba mirando tus cosas de pequeño… Espero que no te importe.
- Sabes que no. –Se sentó a su lado, cogiendo la vieja fotografía que tenía en la mano, donde aparecía junto a una sonriente Laura en su primer día de colegio–. ¿Seguro que estás bien? –preguntó de nuevo, preocupado–Sé que necesitas tiempo para procesar todo lo que ha ocurrido y que tomes una decisión. Pero lo más importante es que estés bien. Y me gustaría ayudarte en todo lo posible a…
- Ya he tomado una decisión.
Derek sintió un repentino vértigo.
Estuvo tentado de pedirle que esperara un poco más para decírselo, porque en cuanto lo hiciera ya nada volvería a ser lo mismo. Para bien o para mal.
Pero no podía hacerle eso. No cuando él quería contárselo. Si no fuera así, jamás se lo habría dicho en primer lugar.
- ¿Cuál? –preguntó al final.
Stiles cerró el álbum y lo puso en el suelo con cuidado. Tomó entonces con sus dos manos la de Derek y le miró con tal cariño que el hombre lobo tuvo claro que, daba igual lo que dijera, jamás podría enfadarse con él.
No mientras siguiera mirándole así durante el resto de su vida.
- Quiero tener ese bebé.
El aire abandonó los pulmones del Alfa y por unos segundos su corazón dejó de latir. Había estado tan asustado pensando en cómo iba a reaccionar cuando le dijera que no iban a ser padres, que encontrarse con la opción contraria era algo en lo que ni siquiera se había permitido pensar.
- ¿En serio?
- Sí… –rió con cierto nerviosismo–. Y estoy temblando sólo de pensarlo, ahora que lo he dicho en voz alta y sé que va a ser real. Y al mismo tiempo estoy acojonado porque sé que va a ser complicado pero…
- Voy a estar a tu lado todo el tiempo. –Apretó las manos de Stiles, frenando su torrente de palabras de paso que le ofrecía un poco de calma–. Y voy a asegurarme de que estés bien y que todo lo que hagamos sea seguro para ti y para el bebé.
- Lo sé. –Su expresión se relajó visiblemente–. Y precisamente por eso me ha costado tan poco tomar una decisión…
- No entiendo.
- ¿Me habrías apoyado si te hubiera dicho que no quiero tenerlo? Que no quiero seguir adelante con el embarazo.
- Por supuesto que sí.
Stiles ladeó un poco el cuello, intentando descifrar si estaba diciendo la verdad.
- Pero te habría dolido… –dijo al final–. Porque también es tu hijo.
- Eres tú quien va a soportar todo el proceso. Eres tú quien debe decidir.
- No –le contradijo con cariño–. Tal vez sea a mí al que le ha tocado esta parte, pero ya no puedo decidir sólo por mí. Estamos juntos en esto. Somos una pareja y debemos decidir entre los dos… Y tú quieres tener este hijo, lo sé. –Se inclinó un poco para besarle, tras lo que apoyó la frente en su pecho–. Siento haberte dado la impresión de que no quería formar una familia contigo. No es eso… –Se separó lo justo para mirarle a los ojos, todavía medio apoyado en él–. Estaba asustado…
Derek pasó un brazo por su espalda.
- ¿Y ya no lo estás?
- No. Porque estás aquí. Y sé que no hay lugar más seguro en el mundo que entre tus brazos… –Bajó entonces la vista y observó ese cuerpo que cuando se acostó le resultaba extraño a sí mismo, pero que ahora lo veía como algo increíble. Acababa de convertirse en un milagro–. Y el año que viene, por estas fechas, un pequeño Stilisnki-Hale estará sintiendo esa misma seguridad… Y no puedo esperar a que llegue ese momento.
- Te quiero muchísimo –dijo con voz ronca, emocionado por el paso que acababan de dar.
- Y yo a ti… –Le besó, más despacio esta vez–. Papá Hale.
